thumb|330x330px|Vídeo ovni del Pentágono "GIMBAL", enero de 2015 Los términos objeto volador no identificado, más conocido por el acrónimo ovni, fenómeno aéreo no identificado o fenómeno anómalo no identificado (Unidentified Anomalous Phenomena UAP, FANI) se refieren a la observación de un hipotético objeto volador que no puede ser identificado por el observador y cuyo origen sigue siendo desconocido después de una investigación.
El acrónimo fue creado para reemplazar al de «platillo volador» o «platillo volante», ya que a diferencia de este un ovni no tiene por qué ser necesariamente un objeto tecnológico o tripulado (puede ser también una estrella, un meteorito o un avión desconocido), y ha llegado a trascender más allá de las simples observaciones aéreas. Aunque autores como Erich von Däniken o Jacques Vallée han apuntado que los antiguos carros de los dioses o las apariciones y raptos en bosques y pantanos podían ser el equivalente a los relatos ovni actuales, el fenómeno comenzó en 1947, íntimamente vinculado a los medios de comunicación.
La literatura especializada en estos temas ha ido creciendo en número de cabeceras y tirada, para pasar a recoger también supuestos contactos telepáticos, pretendidos secuestros y declaraciones sobre experimentos genéticos realizados por los tripulantes de dichos objetos. Todas estas afirmaciones extraordinarias no presentan pruebas extraordinarias que las demuestren. Pese a ello, la hipótesis extraterrestre sigue siendo tema de debate.
Contexto histórico Autores como Luis Alfonso Gámez, Ricardo Campo o Neil deGrasse Tyson han insistido en la gran importancia de los antecedentes históricos que rodeaban el nacimiento y la popularización del término «ovni».
miniatura|El astrónomo estadounidense Percival Lowell, defensor de vivir cerca de otras civilizaciones extraterrestres con gran inteligencia.
A finales del y principios del , Percival Lowell había publicado varias obras sobre Marte en las que postulaba que las líneas oscuras divisadas por Giovanni Schiaparelli en la superficie marciana constituían una red de canales creados por una civilización inteligente, para traer agua desde los polos al ecuador del «planeta rojo». Pese a que las observaciones de Lowell se revelarían erróneas, el público en general consideró la existencia de vida extraterrestre inteligente y cercana a la Tierra como un hecho probado científicamente.El astrofísico y divulgador científico Carl indicó que la nave estadounidense Mariner 9 refutó esa posibilidad cuando fotografió la superficie de Marte en 1971.
En 1939, la Luftwaffe había conseguido hacer operativo el Heinkel He 178. El motor de este avión sorprendió por su sencillez al no necesitar bielas, pistones, cigüeñal, aceite y motor de explosión utilizados hasta el momento. También su velocidad, superior a los 800 km/h, dejaba bastante atrás a los mejores aparatos de la época, caso del Supermarine Spitfire. Como tercera virtud se puede destacar su maniobrabilidad. Además, el aparato en sí ya era sorprendente para personas poco introducidas en el mundo aeronáutico por no tener hélices que lo impulsaran. Aparatos como este y tantos otros que le siguieron comenzaron a implantar en el ciudadano corriente la idea de que se investigaba sobre nuevos modelos aéreos, bastante diferentes de los anteriores y con unas prestaciones muy superiores.
Un efecto más contundente si cabe para la opinión pública, lo causó el V2. Este misil balístico dejaba muy atrás a lo que podían presentar naciones como la Unión Soviética o Estados Unidos. El V2 era capaz de mover una carga útil de casi una tonelada, a varios cientos de kilómetros y a velocidades que superaban con mucho la del sonido.Según Nigel dicha celeridad se consideraba una «barrera» infranqueable para un ingenio humano, pese a que las balas de fusil ya viajaban a esa y mayor velocidad desde hacía décadas. Este portento de la ingeniería abrió nuevamente la mentalidad del público en general e hizo ver como posible que un ingenio de origen inteligente causara imágenes que antes se hubieran tomado por espejismos, resplandores, relámpagos o cualquier otra explicación natural.
El 16 de julio de 1945 tuvo lugar en Álamo Gordo la Prueba Trinity, con la que culminaba el Proyecto Manhattan. Dicha prueba, junto a la utilización posterior de una bomba de uranio y otra de plutonio, demostró que se podía conseguir gran cantidad de energía con poca masa. Pero, al mismo tiempo, se descubría un nuevo tipo de arma con una capacidad destructiva incomparable, lo cual supuso un salto cualitativo en el tipo de guerra que podría librarse. Igualmente se dio el pistoletazo de salida para una carrera de armamentos entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, junto a una carrera de información para conocer cada bando el nivel alcanzado por su oponente.
La información sobre la Unión Soviética constituyó todo un problema para Estados Unidos. John Lewis Gaddis indica que inicialmente no se sabía el estado real alcanzado por la tecnología soviética. Fue bastante avanzada la Guerra Fría cuando se comprobó que la tecnología soviética estaba por detrás de la estadounidense. Sin embargo había dos campos donde sí llevaban cierta ventaja: uno era el balístico y el otro fue la capacidad de guardar sus secretos. El régimen de Iósif Stalin y el de sus sucesores era una dictadura férrea, con un control considerable de la información producida y difundida, por lo que las apariencias resultaban más fáciles de guardar. Unido a esto, las inmensas proporciones del país le concedían una profundidad estratégica sin igual, lo que hacía imposible observar todo su territorio desde ningún punto de su frontera, aunque solo fuese indirectamente y por muy alto que se alzara el observador. Así los soviéticos podían amenazar con misiles que no tenían y esgrimir divisiones con las que no contaban, o al menos en determinados momentos, lo cual constituía una fuente de rumores. La recién creada Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Casa Blanca necesitaban información sobre lo que sucedía en la Unión Soviética. Para conseguirla propusieron tratados, desarrollaron ingenios, financiaron los proyectos más variopintos... todo para conseguir fotografías o mediciones atmosféricas que pudieran indicar los avances de la otra superpotencia en campos como el de los misiles intercontinentales, los bombarderos estratégicos o las pruebas nucleares atmosféricas. Pero la incógnita de hasta dónde había conseguido llegar la tecnología soviética perduró durante bastantes años, al menos hasta la llegada de los satélites espías.
