Se denomina «ópera alemana» al desarrollo operístico de los países germanoparlantes, principalmente Alemania (o los estados históricos que actualmente conforman la República Federal Alemana) y Austria. En este artículo se mencionan brevemente los trabajos de compositores alemanes o austríacos que han sido escritos en otras lenguas. La misma expresión se utiliza también para designar el conjunto de obras escritas en lengua alemana, incluyendo obras escritas por compositores no nativos.
Tal como indican los nombres de Mozart, Weber, Wagner, Richard Strauss y Berg, Alemania y Austria poseen una de las tradiciones operísticas más fuertes en la cultura europea. Esto se evidencia también en la gran cantidad de teatros de ópera (principalmente en Alemania, donde al menos todas las ciudades importantes tienen su propio teatro), así como también en los numerosos festivales operísticos tan renombrados mundialmente, por ejemplo, el Festival de Salzburgo.
thumb|250px|La ópera berlinesa «Unter den Linden». thumb|250px|Ópera Estatal de Viena, uno de los principales centros operísticos del mundo. thumb|250px|Teatro Nacional de Múnich, sede de la Ópera Estatal de Baviera. thumb|250px|Semperoper de Dresde.
Era barroca La primera ópera alemana thumb|left|180px|Heinrich Schütz.
La primera ópera del mundo fue Dafne de Jacopo Peri, aparecida en Florencia en 1598. Tres décadas más tarde Heinrich Schütz toma el mismo libreto en una traducción del poeta Martin Opitz, creando así la primera ópera en lengua alemana. La música del Dafne de Schütz se ha perdido y los detalles de la puesta se hallan incompletos, pero se sabe que fue escrita para celebrar la boda del Landgrave Jorge II de Hesse-Darmstadt con la Princesa Sofía Eleonora de Sajonia en Torgau en 1627.
Al igual que en Italia, los primeros patrones de ópera en Alemania y Austria fueron la realeza y la nobleza, y tendieron a favorecer a los compositores y cantantes del sur de los Alpes. Antonio Cesti fue particularmente exitoso, proveyendo la fastuosa ópera Il pomo d'oro para la Corte Imperial en Viena en 1668.
La ópera en italiano continuó ejerciendo una considerable presencia en tierras de habla alemana a través de los períodos Barroco y Clásico. Sin embargo, las formas nativas también comenzaron a desarrollarse. En Núremberg en 1644, Sigmund Staden produjo el «pastoral espiritual» Seelewig, que presagia el singspiel, un género de la ópera de lengua alemana en el cual las arias alternan con diálogo hablado. Seelewig era una alegoría moral inspirada por el ejemplo de los dramas de la escuela contemporánea y es la primera ópera alemana cuya música ha sobrevivido.
Opera en Hamburgo (1678–1738) Otro importante desarrollo fue la fundación del Theater am Gänsemarkt en Hamburgo en 1678, dirigido a la clase media que prefería ópera en su propio idioma. El nuevo teatro operístico abrió sus puertas con la representación de Der erschaffene, gefallene und aufgerichtete Mensch, de Johann Theile, basada en la historia de Adán y Eva. El teatro, sin embargo, pasó a ser dominado por el trabajo de Reinhard Keiser, un compositor enormemente prolífico que escribió más de cien óperas, sesenta de ellas para Hamburgo.
Inicialmente todas las obras presentadas en Hamburgo estaban basadas en temas religiosos, en un intento por evitar las críticas de las autoridades eclesiásticas piestistas, que indicaban que el teatro era inmoral; pero Keiser y sus compañeros compositores, entre ellos Johann Mattheson, sumaron nuevas temáticas, incluyendo históricas y mitológicas. Keiser recurrió a tradiciones operísticas extranjeras, por ejemplo, incluyó danzas según el modelo de la tradición francesa de Lully. El recitativo en sus óperas siempre era en alemán, por lo que la audiencia podía seguir el argumento, pero desde Claudius (1703) comenzó a incluir arias en italiano, con floridas exhibiciones vocales. El sello del estilo de Hamburgo era su eclecticismo.
