La Rebelión de los Comuneros, también denominada insurrección o levantamiento de los comuneros, fue un movimiento armado reaccionario que se creó por la implementación de reformas fiscales y económicas del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, en el marco del reformismo borbón en América durante el gobierno del Rey Carlos III. Movimiento dispersado por la Real Audiencia de Santa Fe el 16 de marzo de 1781 por medio de un acuerdo llamado las Capitulaciones de Zipaquirá, que sería después desconocido por el virrey del reino Manuel Antonio Flórez Maldonado.
Esta rebelión, liderada por Juan Francisco Berbeo en 1781, no buscaba una revolución independentista sino revertir los impuestos y las políticas impopulares impuestas por la autoridad virreinal en el Virreinato de la Nueva Granada, lo que hoy corresponde a Colombia. Los comuneros se levantaron principalmente contra los excesivos impuestos y la mala administración del gobierno, al grito de «viva el Rey y muera el mal gobierno». Aunque el movimiento no tenía carácter independentista, muestra el descontento que crecía en América frente a la administración española a finales del .
El Visitador Regente Tuvo su epicentro en la localidad de El Socorro, perteneciente a lo que hoy es el departamento de Santander.
La insurrección se desencadenó por la implementación de reformas fiscales y económicas del visitador Gutiérrez de Piñeres, acordadas en España junto al ministro José de Gálvez, en el contexto de la guerra de España con Gran Bretaña.
En el nivel virreinato implicaron una mayor carga fiscal sobre la población, el avance sobre ciertos privilegios y exenciones y la restricción del cultivo de tabaco y aguardiente favoreciendo al fabricado en España, lo que afectó sensiblemente a los productores locales. Estas medidas alimentaron un clima generalizado de descontento que se cristalizó en la insurrección y se dirigió especialmente contra las autoridades locales que implementaron las reformas.
Para garantizar los cobros se hizo la figura del Visitador Regente, que en principio debía ser un jefe administrativo del virrey, pero que en la práctica iba más allá. Los primeros nominados eran funcionarios muy de la confianza de la Corona (especialmente de sus ministros). La regencia de la Nueva Granada se entregó a Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres. La actitud en búsqueda de ingresos fiscales emprendida por este regente provocó en 1781 la rebelión de los Comuneros.
La insurrección de 1781 150px|thumb|izquierda|Xilografía de Juan Francisco Berbeo en libro Los comuneros: historia de la insurrección de 1781 de Manuel Briceño (1880). Aunque ya en 1752 y entre 1764 y 1767 habían estallado motines contra el monopolio del aguardiente, fueron las medidas tomadas a fines de la década de 1770, las que provocaron que el nuevo levantamiento tomara una magnitud sin precedentes. En 1779 una fuerza de 1500 indígenas se rebelaron pero resultaron dispersados.
En los últimos meses de 1780 hubo motines contra los guardas de la renta del tabaco en Simacota, Mogotes y Charalá, pero la cabeza del movimiento fue la ciudad del Socorro, donde el 16 de marzo de 1781, en día de mercado, unos hombres encabezados por José Delgadillo, Roque Cristancho, Ignacio Ardila, Miguel de Uribe, Pablo Ardila y otros que al ritmo de un tambor gritaban frente a la casa del alcalde José de Angulo y Olarte que no pagarían los impuestos, y este les intentaba disuadir desde el balcón de la residencia junto a Salvador Plata, reconocido personaje del Socorro. Durante el griterío una mujer se acercó a la puerta de la residencia donde estaba fijado el edicto del visitador Gutiérrez de Piñerez y lo arrancó. Esa mujer era Manuela Beltrán, que rompió el edicto referente a las nuevas contribuciones a los gritos de «viva el Rey y muera el mal gobierno. No queremos pagar la armada de Barlovento». Los Comuneros reunidos en El Socorro recibieron el Manifiesto Comunero que llegó de Simacota, escrito por Fray Ciriaco de Archila, dominico que vivía en su convento de Santa Fe de Bogotá.
|200px|thumb|derecha|Cuadro del arzobispo virrey Antonio Caballero y Góngora, por Pablo Antonio García del Campo, . En sus comienzos los protagonistas visibles eran los pobres, tanto mujeres como hombres. Las revueltas comenzaron luego a ser dirigidas por personas un poco mejor ubicadas social y económicamente (comerciantes, carniceros, pequeños agricultores) y la rebelión tomó forma. La presión logró que algunos hombres de prestigio se comprometieran en ella.
