miniatura|300px|The cow-pock―or―the wonderful effects of the new inoculation! (‘la pústula de la vaca o, mejor dicho, ¡los estupendos resultados del nuevo pinchazo!’, de 1802), del caricaturista británico James Gillray (1757‑1815).

miniatura|300px|Porcentaje de la población que está de acuerdo en que es importante vacunar a los niños (2018)

La controversia de las vacunas se refiere a la indecisión sobre la vacunación, al retraso en la aceptación o al abierto rechazo sobre las vacunas a pesar de la disponibilidad de los servicios de vacunación. El término abarca las negativas rotundas a vacunar, el retraso de las vacunas, la aceptación de las vacunas (pero la incertidumbre sobre su uso), o el uso de ciertas vacunas pero no de otras. La «antivacunación» se refiere a la oposición total a la vacunación; en años más recientes, a este tipo de personas se las conoce como «antivacunas». Las dudas sobre las vacunas son complejas y dependen del contexto, ya que varían en función del tiempo, el lugar y las vacunas. Pueden influir en ella factores como la falta de conocimientos y comprensión adecuados con base científica sobre cómo se fabrican las vacunas o cómo funcionan, la complacencia, la conveniencia o incluso la belonefobia (el miedo a las agujas).

Existe un consenso científico abrumador de que las vacunas son generalmente seguras y eficaces. La indecisión ante las vacunas suele provocar brotes epidémicos y muertes por enfermedades prevenibles con vacunas. Por ello, la Organización Mundial de la Salud califica la indecisión en la vacunación como una de las diez principales amenazas para la salud mundial.

La indecisión se debe principalmente a imprecisiones o falsedades sobre las cuestiones médicas, éticas y legales relacionadas con las vacunas. Las dudas sobre las vacunas se derivan de varios factores clave, como la falta de confianza de la persona (desconfianza en la vacuna y/o en el proveedor de atención sanitaria), la complacencia (la persona no ve la necesidad de la vacuna o no ve el valor de la misma) y la conveniencia (el acceso a las vacunas). Ha existido desde la invención de la vacunación. Se ha comprobado que las hipótesis específicas planteadas por los defensores de la antivacunación cambian con el tiempo.

Los activistas y organizaciones antivacunas se han opuesto a las propuestas de ley que obligarían a la vacunación, como el proyecto de ley 277 del Senado del estado de California (Estados Unidos) y el No jab no pay (‘sin vacuna no hay pago’) de 2016 en Australia. La oposición a la vacunación obligatoria puede basarse en el sentimiento antivacunas, en la preocupación de que viola las libertades civiles o reduce la confianza del público en la vacunación, o en la sospecha de que la industria farmacéutica se lucra.Bourree Lam, Vaccines Are Profitable, So What?. The Atlantic Feb. 10, 2015

Historia

miniatura|Edward Jenner miniaturadeimagen|Documento antivacuna publicado en 1898 por el paisajista chileno Alfredo Helsby (1862‑1933).

Los argumentos religiosos contra la inoculación ya existían incluso antes del trabajo de Edward Jenner; por ejemplo, en un sermón de 1772 titulado «La peligrosa y pecaminosa práctica de la inoculación», el teólogo inglés reverendo Edmund Massey (1690‑1765) argumentaba que las enfermedades son enviadas por Dios para castigar el pecado y que cualquier intento de prevenir la viruela a través de la vacunación es una «operación diabólica». Algunos antivacunas aún fundamentan su postura en sus creencias religiosas.José Tuells: «La introducción de la variolización en Europa», artículo publicado el 17 de agosto de 2006 en la Revista de la Asociación Española de Vacunología, extractado del libro de José Tuells y S. M. Ramírez: Balmis et variola; Valencia: Editorial de la Generalitat Valenciana, 2003.

