thumb|Murillo, El retorno del hijo pródigo, Washington D.C., National Gallery of Art. La parábola del hijo pródigo es el término popular que describe una de las parábolas de Jesús de Nazaret recogida en el Nuevo Testamento, específicamente en el Evangelio de Lucas, capítulo 15, versículos del 11-32. Junto con la parábola de la oveja perdida y la parábola de la moneda perdida conforma una trilogía que recibe la denominación tradicional de parábolas de la misericordia —o parábolas de la alegría—, y que caracteriza la figura y el mensaje misericordioso de Jesús de Nazaret tal como lo muestra el evangelista Lucas. Llegó a considerárselas «el corazón del tercer evangelio».

Texto bíblico El texto de la parábola, según aparece en la Biblia cristiana, en el Evangelio de Lucas es el siguiente:

Interpretación

Esta parábola, como muchas otras de Jesús (véase: parábola del fariseo y el publicano), se enmarca como respuesta a una crítica de los fariseos y los escribas, expertos judíos en la Ley mosaica, que estos le propinaban por recibir a los pecadores y comer con ellos. «[…] La parábola del hijo pródigo es, por tanto, primariamente no una proclamación de la Buena Nueva a los pobres, sino una justificación de la Buena Nueva frente a los que la critican.[…]» La parábola fundamentalmente recalca la misericordia de Dios hacia los pecadores arrepentidos y su alegría ante la conversión de los descarriados. Esto llevó al teólogo luterano Joachim Jeremias a pensar que el nombre de la parábola debería ser “parábola del amor del padre” en lugar de “el hijo pródigo”. «[…] Jesús justifica el anuncio de la Buena Nueva a los despreciados y abandonados. Donde más luminosamente aparece es en la parábola del hijo pródigo, que más exactamente debiera llamarse la parábola del amor del padre (Lc 15, 11-32).[…]»

El comienzo "Un hombre tenía dos hijos" es el tropo de un narrador y podría traer a la mente los hermanos Caín y Abel, Ismael e Isaac o Jacob y Esaú. Luego, Jesús confunde las expectativas de los oyentes cuando el hijo menor es mostrado como inepto.Levine, Amy-Jill. 25 August 2014. "What the Prodigal Son story doesn't mean." The Christian Century.

El académico católico Luis Fernando García-Viana señala que el indica que el hijo más joven recibía un tercio de la fortuna de su padre y que, aunque la división de la herencia podía hacerse en vida, los hijos no podían acceder a esta hasta la muerte del progenitor, como se señala en .

Mientras que varios comentaristas consideran "descarada e incluso insolente" la petición del hijo menor de recibir su parte de la herenciaHultgren, Arland J. 2002. The Parables of Jesus: A Commentary. MI: Eerdmans Publishing. . pp. 70–82. y que "equivale a desear que el padre estuviera muerto", el académico Bernard Jackson dice que "Las fuentes judías no dan ningún apoyo a [la idea de] que el pródigo, al buscar el adelanto, desee la muerte del padre."

Las acciones del joven no conducen al éxito; desperdicia su herencia y finalmente se convierte en un sirviente contratado, con el degradante trabajo de cuidar a los cerdos, e incluso envidiarlos por las vainas de algarroba que comen.

En puede leerse "El que ama la sabiduría alegra a su padre, pero el que se junta con rameras desperdicia sus riquezas".

Cuando regresa, su padre trata al joven con una generosidad mucho mayor de la que él tiene derecho a esperar.

El filósofo judío Filón de Alejandría escribió en el :

En el midrash Pesikta Rabbati, del , se dice:

El hijo mayor, por el contrario, parece pensar en términos de "ley, mérito y recompensa" en lugar de "amor y bondad". Representan a los fariseos que criticaban a Jesús.

