La Batalla de Yataity CoráAparece en la bibliografía también como Yataí-tí-Corá, Yataity Corá, Yataity-Corá, Yatayty-Corá, Yata´itûhcorá tuvo lugar entre los días 10 y 11 de julio de 1866 en el palmar de Yatayty Corá (Corral de palmas chicas), (Paraguay) entre las tropas argentinas y paraguayas en el marco de la guerra de la Triple Alianza.
Antecedentes
En 1866, segundo año de la guerra, los aliados pasaron a la ofensiva y el 16 de abril de ese año el general Bartolomé Mitre cruzó el río Paraná por el Paso de Patria al frente de un ejército de hombres y ya en territorio paraguayo avanzó sobre la fortaleza de Humaitá.
Después de las batallas de Paso de Patria y de Estero Bellaco (2 de mayo), los paraguayos se replegaron. Mitre ordenó la persecución pero el avance fue cauteloso ya que el territorio era prácticamente intransitable y no había mapas confiables. Del mismo modo, no se disponía de informaciones sobre los efectivos y la disposición de las fuerzas enemigas.
El 24 de mayo se libró la sangrienta Batalla de Tuyutí en la que los paraguayos sufrieron 15000 bajas y los aliados 5000. Los atacantes no fueron perseguidos y pudieron llegar ordenadamente a Humaitá. Pese a la derrota de las fuerzas enemigas, ante el número de bajas propias y desconociendo la situación de los paraguayos el mando aliado se negó a avanzar lo que representó un error estratégico de magnitud ya que Francisco Solano López era totalmente incapaz en esos momentos de contener cualquier ataque.
thumb|400px|Batalla de Tuyutí: Pintura de Cándido López thumb|140 px|Bartolomé Mitre El Imperio del Brasil enviaba al teatro de operaciones un nuevo ejército de 12000 hombres al mando de Manuel Marques de Sousa, conde de Porto Alegre, y Mitre decidió utilizarlo para abrir un nuevo frente a través de Encarnación, lo que distraería tropas de Humaitá y protegería el flanco derecho aliado al norte de Tuyutí.
Pese a que en consejo de guerra del 30 de mayo se aprobó tal tesitura, a espaldas de su comandante Porto Alegre y el almirante Joaquim Marques Lisboa, marqués de Tamandaré, se quejaron ante Ângelo Moniz da Silva Ferraz, ministro de guerra del gabinete de Pedro de Araújo Lima, marqués de Olinda, afirmando que el plan era impractible. Aducían que las canoas y lanchas paraguayas bloqueaban el canal del río en ese punto, que la flota de Tamandaré no podía ayudar ya que las cascadas cercanas a la isla Apipé en ese entonces solo permitían el paso de embarcaciones de escaso calado y que aún de conseguirlo debían atravesar 300 km de territorio desconocido y temían no encontrar suficiente alimento antes de llegar a Villarrica por lo que deberían ir construyendo depósitos a retaguardia a medida que avanzaran y carecían de lo necesario para hacerlo.
Pese a que aún observadores extranjeros como el embajador británico Edward Thornton restaban entidad real al planteo de los oficiales brasileños, sobre cuya marina pesaba una abierta y generalizada acusación de cobardía, Mitre resolvió dejar pasar lo sucedido en bien de la alianza y abandonó la idea del tercer frente, ordenando a Porto Alegre avanzar por la orilla izquierda del río Paraná hasta Paso de la Patria, y recién entonces cruzar para unirse a la fuerza principal, pese a lo cual la división imperial avanzó tan lentamente que para finales de junio apenas había llegado a Itatí, todavía a 20 leguas del frente.
Sin embargo, la operación puso en alerta a López quien decidió forzar la lucha antes que la nueva división fortaleciera el frente enemigo o lanzara un ataque desde una dirección alternativa.
El combate miniaturadeimagen|derecha|Francisco Solano López. A fines de junio de 1866 López había remontado nuevamente su ejército a un total de 20 000 hombres, pero apelando en gran parte a la leva: Adultos sin experiencia militar, hombres jóvenes, esclavos libertos y heridos dados de alta fueron llamados a las armas para reponer las bajas luego de la sangrienta Batalla de Tuyutí y distribuidos estratégicamente alrededor del teatro de operaciones en Humaitá.
