La batalla de Qadesh se libró entre las fuerzas del Imperio Nuevo de Egipto, gobernado por Ramsés II, y el Imperio hitita, gobernado por Muwatalli II, en la ciudad de Qadesh, a orillas del río Orontes, en las proximidades del lago de Homs, cerca de la frontera de Siria con Líbano.Cerca de la moderna villa de Al-Houz, en el distrito de Al-Qusayr de Siria. Véase Kitchen, K. A., "Ramesside Inscriptions", volume 2, Blackwell Publishing Limited, 1996, pp. 16–17.
La batalla suele datarse hacia el año 1274 a.C. por la cronología egipcia.Hacia el día 9 del año 5 del reinado de Ramsés II, III Shemu (BAR III, p. 317) o más concretamente: el 12 de mayo de 1274 a.C. en base a la fecha comúnmente aceptada de acceso al trono de Ramsés II, en el año 1279 a.C. Es la primera batalla de la que se conservan registros históricos detallados de las formaciones y de las tácticas. Se cree que fue la mayor batalla de carros de guerra jamás librada, habiendo participado entre 5000 y 6000 carros.
Como resultado de las múltiples inscripciones de Qadesh, es la batalla mejor documentada de la Antigüedad.
Los hititas atacaron primero y estuvieron a punto de derrotar a los egipcios, aunque gracias al mando de Ramsés II los egipcios lograron contrarrestar el ataque y la batalla acabó en un empate. Tras esto, Ramsés II y Hattusili III firmaron el primer tratado de paz de la historia.
Fue el último gran acontecimiento militar de la Edad del Bronce.
Las fuentes antiguas
Egipcias
Poco después de la batalla, Ramsés II ordenó conmemorarla en las paredes de varios de sus templos, atestiguando la importancia del evento para su reinado. La batalla de Qadesh se describe en cinco templos: algunos fragmentos en dos paredes del templo de Abydos, probablemente los más antiguos; en tres lugares del templo de Amón de Luxor; dos en cada uno de los grandes patios del Ramesseum, que fue el templo funerario de Ramsés II en Tebas-Oeste; y, finalmente, una representación más breve en la primera sala hipóstila del templo principal de Abu Simbel en Nubia. También hay dos copias de estos textos en papiros escritos en hierático.
Tres textos patrocinados por Ramsés II, y de los cuales existen muchas copias, explican la batalla.
El Poema de Pentaur es un relato de la batalla que Ramsés II encargó al escriba Pentaour. Es un texto extenso, del cual hay ocho copias en diferentes templos y otras en papiros. Es la descripción más detallada y más poética del combate y se describen las cualidades más destacadas del faraón, destacando su relación con el dios Amón. El Boletín de guerra es un texto más breve. Hay siete copias en bajorrelieve junto a las copias del Poema. Los relatos de los bajorrelieves constituyen una tercera fuente escrita. Estos comentarios de las representaciones figurativas de la batalla a veces proporcionan información que no se encuentra en los otros dos textos.
Hititas
No se conoce ningún texto hitita que describa la batalla de Qadesh. Muwatalli II no dejó ningún texto oficial en conmemoración de sus campañas militares, pero se menciona el conflicto con Ramsés II en textos de sus sucesores: la Apología de Hattusili III (CTH 81) y un decreto de Hattusili III (CTH 86), que era el hermano de Muwatalli II y que estuvo presente en el campo de batalla, así como la historia que aparece en el prólogo del tratado firmado por su hijo, Tudhaliya IV, y el rey de Amurru, Shaushgamuwa (CTH 105). La batalla de Qadesh parece ser evocada en cartas enviadas por Ramsés II a Hattusili III, aunque hay poca información sobre eso.
El Tratado de Qadesh
thumb|Tabla de arcilla conteniendo el Tratado de Qadesh, Museo de Arqueología de Estambul. El documento que formalizó la tregua entre Egipto y el Imperio hitita, conocido como Tratado de Qadesh, es el primer texto de la historia que documenta un tratado de paz. Fue copiado en numerosos ejemplares escritos en caldeo babilonio (lengua franca de la diplomacia de la época) sobre preciosas hojas de plata. Varios ejemplares se han encontrado en Hattusa, capital hitita, mientras que otras copias se hallaron en Egipto.