En el midrash Leviticus Rabbah, de entre el y , contiene un breve dicho que coincide con el carácter de la parábola:

Los últimos versículos de la parábola resumen el relato de acuerdo con la enseñanza judía de las dos formas de actuar: el camino de la vida (obediencia) y el camino de la muerte (pecado).Jewish Encyclopedia: Didache Dios, según el judaísmo, se alegra y concede más gracias a los pecadores arrepentidos que a las almas justas que no necesitan arrepentimiento.Kohler, Kaufmann, and Max Schlesinger. 2011 . "Repentance (Hebr. "teshubah")" Jewish Encyclopedia

El hijo menor se dirige hacia su padre, aunque se siente indigno de él. El padre, sin saber todavía nada del cambio del actitud del hijo, se llena de emoción, lo abraza y lo besa. Tras pronunciarse el hijo arrepentido, el padre le pone un anillo, que según , y es signo de autoridad. También le pone las sandalias, que eran el calzado del hombre libre.

Junto con la parábola de la oveja perdida y la parábola de la moneda perdida, esta es la última de las tres parábolas sobre la pérdida y la redención que Jesús dice después de que los fariseos y los líderes religiosos le acusen de recibir a pecadores y comer con ellos.Longenecker, Richard N. 2000. The Challenge of Jesus' Parables. MI: Eerdmans. . pp. 201–13. El gozo del padre descrito en la parábola refleja el amor divino: la "misericordia ilimitada de Dios",Hahn, Scott, Curtis Mitch, and Dennis Walters. 2001. Gospel of Luke: The Ignatius Study Guide (2nd ed.). Ignatius Press. . p. 51. y "la negativa de Dios a limitar la medida de su gracia".

Interpretación de católicos

El obispo Justus Knecht hizo la siguiente reflexión:

El jesuita Roger Baxter, en sus Meditaciones para cada día del año, escribió:

En 1980 el papa Juan Pablo II habló de esta parábola en su segunda encíclica, titulada Dives in misericordia.John Paul II. 1980. "Rich in Mercy" (encyclical). Vatican: Libreria Editrice Vaticana. En 1984 el mismo pontífice escribió su exhortación apostólica Reconciliatio et paenitentia, donde usaba esta parábola para explicar el proceso de conversión y la reconciliación. Enfatizaba en que Dios Padre es "rico en misericordia" y siempre está listo para perdonar. Definió la reconciliación como "un regalo de su parte". El papa afirmó también que para la Iglesia su "misión de reconciliación es la iniciativa, llena de amor compasivo y de misericordia, de ese Dios que es amor".Catholic Church. 1998 . "Post-Synodal Apostolic Exhortation: Reconciliation and Penance of John Paul II." Vatican: Libreria Editrice Vaticana. . pp. 234–39. Retrieved 20 May 2020.

Personajes de la parábola El Hijo pródigo Es sobre quien gira la historia aparente, pues es quien hila las tres escenas de esta parábola: el pecado (desobediencia, rebeldía), el arrepentimiento (sufrimiento, necesidad) y el perdón (misericordia, amor, cariño). Representa y trasciende de un caso particular a una situación general, el de la humanidad pecadora y descarriada que se ha olvidado de Dios y la religión. Su entrada comienza informándonos que es el menor de dos hermanos y que le pide al padre su parte de la herencia. Teológicamente, podría interpretarse a dicha herencia como los dones y la gracia que Dios pone en cada uno de nosotros, por lo que la escena rememora el Jardín del Edén en el momento de la caída en el pecado. El hijo exige poder utilizar esa riqueza (dones y gracia) con libertad para usarla sin la voluntad de su padre. Posteriormente se señala que malgasta esa herencia viviendo como un libertino e irresponsable. O sea, su pecado no está tanto en la reclamación de su riqueza, sino en la libertad mal utilizada de la misma (derroche, libertinaje), que lo lleva al fracaso. Esto enseña que el pecado y la vida de libertinaje llevan al hijo pródigo, en un acto desesperado, a cometer un acto abominable y, como consecuencia, empeora más su situación. Para la comunidad judía de ese tiempo, el cerdo era un animal inmundo, tal como se describe en la ley de Moisés (Levítico 11,7), a punto tal que ni siquiera se podía criar.

