La Cuestión Christie (Questão Christie) fue un grave conflicto diplomático entre el Imperio del Brasil y el Reino Unido. Iniciado en 1862 por las acciones del cónsul británico William Dougal Christie, llevó en 1863 a la ruptura de relaciones entre ambos estados, las que solo se restablecerían en 1865.
Antecedentes La aplicación del Tratado para la supresión de la trata de esclavos (Slave Trade Suppression Act, también llamada Bill Aberdeen) del 8 de agosto de 1845, y la aprobación de la ley Eusebio de Queiroz (4 de septiembre de 1850) destinada a frenar el tráfico de esclavos a Brasil, tuvo como resultado en la práctica una intensificación de la trata y el crecimiento del sentimiento antibritánico en Brasil. Si bien el líder conservador Eusébio de Queirós había defendido ante los legisladores la necesidad de tomar por sí mismos la decisión de poner fin al tráfico y preservar así la imagen de nación soberana, no se ocultaba a la opinión pública el papel de Gran Bretaña.
Pese a que con el tratado las tensiones entre ambos países habían disminuido a raíz de la terminación (o más bien reducción) del tráfico negrero, la percepción del acuerdo como una humillación nacional influiría en los futuros acontecimientos.
El naufragio del Prince of Wales El 2 de abril de 1861 el mercante británico Prince of Wales zarpó de Glasgow, Escocia, con destino a la ciudad de Buenos Aires, Argentina, con cargamento de carbón, cerámica, tejidos, aceite y vino.
Entre los días 5 y 8 de junio de 1861 el buque encalló en la costa de la entonces provincia de Rio Grande do Sul, en una región desértica de playas peligrosas a la altura del faro de Albardão, a 87 km de la barra del Arroyo Chuy.
En la tarde del 12 de junio el Juez de Paz del distrito de Albardão, Bento Venancio Soares comunicó al cónsul británico en Río Grande, Henry Prendergast Vereker, que se habían encontrado varios cuerpos en la costa víctimas de un naufragio.Foreign Office, British and foreign state papers, 1863-1864, Volumen LIV, p.579/637
Sospechando que se trataría de un buque británico, Vereker inició averiguaciones y el 14 pudo identificarse el barco por un papel hallado a una de las víctimas, por lo que en la mañana del 16 se hizo presente en la escena del naufragio, donde se encontraba ya a 10 hombres armados de la subdelegación de policía de la cercana Tahim a cargo de Faustino José da Silveira, cuñado de Bento Soares. Allí pudo comprobar que muchos de los barriles habían sido recientemente forzados y vaciados de su contenido. El subdelegado Delfino Francisco Goncalvez le informó que se habían encontrado y sepultado diez cuerpos, ocho hombres, una mujer y una niña, pudiéndose identificar solo el del comandante del navío, John McKinnon.
El 20 de junio escribió al juez de paz de Río Grande Antonio Estevão de Bittencourt e Silva y a Joaquim Antão Fernandes Leão, presidente de la provincia, reclamando por la «culpable negligencia de las autoridades locales» y manifestando sus sospechas de que los náufragos hubieran sido asesinados por los saqueadores.
thumb|140px|Lord John Russell, 1° Earl Russell Los despachos de Vereker al secretario de Asuntos Exteriores Earl RussellCanciller (Secretary of State for Foreign and Commonwealth Affairs) en el gabinete de Lord Palmerston, considerado el primer gabinete liberal. pronto tuvieron respuesta. El 5 de septiembre el gobierno británico respondía al cónsul en Río Grande que «Es evidente a partir de su despachos que ha habido negligencia grave, si no mala conducta por parte de las autoridades locales de Brasil, y que incluso hay razones para sospechar que el saqueo de la carga, y de los efectos de los pasajeros, e incluso el el asesinato de algunos de los supervivientes del naufragio, han sido el resultado de que la negligencia». Seguidamente, se le comunicaba que el encargado de negocios en Río de Janeiro recibiría instrucciones de presionar a las autoridades imperiales.
