El Parque nacional y área natural de manejo integrado Otuquis, también escrito PN-ANMI Otuquis o Parque nacional y ANMI Pantanal de Otuquis, es un área protegida en Bolivia. Está situado en el extremo sureste del departamento de Santa Cruz, en las fronteras con Brasil y Paraguay específicamente en las provincias Germán Busch y Cordillera.
Cuenta con un área total de , correspondientes a la categoría de parque nacional y a la categoría de "Área Natural de Manejo Integrado".
Esta área protegida forma parte del Pantanal boliviano, que por ser un humedal de importancia internacional, fue denominado Sitio RAMSAR el año 2001.
El parque nacional se encuentra dividido en dos bloques, el Bloque Río Pimiento al norte y el Bloque Otuquis al sur. Bloque Otuquis es el sector más extenso y abarca los municipios de Puerto Suárez, El Carmen Rivero Tórrez y Charagua. Junto a este sector se encuentra el Área Natural de Manejo Integrado Pantanal Otuquis. El Bloque Río Pimiento es el sector de menor extensión y comprende los municipios de Puerto Quijarro y Puerto Suárez, además abarca gran parte de la laguna Cáceres.
Fauna miniaturadeimagen|Tatú (Euphractus sexcinctus) miniaturadeimagen|Pecarí chaqueño (Catagonus wagneri) La fauna del PN-ANMI Otuquis refleja el carácter de ecotono entre las regiones zoogeográficas brasileño–paranense, chaqueña y amazónica. La presencia del sistema pantanero, junto con la heterogeneidad de bosques chaqueños y chiquitanos, favorece una alta riqueza faunística y una elevada producción primaria sustentada por los pulsos estacionales de inundación y sequía. Aunque existen estudios regionales, aún faltan inventarios faunísticos completos dentro del área protegida.
Entre los mamíferos, predominan especies de distribución amazónica y paranense, mientras que las de afinidad chaqueña incluyen armadillos como Euphractus sexcinctus y Tolypeutes matacus, el zorrillo Conepatus chinga, primates como Aotus azarae y Callicebus pallescens, el pecarí chaqueño (Catagonus wagneri) y roedores de los géneros Ctenomys y Myocastor. En total, se estima que la región del Pantanal boliviano alberga unas 159 especies de mamíferos, de las cuales alrededor de 72 han sido registradas en Otuquis. La avifauna alcanza cerca de 340 especies en el área protegida, compuestas por aves amazónicas, chaqueñas, paranenses y migratorias. Varias especies presentan distribución restringida al Pantanal y sus alrededores.
En cuanto a anfibios y reptiles, se han identificado aproximadamente 55 y 66 especies, respectivamente. Destacan la rana Ameerega picta, la rana Leptodactylus labyrinthicus y el escuerzo Ceratophrys cranwelli entre los anfibios, mientras que entre los reptiles sobresalen tortugas terrestres y acuáticas, el yacaré (Caiman yacare), grandes lagartos como Salvator merianae y Dracaena paraguayensis, la iguana verde (Iguana iguana) y una amplia diversidad de serpientes.
La ictiofauna del PN-ANMI Otuquis está influida por la convergencia de las cuencas del Amazonas y del Paraná–Plata, lo que contribuye a una elevada diversidad de especies. Para el sector boliviano del alto río Paraguay se estima una riqueza cercana a 250 especies, mientras que en el área protegida de Otuquis se han compilado 169 especies. Los grupos más diversos corresponden a los carácidos, seguidos por cíclidos, calíctidos, dorádidos y loricáridos, y la laguna Cáceres constituye uno de los ambientes con mayor riqueza registrada.
Entre las especies de importancia económica presentes en la región destacan la boga (Leporinus macrocephalus), el tambaquí (Piaractus mesopotamicus), el sábalo (Prochilodus lineatus), el muturo (Zungaro jahu), el surubí pintado (Pseudoplatystoma corruscans) y la cachara (Pseudoplatystoma fasciatum). El pacú negro (Colossoma macropomum), vulnerable en la cuenca amazónica, se encuentra registrado como especie introducida. También está presente el grupo de los peces anuales o rivúlidos, representado por especies como Trigonectes balzanii, que habitan cuerpos de agua estacionales del Pantanal.
