thumb|350px|Herrmann Rudolf Wendroth: Mapa de la Provincia de San Pedro del Río Grande del Sur en 1852. La historia de Río Grande del Sur, el estado más meridional de Brasil, se inicia con la llegada del hombre a la región, hace cerca de 11 mil años atrás. Sus cambios más dramáticos, sin embargo, ocurrieron en los últimos cinco siglos, después del descubrimiento de Brasil. El transcurso más reciente se dio en medio de diversos conflictos armados externos e internos, algunos de gran violencia. Guilhermino César afirmó que esa historia "es uno de los capítulos más recientes de la historia brasileña", pues mientras en el nordeste del país se cantaban misas polifónicas, este estado aún era ocupado por un puñado de poblados y estancias de ganado portuguesas en el centro-litoral, y el sursudeste era una «tierra de nadie» donde frecuentemente incursionaban tropas españolas mandadas por Buenos Aires, defendiendo los intereses de la Corona Española, propietaria legal del área en esa época. Esencialmente, Río Grande del Sur, hasta finales del , era una región virgen habitada por pueblos indígenas. Los únicos focos importantes de civilización y cultura europeas en todo el territorio a esa altura fueron un grupo de reducciones jesuitas fundadas en el noroeste, destacándose entre ellas los Siete Pueblos de las Misiones Orientales. No obstante, siendo de creación española, hasta hace poco tiempo las Misiones fueron consideradas como un capítulo aparte de la historia del estado, sobre todo por no haber dejado una descendencia cultural directa significativa. En años recientes, sin embargo, han sido asimiladas a la historiografía integrada del estado.
En la primera mitad del , después de muchos conflictos y tratados, Portugal logró la posesión definitiva de las tierras que hoy componen el estado, desplazando a los poco españoles que había, desmantelando las reducciones jesuíticas y masacrando o dispersando a los indígenas. Con ello, se estableció una sociedad de matriz claramente portuguesa y una economía basada principalmente en la producción de charqui y trigo, iniciando un florecimiento cultural en los mayores centros urbanos del litoral (Porto Alegre, Pelotas y Río Grande). Ese crecimiento contó con la contribución de muchos inmigrantes alemanes, que abrieron nuevas áreas y crearon significativas culturas regionales y economías prósperas. En 1835 se inició un dramático conflicto que involucró a los gaúchos en una guerra fratricida, la Guerra de los Farrapos, de carácter separatista y republicano. Tras su fin, la sociedad pudo reestructurarse. A fines de siglo, el comercio se fortaleció, llegaron inmigrantes italianos y judíos, y en los albores del , Río Grande del Sur se había convertido en la tercera mayor economía del país, con una industria en ascenso y una rica clase burguesa, aunque aún era un estado dividido por serias rivalidades políticas que desembocaron en crisis sangrientas. En esa época, el positivismo delineaba el programa estatal de gobierno, creando una dinastía de políticos herederos de Júlio de Castilhos, quien gobernó hasta los años 1960 e influyó en todo el Brasil, especialmente a través de Getúlio Vargas, que en su origen fuera castilhista. En el período de dictadura militar, Río Grande del Sur enfrentó muchas dificultades respecto a la libertad de expresión, tal como el resto del país, pero el crecimiento económico de la época (conocido como Milagro Brasileño) propició inversiones en infraestructura. En las últimas décadas, el estado ha ido consolidando una economía dinámica y diversificada, aunque bastante ligada al sector agropecuario, y ha ganado fama por su población politizada y educada.
Prehistoria
thumb|Fósil de Dinodontosaurus, colección de la Universidad Federal de Río Grande del Sur. thumb|Cerámica guaraní, colección del Museo Farroupilha de Triunfo.
El perfil geográfico de Río Grande del Sur fue formado por sucesivas transformaciones que se iniciaron hace cerca de 600 millones de años. Ese territorio fue parte del mar y luego un desierto, y en varias regiones ocurrieron soterramientos masivos por derrames de lava. Se cree que solamente hace dos millones de años la geografía se definió más o menos con la apariencia actual, cuando se fijó la faja arenosa del litoral. La vida en la prehistoria de Río Grande del Sur fue rica en especies animales y vegetales, habiéndose encontrado muchos fósiles en especial en el área de Paleorrota. Hace apenas unos 11 mil años se inició la ocupación humana, con la llegada de grupos de cazadores-recolectores provenientes del norte, que se instalaron por todo el estado, formando culturas como la Umbu, la Humaitá, y la Sambaqui. La cultura Taquara alcanzó algún grado de sofisticación, visible en la cerámica que produjeron y en la ingeniería de refugios subterráneos, unidos por túneles y revestidos de piedra enladrillada con barro, muchas veces asociados con otras construcciones superficiales como plataformas de piedra. Otros vestigios de esos habitantes fueron encontrados en forma de instrumentos de piedra lascada, inscripciones rupestres, amuletos, tumbas y osarios.
Esa fase prosiguió sin cambios significativos hasta la llegada de una segunda onda migratoria hace dos mil años, compuesta por guaraníes oriundos de la Amazonía. Al ser un pueblo más fuerte y organizado, sometieron a prácticamente todos los antiguos habitantes, introduciendo también la agricultura y perfeccionando la cerámica. Cuando Brasil fue descubierto por los europeos en 1500, casi todos los indígenas del estado, que sumaban entre 100 mil y 150 mil según estimaciones científicas, correspondían a guaraníes o estaban mestizados con ellos. Los grupos menos afectados por esa invasión fueron los ye del Planalto Medio, y los charrúas y minuanes de la región pampeana.
