Diego López V de Haro (c. 1250 - Algeciras, enero de 1310), apodado el Intruso, fue un magnate y ricohombre castellano. Era hijo de Diego López III de Haro, señor de Vizcaya, y de Constanza de Bearne.

Fue señor de Vizcaya, y llegó a desempeñar los cargos de mayordomo mayor del rey y alférez del rey Fernando IV de Castilla, y el de adelantado mayor de Castilla. Fue el fundador de la villa de Bilbao, a cuya aldea pesquera escogió y adelantó con cartas de villa y puerto mercantil libre de tributo real y por consiguiente correspondiente solo al señorío de Vizcaya y su autoridad.

Fue bisnieto del rey Alfonso IX de León.

Orígenes familiares Era hijo de Diego López III de Haro, señor de Vizcaya, y de su esposa, Constanza de Bearne, y sus abuelos paternos fueron Lope Díaz II de Haro, señor de Vizcaya, y Urraca Alfonso de León, hija ilegítima del rey Alfonso IX de León. Por parte materna era nieto de Guillermo II de Bearne, vizconde de Bearne, y de Garsenda de Provenza.

Fue hermano, entre otros, de Lope Díaz III de Haro, que fue señor de Vizcaya a la muerte del padre de ambos, y también de Teresa de Haro, que contrajo matrimonio con Juan Núñez I de Lara, señor de la Casa de Lara.

Biografía Juventud Se desconoce su fecha exacta de nacimiento, aunque debió de ocurrir alrededor del año 1250. En junio de 1282 contrajo matrimonio en la ciudad de Toledo con la infanta Violante de Castilla, que era hija del rey Alfonso X de Castilla y de la reina Violante de Aragón. El mismo día en que se celebró este matrimonio el infante Sancho de Castilla, que llegaría a reinar como Sancho IV, se casó también en la misma ciudad con María de Molina. Sin embargo, conviene señalar que en 1283 el papa Martín IV se opuso a la celebración de ambos matrimonios por razones de consanguinidad, ya que en el caso de Diego López V de Haro este último era primo segundo de su esposa por ser los dos bisnietos del rey Alfonso IX de León.

Conviene señalar que este matrimonio reforzó aún más los lazos de sangre existentes entre la familia Haro, que eran los propietarios del señorío de Vizcaya, y los monarcas castellanos, pues Lope Díaz III de Haro, el hermano mayor de Diego, estaba casado con Juana Alfonso de Molina, que era hermanastra de la reina María de Molina, y el infante Juan de Castilla se casó en 1287 con María Díaz de Haro, que era hija de Lope Díaz III de Haro y sobrina carnal por tanto de Diego López V de Haro. El historiador José Manuel Nieto Soria señaló que con este matrimonio el infante Sancho, que fue quien lo concertó y que se había rebelado contra su padre, Alfonso X, pretendía conseguir el apoyo del «importante linaje» de los Haro para su causa.

Su hermano mayor, Lope Díaz III de Haro, fue el privado de Sancho IV de Castilla y fue nombrado conde por este último. Entre finales de agosto de 1284 y finales de abril de 1288, aproximadamente, Diego López V de Haro desempeñó el cargo de alférez del rey Sancho IV de Castilla. En 1287 ejerció el cargo de adelantado mayor de Castilla, y el 12 de marzo de ese mismo año resolvió un pleito a favor del convento de San Pedro de Gumiel, aunque para resaltar su parentesco con la familia real castellana ordenó que en el documento de la sentencia se colocara su propio sello y el de su esposa, la infanta Violante de Castilla.

