La Campaña fluvial y naval en la independencia de la Nueva Granada también denominada como la segunda campaña del Magdalena, es la denominación a un conjunto de operaciones realizadas durante 1819 y 1821 como parte de la independencia de Colombia. Fueron ofensivas realizadas por el gobierno de la República de la Gran Colombia contra las fuerzas realistas que guarnecían los puertos del río Magdalena y del mar Caribe: Mompox, Barranquilla, Santa Marta, Cartagena de Indias y Riohacha. Estas expediciones fueron un éxito que garantizó el suministro de armas y de comercio para la naciente república.

Antecedentes Fidelismo en la región Durante la independencia de Colombia, las ciudades realistas de Santa Marta y Riohacha lucharon contra los patriotas, inicialmente provenientes de su rival, Cartagena de Indias. El historiador Carlos Payares González dice que el conflicto entre ambas ciudades puede dividirse en dos etapas: 1810-1815 y 1816-1821, siendo el punto de inflexión la llegada de la expedición del mariscal de campo Pablo Morillo. Su colega Adelaida Sourdis Nájera prefiere dividir la guerra de independencia de Nueva Granada y Venezuela en los mismos períodos. Centrándose en las acciones marítimas, en la primera fase la armada de las Provincias Unidas, principalmente el Estado de Cartagena, enfrentó a Santa Marta, mientras que en la segunda la armada de la Gran Colombia lentamente expulsó a los realistas de la región.

Como consecuencia de la guerra, se hizo más fuerte la «esencia "monárquica-fidelista"» de los samarios hasta volverlos, junto a los pastusos, «ciudades "mecas del realismo" o "fidelismo absolutista"». Sus habitantes apoyaron ferozmente la causa realista por tradicional respeto a la figura del rey y a la Iglesia católica. La élite samaria partidaria de la independencia era muy escasa y no pudieron doblegar la burocracia y oficialidad españolas que vivían en el puerto. Además, parte de esa aristocracia eran funcionarios o familias de origen peninsular y con poca influencia de las ideas ilustradas. Contaron con el apoyo de los caribes de Bonda y Mamatoco y los taironas de Ciénaga y Gaira, a pesar de que en varias veces anteriores los patricios locales y gobernadores españoles entregaron a gente de castas tierras de los indios a fin de ganar su favor. Los taironas de Taganga también apoyaron a la monarquía al final del conflicto. Solo los nativos arahuacos de Malambo fueron partidarios de los patriotas. En la provincia de Riohacha, tanto funcionarios como indios fueron monárquicos, pero estos últimos, al contrario de los samarios, jamás se enlistaron en las milicias. En 1813 la villa permaneció fiel al rey a pesar del levantamiento de vecinos e indios, llegando a enviar tropas al valle del río Cesar, donde los pueblerinos se opusieron a la declaración de independencia de Valledupar.

El historiador estadounidense Charles Tilly sostuvo que para el surgimiento de una «insurgencia contrarrevolucionaria» eran clave que las tradiciones y estructuras sociales fueran vitales para la población, lo que sucedía en Santa Marta como en la famosa Vandea francesa. En cambio, para que apareciera una «insurgencia revolucionaria» en sitios donde hay mayor dinámica social, mayores ritmos de cambio y poco peso de la estructura social previa.

Fueron los guajiros (wayús) los que encabezaron la causa en esa zona. Jamás fueron sometidos por las autoridades españoles, pero gracias al intercambio cultural se volvieron ganaderos, algo ideal para ellos, pues la península de la Guajira era muy seca para la agricultura, lo que disminuía el interés por colonizarla. También eran seminómadas que se mudaban según las estaciones del año. Aunque hubo conflictos por la resistencia a los misioneros y las revueltas guajiras, con las consecuentes campañas de castigo españolas, la violencia era limitada. Lentamente, gracias al comercio y los concubinatos, guajiros y colonos se fueron integrando, creando una dependencia mutua basada en lazos económicos y familiares a finales del . Los que vivían en la zona entre el istmo y la orilla norte del río Ranchería estaban más mestizados e involucrados en la política criolla que sus parientes del norte de la península. El control de la Guajira era vital porque permitía movilizar guerreros y daba acceso a puertos naturales desde donde introducir armas a la región. Los indios intercambiaban ganado y madera por licor, ropa y armas de fuego a contrabandistas, especialmente holandeses.