Otros ejemplares escritos sobre materiales más viles, conteniendo el mismo texto, también han llegado hasta nosotros, como, por ejemplo, el conjunto de tablas de arcilla conservado en el Museo de Arqueología de Estambul, correspondiente a la versión hitita del tratado.
Contexto histórico
La importancia de Siria 280px|thumb|Restos de Ugarit. Punto de encuentro, cruce y negociación del tráfico y comercio de su tiempo, y área dotada de inconmensurables recursos naturales, Siria era la encrucijada mercantil, cultural y militar del mundo antiguo. No sólo producía ingentes cantidades de trigo, sino que por allí pasaban las mercancías provenientes de los buques que cruzaban el Egeo y los de lugares más lejanos que llegaban al Asia Menor por el puerto de Ugarit, especie de Venecia antigua que dominaba el comercio del Mediterráneo oriental, y se encontraba, precisamente, ubicada en Siria. Los derechos aduaneros que percibiría quien dominase la región eran enormes; sumados a su estratégica posición militar, la producción agropecuaria y los derechos de tráfico y exportación, convertían a la zona en una de las de mayor importancia estratégica del mundo antiguo.
Por la zona se transportaban vidrio, cobre, estaño, maderas preciosas, joyas, textiles, alimentos, artículos de lujo, productos químicos, loza y porcelana, herramientas y metales preciosos. A través de una telaraña de rutas comerciales que comenzaban y terminaban en Siria, esas mercancías se distribuían por todo el Medio Oriente, mientras que otros productos llegaban allí desde sitios tan apartados como Irán y Afganistán.
Entre dos potencias
Pero Siria sufría la desventaja de encontrarse en medio de las dos grandes potencias políticas y militares de su época: el Imperio egipcio y Hatti, el inmenso Imperio hitita. Como es obvio, ambos ambicionaban dominar Siria para explotarla en su propio provecho. Hoy se considera que, hace 3300 años, el mero hecho de controlar el territorio sirio significaba el ascenso automático de cualquier nación a la exclusiva élite de quienes merecían llamarse "potencia mundial". Así parecieron entenderlo Mittani primero, Hatti y Egipto más tarde, y Asiria y Nabucodonosor al final.
Es comprensible, por tanto, que Mittani, Hatti y Egipto derramaran, durante los siglos anteriores a Qadesh, verdaderos océanos de sangre en sus desesperadas tentativas de dominar la región, proporcionando así un violento escenario general donde se moverían los factores concretos que desembocarían en la batalla.
Antecedentes
Tras las campañas del monarca hitita Suppiluliuma I contra el reino de Mitani, en el norte de la actual Siria, entre los años 1340 y 1330 a.C., Mitani se desintegró y los hititas llegaron a dominar la mayor parte de Siria. Varios lugares vasallos de los egipcios cayeron en la campaña hitita, como el reino de Amurru y Qadesh, pero no parece que el faraón Akenatón considerase la opción de luchar para recuperarlos. Hubo un conflicto entre Egipto y el Imperio hitita cuando, según fuentes hititas, la reina egipcia Anjesenamón, viuda de Tutankamón, pidió a Suppiluliuma I uno de sus hijos en matrimonio para hacerlo rey de Egipto. El rey hitita aceptó la propuesta y envió a su hijo Zannanza como prometido a la reina, pero fue asesinado por el camino. El rey hitita optó por enfrentarse con Egipto a pesar del tratado de amistad que habían firmado los dos países hacía mucho tiempo.
A comienzos del , los egipcios y los hititas tuvieron más de veinte años de relación conflictiva.
Los conflictos, encabezados por los hijos del anciano rey hitita, no dieron resultados significativos. La respuesta egipcia al progreso hitita vino solo con Horemheb, considerado el último faraón de la dinastía XVIII, quien apoyó una revuelta de varios vasallos hititas, entre los que estaban Qadesh y Nuhasse, que fueron difíciles de someter por las tropas hititas dirigidas por aquellos príncipes, incluida de la de Karkemish. El rey Mursili II intervino más tarde en persona para restablecer la cohesión entre sus vasallos, firmando con ellos varios tratados de paz.
