thumb|Texto en griego de la "Epístola a Flora" de Ptolomeo de la obra "Ptolemaeus Brief an die Flora" de Adolf von Harnack,1904.

La Epístola a Flora o Carta a Flora es un escrito epistolar del cristianismo primitivo atribuido a Ptolomeo o Tolomeo, destacado discípulo de la escuela occidental o itálica de Valentín en la que es expresada, en forma sencilla e incipiente, una exégesis de la Ley Mosaica del Antiguo Testamento desde la perspectiva gnóstica valentiniana. Elaine H. Pagels, Más allá de la fe, págs. 137 y 174, Editorial Crítica, 2005, ISBN 978-84-8432-641-0. Carlos García Dual, Historia de la Filosofía Antigua, Volumen 14, pág. 369, CSIC, 1997, ISBN 978-84-8164-154-7. Jean Daniélou, Mensaje evangélico y cultura helenística: Siglos II y III, págs. 216-219, Ediciones Cristiandad, 2002, ISBN 9788470574597. Redactada en griego, posiblemente hacia el 170 n.e., y conservada en el Panarion de Epifanio de Salamis, es considerada una de las obras más importantes exponentes del pensamiento gnóstico, antes del descubrimiento de los Manuscritos de Nag Hammadi. Bart D. Ehrman, Cristianismos Perdidos Los credos proscritos del Nuevo Testamento, La Carta a Flora de Ptolomeo, pág. 194, Editorial Critica, 2009, ISBN 978-84-9892-042-0. Roberto Sánchez Valencia, De la heterodoxia a la ortodoxia: Hacia una historia hermenéutica de los dogmas nicenos, págs. 53 y 142, Universidad Iberoamericana,2007, ISBN 978-968-859-673-9.

Contenido thumb|Ptolomeo, en su Epístola a Flora, considera al Decálogo como la parte más elevada de la Ley Mosaica contenida en el Pentateuco En esta amplia epístola, Ptolomeo realiza una exposición clara y coherente, argumentando la singular comprensión del Antiguo Testamento por parte de la corriente gnóstica valentiniana.

La carta es dirigida a una mujer culta, dama de la aristocracia romana, posiblemente cristiana proto-ortodoxa y a la que se dirige como «hermana Flora».Gerhard Ludwig Müller, Las Mujeres en la Iglesia: Especificidad y Corresponsabilidad, pag. 386, Editorial Encuentro, 2000, ISBN 978-84-7490-603-5. H.T. Elpizein, Epístola a Flora de Ptolomeo, Escritos del Cristianismo Primitivo, Mayo 2012. El maestro gnóstico comienza diciendo que la Ley de Moisés no había sido comprendida hasta entonces, desechando dos posturas extremas que estaban dándose en algunas de las comunidades cristianas de ese tiempo: la que lo atribuye a Dios Padre mismo y la que lo asigna al Adversario, al Diablo.

Prosigue Tolomeo su didáctica exposición, describiendo tres diferentes niveles o sustratos de la Ley que se expresan en los libros del Pentateuco que conforman la Torah: Ley Divina, que proviene del Dios Justo, es decir del Demiurgo o Creador y que la inspiró a Moisés. Legislación o Ley que procede de Moisés mismo y que expidió, para evitar un mal mayor, por causa de la debilidad del pueblo a quien iba destinada la Ley. Ptolomeo pone el ejemplo en su Carta, de que la Ley de Dios originalmente prohibía repudiar a la esposa, pero Moisés lo permitió a causa de la dureza de corazón del pueblo (). Ley que proviene de las tradiciones de los ancianos del pueblo.

Estos dos últimos niveles, en especial el último difieren, según Ptolomeo, de la Ley de Dios. Francisco García Bazán, La Concepción pitagórica del número y sus proyecciones, págs. 88 y 93, Editorial Biblos, 2005, ISBN 978-950-786-459-9. Willis Barnstone, Marvin Meyer, The Gnostic Bible, Letter to Flora, págs. 300-306, Shambhala Publications, 2006, ISBN 978-1-59030-199-9.