Lord Russell dispuso también que el secretario de la legación de Río Evan P.M. Baillie transmitiera sus órdenes a la Estación Naval del Atlántico Sur, comandada por el contralmirante Richard Laird Warren, para que pusiera a disposición de Vereker la fuerza naval necesaria para acompañar sus gestiones.
A mediados de septiembre las investigaciones habían logrado detener solo a uno de los partícipes del saqueo, un indio llamado Mariano Pinto y señalar a otro, Manuel Maria Rodrigues, quien había huido al Uruguay. El delegado local de policía y juez municipal Antonio Ferreira Garcez y el subdelegado de Tahim manifestaban carecer de recursos y de toda colaboración de los vecinos quien se negaban aún a comparecer como testigos. Afirmaban carecer por completo de pruebas e incluso consideraban al «desafortunado indio Mariano Pinto (...) uno de los menos culpables porque no ocultó lo robado y de inmediato se entregó al inspector».
De la investigación surgía que si bien el 9 de junio se difundió la noticia del naufragio, los vecinos interesados en ocultar el saqueo lo comunicaron al inspector más cercano, que residía a 6 leguas del sitio, recién en la noche del día 11. El funcionario notificó al subdelegado de Tahim y se acercó al sitio del siniestro el siguiente día. Recién el 14 de junio tomó conocimiento oficial el delegado de policía.
El 17 de octubre Fernandes Leão debió dejar la presidencia del estado de Río Grande do Sul en manos del vicepresidente Patrício José Correia da Câmara, pero para comienzos de diciembre las nuevas investigaciones encargadas por Correia da Câmara al jefe de policía Darío Rafael Callado no habían arrojado nuevos resultados. Callado reiteraba las dificultades en encontrar a los verdaderos culpables y afirmaba que los sospechosos habían ya huido al Uruguay.
Pese a la opinión contraria de Vereker, y a instancias de Earl Russell, el embajador británico en Río de Janeiro William Dougal Christie instruyó al almirante Warren para que dispusiera el envío al área de una fuerza naval.
El 31 de marzo, convoyada por la HMS Oberon, la fragata HMS Sheldrake arribó a Río Grande conduciendo al capitán Thomas Saumarez, del HMS Forte (51 cañones), para colaborar con Vereker, a quien condujo el 4 de abril a Porto Alegre para entrevistarse con el nuevo presidente, Francisco de Assis Pereira Rocha, quien el 16 de enero de 1862 había reemplazado a Correia da Câmara.
A partir de ese momento creció la participación de Christie en el conflicto. Su contraparte era el ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, Benevenuto Augusto Magalhães Taques (1818-1881), miembro desde el 10 de julio de 1861 del gabinete conducido por el conservador Luis Alves de Lima e Silva, Duque de Caxias. Christie tenía también «mucha confianza en la rectitud del presente Ministro de Justicia», Francisco de Paula Negreiros de Saião Lobato, pero no hubo avance alguno.
Ante la falta de avances, de común acuerdo con Vereker en abril Saumarez dejó Río Grande para reunirse con Warren en Montevideo, pero la decisión no fue del agrado de Russell, quien el 4 de julio envió una lacónica nota a Christie: «Tengo que ordenarle insistir en una adecuada investigación sobre las circunstancias del naufragio del barco Prince of Gales, y que un oficial británico debería estar en el terreno durante la investigación».
thumb|140px|Luis Alves de Lima e Silva, Duque de Caxias El 13 de mayo el ministro Taques informó a la Asamblea Legislativa. El 24 de mayo de 1862 la crisis había provocado la caída del Duque de Caxias y su reemplazo por Zacarias de Góis e Vasconcelos, quien nombró como canciller a Carlos Carneiro de Campos, 3° Visconde de Caravelas, y en Justicia a Francisco José Furtado. Sin embargo la vida del gabinete Zacarias fue breve: el 30 de mayo era reemplazado por Pedro de Araújo Lima, Marquês de Olinda, quien nombró a Miguel Calmon du Pin e Almeida, Marquês de Abrantes, en Relaciones Exteriores y a Caetano Maria Lopes Gama en Justicia.