Situación previa El 10 de agosto de 1819, el Jefe Supremo Simón Bolívar entraba en Santafé de Bogotá, tres días después de su victoria en Boyacá. En pocos meses, los patriotas se apoderaron de las provincias de Pamplona, Tunja, Socorro, Bogotá, Antioquia, Mariquita, Neiva y la mayor parte de Popayán. En respuesta, los realistas se replegaron al Valle del Cauca y al Bajo Magdalena y la costa atlántica neogranadina, donde controlaban los estratégicos puertos de Cartagena y Santa Marta, lo que les permitía bloquear la llegada de suministros de los mercaderes británicos y los ingresos de la aduana a los valles del interior. Así, en 1819 se iniciaba una nueva etapa de la guerra de independencia en la costa atlántica, la que acabaría tres años después con la derrota de los monárquicos.

Ejército patriota El historiador colombiano Armando Martínez Garnica afirma que en la campaña contra Santa Marta se movilizaron 3000 patriotas, la mitad reclutados en Cartagena y el resto en el interior, en Cundinamarca. Unos 800 hombres fueron incorporados en Sabanilla, Barranquilla y Soledad. Para el ataque final contra Santa Marta las fuerzas reunidas por Brión y Padilla en mar y Carmona y Carreño en tierra sumaban al menos 2000 hombres según el historiador noruego Stein Saether. Su colega colombiano Joaquín Viloria de la Hoz afirma que las fuerzas terrestres eran 2000 infantes, 400 jinetes, la mayoría llaneros venezolanos, y artillería. En el , los colombianos José Manuel Restrepo y Carlos Benedetti calculaban a los republicanos a 1300 en tierra y 650 transportados en el mar. Feliciano Montenegro Colón, pedagogo venezolano, reduce el número a 1000 soldados en tierra apoyados por 20 cañoneras.

Respecto al asedio de Cartagena, el llamado Ejército del Norte, acampado en Pamplona antes de iniciar la campaña, sumaba 2500 hombres según Restrepo, aunque la mayoría eran reclutas. En cambio, el historiador argentino Bartolomé Mitre los eleva a 3000 efectivos después que cayeran Riohacha y Santa Marta. Tomás Cipriano de Mosquera, estadista colombiano, apoyaba la cifra de Restrepo sobre el Ejército del Norte, aunque también menciona que otros 1000 hombres se preparaban para atacar Riohacha. En cambio, el militar colombiano Pedro Julio Dousdebés Aguilar, sostenía que después del desastre en Turbaco, los patriotas tenían para el asedio un contingente de 1350 plazas organizadas en 400 del batallón Girardot, más de 300 del Antioquia, 150 lanceros dragones y 500 supervivientes de Turbaco.

Ejército realista Restrepo afirma que Sámano resistía con 2000 hombres en la costa caribeña de la Nueva Granada, apoyándose en la plaza fortificada de Cartagena y sus recursos almacenados. En cambio, Mosquera sostiene que en el litoral neogranadino y el Istmo estaban el regimiento de León, los batallones Cataluña, el Del Rey y dos de Albuera y artillería, unas 3400 plazas; 300 soldados de caballería y 1000 milicianos de Santa Marta, Cartagena, Ciénaga y Mompox.

Desde 1815, para la defensa de Santa Marta se organizaron importantes fuerzas: «Organizados para contrarrestar los embates de las fuerzas emancipadoras dichos escuadrones estarían conformados por dos mil hombres con una manutención mensual de veinticinco mil pesos fuertes». Coincide con una estimación expresada por Tomás Montilla: «No se trata, señor, de bandas de samarios, ni guerrillas de mil ó dos mil hombres».

