Un hipogrifo es una criatura imaginaria híbrida, de apariencia mitad caballo y mitad grifo, que se asemeja a un caballo alado con la cabeza y los miembros anteriores de un águila. Su figura quizás provenga del bestiario fabuloso de los persas y de su simurgh, a través del grifo.

Su origen es evocado por el poeta latino Virgilio en sus Eglogas. Si alguna vez fue representado en la Edad Antigua y bajo los merovingios, es claramente nombrado y definido por primera vez en la obra de Ludovico Ariosto, el Orlando furioso, a inicios del . En este poema épico de caballería, inscrito en la continuidad del ciclo carolingio, el hipogrifo es una montura nacida naturalmente del apareamiento de una yegua y de un grifo, extremadamente rápido y capaz de volar alrededor del mundo, montado por magos y por nobles héroes, como el paladín Ruggiero que liberó a la bella Angélica sobre su lomo. Símbolo de impulsos incontrolados, el hipogrifo llevó a Astolfo hasta la luna. El éxito de este poema permite que la figura y el nombre del hipogrifo sean retomados en otras historias del mismo tipo.

Algunas veces representados en blasones en heráldica, el hipogrifo se convirtió en un tema artístico, ampliamente ilustrado por Gustave Doré en el . Al igual que muchas criaturas legendarias, retornó en las obras modernas y, en particular, en los juegos de rol, en los videojuegos, así como también en novelas de fantasía. La saga Harry Potter lo ha popularizado vivamente a través del personaje de Buckbeak.

Etimología El término «hipogrifo» proviene del italiano ippogrifo, nombre empleado por Ariosto en 1516. Esta palabra proviene, a su vez, del griego antiguo ἵππος / híppos, que significa «caballo», y del italiano grifo que significa «grifo» (del latín o ) y designa a otro animal fabuloso, suerte de águila en cuerpo de león, descrito como el padre del hipogrifo. La palabra fue adoptada por el idioma inglés bajo la forma «hippogriff» un poco antes de 1615.

Orígenes El antiguo posible origen del hipogrifo no es reconocido por unanimidad entre los especialistas contemporáneos. De hecho, esta criatura no es nombrada, ningún mito o leyenda la incorpora (a diferencia del grifo o del simurgh) antes de su aparición en Orlando furioso. La posición mayoritaria entre los especialistas (entre otros, el historiador ecuestre Marc-André Wagner) es considerar al hipogrifo como una creación de Ariosto en la continuidad del ciclo carolingio, a inicios del y a fines de la Edad Media. Jorge Luis Borges cita, por ejemplo, sin ambigüedad a Ariosto como el inventor del hipogrifo, al igual que los autores del Webster's 1828 American Dictionary No obstante, las representaciones artísticas próximas del hipogrifo son atestiguadas desde la Antigüedad.

Representaciones artísticas La supuesta representación más antigua del hipogrifo habría sido encontrada en las islas Baleares por los pisanos que la llevaron a su ciudad al regreso de la conquista de esas islas, época en la cual se construyó el domo de la catedral de Pisa. Conocido bajo el nombre de «Hipogrifo del Campo Santo», fue ubicado sobre el campanario del este. Así como lo reprodujo Jacques Paul Migne, esta representación es diferente al hipogrifo medieval: medía 69 centímetros de altura, sus alas y su cabeza se parecían a las de un águila o a las de un gallo, pero su parte inferior tenía formas análogas a las de un perro y sus patas estaban armadas de garras. Le faltaba una cola, pero se piensa que debía representar a una serpiente. La parte superior del cuerpo estaba cubierta de escamas de peces y un gran número de figuras. Considerado como un ídolo o talismán obra de los árabes, el hipogrifo del Campo Santo habría podido tener una función de oráculo.

En la época galo-romana y merovingia, se encuentran varias representaciones de híbridos de caballo y de rapaz, pero su significación sigue siendo muy oscura. Una moneda galo-griega combina un caballo-ave con la esvástica, símbolo de la rueda en movimiento. El hipogrifo merovingio difiere de la representación de Ariosto en que se trata de un équido con pico de rapaz y con cascos en forma de garras.

Vínculos con el Simurgh

thumb|left|Capiteles de columnas en Persépolis representan homa.|alt=La foto muestra una escultura con dos cabezas de rapaces pegadas espalda a espalda y patas anteriores de león. Entre el bestiario mítico de los persas, un animal ocupa un lugar particular por su importancia en el curso de la historia, del lejano Elam hasta los safávidas (en el Shahnameh de Ferdousí) pasando por los aqueménidas (en Persépolis, por ejemplo), luego los sasánidas. Se trata del Simurgh o Simorgh, un animal fabuloso igualmente conocido bajo el nombre de homa, que se encuentra en el origen primigenio del mito del pájaro rokh de los árabes y del grifo (cuyo nombre proviene del persa) y, por consecuencia, citado como posible origen del hipogrifo. El Simorgh era una criatura gigantesca alada, capaz de llevar sin esfuerzo a un elefante en sus garras. A veces descrito como el equivalente oriental del hipogrifo; sin embargo, no tiene más que dos garras, incluido en las representaciones del Shahnameh, donde aparece el personaje de Rostam. Además, su origen es divino y juega un rol claramente de potencia guía, contrariamente al hipogrifo que es descrito como una montura de origen natural en los textos de Ariosto.

En Grecia antigua thumb|right|Olimpia, placa de bronce amartillada y recortada. Grifo amamantando a su cría. Taller peloponeso, 630-620 a. C. Las orejas de caballo están claramente visibles.|alt=Placa que representa un animal mitad león mitad águila, sentado con el pico abierto.