Flora miniaturadeimagen|Palo cruz (Tabebuia nodosa) La vegetación del PN-ANMI Otuquis se caracteriza por su posición de ecotono entre el Cerrado, el Pantanal y el Chaco, lo que genera una combinación de especies propias de estas regiones junto con otras de distribución amplia. Aunque no existe un inventario florístico completo para el área protegida, las estimaciones disponibles sugieren que la riqueza vegetal del Pantanal boliviano supera las 700 especies, y las listas preliminares elaboradas para Otuquis registran al menos 262 especies. La diversidad es especialmente elevada en los bosques chiquitanos, tanto de llanura como de serranías, donde se encuentran especies como Acosmium cardenasii, Piptadenia viridiflora, Sterculia striata, Tabebuia nodosa y Guibourtia chodatiana.
En la transición entre los bosques chiquitanos y chaqueños destacan los chaparrales de Abayoy, que incluyen elementos florísticos casi exclusivos como Shingiphila tetramera, Terminalia argentea y Tabebuia selachidentata. Los bosques chaqueños aportan especies de familias características como Anacardiaceae (Schinopsis), Apocynaceae (Aspidosperma), Cactaceae (Opuntia), Capparaceae (Capparis) y Fabaceae (Prosopis, Geoffrea).
Las sabanas inundadas y los ambientes estrictamente acuáticos presentan una alta riqueza aún poco documentada, dominada por familias como Poaceae, Cyperaceae y Fabaceae, además de grupos especialistas en humedales como Azollaceae, Salviniaceae, Alismataceae, Pontederiaceae, Hydrocharitaceae, Cabombaceae y Nymphaeaceae. Estudios en ambientes cercanos, como la laguna Cáceres, registran más de 120 especies acuáticas. Aunque no se han identificado endemismos propios del Pantanal boliviano, especies chiquitanas potencialmente presentes en Otuquis incluyen los cactus Echinopsis hammerschmidtii, Gymnocalycium chiquitanum, Frailea chiquitana y Discocactus heptacanthus, además del pasto endémico Sporobolus cruciensis. También se mencionan parientes silvestres de cultivos bolivianos en áreas cercanas, como los de la chirimoya, la yuca y el maní, aunque sin registros confirmados dentro del área protegida.
Historia Época precolombina La región del actual PN-ANMI Otuquis habría sido territorio tradicional de diversos pueblos indígenas pertenecientes a las familias lingüísticas Zamuca (Ayoréode y Chamacoco), Chiquitana (con grupos de lenguas chiquitana, arawaka y chapacura) y Otukea (Otukes, Covarecas y Curiminacas). Estas poblaciones ocuparon un territorio que se extendía desde los pantanos del Pantanal hasta la franja de transición con el Bosque Seco Chiquitano y áreas adyacentes de la Amazonía.
En el sector brasileño del Gran Pantanal, investigaciones arqueológicas han documentado presencia humana desde aproximadamente 8200 a. C., así como evidencias de grupos numerosos con patrones de movilidad orientados al aprovechamiento de recursos naturales hacia 2200 a. C. En la parte boliviana aún no se han desarrollado estudios arqueológicos específicos dentro del Pantanal, sin embargo, trabajos realizados en regiones cercanas, como las serranías chiquitanas (Sunsas) y el valle del río Tucavaca, registran sitios de arte rupestre y restos de asentamientos que apuntan a una ocupación indígena entre 1500 a. C. y 1500 d. C.