Después del trabajo de Jenner, la vacunación se extendió en el Reino Unido a principios del . La inoculación, que precedió a la vacunación, fue prohibida en 1840 debido a sus mayores riesgos. Las políticas públicas y las sucesivas campañas de vacunación fomentaron primero la vacunación, y posteriormente, en 1853, la hicieron obligatoria para todos los niños, con penas de prisión en caso de incumplimiento. Esto supuso un cambio significativo en la relación entre el estado británico y sus ciudadanos, y de hecho hubo un rechazo generalizado. Después de que, en 1867, se extendió por ley la obligatoriedad de la vacunación hasta los 14 años, sus oponentes enfocaron sus protestas en el infringimiento de las libertades individuales, y finalmente en 1898 la ley permitió la objeción de conciencia respecto a la vacunación obligatoria.

En el , la ciudad de Leicester (Reino Unido) consiguió un alto nivel de aislamiento en casos de viruela, y una gran reducción en su propagación en comparación con otras regiones. El enfoque de Leicester respecto a la viruela consistió en disminuir las vacunaciones y en cambio invertir más en mejoras sanitarias.Leicester and smallpox:

Fourth and other reports of the Royal Commission into smallpox and Leicester 1871 et seq Sin embargo, el informe de Bigg sobre los procedimientos de salud pública en Leicester, presentados como evidencia ante la Comisión Real, se referían a la erisipela, una infección de los tejidos superficiales frecuente como complicación en cualquier procedimiento quirúrgico.

En los Estados Unidos, el presidente Thomas Jefferson se interesó especialmente en la vacunación, junto con el Dr. Benjamin Waterhouse (1754‑1846), facultativo jefe en Boston. Jefferson fomentó el desarrollo de formas de transporte de vacunas a lo largo de los estados del sur, incluyendo medidas para proteger las vacunas del calor, una de las principales causas de la inefectividad de algunas partidas. Los brotes de viruela fueron controlados en la última mitad del . Las tasas de vacunación bajaron después de esta disminución en los casos de viruela, y la enfermedad se volvió epidémica de nuevo a finales del .

El activismo antivacunación, conocido como el movimiento antivacunas, aumentó de nuevo en Estados Unidos al final del . En 1879, después de una visita a Nueva York del prominente antivacunas británico William Tebb (1830‑1917), se fundó la Sociedad Antivacunación de Estados Unidos. En 1882 se creó la Liga Antivacunación Obligatoria de Nueva Inglaterra, y en 1885 la Liga Antivacunación de Nueva York. John Pitcairn (1841‑1916), el adinerado fundador de la Pittsburgh Plate Glass Company (hoy en día PPG Industries), emergió como uno de los principales financiadores y líder del movimiento estadounidense antivacunación. El 5 de marzo de 1907, en Harrisburg (estado de Pensilvania), pronunció un discurso ante el Comité de Salud Pública y Saneamiento de la Asamblea General de Pensilvania, criticando la vacunación. Posteriormente, Pitcairn también patrocinó la Conferencia Nacional Antivacunación, llevada a cabo en octubre de 1908 en Filadelfia, y que llevó a la creación de la Liga Antivacunación de Estados Unidos. Cuando la Liga se organizó posteriormente ese mes, Pitcairn fue elegido como su primer presidente. El 1 de diciembre de 1911, Pitcairn fue convocado por el gobernador de Pensilvania, John K. Tener (1863‑1946) ante la Comisión Estatal de Vacunación del Estado de Pensilvania, y posteriormente presentó un informe detallado oponiéndose firmemente a las conclusiones de la comisión. Pitcairn continuó siendo un firme opositor a la vacunación hasta su muerte en 1916.

En noviembre de 1904, en respuesta a años de enfermedad y saneamiento inadecuado y seguida de una campaña pública pobremente promovida llevada a cabo por el renombrado ministro de Salud Pública Oswaldo Cruz, ciudadanos y cadetes militares de Río de Janeiro se levantaron en la Revolta da Vacina (‘revuelta de la vacuna’). Los disturbios empezaron el día en que la ley de vacunación entró en vigor; la vacunación simbolizaba el más temido y tangible aspecto de un plan de salud pública que incluía otros aspectos, como una renovación urbanística, que había sido fruto de oposición durante años.