Pero la situación cambió, y los hititas se pusieron a la defensiva frente a los egipcios. Seti I, el segundo faraón de la dinastía XIX, capitaneó un contraataque egipcio para recuperar a los vasallos perdidos. Conmemoró su victoria contra los hititas con una inscripción y un relieve en un templo de Karnak. Se apoderó de Qadesh, y el rey Benteshina de Amurru se unió a su campaña. Las tropas hititas estaban al mando del virrey de Karkemish, que supervisaba la dominación hitita en Siria. El rey Muwatalli II estaba en el oeste de Anatolia ocupado con una rebelión más grave que la situación en Siria, a pesar del hecho de que los otros adversarios de la región, los asirios, también avanzaban. La reacción hitita es lenta. Qadesh volvió al dominio hitita en los años siguientes por causas desconocidas, ya que las fuentes hititas no mencionan este hecho.
A finales de la dinastía XVIII de Egipto, las cartas de Amarna cuentan la historia del declive de la influencia egipcia en la región. Los egipcios mostraron poco interés en la región a finales de la XVIII dinastía.Moran, William L., "The Amarna Letters", Johns Hopkins University Press, 1992
Esto continuó en la dinastía XIX. Al igual que su padre, Ramsés I, Seti I fue un jefe militar que se propuso que el Imperio egipcio fuese como en los tiempos de los reyes Tutmosis I, Tutmosis II y Tutmosis III, un siglo antes. Las inscripciones en los muros de Karnak registran detalles de las campañas de Seti I en Canaán y en la antigua Siria. W. J. Murnane, The Road to Kadesh: A Historical Interpretation of the Battle Reliefs of King Sety I at Karnak. (Second Edition Revised), Chicago: The Oriental Institute, 1990, Ocupó de nuevo las posiciones egipcias abandonadas y las ciudades fortificadas. No obstante, esas regiones volvieron posteriormente a control hitita.Bryce, Trevor, The Kingdom of the Hittites, Oxford University Press, new edition 2005, , p.233
Con la llegada de Ramsés II, alrededor de 1279 a.C., solo Amurru permanecía como aliado en la campaña egipcia, pero Muwatalli intentó que se unieran a él. Los primeros tres años del reinado del nuevo faraón estuvieron dedicados a los asuntos internos. En el cuarto año de su reinado, el 1275 a.C., realizó una primera campaña a Amurru, probablemente pasando por mar. Dejó una estela en Nahr el-Kelb, en la costa central del Líbano. Esta expedición se hizo para mostrar el apoyo a su vasallo contra los hititas.Grimal, Nicolas, A History of Ancient Egypt (1994) pp. 253ff.
En mayo de 1274 a.C., el quinto año de su reinado, Ramsés II comenzó una campaña desde su capital, Pi-Ramsés (el moderno Qantir). El ejército se trasladó a la fortaleza de Tjel y avanzó por la costa hasta Gaza.
El statu quo: Hatti y Mitani
Dos generaciones antes de Ramsés, el decorado había sido diferente: las potencias dominantes en la región no eran Egipto y Hatti, sino Egipto y el gran reino de Mitani. Tutmosis IV (1425-1417 a. C.) había logrado formalizar una paz duradera, consciente de que, habiendo dos reinos grandes y muchos pequeños en la zona, los dos poderosos sólo podrían dominar a los demás si no guerreaban entre sí.
380px|thumb|El Creciente fértil en esta época: Egipto (verde claro), zonas de influencia egipcia (verde oscuro), Hatti (amarillo) y Mitani (rojo). Asiria (gris) comenzaba a expandirse.
Conocedor de este hecho, el poderoso rey hitita Suppiluliuma I comprendió que, para llegar a ser uno de los dos grandes, debía destruir al más débil de ellos y reemplazarlo. Inició así un proyecto a largo plazo de destrucción completa y sistemática de Mitani, prestando particular atención al plan de erradicarlo de sus posiciones militares, comerciales e industriales del norte de Siria.