Jehan, Jhean o Jean IV de Béthencourt, a menudo castellanizado ( españolizado ) como Juan IV de Bethencourt —y otras formas del apellido—, fue un noble, militar, navegante, explorador, comerciante y pirata francés, nacido y fallecido en Grainville-la-Teinturière, Normandía (1362-1425), que dio inicio a la llamada conquista señorial de las islas Canarias —para distinguirla de la conquista realenga emprendida por los Reyes Católicos—, logrando tomar Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro, recibiendo el título de señor de las islas de Canaria. El relato de su expedición de conquista se recoge en la crónica Le Canarien (El Canario).
Orígenes y juventud Jean IV de Béthencourt, barón de Saint-Martin-le-Gaillard, nació en 1362 en la población normanda de Grainville-la-Teinturière, feudo de su propiedad junto con las poblaciones de Béthencourt, Riville y otras. Hijo de Jean III de Béthencourt y de Marie de Braquemont, pasó su infancia bajo la tutela de su madre, al fallecer su padre en 1364. Debido a los disturbios causados en Normandía por el rey Carlos II de Navarra, la fortaleza de Grainville, junto con otras de la región, fue demolida por orden del rey Carlos V de Francia, pues siendo su heredero un menor de edad, y su responsable militar un partidario del rey de Navarra, su existencia constituía un peligro para los intereses de la casa de Valois, por lo que Béthencourt comenzó a pasar apuros económicos y diplomáticos ya desde su infancia, circunstancia similar a la de otros nobles feudales afincados en Normandía, inmersos en el vaivén de treguas y conflictos bélicos entre Inglaterra y Francia durante la Guerra de los Cien Años.
En 1377, Béthencourt se incorporó al servicio del duque de Anjou, Luis I,Cioranescu, op. cit., pp. 112. alcanzando, posteriormente, el puesto de escudero. En 1387, es autorizado a reconstruir su castillo de Grainville pero debiendo prestar vasallaje al rey Carlos VI de Francia, por aquel entonces titular de los derechos de señorío sobre la villa, lo que no haría hasta 1392.Cioranescu, op. cit., pp. 115-118. Durante este periodo de tiempo, aprovechando la inestabilidad de las relaciones entre Inglaterra y Francia, es probable que Béthencourt ejerciera la piratería contra ambos bandos.
Planes de conquista En 1390, Génova pide ayuda a Francia para poner fin a la piratería berberisca en el mar Mediterráneo y Béthencourt participa en el fracasado asalto contra el enclave pirata de El Mehadieh, cercano a Túnez. Es probable que, por esta época, Béthencourt recibiera las primeras noticias sobre la existencia de las islas Canarias, bien mediante conversaciones con comerciantes genoveses,Cioranescu, op. cit., pp. 122-124. bien a través de alguna expedición de fortuna en la que posiblemente participase el normando.Millares, op. cit., pp. 15. En todo caso, a finales del , Béthencourt comenzó a pensar en la posibilidad de conquistar el archipiélago, quizá con la triple intención de eludir temporalmente sus conflictos personales en Francia —tenía pendientes varios pleitos legales—, acrecentar su fama y el favor de la Corte, y hacer fortuna con la que paliar sus problemas económicos —posiblemente, mediante la exportación de orchilla para la industria textil de su feudo de Grainville-la-Teinturière—,Cioranescu, op. cit., pp. 150-152. debidos a su excesivo nivel de vida, que no habían disminuido tras vender el señorío de Saclas y sus rentas en 1395, habiendo sido éstos parte de la dote de su esposa, Jeanne du Fayel, con quien contrajo matrimonio en 1392, y que fue punto de partida de las malas relaciones conyugales entre la pareja.Cioranescu, op. cit., pp. 124-129.
En 1401, con el fin de financiar la expedición a Canarias, Béthencourt procedió a la venta de todos sus bienes raíces, además de convencer a su tío Robin de Braquemont, influyente cortesano de la Corona de Castilla y jefe de la guardia del antipapa Benedicto XIII,Serra, op. cit. (Tomo II), pp. 113. para que apoyase económicamente su proyecto de conquista, acordando dicho pariente el prestarle 7.000 libras a cambio de las rentas de los señoríos de Grainville-la-Teinturière y de Béthencourt. Ese mismo año, una embajada inglesa denunció a Béthencourt ante la corte francesa por piratería. Esta circunstancia, unida a la multitud de procesos que tenía pendientes, posiblemente resultó ser un acicate para que el normando se alejase de Francia lo antes posible.Cioranescu, op. cit., pp. 141-147.
