Las Jornadas de Julio de 1917 fue el nombre que recibieron las protestas armadas respaldadas por los anarcocomunistas y los bolcheviques, finalmente fracasadas, que trataron de derrocar al Gobierno provisional ruso y traspasar el poder a los sóviets (consejos) en julio de ese año. Estas protestas se produjeron al mismo tiempo que tenía lugar una crisis gubernamental por la dimisión de los ministros kadetes del Gobierno, lo que dejó la gestión de la crisis en manos de los dirigentes defensistas del Sóviet de Petrogrado, principalmente de los mencheviques.
Las protestas, debidas a una mezcla de descontento por el empeoramiento de la situación económica, agitación radical y oposición a la reanudación de las operaciones militares entre otros factores, se produjeron en medio de una crisis gubernamental desencadenada por la dimisión de los ministros kadetes. Las manifestaciones fueron un síntoma del amplio descontento con el desempeño del Gobierno de coalición social-liberal y del deseo de que el Sóviet tomase la iniciativa en la aplicación de reformas.
Las marchas, multitudinarias, se sucedieron a lo largo de tres días en los que los manifestantes, atizados por algunos cuadros socialrevolucionarios de izquierda, anarquistas y bolcheviques, exigieron con vehemencia pero inútilmente a los dirigentes del Sóviet de Petrogrado que derrocasen al Gobierno Provisional Ruso y tomasen el poder, con la intención de poner en marcha amplias reformas. El rechazo frontal de los socialistas moderados a aceptar esta exigencia y la falta de una dirección política alternativa hicieron fracasar las protestas, apoyadas en el último momento y con bastante renuencia por la dirección bolchevique. La falta de apoyo a las manifestaciones en las provincias, el de las tropas del frente al Sóviet y el respaldo tardío de algunas unidades militares de la capital a este tras publicarse dudosas acusaciones de connivencia de Lenin con los alemanes permitieron a los dirigentes del Sóviet poner fin a las protestas y recuperar el control de la capital.
El aplastamiento del intento de golpe de Estado supuso un debilitamiento temporal del partido de Lenin que, sin embargo, resurgió con fuerza a finales de verano y quedó rehabilitado durante el golpe de Kornílov a comienzos de septiembre. El Sóviet de Petrogrado, cúspide del sistema de sóviets del país instaurado durante la Revolución de Febrero y controlado por los socialistas moderados, se negó a tomar el poder como exigían los manifestantes, contribuyendo decisivamente al fracaso de la intentona. El resultado de las protestas supuso una victoria pírrica para los defensistas, que disfrutaban aún de un respaldo mayoritario para sus posiciones en las provincias; ante la falta de reformas y la imposibilidad de formar una nueva coalición que las pusiese en marcha, su fuerza se fue tornando en debilidad a lo largo del verano y del otoño.
Antecedentes Crisis gubernamental El acuerdo reconociendo la autonomía de Ucrania de los ministros del Gobierno provisional ruso enviados a Kiev con los representantes de la Rada Central Ucraniana —que excedía las instrucciones del Gobierno— sirvió de justificación y pretexto para que los ministros kadetes abandonasen al Gobierno el . La relación entre los ministros socialistas y los liberales había sido tensa desde el principio y había empeorado con el tiempo, especialmente tras la renuncia de Aleksandr Konoválov el y el acoso del también kadete Aleksandr Manúilov. Los kadetes estaban descontentos con la incapacidad de sus colegas socialistas del gabinete para moderar las exigencias de los trabajadores y restaurar la disciplina militar en el Ejército. El desacuerdo sobre el tratamiento de Ucrania y los nacionalismos del antiguo imperio —con el Sóviet dispuesto a realizar ciertas concesiones a los nacionalistas mientras los kadetes se negaban a ello y exigían posponer la cuestión hasta la reunión de la Asamblea constituyente— representó entonces el motivo final de la ruptura entre ambos grupos. La dimisión de los ministros kadetes produjo una nueva crisis de Gobierno, que parecía conducir a la formación de un nuevo Consejo de Ministros exclusivamente socialista, posibilidad deseada por los bolcheviques pero rechazada por los mencheviques. Estos deseaban formar un nuevo Gobierno liberal-socialista, pero que excluyese a las principales figuras kadetes, el principal partido liberal, con los que habían cooperado con gran dificultad en el primer Gobierno de coalición. Para ganar tiempo en el que resolver la crisis, Tsereteli propuso que fuese el Comité Ejecutivo Central Panruso (VTsIK), elegido en el Primer Congreso Panruso de los Sóviets, el que tratase el asunto; dado que su reunión llevaría al menos tres semanas, su convocatoria otorgaba a los políticos tiempo para resolver las posibles dificultades de formar un nuevo gabinete. Los planes de Tsereteli se vieron truncados por los acontecimientos inesperados que tuvieron lugar en la capital.