Georg Philipp Telemann, otro prolífico compositor, que comenzó a eclipsar a Keiser como compositor principal de ópera en Hamburgo desde 1717, siguió este ejemplo con Orpheus (1726), que contenía arias en italiano presentando textos tomados de óperas famosas de Haendel, así como también coros en francés con texto originalmente utilizado por Lully.
La ópera de Hamburgo logró incluir también personajes cómicos (Der Carneval von Venedig (1707) de Keiser los hacía hablar en el dialecto local Bajo sajón), marcando un gran contraste con el nuevo estilo elevado de la ópera seria definido por Metastasio.
Con todo, el futuro inmediato perteneció a la ópera italiana. El más famoso compositor de origen alemán de esta era, Haendel, escribió cuatro óperas para Hamburgo en el inicio de su carrera (solo una de las óperas en alemán de Haendel sobrevive en buen estado, Almira), pero rápidamente partió a escribir ópera seria en Italia e Inglaterra. En 1738, el Theater am Gänsemarkt cayó en bancarrota y el destino de la ópera seria en Alemania declinó en las décadas posteriores.
Ópera seria y crecimiento del singspiel thumb|200px|Johann Adam Hiller.
Los principales compositores alemanes tendieron a seguir el ejemplo de Haendel, dado que las cortes de varios estados alemanes favorecían la ópera en italiano. En 1730, el principal autor de la ópera seria, el libretista italiano Metastasio, se radicó como poeta imperial en Viena.
Johann Adolph Hasse escribió óperas en italiano para la corte del elector de Sajonia en Dresde. Hasse también escribió óperas para la corte de Federico II el Grande en Berlín, al igual que Carl Heinrich Graun. El mismo rey suministró el libreto para Montezuma de Graun, presentada por primera vez en 1755.
Privada del patrocinio aristocrático, la ópera en alemán fue forzada a enfocarse al público en general para sobrevivir. Esto significó que las compañías teatrales debieron viajar de ciudad en ciudad. El singspiel se convirtió en la forma más popular de la ópera alemana, en especial, de la mano del compositor Johann Adam Hiller. La versión revisada del singspiel de Hiller Die verwandelten Weiber (1766) fue un hito en la historia del género, aun siendo Die Jagd (1770) su obra más famosa. Estos singspiele fueron comedias que combinaban partes habladas y cantadas, influenciados por los géneros similares de la ballad opera en Inglaterra y la opéra-comique en Francia.
A menudo, en esta etapa, teniendo argumentos sentimentales y música extremadamente simple, los singspiele no podían compararse en sofisticación artística con las óperas serias contemporáneas, situación que cambiará en la siguiente era musical.
Era clásica Mozart y la madurez del singspiel miniatura|izquierda|Cartel del estreno de La flauta mágica.
A finales del , mientras la música se dirigía hacia la Era Clásica, la mayoría de los compositores de origen alemán continuaban evitando escribir ópera en su propia lengua. La gran figura de principios del período clásico fue Christoph Willibald von Gluck, pero sus reformas pioneras estuvieron dirigidas a las ópera italiana y francesa, no al repertorio alemán.
En 1778, el Emperador José II intentó cambiar esta situación estableciendo una compañía de ópera en lengua alemana, el «Singspiel Nacional», en el Burgtheater en Viena. El experimento fue de corta duración, y la compañía se disolvió en 1783, aunque el año anterior había producido un éxito indudable: El rapto en el serrallo del joven Wolfgang Amadeus Mozart. Goethe inmediatamente reconoció la calidad de la pieza, declarando que «nos golpeó por todos lados».
Mozart se consolidó como un gran compositor de ópera, aportando también al singspiel con Der Schauspieldirektor (1786), más allá de su excelente trabajo en el campo de la ópera italiana, con su Le nozze di Figaro, Così fan tutte y Don Giovanni.
