En economía, una moneda local o complementaria es un instrumento de intercambio diseñado para ser utilizado exclusivamente dentro de una zona geográfica delimitada. A diferencia de las divisas nacionales, carece de curso legal y se basa en la aceptación voluntaria de una comunidad, comercios y empresas locales para retener la riqueza en el territorio. Cuando estas iniciativas abarcan territorios más amplios se denominan monedas regionales, mientras que aquellas limitadas a redes de intercambio específicas o plataformas digitales se conocen como monedas comunitarias. Asimismo, cuando una moneda local es impulsada y respaldada de forma directa por una administración local, recibe el nombre específico de moneda municipal (Prittwitz, 2005), la cual suele instrumentarse para canalizar ayudas públicas o incentivar el comercio de proximidad.
Dependiendo del enfoque del proyecto, las monedas locales suelen vincularse o englobarse dentro de conceptos más amplios como las monedas alternativas o las monedas sociales. El uso de estos términos no es homogéneo; cuando una moneda local nace con el propósito explícito de combatir la exclusión y fomentar la gobernanza ciudadana, la literatura académica suele catalogarla como moneda social. Por el contrario, se prefiere el término de moneda alternativa cuando la iniciativa local busca establecer un sistema paralelo al circuito financiero oficial. De este modo, la moneda local actúa frecuentemente como la manifestación geográfica y práctica de estos modelos teóricos, adaptando los principios del activismo económico y de la economía social y solidaria a las necesidades de un territorio concreto.
Historia Desde hace miles de años, distintas comunidades han creado sus propias monedas para satisfacer las necesidades de sus miembros y protegerse de la inestabilidad económica. En el antiguo Egipto, se crearon monedas locales que estaban íntimamente relacionadas con su prosperidad económica. De manera similar, en la Edad Media y en el sistema feudal, se establecieron sistemas monetarios locales, como las monedas denominadas "Breakteats", que se utilizaron para financiar grandes catedrales de la Europa del Medievo y pagar a los trabajadores. En la era moderna, las monedas locales con mayor reconocimiento fueron los "Depression Script" (Ralph A.Mitchell and Neil Shafer,1984); no confidir con las monedas comerciales "Company Scrip" (Prittwitz 2017), producidas por industrias, fábricas, organización o gobierno local para pagar a los trabajadores, y las Fichas Monetiformes producidas por negocios, particulares, empresas e instituciones no oficiales para estimular la lealtad de la clientela. En este sentido en el e inicios del , las quiebras de bancos nacionales durante las crisis solían producir una gran demanda de efectivo, que era solventada por el comercio creando monedas de emergencia que eran expedidas con el fin de ser convertidas en la moneda nacional en un futuro.
Durante la Gran Depresión nos encontramos sistemas monetarios complementarios muy similares a los actuales, motivados por la escasez de moneda y los niveles de empleo que obligaron a muchas comunidades locales a improvisar monedas alternativas-complementarias. En 1934, en Zúrich, un grupo de personas en torno a Werner Zimmermann y Paul Enz, que estudiaron la teoría sobre oxidación del dinero de Silvio Gesell (Sankt-Vith, Bélgica; en su época fue, es decir, al nacer el 17 de marzo de 1862, Eden, Alemania; 11 de marzo de 1930) fue un comerciante y un teórico de las finanzas exiliado en argentina de origen alemán, crearon el Círculo Cooperativo de Wir, uno de los sistemas de intercambio más antiguo y más amplio que conocemos, y que sobrevive con más de 100.000 miembros y con un movimiento de más de 2000 millones de euros. Sus transacciones se realizan en cuatro monedas y cuenta con 6 oficinas regionales. Se trata de una cooperativa que, en sus orígenes, promovía el préstamo de dinero sin intereses, aplicando un descuento en los intercambios económicos.
Además del Wir, las raíces más recientes de movimiento asociado a las monedas sociales arraiga en dos conocidos antecedentes: el Time Dollar y el LETS (Local Exchange Trading System). Esta última es una iniciativa local democráticamente organizada sin ánimo de lucro que ofrece un servicio de información y registro de transacciones de los miembros que intercambian bienes y servicios mediante el uso de la moneda. Actualmente este tipo de monedas se ha extendido a muchos países a través de sistemas como el LETS, los bancos de tiempo, etc. encontrándolos en tan diversos lugares como EE. UU., Canadá, Alemania, Francia, Hungría, Reino Unido, Países bajos, Australia, Nueva Zelanda,, República Checa, Suecia, Bélgica, España y un largo etc.
En la actualidad, existe un wiki específico dedicado a las monedas sociales, donde se comparten recursos, experiencias y conocimientos sobre el desarrollo y uso de estas monedas en diversas comunidades. Este espacio colaborativo permite a los interesados aprender de las mejores prácticas y las innovaciones en el campo de las monedas sociales y complementarias.https://monedasocial.komun.org/
Evolución: Del trueque a la moneda Desde una perspectiva histórica, es fundamental considerar los sistemas de trueque y su impacto en el desarrollo económico y social. El trueque permitió a las antiguas civilizaciones intercambiar bienes y servicios sin necesidad de dinero, siempre que ambas partes coincidieran en sus necesidades. El elemento indispensable para que tuviera lugar era la existencia de un excedente de producción, hecho que tendría lugar en el neolítico cuando la economía pasa a ser productiva gracias a la aparición de la agricultura y la ganadería.