Béthencourt partió hacia la ciudad portuaria de La Rochelle para armar la expedición, y allí se encontró con Gadifer de La Salle, gentilhombre de cámara del rey de Francia y senescal de Bigorre, a quien convenció para que se uniera al viaje aportando sus propios recursos. La Salle fletó un buque y entre ambos lo pertrecharon de marinería, tropas, colonos y materiales útiles, además de incorporar a dos intérpretes majos —nativos de Lanzarote— bautizadosMillares, op. cit., pp. 18. y a dos frailes franciscanos, Pierre Boutier y Jean Le Verrier, capellanes respectivos de La Salle y Béthencourt, encargados de redactar la crónica del viaje que, años más tarde, sería compilada y publicada en dos versiones distintas con el título de Le Canarien.
Expedición a las islas Canarias miniatura|izquierda|Gadifer de La Salle, rumbo a Canarias (ilustración del texto G de Le Canarien, atribuido al propio La Salle). La nave expedicionaria, con un total de 80 tripulantes, zarpó de La Rochelle el 1 de mayo de 1402, con la intención de poner rumbo hacia Belle-Île-en-Mer, al noroeste del puerto francés, posiblemente para, desde allí, aprovechar los vientos alisios y poner rumbo suroeste, evitando así bordear la costa norte española, pero unos vientos desfavorables obligaron a poner dicho rumbo apenas zarpar, recalando la expedición en el puerto galaico de Vivero, donde hubo que sofocar una disputa entre los tripulantes gascones y normandos, fomentada por el oficial Bertyn de Berneval, hombre de confianza de Béthencourt, pero que pretendía rivalizar con Gadifer de La Salle.Serra, op. cit. (Tomo II), pp. 42-44.Millares, op. cit., pp. 31-32. Ocho días después, la nave llegó a La Coruña, donde Béthencourt solicitó tomar parte de los pertrechos de un buque en desguace, lo que también acabó en disputa, persecución naval incluida, que no tuvo mayores consecuencias.Serra, op. cit. (Tomo II), pp. 18-22. Bordeando la costa portuguesa, los expedicionarios llegaron al Puerto de Santa María, Cádiz, donde unos mercaderes establecidos en Sevilla les acusaron de haber saqueado y hundido tres naves, por lo que uno de los dos sociosBéthencourt o La Salle, pues discrepan las dos versiones de Le Canarien. fue detenido y conducido a Sevilla donde, tras declarar ante el Consejo del Rey, fue puesto en libertad.Serra, op. cit. (Tomo II), pp. 22-26.Serra, op. cit. (Tomo III), pp. 20-23. Mientras tanto, parte de la tripulación conspiró para animar al resto a abandonar el viaje, logrando que el número de expedicionarios quedara reducido a sólo 63 tripulantes. Tras estos incidentes, la mermada expedición abandonó Cádiz rumbo a Canarias.
Ocupación de Lanzarote
Cinco días después de zarpar de Cádiz, bordeando toda la costa africana, la expedición arribó al deshabitado islote de La Graciosa, al norte de la isla de Lanzarote —llamada Tyterogakaen la lengua nativa—, desembarcando poco después en esta, pactando amistosamente con el rey de los majos, Guadarfia, el sometimiento pacífico de la mermada población de la isla —unos trescientos habitantes— a cambio de protección contra las incursiones esclavistas de castellanos y aragoneses.Serra, op. cit. (Tomo III), pp. 138. Después del acuerdo, Béthencourt y La Salle ordenan construir una fortificación llamada Rubicón que, según investigaciones posteriores, se hallaba posiblemente en la costa sur, dejando a Bertyn de Berneval como gobernador de la misma y de toda la isla.Serra, op. cit. (Tomo II), pp. 26-31.Serra, op. cit. (Tomo III), pp. 24-25.