Como general de los insurrectos fue elegido el terrateniente Juan Francisco Berbeo, regidor local, en asocio de Salvador Plata, Antonio Monsalve, y Francisco Rosillo, quienes constituyeron la junta llamada “El Común” de donde les vino el nombre de “Comuneros”. Se reunieron en el Socorro cerca de 4000 hombres de la Provincia de Tunja que marcharon en dirección a Santafé (hoy Bogotá). Las pretensiones iniciales buscaban reducir impuestos y dar mayor participación a los criollos.
En el camino se agregaron voluntarios de otras poblaciones hasta completar un cuerpo de o hombres y en el Puente Real (hoy Puente Nacional), cerca de Vélez, se encontraron con la pequeña tropa de 80 soldados enviada desde Santafé a órdenes del oidor José Osorio y del capitán Joaquín de la Barrera y Francisco Ponce, quienes no pudieron interrumpir el avance de los comuneros. En Santafé gobernaba Gutiérrez de Piñerez porque el virrey se encontraba el Cartagena de Indias. El regente convocó a una Junta de tribunales con la real audiencia de oidores y cabildantes donde Ponce dio su versión de lo sucedido, alarmando a toda la ciudad, se determinó que el regente debía irse a Honda para reunirse con fuerzas del Virrey. Mientras el regente Gutiérrez de Piñeres salía en precipitada marcha hacia Honda, y luego Cartagena de Indias,
Las Capitulaciones de Zipaquirá
El 13 de mayo la junta de tribunales de Santafé envía al arzobispo de Santa Fe y nombra a dos comisionados para salir al encuentro con los comuneros, estos fueron: Antonio Caballero y Góngora, Arzobispo de Santa Fe. Joaquín Basco y Vargas, Oidor de Santa Fe. Eustaquio Galavís, el alcalde de Santa Fe.
miniaturadeimagen|200px|thumb|izquierda|Cuadro del corregidor de Santa Fe, Eustaquio Galavís Hurtado del Águila, por Joaquín Gutiérrez, . El 25 de mayo fue recibido en Zipaquirá Juan Francisco Berbeo y al enterarse de la fuga del visitador Gutiérrez de Piñeres ordenó a su comandante José Antonio Galán a perseguirle con el título de comandante y capitán de la tropa del Socorro, y desde un principio Galán no estaba dispuesto a firmar las capitulaciones así que se separó con un pequeño grupo y asaltó los envíos de armamento de virrey haciendo que Gutiérrez partiera para Cartagena.
El 27 de mayo acamparon comuneros a los alrededores de Zipaquirá, divididos por capitanes, de los pueblos de Barichara, Charalá, Carare, Cocuy, Confines, Cheva, Chita, Chima, Chocontá, Firavitoba, Garagoa, Gachetá, Gámeza, Guacamayas, Guadalupe, Hatoviejo, La ubita, Leiva, Lenguazapaque, La Vega, Moniquirá, Monguí, Nimaima, Neusa, Nocaima, Oiba, Ocamonte, Onzaga, Pezca, Páramo, Pacho, Paipa, Puente real, Pinchote, Ráquira, Robada, Riachuelo, Santarosa, Sogamoso, Serinza, Samacá, Sócota, Sincelada, Sotaquirá, Santana, Suta, Sesquilé, Sutamarchar, Suaita, Socorro, San Gil, Tenza, Tibasosa, Tibirita, Topagá, Tasco, Toca, Tota, Tunja, Ventaquemada, Valle y Zapatoca.
Berbeo iba acompañado de sus capitanes Monsalve, Rosillo y Molina y de su consejo de ocho miembros compuesto por cuatro diputados de Tunja Fernando Pabón y Gallo, Juan Salvador Rodríguez de Lago, Juan Bautista de Vargas, Justo de Medina, José Simón Villareal, Javier Tello, Juan de Azuero y Nicolás José de Vezga.