Pese a la gravedad de la situación, «tenía la convicción de derrotar a los aliados y se decidió a provocarlos». A ese efecto, López creía haber encontrado un punto débil en la derecha aliada cerca del amplio palmar llamado Yataity Corá. En vanguardia frente al palmar, el llamado Paso Leguizamón, paso de los esteros que comunicaba con el campamento aliado, era custodiado por una reducida guardia de milicias de la Guardia Nacional argentina, dos compañías del batallón Libertad de Catamarca (3.ª División del I Cuerpo del Ejército Argentino) al mando del mayor Maximino Matoso, sin experiencia de combate y recientemente arribadas de esa provincia argentina, contando solo con reducido apoyo de caballería.
Primer combate, 10 de julio de 1866 thumb|140px|Elizardo Aquino (1866) El 10 de julio López envió dos batallones de sus tropas de infantería, el N.º 8 (capitán Casimiro Báez) y el N.º 30 (mayor Cándido Mora),Efraím Cardozo, Hace cien años: 1 de junio de 1866 a 30 de septiembre de 1866, Ediciones EMASA, 1970 al mando superior del coronel Elizardo Aquino en un ataque falso de provocación para foguearlas y mantener en alerta al resto.
A las 15 Maximino Matoso observó el avance enemigo en dos columnas y cursó parte del inminente ataque al jefe de la 1.º División del I Cuerpo, coronel Ignacio Rivas.
El ataque se inició de inmediato, pero Rivas se puso en persona al frente de las restantes dos compañías del batallón Catamarca y se incorporó rápidamente al frente, consiguiendo sostener la posición mientras ordenaba al mayor Desiderio Sosa que fuese a reforzarlo con el 1.º batallón Corrientes de Guardias Nacionales (también de la 3.ª División).
Los paraguayos cerraron filas y dispararon sus cohetes Congreve desde corta distancia. Seiscientos soldados paraguayos del batallón 8 al mando del comandante Báez cargaron y se trabó el combate mientras el batallón N.º 30 apareció flanqueando al Catamarca.
Cuando el asalto parecía haber tenido éxito en cortar a las unidades aliadas se sumó al combate el batallón Corrientes. Los cohetes incendiaron el pastizal lo que provocó tanto humo que no permitió a los paraguayos detectar la aproximación desde el sur de la reserva argentina hasta que esta abrió fuego sobre las tropas paraguayas obligándolas a replegarse escaramuceando hasta una corta distancia. Hasta ese momento las bajas habían sido escasas en ambos bandos. Rechazado así el ataque, el Corrientes quedó ocupando la posición al norte del Paso Leguizamón y Sosa quedó al mando relevando a Matoso.
Segundo combate, 11 de julio de 1866 thumb|140px|Ignacio Rivas 475px|thumbnail|Modelos de cohetes Congreve de 1814 thumb|Cohete Congreve (Guerras napoleónicas) Dado que sus tropas no habían sido perseguidas, habiendo sufrido pocas bajas y sin evidencia de que los argentinos hubieran reforzado la posición, López decidió lanzar un ataque a mayor escala al día siguiente, esta vez a cargo del general José Eduvigis Díaz, oficial «de gran y justificado predicamento en el ejército paraguayo y de la mayor confianza y cariño de su omnipotente conductor».
Díaz llevaba como segundo al coronel Elizardo Aquino y comandaba cuatro fuertes batallones de infantería (al 8.º y al 30.° se sumaban el 13.º al mando del teniente Matías Villalba y el 20.º al mando del capitán José Elizalde)Portal Guaraní. Reorganización del ejército paraguayo. y un regimiento de caballería (el 10, al mando del mayor Mendoza)Ruiz Moreno y Whigham mencionan solo un regimiento, el coronel George Thompson al servicio del Paraguay menciona dos. y dos coheteras Congreve de 68 libras (al mando del alférez Hilario Amarilla), 2500 hombres en total.
