La Iglesia católica (como institución y desde la actividad de sus miembros) ha establecido continuas relaciones con la ciencia y la cultura. Conocer la historia del vínculo Iglesia y ciencia resulta de interés en el mundo contemporáneo, para comprender de qué manera la Iglesia haya colaborado u obstaculizado la investigación científica, tanto para impulsar estudios como para oponerse a otros (por motivos doctrinales o morales).
Historia Bajo Imperio romano David C. Lindberg y Ronald Numbers dicen que los Padres de la Iglesia no prestaron interés especial en la filosofía natural o ciencias (actitud compartida por el mundo pagano y los intelectuales del Imperio Romano, solo la medicina y la astronomía eran tenidas en cuenta). El escritor Taciano proclamaba la inutilidad de la cultura pagana. Sin embargo, dichos Padres de la Iglesia defendieron su fe usando la razón y el conocimiento científico de la Grecia Clásica contra los paganos, las herejías y para la elucidación de las escrituras, preservando y transmitiendo esto durante el período de caos y violencia del primer siglo del cristianismo . Entre estos apologistas destacan san Justino, san Ireneo de Lyon, san Hipólito de Roma, Novaciano, Tertuliano. Formando la Escuela de Alejandría están: Orígenes, san Panteno, san Cipriano y san Clemente. De la Escuela de Antioquía destaca san Luciano.
Durante el primer milenio del cristianismo, la ciencia tenía un papel secundario (distinto al actual), no por ello víctima de la intolerancia de la Iglesia: para esta, la ciencia más que enemiga, fue un valorable y confiable instrumento. La tradición científica de la experimentación creada por los filósofos presocráticos ya había sido relegada en su mayor parte por el pensamiento místico de Pitágoras y Platón. Durante el Imperio Romano la ciencia experimental y el desarrollo matemático prácticamente no existió. Carl Sagan señala a la pagana Hipatia como la última representante de la ciencia. Hipatia (asesinada por una turba en el entorno de las luchas de poder político-religioso de esa época por la ciudad de Alejandría), fue maestra del obispo Sinesio de Cirene, con quien mantuvo una importante correspondencia.https://historyforatheists.com/2020/07/the-great-myths-9-hypatia-of-alexandria/ No hubo más actos violentos contra los filósofos paganos de la Escuela neoplatónica de Alejandría, que siguió activa hasta la conquista musulmana de Egipto en el año 640, sin que su actividad se viera interrumpida siquiera por el cierre de la Academia de Atenas en tiempos de Justiniano I.La escuela filosófica de Alejandría ante la crisis del año 529 , por Gonzalo Fernández.
Contemporáneos de Hipatia fueron la emperatriz romana consorte Elia Eudocia y el obispo Agustín de Hipona.
Elia Eudocia tenía gran formación literaria y retórica, fue conversa al cristianismo, y usó su gran influencia en la corte para proteger a paganos y judíos, además favoreció desde su posición privilegiada la cultura, rodeándose de gramáticos y filósofos.
Agustín de Hipona sostenía que la Biblia no tiene ninguna autoridad en temas científicos: ”El Espíritu de Dios que hablaba por medio de los autores sagrados, no quiso enseñar a los hombres estas cosas (de astronomía) que no reportan utilidad alguna para la vida eterna” (De Genesi ad literam o De la interpretación literal del Génesis, 2:9). Según los científicos Roger Penrose y Paul Davies, Agustín tuvo una «intuición genial» acerca de la relación espacio-tiempo, al afirmar que el universo no nació en el tiempo sino con el tiempo, o sea, el tiempo y el universo surgieron a la vez, adelantándose así 1500 años a Albert Einstein y su Teoría de la Relatividad.El universo según Penrose. También san Agustín, (quien tuvo contacto con las ideas del evolucionismo de Anaximandro) sugirió en su obra La ciudad de Dios, que Dios pudo servirse de seres inferiores para crear al hombre infundiéndole el alma, y aunque defendía la idea que la existencia es por Dios, no todo organismo y lo inerte salían de Él, sino que algunos sufrían variaciones evolutivas a partir de sus creaciones.