Ante las prestaciones ofrecidas por el motor de reacción y el misil balístico, las potencias vencedoras se disputaron a los técnicos implicados en los programas alemanes para desarrollar los suyos propios. Sin embargo, por una serie de decisiones, los Estados Unidos mantuvieron relegado a von Braun durante un tiempo, mientras los dirigentes soviéticos sacaron del Gulag a Serguéi Koroliov para que retomase los programas de misiles abandonados años atrás. Al poco tiempo, los segundos iban más adelantados que los primeros en misiles y cohetes. Carl Sagan, quien participó en el programa Apolo, indica que dicha ventaja fue inicial. Tanto los dirigentes de la URSS como de los Estados Unidos quedaron sorprendidos al ver el interés del público por los temas espaciales cuando los soviéticos decidieron utilizar su misil balístico para poner en órbita el Sputnik 1. Incluso los éxitos soviéticos crearon cierto pánico en la población estadounidense al sentirse vulnerables y en inferioridad tecnológica frente a su enemigo. Además, Sagan veía con envidia años después las pocas preguntas que les hacían los políticos para darles lo que pidieran para temas espaciales. El astrobiólogo transcribe el interrogatorio mantenido en 1958 entre Daniel J. Flood, presidente de la subcomisión para asignaciones de la defensa y representante del partido demócrata por Pensilvania, y Richard E. Horner, secretario de la asesoría para la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Ante la petición de una partida considerable de fondos para la investigación espacial, la subcomisión realizó tres preguntas a Horner y, tras responderlas, Flood declaró:
Terminología El primer término que se dio a formas en el cielo, desconocidas para el observador, fue el de flying saucer (en inglés), «platillo volante» o «platillo volador».
El término «platillo volador» se popularizó en 1947 debido a un texto periodístico, en el que el piloto civil estadounidense Kenneth Arnold —mientras volaba sobre la cordillera de las Cascadas (en el estado de Washington)— vio una formación de nueve objetos con forma de búmeran que volaban y
a una velocidad estimada de . miniatura|Búmeran a cuya forma se parecían los objetos declarados por Kenneth Arnold A finales de la Segunda Guerra Mundial se veía como posible la existencia de prototipos rápidos y muy manejables, desarrollados por otros países y nunca vistos hasta el momento. Ante la posibilidad de haber divisado una escuadrilla de dichos prototipos, Arnold se dirigió a la oficina del FBI para informar, pero la encontró cerrada. Por lo tanto acudió a un periodista llamado Bill Bequette para narrarle su observación. El piloto explicó la formación indicando que los nueve objetos tenían forma de búmeran y describió sus movimientos como el efectuado por las piedras cuando rebotan sobre una superficie líquida, en concreto sus palabras pueden traducirse por «un platillo lanzado a través del agua». Bequette confundió la forma en la que se movían los objetos con la forma de los objetos. El error de Bequette ha sido recogido multitud de veces:
Debido a esta confusión de un periodista nació el chascarrillo:
miniatura|El Avrocar S/N 58-7055 en su lanzamiento de prueba Pese al error, las declaraciones sobre ingenios aeronáuticos no identificados con forma de platillo aumentaron considerablemente. Asimismo, en aquella época, la USAF experimentaba con armas aéreas que podían confundirse con los clásicos ovnis. El Avro Canada VZ-9AV Avrocar, un vehículo conceptual producido durante la década de 1950, era un avión funcional con forma de platillo.
Los términos UFO (del que surgiría el español ovni) o UFOB fueron acuñados en 1953 por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) para servir como vocablo general en todos sus informes. En su definición inicial, la USAF señaló que un UFOB era «cualquier objeto aerotransportado que, por su desempeño, características aerodinámicas o aspectos inusuales, no se ajusta a ningún tipo de avión o misil actualmente conocido o que no puede identificarse positivamente como un objeto conocido». En consecuencia, el término se restringió inicialmente a la fracción de casos que permanecieron sin identificar después de la investigación, ya que la USAF estaba interesada en posibles razones de seguridad nacional y «aspectos técnicos».Consulte la Regulación de la Fuerza Aérea 200-2.
El personal militar y los pilotos anglófonos solían referirse coloquialmente a los ovnis como bogey durante la Guerra Fría. Esta palabra se usó originalmente para informar anomalías en las señales de radar o indicar posibles fuerzas hostiles que podrían estar deambulando por el área.
El término ovni se generalizó durante la década de 1950, al principio en la literatura técnica, pero luego en el uso popular. Los ovnis generaron un interés considerable durante la Guerra Fría, una era asociada con una mayor preocupación por la seguridad nacional y, más recientemente, en la década de 2010, por razones inexplicables. Sin embargo, varios estudios han concluido que el fenómeno no representa una amenaza ni tampoco contiene nada digno de investigación científica (por ejemplo, el Flying Saucer Working Party de 1951, el panel Robertson de la CIA en 1953, el proyecto Libro Azul de la USAF, el Comité Condon, etc.).