Respecto a la guarnición de Cartagena, Dousdebés Aguilar dice que los realistas tenían «poco menos de 1.200 hombres y el buen armamento de la plaza» o «1.150 realistas». Sobre la guerrilla de Los Colorados, según las Noticias históricas de la ciudad y provincia de Ocaña, publicada originalmente en 1924 por el historiador Justiniano Páez, sumaba unos 1500 hombres en 1820: «los hombres pacíficos se vieron compelidos a ingresar en aquellas hordas semisalvajes que llegaron a formar un ejército de más de 1.500 hombres, los cuales mantuvieron en constante zozobra a todo el cantón de Ocaña durante varios años». Estos combatientes fueron reclutados en los pueblos vecinos a la ciudad homónima en una compañía miliciana voluntaria.

El brigadier Ruiz de Porras intentó recuperar Riohacha y defender Santa Marta, en la primera operación fuentes de la época estiman en 2000 realistas que se concentraron en Ciénaga y luego atacaron. El historiador colombiano Nicolás González Chaves apoya dicha cifra, aunque su colega y compatriota, Restrepo, la reduce a 1500 en la batalla, lo que es respetado por Saether.

Respecto a la hueste que Ruiz de Porras presentó en Ciénaga para detener a los republicanos en su avance a Santa Marta, en las Reminiscencias de los oficiales ingleses del batallón de Rifleros en las campañas de Bolívar, en las guerras de la independencia de Colombia, obra escrita en inglés por Tomás Carlos Wright, irlandés quien era capitán durante esta campaña militar, se afirmaba que «Las fuerzas del enemigo alcanzaban arriba de 2.000 hombres, pero en gran parte consistían aquellas en guerreros indios del país». La mayoría de eruditos apoyaba números similares, como Restrepo (1500), Benedetti (1900), González Chaves (2000) y Saether (1800). Solamente Montenegro Colón eleva la cifra hasta los 3000 defensores.

Operaciones Fracaso en Riohacha izquierda|miniaturadeimagen|327x327px|Retrato del almirante Luis Brión, por Antonio Esteban Frías, 1913. El 5 de octubre de 1819, cerca de 200 mercenarios irlandeses y 3 buques británicos desembarcaron en Riohacha al mando del general de división Gregor MacGregor, sin embargo, como su comandante se negó a poner pie en tierra hasta que la ciudad estaba asegurada fue considerado un cobarde y su autoridad se vio mermada. De esta forma, no hizo nada para restablecer la disciplina y sus soldados empezaron a saquear la ciudad. Entre tanto, el gobernador realista de la villa, coronel José de Solís, había huido al interior. El 11 de octubre, apoyado por los capitanes Clemente Iguarán y Miguel Gómez y sus milicias de guajiros contraatacó. Los vecinos de Riohacha, furiosos por los abusos cometidos por los irlandeses, se unieron a los monárquicos. MacGregor abandonó a sus soldados, tomando su equipaje y botín en un barco que zarpó al comenzar la lucha, un ejemplo seguido por otros oficiales. Solís fue implacable e hizo fusilar a decenas de prisioneros en Valledupar el 12 de noviembre. También castigo a los vecinos de los que sospechaba habían ayudado a MacGregor. Esta primera expedición, mal organizada, sólo sirvió para generar odio a la causa republicana entre los habitantes de la región.

Planes republicanos Después de este desastre, se planificación una operación con los siguientes pasos: apoderarse del delta del Magdalena, tomar Santa Marta, bloquear Cartagena por mar y apoderarse de Maracaibo.

Bolívar ordenó una ofensiva contra la región caribeña en cuatro ejes de ataque. El primero, debía atacar la costa a cargo del coronel Mariano Montilla; el segundo conquistaría Mompox, el Bajo Magdalena y las sábanas de Corozal bajo las órdenes de los tenientes coroneles José María Córdova y Hermógenes Maza; el tercero partiría de Ocaña directamente a Santa Marta y sería encabezado por los coroneles Jacinto Lara y José María Carreño; y el cuarto atacaría los puertos de Maracaibo, Santa Marta y Cartagena al mando del capitán de navío José Prudencio Padilla.

Toma de Riohacha