En los años subsiguientes, aparecieron en Viena teatros comerciales que ofrecían ópera en alemán. El empresario Emanuel Schikaneder obtuvo particular éxito con su Theater auf der Wieden en la cercanía de la ciudad. En 1791, persuadió a Mozart de que componga para uno de sus libretos, resultando la que se considera como la obra maestra del estilo, La flauta mágica (1791, año de la muerte del compositor). Esta obra probó no ser un Singspiel ordinario. Aunque seguía contando con los elementos absurdos tradicionales, Mozart agregó una nueva seriedad, particularmente en la música de Sarastro y sus sacerdotes.
Más aún que Die Entführung, Die Zauberflöte fue el punto de partida para el establecimiento de la tradición operística alemana. Mozart, por tanto, ha quedado en la historia como la cumbre de la ópera alemana de finales del .
Ludwig van Beethoven El compositor alemán más grande de la siguiente generación, Ludwig van Beethoven claramente prolífico en otros géneros, no compuso muchas obras dramáticas. Completó solo una, Fidelio, presentada por primera vez en 1805, pero con revisión final de 1814. Siguiendo la línea mozartiana de La flauta mágica, con la combinación de comedia doméstica y obra seria, Fidelio narra la historia de una esposa devota que salva a su marido del encarcelamiento político. Los años siguientes a la Revolución Francesa de 1789 habían sido de los más turbulentos de la historia europea. En Fidelio, Beethoven quiso expresar los ideales de esa revolución: libertad, igualdad y fraternidad.
Fue también inspirado por los trabajos franceses contemporáneos, particularmente las «óperas rescatadas» de Luigi Cherubini. El género no fue fácilmente cultivado por el artista, y en esta obra, los ideales filosóficos que trataba de expresar, en algunos casos parecen diluir el impacto del drama. A pesar de todo lo anterior, Fidelio es considerada por muchos, una obra maestra y una de las piezas dominantes en el repertorio alemán. Algunos incluyen esta obra dentro del singspiel, por lo cual se dice que Beethoven no aportó cambios notables al género operístico.
Ópera romántica alemana Romanticismo temprano En los primeros años del , un vasto movimiento cultural, conocido como Romanticismo, comenzó a ejercer sus influencias sobre los compositores alemanes. Los románticos mostraron un afilado interés en la Edad Media así como también en el folclore alemán. Las colecciones de cuentos de hadas de los hermanos Grimm y el material redescubierto de la épica medieval alemana, el Nibelungenlied, fueron las mayores fuentes de inspiración de este movimiento. Existió también a veces una búsqueda de una identidad alemana distintiva, influenciada por el nuevo nacionalismo, que se presentó en la estela de las invasiones napoleónicas.
El romanticismo ya estaba firmemente establecido en la literatura alemana con escritores como Ludwig Tieck, Novalis, Joseph von Eichendorff y Clemens Brentano. Uno de los más famosos autores alemanes románticos, E.T.A. Hoffmann, fue también músico teórico y compositor en su propio derecho y en 1816 produjo una ópera, Undine, en Berlín. Otra importante ópera romántica temprana fue Faust (1816) de Louis Spohr. Tanto Hoffmann como Spohr tomaron la forma básica del Singspiel como punto de partida pero comenzaron a agrupar los números individuales en escenas extendidas. También emplearon reminiscence motifs, recurriendo a temas musicales asociados con personajes o conceptos en la ópera, abriendo camino al uso del leitmotif de Wagner.
Carl Maria von Weber thumb|250px|Der Freischütz, 1822. La mayor brecha en la historia de la ópera romántica alemana fue Der Freischütz de Carl Maria von Weber, presentada por primera vez en Berlín el 18 de junio de 1821.
Weber resentía la dominación a nivel europeo de las óperas italianas de Rossini y buscó establecer un estilo de ópera únicamente alemana. Se volvió hacia las canciones populares y folclore alemán como fuente de inspiración; Der Freischütz está basada en una leyenda del Gespensterbuch (Libro de los fantasmas) de Johann August Apel y Friedrich Laun, referente a un cazador que hace un pacto con el diablo.