miniatura|300px|Europa al iniciarse la guerra en 1914. thumb|300px|Formación militar griega desfilando bajo el Arco de Triunfo de París en el desfile de la victoria el 14 de julio de 1919.
Grecia durante la Primera Guerra Mundial sufrió grandes convulsiones políticas y económicas que marcaron el desarrollo del país durante el periodo de posguerra hasta la Segunda Guerra Mundial.
Tras comenzar el conflicto como nación neutral, el país se vio arrastrado a la contienda por la presión de los combatientes, produciéndose una intensa fractura política entre los partidarios de la intervención en la guerra del lado de la Triple Entente, simbolizados por el primer ministro Eleftherios Venizelos, y los que defendían el mantenimiento de la neutralidad, en general favorables a los Imperios Centrales, que se agrupaban en torno al rey Constantino I de Grecia. Las diferencias entre ambas facciones crearon el llamado «cisma nacional» que caracterizó la política del país en el periodo de entreguerras.
Aunque el país era oficialmente neutral, en octubre de 1915 admitió tropas de la Entente, que desembarcaron en el norte del país para socorrer a Serbia. Aunque la operación fracasó y Serbia fue ocupada por los Imperios centrales, las divisiones aliadas no se retiraron del territorio griego, lo que originó una situación contradictoria dada la neutralidad griega. La situación política se fue complicando a lo largo de 1916 y a finales de ese año dos Gobiernos rivales se disputaban el poder: el fiel a Constantino en Atenas y el leal a Venizelos en Salónica. El conflicto marcó gran parte de la primera mitad del siglo en Grecia.
La Entente se decidió por fin en noviembre a reconocer el Gobierno de Venizelos e intentar deshacerse de Constantino. El almirante francés Du Fournet desembarcó tres mil soldados el 1 de diciembre para ocupar ciertos puntos estratégicos sin esperar encontrar resistencia, pero los halló defendidos por los griegos. Se sucedieron los choques con las tropas de la Entente en la capital. Los Aliados impusieron el bloqueo del país el 8 de diciembre. Constantino se plegó a las exigencias aliadas y abdicó el 13 de junio de 1917. Venizelos tomó posesión de la Presidencia del Gobierno el 28 del mes y enseguida declaró la guerra a los Imperios Centrales. El bloqueo aliado que duró hasta la toma del poder por Venizelos empeoró intensamente la situación económica, que era desesperada cuando retomó el Gobierno de Atenas. La inflación cuadriplicó los precios entre 1914 y 1918.
El país seguía muy dividido políticamente pese a la reunificación oficial. Venizelos y sus partidarios pasaron a controlar la política nacional hasta noviembre de 1920, exiliando a sus principales adversarios. El régimen inconstitucional de Constantino dio paso a la dictadura efectiva de Venizelos. La entrada en la contienda no era popular y la movilización se encontró con el descontento de la población. Diversas dificultades retrasaron la formación de las nueve divisiones previstas, que no estuvieron listas hasta septiembre de 1918. La situación militar no cambió hasta entonces, cuando el jefe militar francés del sector logró romper las líneas enemigas.
Del Tratado de Sèvres con el Imperio otomano (10 de agosto de 1920) Grecia obtuvo las islas de Imbros y Tenedos, casi toda Tracia salvo Constantinopla y sus alrededores y el derecho a ocupar la región de Esmirna, con cerca de ochocientas mil personas de lengua griega. De estos territorios, solo logró conservar parte de Tracia. El Tratado de Lausana de 1923 sustituyó al de Sèvres. Se acordó un intercambio forzoso de poblaciones que hizo que alrededor de un millón trescientas mil personas pasasen a Grecia mientras que trescientos ochenta mil musulmanes marchaban a Turquía. El tratado marcó casi las fronteras definitivas del país (solo obtuvo luego el Dodecaneso, en 1947), que comenzó el período de entreguerras propiamente dicho en una grave situación social, con casi medio millón de refugiados —un quinto de la población nacional— en la miseria y todavía políticamente dividido entre venizelistas y antivenizelistas.
