Los Tres Excelentísimos Comunes de Cataluña fue la denominación conjunta que recibieron las tres principales instituciones de autogobierno de Cataluña durante la Edad Moderna hasta 1714, año en el que fueron abolidas: la Diputación del General de Cataluña el Consejo de Ciento de Barcelona el Brazo militar de Cataluña
La coaligación de las tres instituciones en la defensa de las constituciones catalanas llevó al virrey de Cataluña, el duque de Villahermosa, a alertar de los "peligros" que podía suponer para el poder real. En 1705 estalló la rebelión austracista de Cataluña en el contexto de la guerra de sucesión española que finalizaría con el Tratado de Utrecht. Al año siguiente de la rebelión, en 1706, el felipista marqués de Gironella se refería a la Conferencia de los Tres Comunes como «Junta perniciosa y maliciosa (...) triplealianza (...) oráculo de toda la nación catalana».Martí Fraga (2008: 18)
Los Tres Comunes Diputación del General de Cataluña
La Diputación del General de Cataluña era la institución que representaba a Cataluña con carácter permanente y ordinario. Por «General» o «Generalidad» se designaba a toda la comunidad de individuos del Principado de Cataluña. La Diputación del General fue el resultado de un proceso histórico gradual de ochenta años que se prolongó desde fines del hasta mediados del . La institución cristalizó finalmente debida a la guerra de los Dos Pedros que enfrentó a Corona de Aragón contra la Corona de Castilla. La larga guerra supuso continuas movilizaciones de tropas y la necesidad de alzar o reformar las murallas de muchas de las ciudades de los estados de la Corona de Aragón. Ello desembocó en la imperiosa necesidad de desarrollar un organigrama fiscal, decisión que se plasmó en la Corte de Cervera de 1359 en la cual designó una comisión encargada de recaudar los impuestos para financiar la guerra contra Castilla; dicha comisión permanente resultaría en la Diputación del General de Cataluña. Equivalentemente se crearon la Diputación del General de Aragón y la Diputación del General de Valencia. Tras la entronización de la dinastía Trastámara las funciones políticas de la Diputación del General de Cataluña dieron lugar a una fase de conflictos crecientes contra el autoritarismo de los nuevos monarcas, que acabó estallando en la guerra civil catalana iniciada cuando la Diputación del General de Cataluña declaró la guerra contra el rey Juan II de Aragón. Finalizada la guerra, el hijo de Juan II, el rey Fernando el Católico, se ganó el afecto de los catalanes al refrendar la Constituciones de Cataluña y el protagonismo de la Diputación del General devino fundamental en la política catalana durante el . El proyecto uniformista del conde duque de Olivares a mediados del provocó el estallido de la guerra de Cataluña en la que nuevamente la Diputación del General declaró la guerra al rey, en esta ocasión contra Felipe IV de España, toda vez que se proclamó la república de Cataluña y su separación de España. El jurista catalán Juan Luis de Fontanella refrendaba al estallar la guerra en 1640 que «los diputados, como es su deber, jamás dejarán de ladrar cuando algo se haga que perjudique las libertades de la Patria».Martí Fraga (2008: 26) Mas en esta ocasión el fin de la guerra acabó con la subordinación de la Diputación del General de Cataluña al poder real. Aun así, la conflictividad política que continuó generando Cataluña dentro de España se canalizó, a partir de entonces, a través del creciente poder de los otros dos comunes de Cataluña: el «Consejo de Ciento de Barcelona» y el «Brazo militar de Cataluña».Martí Fraga (2008: 31)
Consejo de Ciento de Barcelona
El Consejo de Ciento de Barcelona era la institución de autogobierno municipal de la ciudad de Barcelona; recibió dicho nombre porque lo formaba una asamblea de 100 ciudadanos, los llamados jurados, que asesoraban y supervisaban a los magistrados municipales, los consellers de Barcelona; quedó fijado el número en cien, aunque la cifra de jurados de la asamblea fue aumentando a lo largo del tiempo. El Consejo de Ciento fue fortalecido durante la Edad Moderna por Fernando II de Aragón tras la guerra civil catalana (1462-1472). En la reforma de 1510 se igualó en número de representantes de todos los estamentos y se permitió, tras tres siglos, la reincorporación de los nobles al gobierno municipal. Durante la guerra de Cataluña (1640-1652) el Consejo de Ciento continuó abriéndose a todos los estamentos sociales, incorporando al ‘’conseller’’ sexto, el representante de los menestrales. Los ejes de poder que desarrolló Barcelona se fundamentaron en el alto grado de interestamentalidad de sus cuadros dirigentes, guiados por la clase mercantil barcelonesa, la ambición de competencias, y la pretensión de representar a todas las ciudades de Cataluña.Martí Fraga (2008: 32) En este aspecto cabe tener en cuenta que el poder del Consejo de Ciento no se constreñía al interior de las murallas de Barcelona, sino que mediante el privilegio del Carreratge, varias ciudades y villas catalanas se convirtieron en Carrer de Barcelona (calle de Barcelona); se acogieron a dicho privilegio municipios como