Esta parábola describe posteriormente la escena del arrepentimiento. Tras la vida de derroche y libertinaje, el hijo cae en la miseria y reflexiona acerca de su provecho personal y cae en cuenta que le traerá mayor bienestar regresar donde el padre que seguir por su cuenta. Aquí hay varios aspectos muy interesantes desde una perspectiva teológica. En primer lugar, refleja que las desgracias que provoca el pecado no son castigos divinos, sino resultado de las malas acciones que siempre acaban mal. Por otro lado, refleja una actitud interesada en la conversión. Es decir, se arrepiente racionalmente y no sentimentalmente. Va buscando un provecho personal y no la santidad en sí. De ahí que prepare una disculpa para el padre en la que le pida que lo acepte como trabajador. Parte de regreso a casa de su padre y encuentra en este un perdón incondicional. Se puede decir que su verdadera conversión, el arrepentimiento real, ocurre en este momento, pues ve en la actitud del padre desinterés y amor, principales características de una verdadera conversión. Esta conversión ocurre al acudir a Dios y al arrepentirnos de las malas acciones de nuestra vida.

Padre misericordioso thumb|right|Regreso del hijo pródigo (Leonello Spada, museo del Louvre) Este es verdaderamente el personaje central de la parábola. Representa a Dios Padre y fundamentalmente su atributo de misericordia. Desde el comienzo de la parábola se nos lanza una enseñanza, el padre tenía dos hijos. Aquí los dos hijos representan a la humanidad entera, uno a los pecadores que se alejan de la voluntad del Padre y el otro a los que se someten a esta, pero ambos son merecedores de la herencia paterna.

La otra aparición del padre es la manifestación de su plena misericordia. Al ver a su hijo que regresa, sale a buscarlo corriendo y, antes de que diga palabra alguna, lo abraza y lo besa. En esta imagen se explica cómo Dios, incluso sabiendo que la conversión no es completa y que puede haber un trasfondo, sale en busca de aquel que lo necesita y lo llama, aceptándolo sin reprocharle su descarrío o su indiferencia anterior. Por otra parte, en su diálogo con su primogénito se transluce cómo Dios no descuida a aquellos que lo han seguido justamente y cómo ante el pecado de los justos su reclamo es tierno pero firme.

Primogénito El hijo mayor es el personaje que menos participa en la parábola. Representa a los hijos de Dios que se consideran a sí mismos justos y fieles, y que dicen someterse en todo a la voluntad del Padre. El verdadero sentido de este personaje es mostrar como los fieles de Dios también caen en el pecado, en este caso los celos. Representa muy bien a los fariseos y escribas a los que Jesús le hablaba. Al reprocharle al padre lo que le hace a su hermano en comparación con lo que ha hecho por él se muestra que también en su obediencia existía un móvil interesado.

Enseñanza fundamental Esta parábola transmite una enseñanza tanto para los fariseos y escribas como para los pecadores y publicanos. Hoy en día puede decirse que sirve de enseñanza para los fieles cristianos y para el resto de las personas.

A los primeros les muestra su debilidad ante la tentación. Indica que el pecado de soberbia puede alojarse fácilmente en ellos por profesar una fe. Al mismo tiempo transluce que la fe cristiana no consiste solamente en participar en ritos y liturgias sino en practicar la misericordia y no juzgar a los demás. En relación con los segundos consiste en una invitación a la conversión. Así se les muestra las consecuencias del pecado y de las malas acciones, la importancia de un verdadero arrepentimiento y la misericordia de Dios que todo lo perdona.

En las artes

Artes plásticas thumb|250px|left|El retorno del hijo pródigo de Rembrandt.