También se incorpora Ambrosio Pisco, descendiente de los Zipas junto a unos indígenas que fue recibido con música y cohetes en Nemocón. Al enterarse los demás indígenas se reúnen y concurren a un homenaje, estos fueron los indígenas de Chia, Bogotá, Guatavita, Guasca, Tabio, Tenjo y Suba. Allí lo declaran, en contra de su voluntad, como Señor de Chia y Príncipe de Bogotá y después de unas deliberaciones se pone a disposición de Berbeo.
En junio el gobierno virreinal, con el cabildo y la real audiencia de Santafé acordó trasladar a unos representantes a Zipaquirá y designó a 4 capitanes con el título de capitanes de los moradores de Santafé y con ellos una comisión de oficiales reales, ayudantes y negociadores. El arzobispo (y después virrey) Antonio Caballero y Góngora ayudó en las negociaciones con su presencia y sus discursos a la muchedumbre.Phillip, Charles; Axelrold, Alan (2007). “Comunero's Revolt in New Granada”. Modern World History Online. Juan Francisco Berbeo exigió que los tunjanos lideraran las negociaciones por parte de los insurrectos. +Comisión enviada para negociar las Capitulaciones de Zipaquirá Precedidas por el Arzobispo de Santa Fe Antonio Caballero y GóngoraCapitanes de Santa FeFrancisco de Vergara Azcárate (Capitán General) Fiscal y Regente del Tribunal de CuentasIgnacio de Arce Fiscal y Contador Mayor de la Real AudienciaFrancisco Sanz de Santamaría Abogado de la Real AudienciaJorge Miguel Lozano Marqués de San JorgeNicolás Bernal Rigueiro Abogado de la Real AudienciaOficiales RealesJoaquín Basco de Vargas Oidor de Santa FeJuan Francisco Pey RuizManuel RevillaPedro de UgartePedro Catani Oidor decano de Santo DomingoJosé Groot de Vargas Exalcalde de Santa FeJuan Manuel de ZornosaManuel Silvestre MartínezEustaquio Galavís Alcalde de Santa FeJuan Manuel de SarrateaJuan de MoraNicolás de LastraNicolás Prieto DávilaManuel Aranzazuguitis Escribano RealAyudantes de la comisiónFrancisco de TordecillasJosé de BalagueraFelipe Miguel de Céspedes 21 personas, 27 cargas de equipaje.
A mediados de mayo de 1781 el arzobispo Caballero y Góngora accedió a la firma del documento (aunque él mismo no rubricó lo pactado con los comuneros, sino que lo hicieron los capitanes de Santa Fe, el alcalde Galavís y el oidor Vasco) que fue llamado las Capitulaciones de Zipaquirá. Este nombre se le dio por estar el documento dividido en capítulos y no porque la firma de los insurrectos
Las capitulaciones constaban de 35 puntos, 25 concretaban la supresión y reducción de tributos; 8 se referían a cuestiones administrativas y los 2 restantes, aunque discriminatorios, eran de aspecto político. Entre otros, los puntos más destacados del documento fueron:
Derogación o disminución de los impuestos que no habían sido consultados con la población. De forma unánime, se exigió la eliminación del tributo de la Armada de Barlovento, y la disminución en las tarifas de las contribuciones sobre el tabaco y el aguardiente. Devolución de algunos resguardos y minas de sal a los indígenas, reducción de la tarifa de sus tributos y la derogación del diezmo. Restitución de los criollos en algunos cargos públicos que habían sido ocupados por los españoles después de las reformas borbónicas, y que se les permita mantener milicias comuneras Eliminación del tributo que debían pagar los negros libertos.
thumb|200px|izquierda|Cuadro de Jorge Miguel Lozano de Peralta, marqués de San Jorge, por Joaquín Gutiérrez, 1775. Las capitulaciones fueron enviadas a Santa Fe con la comisión aclarando que se debían hacer cambios y reformas. Se reunieron en la casa del Cabildo el arzobispo con los capitanes Jorge Miguel Lozano, Francisco Vergara Azcárate, Francisco Sanz de Santamaría, Nicolás de Bernal y los comisionados Basco y Galavís a discutir los artículos pero una muchedumbre se reunía al rededor de la plaza de la capital por rumores que decían que los estaban traicionando. Luego los comuneros enviaron al capitán Ignacio Tavera para que presenciara el juramento de la junta de tribunales de Santa Fe con el fin de calmar a las masas.