Los principales inconvenientes eran que las partes involucradas en la transacción comercial tenían que coincidir en las necesidades de las mercancías ofertadas por la otra parte, el tiempo que hay que dedicar para encontrar un interesado en hacer el intercambio y establecer el precio de los productos. Por todo ello eso este tipo de comercio se fue desvaneciendo con la aparición de la moneda. Aunque cabe destacar su resurgir actual a nivel mundial favorecido por el contexto de desnaturalizada crisis económica que nos azota. En este sentido, cabe mencionar casos tales como el de la psicoterapeuta Heidemarie Schwermer, que tras publicar “Mi vida sin dinero” decide, en 1996, llevar a cabo la idea de vivir sin dinero regalando todas sus posesiones y comenzando a vivir de acuerdo a los principios del intercambio de tareas y bienes.
Por su parte, la moneda es un medio acordado en/por una comunidad para el intercambio de mercancías y bienes. No solo tiene que servir para el intercambio sino que tiene más funciones como ser una unidad de cuenta-valor, una herramienta para almacenar valor, un instrumento de adquisición directa, un instrumento de liberación de deudas o un medio de atesoramiento de riquezas. Históricamente, ha habido muchos tipos de moneda pues los principales requisitos se referían a que fuera portable y que suficiente gente tuviera fe en que después se pudiera intercambiar por cosas que todo el mundo valorara. La más extendida a lo largo de la historia fue el oro por su atractivo y lo fácil de su transporte. Las civilizaciones más desarrolladas, como es el caso de la romana, extendieron este concepto y comenzaron la acuñación de moneda donde las más primitivas tenían el valor explícito en ella, el valor nominal de la moneda. El tiempo y el contexto jugaban a favor de la moneda, mientras su uso continuaba en expansión y su acuñado llegaba a China y Grecia. En la parte técnica vemos como con el paso del tiempo no surgen grandes cambios en los sistemas de acuñación aunque personajes tan conocidos como Leonardo Da Vinci realizaron estudios sobre la fabricación de las monedas hasta que en 1553, el ingeniero alemán Brücher diseña dos máquinas que vinieron a revolucionar la fabricación de moneda, el laminador y el molinete.
Todo esto se desarrolla en torno al comercio, una actividad social y económica que implica la adquisición y el traspaso de mercancías y más concretamente el conjunto de actividades socioeconómicas consistente en el intercambio de materiales, libres en el mercado de compra-venta de bienes y servicios para su uso, venta o transformación. El medio de intercambio en el comercio suele ser el dinero aunque hasta su aparición el comercio se llevaba a cabo mediante el trueque.
Patrick Viveret afirmaba que «la principal función de la moneda, su justificación histórica, es la de facilitar el intercambio y la actividad entre los seres humanos, estableciendo una unidad de cuenta común y creando un espacio de confianza»,(Patrick VIVERET. "La cause humaine. Du bon usage de la fin d’un monde, Les Liens qui Libérent", París, 2012.) Entendida así, la moneda es, pues, un simple instrumento al servicio de un proyecto común.
Un dato interesante viene de manos de Will Durant, historiador norteamericano que confirmó el hallazgo de monedas anteriores a las Lidias de Creso (570-546 a. C.), consideradas hasta entonces las más antiguas. Las procedentes del último hallazgo datarían del año 2900 a. C.
La moneda social Antes de la existencia de los bancos centrales (el primer banco central fue el de Suecia, creado en 1668), circulaban múltiples monedas en un mismo país o territorio. Con la creación de los bancos centrales, se establecieron las monedas nacionales, lo que llevó a un declive de las monedas locales. La lógica de la moneda nacional sólo tiene unos pocos cientos de años, pero el formato de una única forma de moneda está tan metido en nuestra psique que es difícil romperlo.
El sistema capitalista nos obliga a establecer relaciones económicas de una única forma, a través de la moneda, y ha eliminado otras formas de relaciones comerciales, como son la solidaridad y la reciprocidad. La actual modelización de los intercambios (dinero-dinero) ha propiciado importantes desigualdades económicas entre personas, comunidades y países a través de sus múltiples contradicciones. Una moneda social que esté bien diseñada debería estimular procesos sociales y solidarios pues el dinero en sí mismo no tiene valor ni sentido sino va asociado a la creación de bienestar. Frente a los sistemas monetarios-financieros convencionales propios del sistema capitalista se posicionan los sistemas monetarios-financieros sociales que culpabilizan al primero de las distintas crisis, de las propias debilidades estructurales del sistema, concentran desproporcionadamente la riqueza, fomentan la competencia sistemática, propician el crecimiento económico interminable, la desigualdad perenne entre los hombres, injusticias sociales y de la acumulación acelerada. Los sistemas monetarios sociales, destinados a la base de la pirámide, permiten articular mecanismos para generar pequeñas acumulaciones de capital que propicien poner en marcha proyectos de autoempleo y microempresas en el ámbito local, poniendo en valor los recursos económicos de las comunidades en el marco de la economía solidaria.
Para combatir esta situación y buscando una nueva lógica de los intercambios y de la relación del hombre con los recursos naturales y económicos hacen aparición las monedas sociales, monedas que se crean y utilizan para fomentar tanto el trabajo como el consumo locales y capacitar a comunidades para conseguir objetivos sociales concretos. Forman parte de las finanzas-economías solidarias. Cabe mencionar a Bernard Lietaer como impulsor del ECU en Bélgica (precursor del Euro) y ahora defensor de las monedas alternativas, además de uno de los principales referentes para todo este movimiento.