Actuaciones durante la minoría de edad de Fernando IV de Castilla (1295-1301) 330px|thumb|María de Molina presenta a su hijo Fernando IV en las Cortes de Valladolid de 1295. Óleo sobre lienzo de Antonio Gisbert Pérez. 1863. (Congreso de los Diputados de España). El día 25 de abril de 1295, falleció el rey Sancho IV de Castilla y aprovechándose Diego López de Haro de los disturbios de la Corte en la minoría de Fernando IV de Castilla, se apoderó del señorío de Vizcaya, que pertenecía a María Díaz de Haro. A las luchas incesantes con la nobleza castellana, capitaneada por los infantes Juan de Castilla el de Tarifa, que reclamaba el trono de su hermano Sancho IV, y por el infante Enrique de Castilla el Senador, hijo de Fernando III de Castilla y tío de Fernando IV, que reclamaba la tutoría del rey, se sumaba el pleito con los infantes de la Cerda, apoyados por Francia y Aragón y por su abuela la reina Violante de Aragón, viuda de Alfonso X. A ello se sumaron los problemas con Aragón, Portugal y Francia, que intentaron aprovechar la situación de inestabilidad que atravesaba el reino de Castilla y León en su propio beneficio. Al mismo tiempo, Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, Nuño González de Lara, y Juan Núñez de Lara, entre otros muchos, sembraban la confusión y la anarquía en el reino.

En el verano de 1295, terminadas las Cortes de Valladolid de 1295, a Diego López V de Haro se le confirmó la posesión del señorío de Vizcaya, y al infante Juan, que aceptó momentáneamente como soberano a Fernando IV en privado, se le restituyeron sus propiedades.

Diego López V de Haro convirtió la aldea marítima de Bilbao en villa el 15 de junio de 1300.

Durante las Cortes de Valladolid de 1300 el infante Juan de Castilla el de Tarifa renunció a sus pretensiones al trono, no obstante haber sido proclamado rey de León en 1296, y prestó público juramento de fidelidad a Fernando IV y a sus sucesores, el día 26 de junio de 1300. A cambio de su renuncia al señorío de Vizcaya, cuya posesión le fue confirmada a Diego López V de Haro, María Díaz de Haro y su esposo, el infante Juan, recibieron Mansilla, Paredes de Nava, Medina de Rioseco, Castronuño y Cabreros. Poco después, María de Molina y los infantes Enrique y Juan, acompañados por Diego López V de Haro, sitiaron el municipio de Almazán, pero levantaron el asedio por la oposición del infante Enrique.

Actuaciones durante la mayoría de edad de Fernando IV de Castilla (1301-1310) En noviembre de 1301, hallándose la corte en la ciudad de Burgos, se hizo pública la bula por la que el papa Bonifacio VIII legitimaba el matrimonio de la reina María de Molina con el difunto rey Sancho IV de Castilla, siendo por tanto sus hijos legítimos a partir de ese momento. Al mismo tiempo, se declaró la mayoría de edad de Fernando IV. Con ello, el infante Juan de Castilla el de Tarifa y los infantes de la Cerda perdieron uno de sus principales argumentos a la hora de reclamar el trono, no pudiendo esgrimir en adelante la ilegitimidad del monarca castellano-leonés.

El infante Enrique de Castilla el Senador, molesto por la legitimación de Fernando IV por el papa Bonifacio VIII, se alió con Juan Núñez de Lara, señor de la Casa de Lara, a fin de indisponer y enemistar a Fernando IV con su madre, la reina María de Molina. A ambos magnates se les unió el infante Juan de Castilla, quien continuaba reclamando el señorío de Vizcaya en nombre de su esposa, María Díaz de Haro. Ese mismo año el infante Enrique, aliado con Diego López V de Haro, reclamó al rey Fernando IV, en compensación por abandonar el cargo de tutor del rey, y habiendo chantajeado previamente a la reina con declarar la guerra a su hijo si no accedían a sus deseos, la posesión de las localidades de Atienza y de San Esteban de Gormaz, que le fueron concedidas por el rey.

En 1302 se acentuó la rivalidad existente entre el infante Enrique de Castilla el Senador, María de Molina y Diego López V de Haro de un lado, y el infante Juan de Castilla el de Tarifa y Juan Núñez de Lara del otro. El infante Enrique amenazó a la reina con declarar la guerra a Fernando IV y a ella misma si no se accedía a sus demandas, al tiempo que los magnates procuraban eliminar la influencia que María de Molina ejercía en su hijo, a quien el pueblo comenzó a dejar de estimar, debido a la influencia que los ricoshombres ejercían sobre él. En los meses finales de 1302, la reina, que se hallaba en Valladolid, se vio obligada a aplacar a los ricoshombres y a los miembros de la nobleza, que planeaban levantarse en armas contra Fernando IV, quien pasó las navidades de 1302 en tierras del reino de León, acompañado por el infante Juan y por Juan Núñez de Lara.