A su vez, en la Ley proveniente del Dios Justo, Ptolomeo distingue tres partes de desigual valor: 1.1 Pura, sin mancha de mal alguno, que habría de ser completada por Jesús Cristo () . Esta parte se correspondería principalmente con los Diez Mandamientos, el Decálogo. 1.2 Precisada de rectificación como acontece en la ley del talión y que es anulada por Jesús (). Ptolomeo aclara que aunque provenía de Dios, era resultado de una adaptación a las circunstancias. 1.3 Figurada o Simbólica, dada a imitación de las realidades espirituales y trascendentes y que comprende los aspectos rituales: las prescripciones relativas a los sacrificios, la circuncisión, el Shabbath, el ayuno, el cordero pascual, el pan ácimo. José Granados, Los Misterios de la Vida de Cristo en Justino Mártir, págs. 84 y 85, Gregorian&Biblical BookShop, 2005, ISBN 978-88-7839-048-5. Isaac J. Pardo, Fuegos Bajo el Agua: La Invención de Utopía,pág. 438, Fundacion Biblioteca Ayacuch, 1990, ISBN 978-980-276-124-1.

Este planteamiento abre paso a Ptolomeo a la exposición de la existencia y naturaleza de una Jerarquía Divina, diferente de la Divinidad Suprema o Dios Padre y del que sin embargo es su imagen, y al que considera Creador o Demiurgo del Universo y todo lo que en él existe. Por sus atributos lo denomina Dios Justo y Mediador y es de quien, en primera instancia, proviene la Ley Divina que se expresa por medio de Moisés en el Pentateuco.

Concluye Ptolomeo su didaskalia o enseñanza con el compromiso, a la destinataria de su carta, de explicaciones más precisas o profundas provenientes de la tradición apostólica, si es que se muestra y es considerada digna de recibirlas.

Extractos de la Epístola a Flora

Consideraciones teológicas La Epístola a Flora pone de manifiesto la diversidad de comprensiones sobre el mensaje evangélico y su relación con las fuentes judaicas veterotestamentarias con el que estaban entroncadas, que estaban dándose en diversas comunidades del cristianismo primitivo en el tiempo en que aquella fue redactada.H.T. Elpizein, Ortodoxia y herejía en el Cristianismo Primitivo, Escritos del Cristianismo Primitivo, marzo 2013.

Ptolomeo quiere señalar en el comienzo de su carta, la base de su interpretación exegética:«la guía» de «las palabras de» Jesús,«nuestro Salvador» y avala con textos del Nuevo Testamento, su hermenéutica del Antiguo Testamento.

En el inicio de su Epístola, Ptolomeo hace referencia a dos posturas extremas sobre la proveniencia de la Ley Mosaica: La que considera su origen en el mismo Dios Padre que correspondía a la corriente proto-ortodoxa eclesiástica cristiana, a los ebionitas y a la mayoría de los judíos y la que lo asigna al Adversario, al Diablo, posición mantenida por algunas corrientes del gnosticismo como los marcionitas, que contemplaban a la Divinidad que se manifiesta en los escritos del Antiguo Testamento como un ser de naturaleza malvada o negativa.

Para Ptolomeo, el dador de la Ley veterotestamentaria no es el Dios Padre o Padre Bueno de Jesús, ni el Adversario, sino una Jerarquía Divina, un Ángel Creador o Demiurgo y de quien depende la Justicia, por ello también se refiere a él como Dios Justo. Este, no siendo el Padre Perfecto es, sin embargo, su imagen.

Considera que a la Ley de Dios fueron adicionadas algunas prescripciones del propio Moisés y también otras de los ancianos del pueblo.

Los tres órdenes que a su vez distingue Ptolomeo en La Ley de Dios original - La Ley Pura, la Ley precisada de rectificación y la legislación simbólica o figurada -, habrían de ser, respectivamente, perfeccionados, abrogados y llevados a la plenitud por Jesús.

Este triple aspecto de la Ley de Dios original permitir entrever la concepción antropológica valentiniana de la diversa naturaleza hílica, psíquica y pneumática de los seres humanos: cuerpo (hyle o hile), alma (psyché o psiquis) y espíritu (pneuma). Sin embargo, aunque todos los seres humanos exteriormente sean semejantes en cuanto a su corporeidad física, no todos presentan interiormente la misma completitud espiritual, pues algunos no disponen del principio psíquico, del alma - los hílicos -, otros sí son animados, con ánima o alma - los psíquicos- y otros - los pneumáticos- además del cuerpo y del alma, albergan el pneuma o espíritu.

En este marco, Jesús vendría a abrogar el aspecto hílico de la ley - la Ley precisada de rectificación - ; admite, perfeccionándolo, su aspecto psíquico - el Decálogo - y revela el sentido pneumático o espiritual de la misma - el aspecto figurado o simbólico de la Ley -.