Antecedentes
Grecia había participado y salido victoriosa de las dos guerras balcánicas de 1912-1913 que casi le habían permitido doblar su territorio y población. Pero no lo había logrado por sí sola, sino de consuno con otros países de la región y al precio de granjearse la enemistad de dos de sus vecinos: el Imperio otomano y Bulgaria, dispuestos a despojarla de sus ganancias si tenían oportunidad. Como aliados contaba con Serbia y Rumanía, en los que podía confiar únicamente para defender el equilibrio de poder en los Balcanes —que tratarían de mantener por su propio interés—, pero no en caso de un conflicto con los otomanos.
El enemigo común de griegos y serbios era Bulgaria: ni Grecia estaba dispuesta a embarcarse en una guerra contra Austria-Hungría en defensa de sus aliados serbios ni estos en un conflicto con los otomanos por Grecia. Los lazos que unían a Grecia y Rumanía eran más débiles incluso.
En cuanto a las grandes potencias, pese a las simpatías del primer ministro Eleftherios Venizelos por la Triple Entente, el país no gozaba de alianzas firmes con ninguna. El propio Venizelos había evitado ligarse a ninguna desde el estallido de la primera guerra balcánica y luego, cuando a principios de 1914 intentó rubricar una alianza con los británicos para reforzar la posición griega en el Mediterráneo oriental, fracasó. Sus planes de establecer un liga rumano-turco-griega en favor de la Entente tampoco dieron fruto.
Por su parte el nuevo rey, que acababa de suceder a su padre en el trono griego, había tratado en vano de ligar al país a Alemania en el verano de 1913, reemplazar a Venizelos por otro ministro más favorable a los alemanes y sustituir la misión militar francesa destinada en Grecia por otra alemana. Las necesidades financieras griegas, que solo el capital francés podía satisfacer, frustraron los planes de Constantino. El Estado Mayor griego, sin embargo, compartía la inclinación del rey por Alemania.
Periodo de neutralidad inestable Belicistas y neutrales thumb|right|Movilización del ejército griego, verano de 1915.
En el país surgieron dos fracciones enfrentadas aunque con un objetivo expansionista común. Mientras que los partidarios de entrar en la guerra mundial del lado de la Entente, dirigidos por Venizelos, creían que una alianza con esta permitiría a Grecia anexionarse los territorios con población de cultura griega, especialmente en Asia Menor, y enfrentarse junto con los Aliados a Bulgaria en Macedonia, los favorables a mantener la neutralidad —ante la imposibilidad de tomar partido abiertamente por los imperios—, partidarios de los Imperios Centrales y reunidos en torno a la familia real (la reina era hermana del káiser Guillermo II de Alemania), estaban convencidos de que la campaña militar sería un desastre y desconfiaban del apoyo de la Entente frente a búlgaros y otomanos.
La actitud favorable a Alemania, opinaban, serviría para eliminar el peligro de un ataque búlgaro y moderaría la actitud del Gobierno de Estambul. Entre los defensores de esta postura se encontraban gran parte de los políticos que habían dominado la política nacional antes de la llegada de Venizelos en 1909. Cada uno de los grupos tenía al otro por falso e intrigante, lo que favoreció el ambiente de tensión y recelo entre ellos. La rivalidad entre Venizelos y el rey, sin embargo, no surgió debido a la guerra, sino que ya existía desde la ascensión al trono de este, en junio de 1913, debido al deseo de Constantino de aplicar una política muy diferente a la de aquel. Entonces Constantino había tratado de forjar una alianza con Alemania, a espaldas de Venizelos, proyecto que fracasó por la negativa de Alemania a la propuesta del monarca.
