Desde tiempos anteriores a la conquista romana de Cantabria, los cántabros formaron parte de una extensa área cultural que abarcaría casi todo el norte de la península ibérica que coincidirían con las características etnográficas de Cantabria con respecto a otras regiones de su zona.
Sobre su homogeneidad ya en época prerromana resultan reveladores las palabras de Estrabón:
250px|thumb|right|Trapajones en la mascarada de La Vijanera de Silió. Esta festividad, de origen prerromano, es la muestra viva de la supervivencia de los cultos arcaicos a la naturaleza en Cantabria
Como elementos comunes a toda el área hay que señalar, entre otros, la presencia de hórreos, el uso del carro chillón o la utilización del arado cuadrangular. También se dan presentes en buena medida otro tipo de elementos culturales, ligados a la estructura social, a las tradiciones, creencias y festividades. No obstante existen diferencias apreciables respecto al resto de pueblos. Todos estos elementos configuran la tradición cántabra que constituye la esencia de la Cantabria actual, la cual, hay que resaltar, tampoco es perfectamente homogénea, sino el resultado de una superposición de culturas.
Poblamiento
250px|thumb|right|Casa tradicional montañesa en la que se aprecia la solana o balcón corrido.
Al igual que en Galicia, Asturias y gran parte del País Vasco, predominan en Cantabria un tipo de poblamiento disperso o intercalar, más generalizado en la zona costera de La Marina y La Montaña, que en los valles altos del sur de la comunidad, donde el poblamiento concentrado prevalece más frecuentemente:
El poblamiento intercalar está caracterizado por un término municipal donde coexisten numerosas aldeas, con un núcleo central de mayor tamaño el cual concentra los principales servicios del municipio y que hace de cabecera comarcal (Cabezón de la Sal, Sarón, Solares, Ramales de la Victoria, Potes...). Cabe señalar que en Cantabria los núcleos de población son, por lo general, de escasa entidad pero numerosos en cantidad.
Por contra las áreas de poblamiento disperso se localizan fundamentalmente en las zonas montañosa y de difícil acceso de la región. La residencia familiar se encuentra enclavada en la propia explotación agraria con el fin de facilitar el acceso al trabajo diario. La zona pasiega constituye por antonomasia el ejemplo paradigmático de poblamiento ultradisperso.
La casa tradicional montañesa es de planta rectangular,Las más antiguas suelen ser de una única planta. con tejado a dos aguas y fachada hacia al sur donde se dispone un balcón corrido, denominado solana, cubierto por un alero prolongado y sustentado sobre firme cortafuegos de sillería. Bajo la solana y enmarcado por los muros cortafuegos se desarrolla un amplio soportal denominado estragal. Este tipo de vivienda se generaliza en Cantabria desde el . Se asemeja a la casa asturiana pero difiere del caserío vasco en que este tiene su fachada en el hastial. Del mismo modo en Cantabria no encontraremos casas de planta circular y techumbre de paja como existe en las zonas más abruptas de Galicia.
Modelo productivo tradicional
Ganadería
thumb|right|250px|Feria de ganado tudanco en Cieza. Las reses, como estas que se dejan largo tiempo en la montaña, suelen portar grandes campanos de variada sonoridad, lo que permite al pastor localizarlas si se pierden. thumb|right|250px|Atropando la hierba en cambadas con la prada o rastrillo en Bárago. En Cantabria se llama verde a la hierba recién segada, mientras que si esta está seca se la denomina hierba propiamente dicha. 250px|right|thumb|Picando el dalle. Pirograbado sobre tabla. thumb|right|250px|Artesano calzando unas albarcas de madera, realizando un rastrillo para recoger la hierba. Se observan también cebillas para el ganado.
El desarrollo intensivo en la región cantábrica, área cultural a la que pertenece Cantabria, no tiene más de una siglo de existencia, cuando, a finales del , se rotura el monte y se transforman las tierras de cultivo para crear las praderas, importándose nuevas razas de ganado vacuno provenientes de Holanda y Suiza. No obstante Cantabria poseía una rica tradición pastoril, existiendo en el país cinco variedades de razas vacunas: la tudanca, la campurriana, la lebaniega, la pasiega y la monchina.