En los inicios del , el movimiento antivacunación acogió a miembros de distintos ámbitos de la sociedad. Más recientemente, es un fenómeno predominantemente asociado a las clases medias. Los argumentos contra las vacunas que se exponen en el son frecuentemente similares a los que se usaban los antivacunas del .

De entre los acontecimientos del , destacan la emisión en 1982 del documental DPT: vaccine roulette (‘DPT: la ruleta de la vacuna’), que desató el debate sobre la vacuna DPT, así como la publicación en 1998 de un artículo académico ―posteriormente refutado― que despertó la controversia sobre la vacuna triple vírica.

Efectividad

miniatura|350px|La incidencia de la rubeola disminuyó abruptamente cuando se introdujo la vacunación universal. Tabla del CDC.

La vacunación masiva ayudó a erradicar la viruela, que hasta entonces había llegado a matar hasta a 1 de cada 7 niños en Europa. La vacunación prácticamente ha erradicado la poliomielitis. Como ejemplo más modesto, la incidencia de infección invasiva con Haemófilus influénzae, una de las causas principales de meningitis bacteriana y otras enfermedades graves en niños, ha disminuido en aproximadamente un 99% en los Estados Unidos desde la introducción de la vacuna correspondiente en 1988. La vacunación total de todos los niños en los Estados Unidos nacidos en un año concreto, desde el nacimiento hasta la adolescencia, se estima que evita 30000 muertes y previene 14 millones de infecciones.

Algunos críticos a las vacunas sostienen que nunca ha habido ningún beneficio a la salud pública derivado de la vacunación.Dr. Gerhard Buchwald: The vaccination nonsense (‘la tontería de la vacunación’), pág. 108. ISBN 3-8334-2508-3. Afirma ―sin evidencia alguna― que la vacunación nunca ha proporcionado ningún beneficio. Así, argumentan que la reducción de enfermedades infecciosas, cuya incidencia era enorme en condiciones de sobrepoblación, malas condiciones sanitarias, casi inexistente higiene y un período anual de dieta restringida, se debe a cambios en las condiciones de vida más que a la vacunación. Otros críticos argumentan que la inmunidad dada por las vacunas es solo temporal y requiere nuevas dosis como refuerzo, mientras los que sobreviven a la enfermedad tienen inmunidad permanente. Como se muestra posteriormente, las filosofías de los practicantes de algunas medicinas alternativas son incompatibles con la idea de que las vacunas son efectivas.

Los niños que sobreviven a enfermedades como la difteria desarrollan una inmunidad natural que dura más que la desarrollada vía vacunación. A pesar de que la mortalidad global es mucho más baja con vacunación, el porcentaje de adultos protegidos contra la enfermedad puede ser también más bajo.

Salud pública

La falta de cobertura completa de la vacunación incrementa el riesgo de enfermedad para la población en su totalidad, incluyendo a aquellos que ya han sido vacunados, ya que reduce la inmunidad de grupo. Por ejemplo, la vacuna del sarampión se usa en niños con edades entre los 9 y 12 meses, y el estrecho lapso que transcurre entre la desaparición de los anticuerpos maternales (antes de los cuales la vacuna en ocasiones no logra la seroconversión) y la infección natural implica que los niños vacunados son frecuentemente todavía vulnerables. La inmunidad de grupo atenúa esta vulnerabilidad si todos los niños son vacunados. Aumentar la inmunidad de grupo durante una epidemia o amenaza de epidemia es posiblemente la justificación más ampliamente aceptada para la vacunación en masa. La vacunación en masa también ayuda a incrementar la cobertura rápidamente, obteniéndose así inmunidad grupal, cuando se introduce una nueva vacuna.

Relación coste-efectividad