Caldas de Montbui, La Roca del Vallés, Igualada, etc, en tal manera que el poder de los consellers de Barcelona se extendió progresivamente por toda Cataluña. El sistema de gobierno municipal radicaba su funcionamiento en la meritocracia y la incorporación de nuevos miembros a la clase mercantil dirigente mediante la incorporación de nuevas familias procedentes, o bien de estamentos inferiores, o bien de la ruralía catalana.Martí Fraga (2008: 32) Los Usajes y la gran cantidad de privilegios recibidos de los reyes de Aragón habían situado a Barcelona en una posición única dentro de Cataluña y de toda la corona española: nombramiento de cónsules ultramarinos, de embajadores propios, acuñación de moneda propia, guarnición militar propia mediante la coronela gremial de Barcelona, privilegio de cobertura y condición de sus consellers de Grandes de España. En 1633 Gaspar Sala afirmaba que «Barcelona es la cabeza de toda Cataluña, y el espejo en que las demás ciudades se miran», mientras que ante el fracaso de su Gran Memorial, el conde duque de Olivares concluía que «las tres cuartas partes del Principado dependen de Barcelona». En 1704, en los albores del estallido de la guerra de sucesión española, el marqués de Mancera manifestaba ante el Consejo de Estado que «todo el Principado de Cataluña consiste en la posesión de Barcelona».Martí Fraga (2008: 37)
Brazo militar de Cataluña
Si tanto la Diputación del General como el Consejo de Ciento hundían sus raíces en la Edad Media y las leyes pactadas con los reyes de Aragón, será una institución propia de la modernidad política de Cataluña la que adquirirá un protagonismo relevante en el belicismo catalán de los siglos y : el Brazo militar de Cataluña. Dicha institución fue creada en 1602 por Onofre de Alentorn con la misión de congregar a toda la aristocracia militar catalana. En sus Ordinacions se configuraba el funcionamiento de la nueva institución y la ambición por influenciar en la política de Cataluña. La Junta de Oficiales era el organismo rector del Brazo militar y estaba formado por ocho miembros: el protector, el clavario, y seis consejeros, los cuales estaban asistidos por un síndico. Todos ellos tenían un mandato de dos años, siendo el Protector del Brazo su máxima autoridad. La aristocracia militar catalana era convocada en el Consejo Plenario, siendo sus resoluciones ejecutadas por los oficiales del Brazo.Martí Fraga (2008: 42) Tras la guerra de Cataluña (1640-1659) la corona española había conseguido el control de Diputación del General y del Consejo de Ciento mediante las desinsaculaciones, esto es, la exclusión de todos aquellos que no fueran afectos al rey, de las listas de posibles candidatos en sendas instituciones. Pero el Brazo militar escapó de dicho control al ser sus oficiales escogidos ad aurem secret, impidiéndose así cualquier intervención del monarca. Para extender su poder de influencia el Brazo militar aceptó, a la par de los Nobles y de los Caballeros del Principado Cataluña, a los a Ciudadanos Honrados, engrosando sus listas de registro con miembros cada vez más radicalizados ante la imposibilidad de acceder a la Diputación del General o al Consejo de Ciento. El estado de guerra permanente en que vivieron los catalanes del —guerra de Cataluña (1640-1659), guerra de Devolución (1667-1668), guerra franco-holandesa (1672-1678), y guerra de los Nueve Años (1688-1697)— favoreció la ascendencia del Brazo militar en la política de Cataluña. A partir de esa fecha, el Brazo militar catalán impulsará la acción coaligación de las tres instituciones mediante la «Conferencia de los Tres Comunes», conferencia con la que conseguirá arrastrar tanto a la Diputación, como al Consejo de Ciento, a una confrontación abierta contra los crecientes atisbos de absolutismo de Felipe V, y que acabará con el estallido de la rebelión de Cataluña y el inicio de la guerra de Sucesión en el interior de España. En 1715, finalizada la guerra, el intendente José Patiño definía en su informe ante el Consejo de Castilla al Brazo militar de Cataluña como «un congreso de todos los caballeros de Cataluña que se juntaban a su arbitrio, fuera de Cortes, y en cualquier tiempo», en tal manera que se convirtió en el tercer contrapoder frente a la monarquía, adquiriendo más fuerza incluso que la Generalidad en la defensa del sistema constitucional catalán; Patiño concluía su informe con las siguientes palabras: «de algunos años a esta parte, por descuido o tolerancia de los ministros, se había hecho formidable, y se entrometía en todas las materias de estado, publicándose celadores de la observancia de sus fueros».Martí Fraga (2008: 40 y 48)
La Conferencia de los Tres Comunes thumb|250px|«Padres de la Patria».Los dirigentes políticos catalanes que declararon la continuación de la guerra en 1713 se arrogaron a menudo la calificación de Pater Patriae (Padres de la Patria). En esta carta del 10 de abril de 1714 los diputados de la Generalidad de Cataluña justifican la «gloriosa resolución», e instan a continuar la guerra «no solo en defensa de la justa causa del rey nuestro señor (que Dios guarde) sino y también para conseguir la amada Libertad».