Inicios de la colonización El territorio que hoy constituye Río Grande del Sur apareció en los mapas portugueses, con el nombre de Capitania d'El-Rei, desde el . A pesar del Tratado de Tordesillas, que definió el límite de las tierras portuguesas a la altura de Laguna, Portugal ansiaba extender sus dominios hasta la desembocadura del Río de la Plata. En el , algunos bandeirantes de São Paulo ya recorrían el área en busca de tesoros y para tomar indígenas como esclavos. Con ese antecedente, e ignorando los tratados, el 17 de julio de 1676, a través de una carta real, Portugal delimitó dos capitanías en el sur, que en conjunto se extendían de Laguna hasta el Río de la Plata, donadas al Vizconde de Asseca y a João Correia de Sá. El 22 de noviembre de 1676 la bula papal Romani Pontificis Pastoralis Solicitudo vio fortalecer las pretensiones portuguesas, pues al crear la arquidiócesis de San Sebastián de Río de Janeiro, estableció como sus límites desde la costa y el sertón de la Capitanía del Espíritu Santo hasta el Río de la Plata. Pronto la Corona Portuguesa comenzó a pensar seriamente la ocupación de las tierras del sur, legalmente españolas.
thumb|left|Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción de Viamão (1766 - 1769), la segunda más antigua del estado.
Ocupación del litoral Una primera expedición de conquista, organizada en 1677, fracasó. Otra, de 1680, bajo el mando de Manuel Lobo, consiguió llegar a orillas del Río de la Plata en enero del año siguiente, fundando Colonia del Sacramento, que incluyó una cárcel y los primeros abrigos para los colonos. España, que se encontraba debilitada a causa de la guerra contra Francia, pese a atacar Colonia, no esbozó una reacción más seria a la expansión portuguesa, y en 1681 estableció el Tratado Provisional, delimitando nuevas fronteras en la región y reconociendo la soberanía portuguesa sobre la orilla oriental del Río de la Plata.
Tras el establecimiento de este puesto de avanzada, los portugueses se interesaron por ocupar las tierras intermedias entre Colonia del Sacramento y la Capitanía de San Vicente. En 1737 una expedición militar portuguesa, comandada por el brigadier José da Silva Pais, fue encargada de prestar socorro a Colonia, tomar Montevideo y levantar un fuerte en Maldonado. Fracasada esta última empresa, el brigadier decidió instalar una población más al norte, libre de las constantes disputas entre portugueses y españoles. Así, navegó hasta la barra de la Laguna de los Patos, erróneamente confundida con un curso de agua, el Río Grande, y al llegar el 19 de febrero de 1737, fundó una cárcel y el Fuerte Jesús, María y José, constituyendo el origen de la ciudad de Río Grande, primer centro de gobierno de la región. El lugar era un punto estratégico para la defensa del territorio, al ubicarse a medio camino entre Laguna y Colonia del Sacramento. Las primeras familias colonizadoras llegaron ese mismo año, aunque el trecho entre Río Grande y Tramandaí y los campos de la región de Vacaria, en la sierra del nordeste, también estaban siendo poblados independientemente, situación facilitada por el tráfico de troperos por la extensión del Camino Real que provenía de São Paulo a Viamão. Hacia 1734, se contaban grandes estancias ganaderas en el área, que fundaron las bases de las primeras urbanizaciones, y los hacendados empezaron a solicitar concesiones de sesmarías. A partir de 1748 comenzaron a llegar al estado familias azorianas, enviadas por la Corona Portuguesa para colonizarlo. Se instalaron primero en Río Grande, y después otras se establecieron en la región de la futura Porto Alegre, que entonces era aún un diminuto poblado erguido junto al puerto de Viamão. Partiendo desde ahí, otros grupos avanzaron por los valles de los ríos Taquari y Yacuí..
Primera ocupación europea del interior thumb|Ruinas de São Miguel das Missões, hoy Patrimonio de la Humanidad.
Mientras tanto, en la parte noroeste del estado, los jesuitas españoles, ligados a la Provincia Jesuítica del Paraguay, habían establecido desde 1626 asentamientos muy organizados, reuniendo población aborigen (cerca de 40 mil personas), las reducciones o misiones, fundadas cerca del río Uruguay. Siete de ellas, conocidas como los Siete Pueblos de las Misiones, cuyo extraordinario florecimiento incluía refinadas expresiones artísticas de raigambre europea. Los sacerdotes construyeron una civilización alejada de los conflictos que agitaron al litoral, y dejaron varios registros sobre los pueblos indígenas, sobre geografía, la fauna y flora de la región, pero su contribución más directa a la historia del estado fue la introducción de ganado y el desarrollo de técnicas de pastoreo que más tarde serían asimiladas por los portugueses.
En el , un nuevo acuerdo entre las coronas ibéricas, el Tratado de Madrid del 13 de enero de 1750, cambiaría nuevamente las fronteras al establecer la permuta de Colonia del Sacramento por los Siete Pueblos, cuyas poblaciones indígenas serían transferidas al área española allende el río Uruguay. La demarcación de estas fronteras y el traslado de los aborígenes no transcuerrieron sin dificultades. Ante la protesta de jesuitas e indios, y en la espera de una escalada del conflicto, el Marqués de Pombal ordenó al capitán general Gomes Freire de Andrade que no entregase Colonia del Sacramento sin antes haber recibido los Siete Pueblos. La situación se agravó, y el conflicto esperado estalló en Río Pardo, originando la llamada Guerra Guaranítica, que diezmaría a un gran número de indígenas y terminaría disolviendo las misiones. En este escenario bélico sobresalió la figura legendaria del líder indígena Sepé Tiarayú, hoy considerado un héroe en el estado y un mártir de la causa de los pueblos originarios.