La literatura gallega del puede dividirse, grosso modo, en tres etapas: literatura de preguerra, literatura de posguerra (mayoritariamente desde el exilio) y literatura desde el fin de la dictadura hasta el fin de siglo. Veamos pormenorizadamente todas las etapas y los autores más destacados que el dio a la literatura gallega.

El período intersecular Después de la más que esperanzadora etapa del Rexurdimento, la literatura gallega comienza un período de decaimiento en casi todos los géneros, excepto en el teatro, puesto que la dramática gallega nacerá en 1882 con la representación de A fonte do xuramento de Francisco María de la Iglesia. De hecho, uno de los primeros hechos destacables de la literatura gallega en el fue la creación, en 1903, de la mano de un grupo de jóvenes liderado por Eduardo Sánchez Miño, de la Escuela Regional de Declamación. Manuel Lugrís Freire y Galo Salinas serán los escritores dramáticos que más colaboren con esta escuela.

En la poesía, aparecen como figuras destacadas de este comienzo de Antonio Noriega Varela, Manuel Leiras Pulpeiro o Xosé María Crecente Vega, pero su obra no romper con la tradición anterior del , si bien en Noriega se aprecia el influjo del saudosismo portugués. Se percibe un cambio en la producción poética a partir de Ramón Cabanillas, puesto que esta, pese a convivir con la tradición, estará influida por el modernismo, movimiento inaugurado por el nicaragüense Rubén Darío. Véase Generación de entre dos siglos.

En la narrativa, quizás sean lo más destacado de este período intersecular las novelas históricas de Antonio López Ferreiro (Niño de Pombas, O Castelo de Pambre y A tecedeira de Bonaval) y los cuentos naturalistas Pé das Burgas de Francisco Álvarez de Nóvoa.

La época de las Irmandades da fala, del grupo Nós y del Seminario de Estudos Galegos miniatura|izquierda|125px|Antón Villar Ponte fue un destacado intelectual de las Irmandades da Fala. A partir de 1916, cuando en los locales de la Real Academia Gallega (pero al margen de ella) un grupo de galleguistas (cuya alma mater era Antón Villar Ponte) funda la "Irmandade de Amigos da Fala" de la Coruña, la literatura gallega renacerá nuevamente. Esta asociación, que después se extenderá por otros lugares del país, dando lugar a las Irmandades da Fala (1917), se va a preocupar de darle un ánimo a la literatura gallega. Va a ser en esta época en la que se funde el Conservatorio Nacional de Arte Gallego (1919) y en la que el teatro gallego coja el tren de Europa, en la que proliferen las publicaciones de narrativa breve (Lar, Céltiga...), etc.

miniatura|140px|Otero Pedrayo, uno de los grandes narradores del . En 1920, a partir de la fundación de la revista Nós (30 de octubre de 1920), surgirá el llamado grupo Nós, que tendrá por figuras principales a Vicente Risco, Otero Pedrayo y a Castelao, y cuya voluntad de igualar la literatura gallega a las europeas provocará, entre otras cosas, el nacimiento de la narrativa gallega actual. Se trata de autores nacidos entre 1880 y 1890, con una honda formación intelectual.

Excepto Castelao, el resto de los autores que conforman este grupo se incorporan a la ideología nacionalista de manera tardía. Risco, Otero y Florentino López Cuevillas habían formado parte del llamado Cenáculo orensano. Como indica el ideólogo de esta generación, Vicente Risco, en su libro Nós, Os inadaptados, estos intelectuales pregaleguistas, dandies, de clase acomodada, vivían en su "torre de marfil", alienados, aislados del mundo que los rodeaba. Esoterismo, filosofía oriental, Nietzsche... eran sus preocupaciones. Todo este mundo, sobre todo el gusto por el otro lado, se verá reflejado en la obra de estos autores, como se puede ver, como por ejemplo, en O Purgatorio de Don Ramiro, O Desengano do Prioiro (ambas de Otero Pedrayo), Do Caso que lle Aconteceu ao Doutor Alveiros (Risco)... Una novela fundamental para conocer el proceso de galleguización de estos hombres es Arredor de Si, de Ramón Otero Pedrayo.