Durante la Antigüedad griega y según Cassandra Eason, los grifos e hipogrifos (sin que este último fuera nombrado explícitamente) serían muchas veces confundidos y ambos tendrían un origen persa, prestados de la mitología del Simorgh. El grifo está formado basándose en el águila, y el león, con lo cual combina sus potencias respectivas. Asociado al sol en numerosos culturas, tira del carro de Apolo, según la mitología griega y presenta la particularidad de ser él mismo en parte hipomorfo en ciertas representaciones, porque porta orejas de caballo. Ciertos autores del piensan que el hipogrifo estaba relacionado con el culto de Apolo, proveniente del Oriente, sin que se supiera si este animal mítico estaba vinculado a Apolo en tanto que dios de las Musas. Así, el mito del hipogrifo habría llegado a Europa por mediación de los griegos.

Un «pájaro a cuatro patas», cercano a la descripción de un hipogrifo y del hipalectrión aparece en el Prometeo encadenado de Esquilo, como una montura del Océano.

La idea del caballo alado y de criaturas quiméricas está presente en la época de la Antigua Grecia, como lo prueba el mito de Pegaso, caballo alado que lleva el rayo, con el hipogrifo medieval presente de numerosas similitudes morfológicas y simbólicas, el hipalectrión, híbrido mitad caballo y mitad gallo, y desde luego el grifo, híbrido mitad águila y mitad león, que lleva a menudo una cresta de aletas y orejas de caballo.

En la Antigua Roma En la literatura latina se encuentra una evocación del origen del hipogrifo, más tarde reutilizado por Ariosto, bajo la pluma de Virgilio en sus Eglogas:

Virgilio considera que la unión de los grifos con los jumentos era un mal presagio y, según Jorge Luis Borges, significa «la imposibilidad o la incongruencia»

Mario Servio Honorato, gramático del , cuyo comentario sobre Virgilio In tria Virgilii Opera Expositio ha sido perennizado, añade que los grifos son mitad águila y mitad león, habitan en los Monter hiperbóreosApolo pasó en ellos los meses de invierno, porque el sol tenía la reputación de brillar constantemente sobre la Hiperbórea. y son los enemigos formidables de los caballos (hoc genus ferarum in hyperboreis nascitur montibus [...] equis vehementer infesti), sin duda para dar más fuerza a su relato. Jorge Luis Borges agrega que la locución Jungentur jam grypes equis, es decir, «cruzar grifos con yeguas», se volvió proverbial con el tiempo gracias a este comentario.

Entre los temas de combates entre animales figuran en adornos de oro de los escitas, se encuentran grifos atacando a caballos, lo que permite suponer que el apetito del grifo por el caballo ya era conocido. El propio hipogrifo es descrito (pero no nombrado) por Plinio el Viejo, en su Historia natural.

El hipogrifo en la literatura thumb|upright=1.7|Ilustración de Orlando furioso por Girolamo Porro en 1584. París, Biblioteca Nacional de Francia.|alt=La imagen representa numerosas escenas con una criatura mitad caballo y mitad ave. A partir de la Chanson de Roland y otros materiales de la Edad Media, Ariosto da al hipogrifo sus cartas de nobleza en la literatura. Para los autores del , esta criatura se convirtió un poco en el «Pegaso de la Edad Media»Véase, y

Orlando furioso

thumb|upright=1.4|left|Ilustración del Orlando furioso, grabado sobre madera, 1566, Montpellier, Médiathèque centrale d’agglomération Émile Zola. Fue gracias al escritor y poeta italiano Ludovico Ariosto (1474-1533), quien empleó por primera vez el nombre de ippogrifo en su célebre Orlando furioso, que esta criatura pasó a la posteridad. Jorge Luis Borges remarca que «esta descripción parece escrita como para un manual de zoología fantástica»:

Ariosto fue el primero en realizar una descripción tan completa de lo que el llama varias veces un «caballo alado» sin darle nombre preciso y que posee, como su padre el grifo, la cabeza de un águila y las patas de adelante armadas de garras poderosas y afiladas. El resto de su cuerpo es parecido al de su madre, la yegua, con una grupa y una cola de caballo.

Rol del hipogrifo en el texto Según el Orlando furioso, se verían algunos hipogrifos, pero en cantidad pequeña, en los montes Ripeos sobre los mares glaciales. Gracias a su paciencia, su arte y su aplicación, el mago Atlante logró atraer a uno fuera de su manada para domarlo. Un mes le fue necesario para habituar al hipogrifo a su brida y a ser montado. Luego, el animal se deja montar por donde lo guíe su amo. Atlante montó a este animal para raptar a jóvenes y encontrar enemigos a abatir en tierra, las excursiones de este encantador desolaron día y noche la comarca. Más tarde, Atlante fue vencido por Bradamante y el hipogrifo comenzó a vagar sin dejar que nadie se le acerque, con excepción del caballero Ruggiero quien lo monta a horcajadas. Se trata de una trampa tendida por el encantador quien desea alejar a Ruggiero de Europa, por lo que el caballero queda a merced de los caprichos del animal fabuloso. Luego, consulta a un sabio quien le dice que le enseña a llevar al hipogrifo con una clavija en torno del cuello a fin de hacerlo voltear y detenerse. A lo largo de numerosas aventuras que lo llevan a diversos países volando a la velocidad del viento, Ruggiero salva a la princesa Angélica de un monstruo marino. Tras haber volado miles de kilómetros en línea recta, el hipogrifo y Ruggiero se posan sobre una bella isla exótica y el caballero viajero Astolfo obtiene esta montura, para su gran alegría. El hipogrifo, cuya función es permitir viajar por todo el mundo, lo conduce a la luna y luego al paraíso terrestre. Finalmente, el hipogrifo es liberado y se echa a volar en el cielo. No se le vuelve a ver nunca más.

Interpretaciones