Conquista de Fuerteventura: primer intento Tras dejar en orden la colonia de Lanzarote, Béthencourt y La Salle planean apoderarse de la isla vecina, Fuerteventura —Erbane en la lengua nativa—. La Salle desembarca en el norte de la isla y la explora durante ocho días sin encontrar a ningún nativo, pues todos habían huido al interior al avistar la nave que se acercaba, tras lo cual se vio obligado a regresar al punto de partida para reabastecerse de víveres. Allí acuerda con sus huestes el seguir por tierra hasta la desembocadura del Río Palmas, a donde su nave se acercaría para avituallarles, con la intención de fortificarse y de no salir de allí hasta conquistar el país y ponerlo a la fe cristiana, pero los marineros se amotinan, negándose a continuar la exploración y obligando a La Salle a entregarse él y sus acompañantes como rehenes para forzar el retorno al castillo de Rubicón.Serra, op. cit. (Tomo II), pp. 32-37.
Rebelión de Lanzarote Después de su forzado regreso a Rubicón, y en vista de que los marineros sublevados se disponían a volver a Cádiz, Béthencourt y La Salle acuerdan que el primero acompañe a los amotinados de vuelta a la ciudad andaluza para vender la nave, propiedad del segundo, y tratar de conseguir medios económicos y materiales con que paliar las sobrevenidas necesidades de la colonia, con la promesa de Béthencourt de enviarlos antes de finales de ese año (1402). Por circunstancias desconocidas, el viaje se detiene durante seis semanas en la costa norte de Lanzarote, antes de zarpar hacia la ciudad andaluza. Al arribar a Cádiz, Béthencourt denuncia a la tripulación ante las autoridades, logrando que encarcelen a los líderes del motín y apoderándose de la nave. Pero, aunque tiene la oportunidad de vender el buque en Cádiz, en su lugar pone rumbo a Sevilla, hundiéndose este durante la singladura por falta de tripulación experimentada; sin embargo, Béthencourt logra rescatar y vender parte del material que se encontraba a bordo.Serra, op. cit. (Tomo II), pp. 36-40, 92-94Serra, op. cit. (Tomo III), pp. 26-30.
En Lanzarote, el mes de octubre de 1402, el gobernador Bertyn de Berneval, aprovechando la ausencia de La Salle —a quien dejó incomunicado en la Isla de Lobos mientras cazaba focas para proveer de calzado a la colonia— traiciona el pacto sellado con Guadarfia, al desertar a bordo de la nave española Tajamar con una veintena de isleños para venderlos como esclavos, después de saquear el castillo de Rubicón y de violar a las mujeres francesas que en él habitaban. Aunque La Salle y sus acompañantes lograron sobrevivir y fueron rescatados, no llegaron a tiempo de impedir la huida.Serra, op. cit. (Tomo II), pp. 46-90.Serra, op. cit. (Tomo III), pp. 36-56.
Como consecuencia de la traición de Berneval, los majos, que ya no podían confiar en sus supuestos protectores, se levantan en armas contra éstos, causando varios muertos y heridos entre los colonos. La Salle, impotente al no poder capturar a los verdaderos traidores, exige a los majos que entreguen a los causantes de dichas muertes bajo la amenaza de matar a todos los isleños que encuentre. En esta situación, se presentó ante La Salle un majo llamado Afche, tío de uno de los intérpretes de la expedición, culpando al rey Guadarfia de las muertes de los colonos y proponiéndole un trato: ayudar a La Salle a capturar al rey a cambio de ocupar el puesto de este, con la promesa de convertir a los majos al catolicismo. La Salle accede y logra, con la ayuda de Afche, capturar a Guadarfia el 24 de noviembre de 1402, invistiendo rey al delator. Pero poco después, instigado por su sobrino, Afche traiciona a La Salle y trata de emboscar sin éxito a un grupo de colonos, lo que dio comienzo nuevamente a los enfrentamientos, ordenando La Salle el exterminio de todos los majos a excepción de mujeres y niños, que debían ser convertidos al cristianismo. Guadarfia, escapado de su prisión, captura y ejecuta a Afche, y vuelve a ponerse al mando de los isleños.Serra, op. cit. (Tomo III), pp. 56-62.