Si bien buena parte de la opinión pública resentía la actitud británica, se reconocía que Albardão era «el barrio clásico de las depredaciones, los robos, asesinatos y estrangulamientos»Echo do Sul, edición del 7 de mayo de 1862. y que había habido delito e incapacidad del estado en responder al mismo: «No son los cañones Armstrong los que exigen una satisfacción sino el derecho de las naciones, el código que regula las relaciones internacionales. Las humillaciones de 1851 no pueden traerse a cuenta de lo que ahora sucede: donde entonces hubo abuso, ahora sólo hay un justo reclamo que debe ser satisfecho».Echo do Sul, edición del 10 de mayo de 1862.
Russell escribía a Christie 3 de julio manifestando que pese a que tenía «muy escasas esperanzas de arribar a una conclusión satisfactoria en este asunto» presionara al gobierno imperial para, más allá de hallar a los culpables, obtener compensaciones: «Exista o no culpabilidad de las autoridades locales de Brasil, no hay duda de que se ha cometido un atropello y que el asunto refleja el poco crédito que merece el estado de la civilización brasileña, por lo que en tales circunstancias parece natural que el Gobierno brasileño debería estar ansioso de conceder todas las reparaciones que estén a su alcance».
Incidente de la fragata Forte thumb|240px|Bahía de Río de Janeiro (ca.1840) thumb|240px|Entrada a la Bahía de Río de Janeiro (ca.1860) thumb|240px|Mapa de Río de Janeiro (1885) Pronto, un nuevo incidente agravaría aún más la situación entre ambas naciones.
Según declararían posteriormente, alrededor de las 19 horas del martes 17 de junio de 1862 el reverendo George Geoffrey Ward Clemenger, capellán de la fragata de 51 cañones HMS Forte, el teniente John Eliot Pringle y el guardiamarina Geoffrey Hornby, oficiales de la misma nave, todos de civil, regresaban de Tijuca y se dirigían a tomar el "machambomba", pesado carro de dos pisos, a Río de Janeiro cuando fueron detenidos por un centinela. El capellán fue interpelado y respondió "Ud.que quiere?", tras lo que el guardia lo detuvo con la culata de su fusil y lo amenazó con su bayoneta mientras llamaba a la guardia del puesto. Mientras el centinela golpeaba nuevamente con la culata de su fusil a Clemenger, el resto de los guardias se abalanzó sobre sus compañeros reduciendo al teniente Pringle que llevaba un bastón por toda arma y a Hornby.Foreign Office, British and foreign state papers, 1863-1864, Volumen LIV, p.639/649
Tras lo que los oficiales británicos coincidirían en calificar «el asalto más injustificable y brutal contra mi persona y libertad» fueron conducidos a la guardia, donde se identificaron ante el oficial de guardia y tras escribir una nota que el oficial se comprometió en entregar al consulado a primera hora del siguiente día, fueron confinados.
En la mañana del miércoles 18 fueron conducidos a pie a Río con una escolta de 7 policías, rechazándose el pedido de utilizar un carruaje que los británicos se ofrecieron a costear en razón de que «que a pesar de ser oficiales ahora eran presos comunes». Ya en una estación de policía de la capital, Pringle preguntó «al oficial si eran perfectamente conscientes de nuestra posición y nacionalidad, a lo que respondió de manera afirmativa». Nuevamente se tomaron sus datos y fueron confinados en una prisión «abarrotada de hombres de la más baja extracción social», donde permanecieron dos horas.
El capitán Thomas Saumarez de la HMS Forte se encontraba en tierra caminando con el capitán Arthur Robert Henry de la goleta de 6 cañones HMS Stromboli cuando a las 17 horas del miércoles 18 fue notificado que sus oficiales estaban en prisión.