Crisis social y económica A las esperanzas de cambio frustradas, se unieron la oposición a la guerra y la preocupación por la agudización de la crisis económica como razones principales para que una parte creciente de la población, especialmente de los obreros urbanos y de las unidades militares de la retaguardia, exigiese el traspaso del poder gubernamental a los sóviets y, con ello, la aplicación de amplias y rápidas reformas que mejorasen las condiciones de obreros, campesinos y soldados y se pusiese fin a la guerra.
Ofensiva militar y descontento entre la guarnición Ante la inminencia de la nueva Ofensiva de Kérenski, que se consideraba reforzaría a las fuerzas burguesas del Gobierno Provisional Ruso y que los soldados de la guarnición de Petrogrado temían porque supondría su envío al frente, las organizaciones del Partido Bolchevique sopesaron la posibilidad de llevar a cabo manifestaciones armadas contra el Gobierno, exigiendo el traspaso del poder político a los sóviets y el inmediato comienzo de negociaciones de paz.Rabinowitch (1991), p. 57. Anarquistas y bolcheviques agitaban a las tropas contra el Gobierno. Como sucedió en diversas ocasiones en 1917, el Comité central bolchevique se dividió en dos sobre la conveniencia de convocar las marchas, con una fracción favorable encabezada por Lenin y una opuesta que incluía a Grigori Zinóviev y Lev Kámenev ().
Por otro lado, numerosos soldados mayores de cuarenta años mostraron su intenso descontento porque se los devolviese al frente para participar en la nueva ofensiva militar después de que se los hubiese enviado anteriormente a sus hogares para que participasen en la siembra. Esta renuencia a regresar al frente condujo en algunas localidades a disturbios.
Convocatoria de manifestación armada y anulación La inquietud de la guarnición ante su posible traslado al frente y la intención de bolcheviques y anarcocomunistas de aprovechar el descontento para acabar con el Gobierno provisional se plasmaron en rumores que el llegaron al Sóviet de Petrogrado y al Gobierno, que envió patrullas militares a las calles.Rabinowitch (1991), p. 72. El día anterior, el Primer Congreso Panruso de los Sóviets había aprobado por amplia mayoría apoyar al Gobierno de Gueorgui Lvov. Al día siguiente, el Congreso discutió el llamamiento de los bolcheviques, a través de una proclama escrita por Stalin, a manifestarse, mientras el Sóviet de Petrogrado enviaba delegados a las fábricas y los cuarteles para contrarrestar la proclama y evitar la manifestación.Rabinowitch (1991), p. 75. Reunión política en la gran fábrica Putílov, cuyos obreros respaldaron mayoritariamente la manifestación armada contra el Gobierno provisional ruso.|thumb|right Ante la actitud hostil del Sóviet, la delegación bolchevique en el mismo convenció a Lenin para volver a votar sobre la conveniencia de mantener la convocatoria de reunión.Rabinowitch (1991), p. 77. La delegación temía ser expulsada del Sóviet de Petrogrado y quedar aislada políticamente. Debido a la ausencia de delegados de la Organización Militar y del comité local, más favorables a la convocatoria, la duda de Lenin, y el cambio de voto de Zinóviev, se canceló el llamamiento y se enviaron rápidamente delegados para comunicar el cambio de postura. La anulación de las marchas en el último momento dejó a numerosos trabajadores y soldados descontentos.