El Estado Mayor griego, fiel al monarca, se inclinaba hacia Alemania y sus aliados, tratando de debilitar la política del primer ministro favorable a la Entente. Uno de sus oficiales con más influencia en el monarca era Ioannis Metaxás. El rey también se inmiscuía en la política exterior del país, asegurando al káiser la neutralidad de Grecia incluso en el caso de una alianza germano-otomana, lo que llevó a los franceses a tratar de derrocar a Constantino por proalemán.
Neutralidad inicial miniaturadeimagen|izquierda|Mapa de los balcanes al estallar la guerra en 1914.
Como la mayoría de los Gobiernos europeos, el griego creyó en un principio que la crisis de julio se resolvería mediante la diplomacia y se evitaría la guerra. En consecuencia, el ultimátum austrohúngaro a Serbia del 23 de julio de 1914 lo sorprendió; de hecho, el primer ministro Venizelos no se hallaba entonces en el país, sino de camino a Bruselas para tratar con el gran visir otomano la cuestión de las islas del Egeo, que los dos países se disputaban. Venizelos intentó soslayar una posible petición serbia de ayuda en razón de la liga que unía a los dos países recomendando a los serbios que adoptasen una actitud conciliatoria con los austrohúngaros.
Grecia no entró en la contiendaen cuando finalmente estalló. Venizelos, primer ministro, y el rey Constantino acordaron mantener la neutralidad. La alianza de 1913 con Serbia obligaba a cada uno de los signatarios a acudir en auxilio del otro país en caso de agresión sin provocación, situación que, en opinión de los responsables políticos griegos, no podía aplicarse al conflicto austro-serbio.
Los mandatarios griegos expresaron, sin embargo, su decisión de socorrer a Serbia en caso de ataque búlgaro. No obstante, no movilizaron los cuarenta mil soldados según lo dispuesto en la liga con Serbia, por temor a desencadenar una movilización general búlgara. Venizelos, en todo caso, rechazó de plano aliarse en ningún momento con los Imperios centrales, mientras que no descartó hacerlo más adelante con la Triple Entente, en especial si el conflicto austro-serbio se extendía y amenazaba el equilibrio de poder en los Balcanes. Al mismo tiempo, trató infructuosamente de forjar una alianza con el Imperio otomano y dirimir de una vez la disputa por las islas del Egeo; el Gobierno de Constantinopla se negó a tratar las dos cuestiones a la vez e, influido por Alemania, se fue decantando cada vez más por los Imperios Centrales.
Constantino I de Grecia, partidario de los Imperios Centrales y casado con una hermana del káiser Guillermo II de Alemania, defendió la neutralidad de Grecia en la guerra ante la imposibilidad de unirse abiertamente a los mismos. La intervención de la Triple Entente primero y la derrota griega en la guerra contra Turquía después le privaron del trono. Murió en el exilio.|thumb|right
El káiser Guillermo comenzó a presionar a su cuñado el rey Constantino para que declarase la guerra a la Entente después de la extensión del conflicto. Constantino, cuya esposa era hermana del káiser, era mariscal de campo alemán. Atraído al bando de los Imperios Centrales y tentado por las propuestas antieslavas del emperador, temía, sin embargo, la dependencia griega del mar —controlado por la Entente— y rechazó la solicitud del káiser el 7 de agosto, defendiendo la neutralidad del país. Según el rey y sus consejeros proalemanes, dada la imposibilidad de ligarse a los imperios, la mejor opción era mantenerse neutrales.
Por su parte, Venizelos, partidario de la Entente, se ofreció a intervenir militarmente el 18 de agosto, pero los embajadores de la Entente rechazaron el ofrecimiento al sospechar que se proponía atacar el Imperio otomano, aún neutral. Temían además que Grecia arrastrase a la guerra a sus enemigos regionales, Bulgaria y el Imperio otomano. Venizelos sostenía que la Entente recompensaría generosamente el apoyo militar griego en el conflicto con nuevos territorios.