En la tarde del 11 de julio, tras un bombardeo generalizado sobre las líneas aliadas con cohetes de 68 libras, los paraguayos avanzaron nuevamente. Al mando del general Díaz la infantería cargó sobre Paso Leguizamón mientras la caballería trataba de rodear el flanco derecho del CorrientesJuan Beverina, La Guerra del Paraguay, Círculo militar, BA, 1973 que retrocedió combatiendo bajo el fuego de fusilería y de los cohetes enemigos pero sin romper su formación, seguido lentamente por los paraguayos.
Mientras la columna paraguaya se asentaba en la isleta de Yatayti Corá y presionaba al Corrientes, Rivas movilizó parte de la 1.ª brigada de la 2.ª división del I Cuerpo, compuesta del Batallón 1.º de infantería de línea (teniente coronel Manuel Roseti) y el Batallón de Guardia Nacional San Nicolás (teniente coronel Juan Carlos Boerr), considerado por disciplina y experiencia como una unidad veterana más.
El 1.º de línea que formaba en columna a 500 metros a retaguardia del Corrientes avanzó hasta ocupar una pequeña meseta en el abierto tras el Paso Leguizamón para cubrir el repliegue y quedó adelantado recibiendo el choque principal del enemigo. Desplegado en batalla rompió el fuego sobre la infantería paraguaya, que tras hacer alto y reorganizarse atacó apoyada por el regimiento de caballería ante lo que los argentinos formaron en cuadro y presentaron férrea resistencia.http://www.revisionistas.com.ar/?p=6674 Patricios en la Guerra del Paraguay
Los cohetes paraguayos disparados a corta distancia hicieron blanco sobre las filas veteranas causándole numerosas bajas, entre ellas la de su segundo sargento mayor Fernando Echegaray (o Etchegaray), comandante de la 1.ª Compañía, quien para cubrir a sus hombres tomó por el ástil un proyectil para arrojarlo lejos, momento en que estalló. Cayó más de la tercera parte de la cuarta cara del cuadro que se encontraba al mando del capitán Adolfo Morel (o Mores), quien recibió una seria contusión, y las explosiones incendiaron en varios puntos los altos pajonales que circundaban su posición.
El batallón permaneció firme pero los paraguayos se encontraban ya a 60 o 70 pasosTanto los paraguayos como la Guardia Nacional argentina estaban armados con fusiles de chispa, cuyo alcance efectivo era de alrededor de 60 pasos (el nominal era de unos 300). En cuanto a los batallones de línea la mayoría estaban armados de fusiles de fulminante cuya distancia efectiva era similar (la ventaja era de carga y disparo, aunque la mala calidad del equipamiento hizo que esto fuera relativo). de tres de las caras del cuadro (estaba por ser rodeado) y tenía alrededor de un 23 % de bajas, con un alto porcentaje entre oficiales y suboficiales. Empeorando aún su situación, en medio del fragor del combate el viento del norte trajo del Chaco una tormenta de arena.
Si bien la artillería argentina (baterías del Regimiento 1.º de Artillería a caballo, coronel Julio de Vedia) estaba lista esta vez para entrar en combate, era poco efectiva al tener a sus propias tropas interponiéndose al enemigo. Rivas ordenó finalmente a Roseti que retrocediera para que pudiese operar la artillería propia y para que el San Nicolás lo protegiese. El batallón de guardia nacional se había situado algo detrás en diagonal sobre el borde del estero. El 1.º retrocedió seguido de cerca de los paraguayos que ultimaban a los heridos tendidos en tierra. Al ver como mataban a bayonetazos al sargento 2.º José María Abrego, que había quedado en el campo con una pierna fracturada por una bala, y al grito del capitán Adolfo Morel de -«¡Media vuelta, a la bayoneta, no den cuartel!», las tropas del 1.º cargaron en desorden a bayoneta calada sobre los paraguayos que despojaban de sus prendas y armas a los caídos y los destrozaron. Rivas impuso su autoridad y el repliegue continuó hasta unirse al San Nicolás y al Corrientes.