Época colonial miniaturadeimagen|Mapa de las misiones jesuitas de Chiquitos (1789). Durante el período colonial, la región del actual PN-ANMI Otuquis constituía un territorio de fronteras imprecisas entre los imperios español y portugués, poco conocido y sujeto a reclamaciones superpuestas. Aunque recibió expediciones desde Asunción entre 1548 y 1549, el área era reivindicada por el Virreinato del Perú, y en el los bandeirantes portugueses destruyeron los pocos asentamientos españoles existentes. En el el interés portugués aumentó con el descubrimiento de oro en la zona de Cuiabá, y la construcción del fuerte de Albuquerque (1775), origen de la actual ciudad de Corumbá, consolidó su dominio al este del río Paraguay.
Al oeste del río, las misiones jesuíticas de Chiquitos ofrecieron refugio a los pueblos indígenas que huían de las incursiones esclavistas. Algunos grupos, como los ayoréode, mantuvieron resistencia armada y evitaron la vida en reducciones, mientras que otros, como los zamucos, otukés, curavés y potureros, fueron contactados en 1717 y reducidos en la misión de Santo Corazón. Hacia 1832, cuando d’Orbigny visitó la misión, apenas subsistían unos 150 otukes y solo dos ancianos conservaban su lengua original.
La presencia misional y militar española y portuguesa provocó la desaparición de pueblos indígenas, la formación de la síntesis cultural chiquitana, y la introducción de nuevas formas de organización territorial y productiva. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, autoridades coloniales y comerciantes criollos intensificaron la explotación de los pueblos misionales y sus recursos, lo que generó desplazamientos hacia zonas periféricas y la expansión de haciendas ganaderas más allá de las áreas bajo influencia misional.
Exploración boliviana A pesar de la independencia de Bolivia en 1825, ésta no modificó sustancialmente la estructura productiva regional, aunque surgieron iniciativas para abrir rutas hacia el río Paraguay. Entre ellas destacó la concesión otorgada en 1832 a Manuel de Olidén, quien fundó asentamientos como Olidén y Florida y promovió la colonización de la provincia de Otuquis, en un territorio aún habitado por pueblos indígenas como guarañocas, potoreras y guaicurúes.
La inviabilidad de la navegación por el río Otuquis fue confirmada a mediados del , lo que llevó al abandono de la concesión otorgada a Olidén en 1844. Como alternativa, desde 1861 el gobierno promovió proyectos camineros destinados a conectar Santa Cruz de la Sierra con el río Paraguay, acompañados por expediciones que alcanzaron sectores como la bahía Negra y el río Nepónimo. Durante este periodo también arribó a la zona Antonio Taboas, beneficiario de una concesión de tierras, con el apoyo de pobladores de Santiago de Chiquitos. miniaturadeimagen|Muelle en Puerto Suárez, sobre la laguna Cáceres. El contexto regional estuvo marcado por la guerra de Paraguay contra Argentina, Brasil y Uruguay, que favoreció el comercio entre Corumbá, ocupada temporalmente por Paraguay, y Bolivia, lo que incentivó la construcción de rutas hacia el occidente. Tras el conflicto, iniciativas como la de Domingo Vargas intentaron consolidar colonias bolivianas, aunque sin éxito debido a las inundaciones. La articulación estable entre Santa Cruz y el río Paraguay se consolidó con la concesión otorgada en 1875 a Miguel Suárez Arana, quien fundó Puerto Suárez en la bahía Cáceres e inició la apertura de caminos hacia el oriente, habilitando en 1878 el tráfico comercial que se vería reforzado por el auge gomero entre 1880 y 1945 y que derivaría en la fundación de Puerto Quijarro en 1940.
Asentamiento y conexión Durante estas décadas, Puerto Suárez se convirtió en un centro comercial regional, articulando importaciones europeas y exportaciones de productos como goma, maderas y suelas, además de abastecer con alimentos a las zonas gomeras bolivianas. La ampliación de la concesión en 1883 permitió reocupar la Barranca de Chamacocos y fundar Puerto Pacheco en 1885, aunque esta localidad fue abandonada tras elevados costos administrativos y posteriormente ocupada por fuerzas paraguayas.