A comienzos de 1303 había una entrevista prevista entre el rey Dionisio I de Portugal y Fernando IV, confiando este último en que su primo el rey de Portugal le devolvería algunos territorios. Por su parte, el infante Enrique de Castilla el Senador, Diego López V de Haro y la reina María de Molina se excusaron de asistir a dicha entrevista. El propósito de la reina al negarse a asistir era vigilar al infante Enrique y al señor de Vizcaya, cuyas relaciones con Fernando IV eran tensas debido a la amistad que el monarca dispensaba al infante Juan y a Juan Núñez de Lara. En mayo de 1303 se celebró la entrevista entre Dionisio I de Portugal y Fernando IV en la ciudad de Badajoz. El infante Juan y Juan Núñez de Lara predispusieron a Fernando IV en contra del infante Enrique y del señor de Vizcaya, al tiempo que las concesiones ofrecidas por el soberano portugués, quien se ofreció a ayudarle si fuera preciso contra el infante Enrique de Castilla el Senador, decepcionaron al rey Fernando IV.

En 1303, mientras el rey se encontraba en Badajoz, se reunieron en Roa el infante Enrique, Diego López V de Haro y don Juan Manuel, y acordaron que don Juan Manuel se entrevistaría con el rey de Aragón. Este último acordó con don Juan Manuel que los tres magnates y él mismo deberían reunirse el día de San Juan Bautista en el municipio de Ariza. Después, el infante Enrique comunicó sus planes a María de Molina, que se encontraba en Valladolid, con el propósito de que ella se uniera a ellos. El plan del infante Enrique consistía, en que Alfonso de la Cerda se convirtiese en rey de León y se desposase con la infanta Isabel, hija de María de Molina, al tiempo que el infante Pedro, hermano de Fernando IV, sería proclamado rey de Castilla y se desposaría con una hija de Jaime II de Aragón. El infante Enrique manifestó que su intención era lograr la paz en el reino y eliminar la influencia del infante Juan y de Juan Núñez de Lara.

Dicho plan, que hubiera supuesto la disgregación de los territorios del reino de Castilla y León, así como la renuncia al mismo, forzosa u obligada, de Fernando IV el Emplazado, fue rechazado por la reina María de Molina, que se negó a secundar el proyecto y a entrevistarse con el soberano aragonés en Ariza. Fernando IV, mientras tanto, suplicaba a su madre que pusiese paz entre él y los magnates que apoyaban al infante Enrique, quienes volvieron a suplicar a la reina que apoyase el plan del infante, a lo que ella se negó. Mientras se celebraban las Vistas de Ariza, la reina recordó al infante Enrique y a sus acompañantes la lealtad que debían a su hijo, así como los grandes heredamientos con que les había dotado, consiguiendo con ello que algunos caballeros abandonasen Ariza, sin secundar el plan del infante Enrique. Sin embargo, el infante Enrique, don Juan Manuel y otros caballeros se comprometieron a hacer la guerra al rey Fernando IV, así como a que le fuera devuelto el reino de Murcia al reino de Aragón, y a que el reino de Jaén le fuese entregado a Alfonso de la Cerda. Sin embargo, mientras la reina María de Molina reunía los concejos y estorbaba los propósitos del infante Enrique, éste enfermó de gravedad y hubo de ser trasladado a su villa de Roa. Ante la enfermedad del infante Enrique, la reina, temerosa de que sus señoríos y castillos pasasen a ser de Don Juan Manuel y de Lope Díaz de Haro, a quienes el infante planeaba legar sus posesiones a su muerte, persuadió al confesor del infante, así como a sus acompañantes, de que le convencieran para que a su muerte sus bienes revirtieran a la Corona, a lo que el infante se negó, pues no deseaba que sus bienes pasasen a poder de Fernando IV. El día 8 de agosto de 1303 falleció el infante Enrique.