En este periodo se recuerda también a santa Fabiola de Roma, una noble matrona romana convertida al catolicismo muerta en 399, a quien se le atribuye la fundación del primer hospital que registre la historia de la civilización de Occidente, donde ella misma ayudaba como enfermera.
La Edad Media thumb|right|200px|Número de manuscriptos producidos en la Edad Media. Durante el período de las grandes migraciones y la posterior caída del Imperio romano de Occidente, al ser la Iglesia la única institución que quedó en pie en ese proceso, fue la que mantuvo lo que quedó de fuerza intelectual, especialmente a través de los monasterios y abadías que se dedicaron a proteger el legado cultural del Mundo Clásico. Por ejemplo, el centro más importante de preservación y transmisión de la cultura clásica se hallaba en la Abadía de Montecasino (fundada por Benito de Nursia), gracias a la labor de recopilación de los monjes benedictinos. Otro centro en donde se preservó la cultura de la Antigüedad clásica fue el Monasterio de Vivarium (fundado por Casiodoro). En opinión de Thomas Cahill, la civilización occidental fue rescatada por los monjes de la Misión hiberno-escocesa recopilando, transcribiendo y preservando la cultura clásica en los manuscritos que tiempo después se conservaron en las islas británicas.
Así también, mediante tres "vínculos" monacales: la cruz, el arado y el libro, (la espiritualidad, el trabajo y la cultura),https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2009/documents/hf_ben-xvi_hom_20090524_vespri-montecassino.html se desarrollaron en torno a los monasterios y abadías, además de iglesias, la agricultura (junto con el urbanismo) y las bibliotecas.https://historiasdelorbisterrarum.wordpress.com/2011/08/06/los-monasterios-como-fuente-protectora-y-propulsora-del-desarrollo/
La religión católica tuvo gran relación con la Ciencia medieval. Durante los años de la Alta Edad Media, -aproximadamente del 476 al año 1000- la contribución de la Iglesia al movimiento científico fue de preservación y transmisión. Entre los nombres que se pueden mencionar en contribuir a la ciencia y la cultura, son los del teólogo y filósofo Boecio, el del obispo Isidoro de Sevilla y el del monje Beda el venerable. Importantísima es la mención del clérigo, teólogo y erudito pedagogo Alcuino de York quien al llegar a la corte de Carlomagno, reintrodujo la cultura clásica al continente y dio comienzo al Renacimiento carolingio, director y maestro de la Escuela palatina, es considerado como el primer "ministro de Educación" de la Historia. En dicha corte destacó también el monje y astrónomo irlandés Dungal de Bobbio, quien explicó el doble eclipse del año 810 basándose en los escritos de Macrobio y de Plinio el Joven. Paul Butzer sostiene que la corte de Carlomagno tuvo contacto con los conocimientos matemáticos de los árabes de España.
El emperador bizantino Miguel II envía a Aquisgrán las primeras copias de la obra de filosofía platónica de Pseudo Dionisio Areopagita, traducidas del griego al latín por Hilduino de Saint-Denis y Juan Escoto Erígena.
También en este periodo de la historia se pueden citar al obispo Teodulfo, al maestro benedictino Rabano Mauro, al monje y botánico Walafrido Strabo, al abad Lupus Servatus, al monje Erico de Auxerre, al arzobispo y matemático León de Tesalónica, al teólogo y bibliógrafo Aretas de Cesarea, al archidiácono astrónomo Lupito de Barcelona y al escritor Abón de Fleury. Notable es el aporte del monje Guido de Arezzo iniciador del tetragrama y la actual notación musical. Importante también es la creación del alfabeto glagolítico por los hermanos Cirilo y Metodio, y el posterior alfabeto cirílico inventado por el arzobispo Clemente de Ohrid, quien fundó una de las primeras universidades de la Cristiandadhttps://abyrock.wordpress.com/category/universidad-de-ohrid/ (después de la universidad de Constantinopla).También en esa misma ciudad de Ohrid, fundó la Escuela literaria de Ohrid y fue sucedido por el sacerdote Naum de Preslav.