Postura del Consejo A pesar de haber desconvocado la manifestación, las figuras más favorables a la colaboración con el Gobierno, como Irakli Tsereteli, Nikolái Avkséntiev o Aleksandr Kérenski, defendieron en el Consejo la necesidad de desarmar a los bolcheviques, propuesta que se encontró con la oposición de parte del Consejo y fue finalmente rechazada.Rabinowitch (1991), p. 84. La moción de Fiódor Dan, más moderada, de condenar la acción de los bolcheviques y prohibir futuras manifestaciones que no contasen con el permiso del Consejo recibió el respaldo mayoritario (). En la misma sesión y como muestra de fuerza del Consejo, de conciliación con los bolcheviques y para encauzar el descontento de parte de la población, el Consejo aprobó convocar su propia manifestación, pacífica y desarmada, para el .Rabinowitch (1991), p. 97. La manifestación se organizó en favor de la paz sin indemnizaciones ni anexiones, de la autodeterminación de los pueblos y de la unidad del movimiento revolucionario. La presidencia defensista deseaba utilizar la manifestación para mostrar el apoyo popular a la coalición social-liberal gobernante y a la ofensiva militar.
Los bolcheviques emplearon los días previos a la manifestación en una amplia campaña, sin igual entre las demás formaciones políticas, para introducir sus lemas de la manifestación anulada en la nueva convocada por el Consejo y obtuvieron un gran respaldo en fábricas y cuarteles.Rabinowitch (1991), p. 104. Bolcheviques, anarquistas y socialrevolucionarios de izquierda trataban de convertir la convocatoria en una muestra de repulsa a la guerra, al Gobierno y a favor del traspaso del poder a los sóviets.
Manifestación del 1 de julio y ofensiva militar La manifestación del convocada por el consejo capitalino, que acabó mostrando más la fuerza de los partidos radicales que la del propio Sóviet de Petrogrado.|thumb|right La manifestación resultó un éxito de movilización, con más de cuatrocientos mil participantes, pero demostró la fuerza de los lemas bolcheviques, que inundaron la marcha, más que la del Consejo y su política moderada hacia el Gobierno.Rabinowitch (1991), p. 106. La manifestación, convocada para reforzar la postura favorable a la colaboración con los partidos burgueses en el Gobierno, se convirtió en prueba de la intensidad del deseo de traspasar el poder a los consejos y derrocar a los ministros liberales.
El mismo día de la manifestación, se desencadenó la última ofensiva del Ejército ruso en la guerra mundial, la ofensiva Kérenski, que, tras unas primeras victorias, mostró la desorganización y la oposición a continuar combatiendo de la mayoría de las unidades. La victoria inicial se convirtió en pocos días en derrota militar y política, que hundió el programa revolucionario-defensista y agudizó la crisis gubernamental que caracterizó el verano de 1917.
A pesar de la fuerza aparente de la postura de bolcheviques y anarcocomunistas, el Lenin se mostró contrario a intentar tomar el poder prematuramente sin contar antes con una mayoría en los consejos.Rabinowitch (1991), p. 122. Sin esta, sostuvo Lenin, la toma del poder sería precipitada y efímera. El objetivo del partido no debía en ese momento tomar el poder derrocando al Gobierno, sino hacerse con el control de los consejos, en los que recaería pronto el poder por el creciente desprestigio del Consejo de Ministros, que aumentaba desde el comienzo de la Ofensiva Kérenski.
Aumento de la tensión en la capital