170px|miniatura|izquierda|Ortoño, Ames, "Aquí nació el Seminario de Estudios Gallegos, 12-10-1923". En 1923 aparecerá el Seminario de Estudios Gallegos (SEG), una especie de Universidad Gallega donde se van a realizar numerosos estudios y publicaciones de diferentes ámbitos teniendo la lengua gallega como habitual, de manera que tuvo una vital importancia para la aparición del ensayo en lengua gallega. En este Seminario colaboraron personajes de la talla de Otero Pedrayo, Castelao, Xosé Filgueira Valverde, Ricardo Carvalho Calero, Armando Cotarelo Valledor...

Los integrantes de las Irmandades, del grupo Nós y del SEG trabajaron a favor de la renovación de los géneros literarios ya existentes y le dieron un importante ánimo la aquellos otros que estaban poco trabajados, como la novela y el ensayo. Surgen así obras clave del ensayo político cómo Teoría do nazonalismo galego (de Vicente Risco) o la Doutrina nazonalista (de Antón Villar Ponte), literatura científica de la mano de Florentino López Cuevillas, y prosas de ficción como Los caminos de la vida (de Otero Pedrayo) o O porco de pé (de Vicente Risco). Asimismo, el polifacético Castelao inauguró un nuevo subgénero narrativo que combina arte literaria con la plástica, como en Cousas o Cousas da vida.QUEIXAS ZAS, Mercedes, Breve historia da literatura galega, Promocións culturais galegas, Vigo, 1999, páx. 47

Los integrantes de las Irmandades se preocuparon también por el teatro y muchos fueron los autores, y entre los años 1922 y 1926 el Conservatorio ya mencionado se convirtió en la Escuela Dramática Gallega, existiendo una época esplendorosa teatral según Leandro Carré Alvarellos. Algunos autores teatrales destacados fueron Ramón Cabanillas (A mano de la santiña, O mariscal), Armando Cotarelo Valledor (Mourenza) y Vicente Risco.

En la producción literaria de comienzos de siglo Antonio Noriega Varela y Ramón Cabanillas serán un puente entre la estética del y la estética vangardista. Noriega Varela ofrece una visión poética e impresionista de la naturaleza, iniciando una corriente denominada "neovirxilianismo" o "paisajismo humanista". Cabanillas asimila la poesía de Curros Enríquez, Rosalía de Castro y Eduardo Pondal, tomando además elementos modernistas.

La generación de 1925

La generación de 1925 abarca los escritores nacidos en torno al año 1900, y cuya actividad literaria se realiza en el período de las Vanguardias. Estos autores también pueden aparecer denominados como la generación de los novecentistas (denominación de Carvalho Calero) o como la Generación de 1922.

En el año 1922, el poeta Manuel Antonio y el pintor Álvaro Cebreiro dan a conocer el manifiesto Más allá. En él se recoge una crítica a los "vellos" y a los "pollitos bien". Los primeros eran los escritores que, pese a vivir en pleno , continuaban imitando la poética de los tres grandes maestros del Rexurdimento (Rosalía de Castro, Manuel Curros Enríquez y Eduardo Pondal). Los segundos, los seguidores de Valle-Inclán, los creadores literarios que, pese a ser gallegos, realizaban su labor artística en lengua española. Por tanto, en este manifiesto vanguardista estos dos autores están pidiendo un cambio urgente de la literatura gallega. Recuérdese, además, que esta es una época en la que, en casi toda Europa, la voluntad de romper con las generaciones literarias anteriores es mucho más acentuada de lo normal. Aun así, en el caso gallego, resulta que Manuel Antonio, el máximo representante del vanguardismo, va a aceptar el magisterio de Vicente Risco.