Recordemos también el aporte a la ciencia de su época que le dieron algunas religiosas, como la canonesa Hroswitha de Gandersheim, quien en su interés por las ciencias del trívium y quadrivium tradujo las principales obras científicas árabes, o la abadesa Hildegarda de Bingen, escritora, médico, naturalista y astrónoma o incluso la monja Herrada de Landsberg autora de la primera enciclopedia editada, escrita e ilustrada por una mujer, donde trata de compilar toda ciencia estudiada en su tiempo.
Un personaje que iluminó la llegada del primer milenio de la Iglesia (producto de la reforma educativa que inició Alcuino en el reinado de Carlomagno), fue el monje Gerberto de Aurillac, más conocido como el papa Silvestre II.Era docto en todas las artes liberales o ciencias de su tiempo: aritmética, geometría, astronomía, música, gramática, retórica y dialéctica, aparte de sus vastos conocimientos en filosofía, teología y hermenéutica. Entre sus grandes inventos se le atribuye: un reloj, un ábaco moderno, una nueva versión del monocordio y el prototipo de la taquigrafía.Ya siendo papa introdujo en Europa el sistema decimal de números arábigos y el uso del cero.
A comienzos del el monje, astrónomo y matemático Eilmer de Malmesbury se convirtió en uno de los primeros seres humanos de la historia en realizar un intento serio por volar . Considerado pionero de la aviación, 900 años antes de que se patentara el aeroplano.
En ese mismo siglo el benedictino y escolástico Anselmo de Canterbury, sostenía que Dios actúa mediante un poder absoluto y un poder ordenado (potentia absoluta , potentia ordinata): si bien Dios tiene poder absoluto para hacer de una piedra un elfo, iría contra su misma dignidad hacer un caos del mundo, pues Dios lo rige a través del orden y leyes que Él mismo creó. Así, un milagro sería un suceso que por designio divino rompe con las leyes de la Física, y si el mundo fuese caótico no se distinguiría un milagro de algo que no lo es.
El filósofo y estudioso de la ciencia Guillermo de Conches (discípulo del religioso Bernardo de Chartres), distinguía entre lo que Dios hace inmediatamente (por propia voluntad) y lo que hace por mediación de la naturaleza (instrumento de operación divina). Criticó también, a los clérigos que (a diferencia de su maestro), no ambicionaban estudiar las causas naturales de las cosas (cual fuese una irreverencia), sin buscar la razón de nada y no deseaban que los demás se dedicaran a la investigación.
Según el erudito medievalista Robert Bartlett, en la Edad Media los fenómenos naturales tenían explicación tanto natural como sobrenatural sin contradecirse. Ejemplo de esto lo dio el clérigo Oliver de Paderborn quien expresó saber que el eclipse lunar que ayudó a los cruzados a tomar de noche la ciudad de Damieta en 1218 era un fenómeno natural, pero también lo atribuye a la intervención divina.
Mención aparte merece el obispo Alberto Magno (o el Grande) quien además de teólogo y filósofo, era geógrafo, astrónomo, físico y químico. También sus obras cuentan tratados de lógica, metafísica, matemáticas, medicina y fisiología animal. Su método consistía en la observación, descripción y clasificación de los fenómenos estudiados, abriendo la puerta a trabajos futuros, considerándosele así precursor del progreso científico. Es incluso el santo patrón de las ciencias. También fue maestro del filósofo Tomás de Aquino, quien pensaba que no había contraposición entre religión y ciencia, y que la fe y la razón se complementan.