A diferencia de otras corrientes del gnosticismo, la perspectiva gnóstica valentiniana conlleva una visión diferente no solo del Dios Justo o Demiurgo sino de la creación misma que de él surge pues ésta, en última instancia, es una parte necesaria del proceso de Redención. El mundo fue creado para proporcionar a la substancia espiritual, como si de una semilla se tratase, un lugar donde poder germinar y crecer y, llegado el caso, dar su fruto perfecto, recibiendo al Logos, la Palabra Perfecta, el Cristo. En ese sentido la acción del Dios Justo o Demiurgo del Antiguo Testamento que inspiró al Profeta Moisés, es una mediación espiritual libertadora como se expresa, alegóricamente, con la liberación del pueblo de Israel del cautiverio de Egipto.

La Epístola a Flora muestra por otro lado, que los maestros valentinianos adaptaban sus enseñanzas de acuerdo al nivel de sus estudiantes: diferenciaban la instrucción dirigida a principiantes de la enseñanza más avanzada.Ismo Dudemberg, Beyond Gnosticism: Myth, Lifestyle, and Society in the School of Valentinus, pág. 4, Columbia University Press, 2008, ISBN 978-0-231-14172-7. thumb|Liber Figurarum de Joaquin de Fiore (). Como expresión de la doctrina valentiniana, la exégesis del Antiguo Testamento de Ptolomeo en su Epístola, muestra similitud con algunas de las enseñanzas del Abad Joaquin de Fiore.

Influencia y legado

La Carta a Flora, junto con otros textos de la gnosis valentiniana, constituyen la primera expresión de una teología cristiana sistemáticamente expuesta, y así mismo, una de las primeras exposiciones hermenéuticas conocidas sobre los textos del Antiguo Testamento desde la perspectiva cristiana.Francisco García Bazán, Gnosis: la esencia del dualismo gnóstico, Ediciones Castañeda, 1978.

Es en esta Epístola de Ptolomeo que fue utilizado por primera vez el término griego Pentateuco para referirse a los cinco primeros Libros del Antiguo Testamento.Amador Ángel García Santos, El Pentateuco: Historia y Sentido, págs. 12 y 13, Editorial San Esteban, 1998, ISBN 978-84-8260-051-2.

Se ha señalado la gran similitud de algunos conceptos y doctrinas valentinianas, tales como la exégesis que realiza Ptolomeo sobre la significación de la parte simbólica de la Ley Divina, con las enseñanzas del Abad Joaquín de Fiore, s. XII, en las que predecía, en la Era del Espíritu Santo anunciada por él, que no habría nueva literatura -evangélica- sino que se conocería a fondo la ya existente y que toda ella estaría en el corazón del creyente, así como la supresión de «signos y figuras» es decir, de «ritos y sacramentos».

Referencias

Bibliografía G.R.S. Mead, Fragments of a Faith Forgotten: The Gnostics, a Contibution to the Study of the Origins of Christianity, Ptolomy, pág. 383, Edit. Cosimo, Inc., 2007, ISBN 978-1-60206-242-9. Guilles Quispel, Ptolémée: Lettre à Flora, Éditions du Cerf, 1966 (2ª edición de la obra editada en 1949). Gilles Quispel, The Original Doctrine of Valentinus the Gnostic, Vigiliae Christianae, Vol. 50, No. 4 (1996), págs. 327-352. Brill. Antonio Orbe, La Teología Del Espíritu Santo, Libreria editrice dell'Università Gregoriana, 1966. . Bart D. Ehrman, Lost Scriptures: Books That Did Not Make It Into the New Testament, Ptolomy’s Letter to Flora, pág.201, Oxford University Press, 2003, ISBN 978-0-19-514182-5. Willis Barnstone, Marvin Meyer, The Gnostic Bible, Letter to Flora, págs. 300-306, Shambhala Publications, 2006, ISBN 978-1-59030-199-9.

Enlaces externos

Adolph Stieren, De Ptolemaei Valentiniani ad floram epistola partic. I, Biblioteca, Estatal de Baviera, 1843 Texto en latín de la Epístola a Flora en Google books Adolf Harnack, Ptolemaeus Brief an die Flora, Editor A. Marcus und E. Weber, Bonn 1904, Texto de la Epístola a Flora en el original griego Ptolomeaus Letter to Flora Texto en inglés de la Carta a Flora en Google books

Categoría:Cristianismo primitivo