En la poesía, las corrientes vanguardistas en las que participan los escritores de esta generación serán las siguientes: Creacionismo: bajo la influencia del poeta chileno Vicente Huidobro, el máximo (y casi único) cultivador de esta tendencia en Galicia fue Manuel Antonio (De catro a catro, 1928). La presencia del mar, la ruptura formal, la ausencia de ritmo, la creación de imágenes autónomas, etc, son las principales características de su obra. miniatura|175px|Cunqueiro, poeta neotrovadores Hilozoísmo: bautizado así por Ricardo Carvalho Calero, el máximo representante y fundador de la corriente hilozoísta fue Luís Amado Carballo (Proel, 1927; O galo, 1928). La presencia de la naturaleza, los colores y su simbología, etc, aparecen con frecuencia en la obra del poeta pontevedrés. Neotrovadorismo: corriente que procura imitar la lírica medieval (recién descubierta), adaptándola a la estética de aquella altura. Fermín Bouza-Brey (Nao senlleira, 1933) y Álvaro Cunqueiro (Cantiga nova que se chama riveira, 1933; Dona de corpo delgado, 1950; autor perteneciente a la generación de 1936) fueron los más destacados poetas neotrovadorescos gallegos. Neovirxilianismo: corriente que imita en cierto modo a poesía de los clásicos grecolatinos. Aquilino Iglesia Alvariño (Señardá, 1930, Corazón ao vento, 1933) y Xosé María Díaz Castro (este último autor no publicará ningún libro con anterioridad a la Guerra Civil) son poetas neo-virxilianistas destacados. Surrealismo humanista: casi el único cultivador de esta corriente fue su fundador, Luís Pimentel. Los espacios cercados, la sensibilidad por el dolor ajeno, etc., son constantes en su poesía. Surrealismo: en Galicia no existió la corriente surrealista en sí. Aun así, algunos autores la cultivaron esporádicamente, como Álvaro Cunqueiro (en Poemas do Si e do Non) o Aquilino Iglesia Alvariño (en Corazón ao Vento).

miniatura|150px|izquierda|Rafael Dieste En el teatro, los autores de la generación de 1925 continuarán con la renovación llevada a término en la época de las Irmandades. Álvaro de las Casas y Rafael Dieste (A fiestra valdeira, 1927) son dos escritores teatrales singulares de esta generación.

También pertenece a la generación de 1925 Eduardo Blanco Amor, destacado valor en la renovación de la prosa en la posguerra, quien comienza a publicar la finales de la década de los veinte narrativa y poesía (Poema en catro tempos).

La literatura gallega en la posguerra El golpe de Estado del general Francisco Franco y la consecuente guerra civil española (1936-1939) truncó toda esta producción literaria. Después de la victoria del bando nacional, la literatura en lengua gallega muere, pues el nuevo régimen prácticamente no permitió publicaciones en lengua gallega. Tan sólo, en la más inmediata posguerra, se cuenta con testimonios teatrales de tipo folclórico, semejantes a los producidos en la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1929). Será justo una obra teatral el primer texto publicado en libro después de 1936, la zarzuela ¡Non Chores, Sabeliña! (1943) de José Trapero Pardo. El siguiente, el poemario de Aquilino Iglesia Alvariño Cómaros Verdes (1947). A modo de ejemplo, se puede mencionar que entre los años 1939 y 1950 no llegó a haber ni una docena de publicaciones en lengua gallega en el territorio de Galicia, y las que se produjeron fueron obras fundamentalmente de ámbito rural.

Esta situación de escasísima producción (y publicación) literaria comenzará a cambiar a partir de 1950, año en el que aparece, de la mano de Ramón Piñeiro López, Xaime Isla Couto y Celestino Fernández de la Vega editorial Galaxia.

La literatura de posguerra en el exilio y en la diáspora miniatura|izquierda|Blanco Amor dirigió revistas y el Teatro Popular Gallego en Buenos Aires