Excepto los animales de tiro, el resto de la cabaña ganadera no es estabulada de manera habitual, a excepción de las peculiares técnicas de explotación del ganado que realizan los pasiegos, los cuales se rigen por pautas bien distintas sustentadas en el prado cercado y la cabaña pasiega, en torno a los que funcionan periodos de muda del ganado y la unidad familiar.
Durante el verano, las vacas subían a los puertos de altura, a brañas y branizas de propiedad comunal, juntándose las reses por pueblos o valles en un régimen de semilibertad bajo la vigilancia de pastores. Tanto estos como los sarrujanes vivían sobriamente en cabañas y chozos, con un ajuar o equipo elemental basado fundamentalmente en utensilios de madera como las zapitas y el jermosu. Llevaban un zurrón y se protegían la cabeza del frío mediante una cachucha o montera. Al pastor le acompañan uno o varios perros que llevaban carrancas para protegerse de los lobos.
Al comienzo del invierno se hacía bajar al ganado, entrado este en las tierras de labrantío para pastar lo rastrojos en la denominada derrota. Los animales pasaban la temporada rigurosa recogidos en invernales o en las cuadras de cada casa, si el propietario poseía pocas cabezas de ganado.
Esta trasterminancia suponían antiguamente el desplazamiento de una considerable cabaña, sobre todo para el ganado de las zonas costeras. Tanto la subida a los puertos, como la derrota de mieses, son aún ocasiones de importancia en la comunidad, teniendo lugar comportamientos festivos de carácter pastoril.
Las zonas de pasto comunales eran administradas por el concejo abierto de los pueblos, si bien muchas veces pesaban sobre ellas privilegios o costumbres a favor de otros pueblos, valles o monasterios que, desde tiempo inmemorial, conducían allí su ganado. Así, un caso especial lo constituían los prados concejo en la zona del Nansa o los prados del toro en Campoo. En ellos se echa a suertes a qué vecinos les corresponde cada parte del prado ese año, que es quien siega la hierba y la baja al pueblo.
Ciertos comportamientos y costumbres sociales que aún persisten en la Cantabria rural, tales como las participaciones en mancomunidades de pastos, se remontan a épocas prerromana y romana.
Las labores del campo relacionadas con la actividad ganadera se realizan con aperos y herramientas para el verde y el seco, como la horca, el bieldo (para aventar el trigo), la prada o rastrillo (para recoger la hierba del prado), el dalle (para segar el verde), el trente (para sacar y esparcer el abono), la colodra (para el ordeño o para guardar las piedras de afilar), el picacho (para picar o afilar el dalle,) o el carpancho y el cuévano (para el transporte) entre otros.
La artesanía de la madera en Cantabria nunca fue muy variada, ya que sus habitantes han vivido siempre acostumbrados a fabricarse prácticamente lo indispensable. Como el resto de pueblos del norte de España, era esencialmente productiva y se alejaba del lujo y las manifestaciones ornamentales frecuente en otras culturas de influencia mediterránea u orientalizante, más proclives al aderezo y la exhibición.
Agricultura
thumb|right|250px|El clima y la fertilidad del suelo en Cantabria son excelentes para el cultivo del manzano. La sustitución de las antiguas pomaradas tradicionales por praderías para pastos intensivos a mediados del siglo XIX fue la principal causa del drástico descenso en la producción de manzanas y de la práctica desaparición de los lagares en la región.
En otro tiempo la agricultura tuvo bastante más importancia en Cantabria de la que posee actualmente, desplazada por una ganadería intensiva que ha venido transformando los campos de cultivo en prados mediante la selección en estos de especies vegetales de importancia forrajera para la alimentación del ganado de pasto. El trigo, la escanda, la esprilla, el mijo, la cebada y el centeno eran los cereales que tradicionalmente se cultivaban en Cantabria, aunque el nivel de productividad, debido a la orografía, el clima y el minifundismo imperante, era más bien escaso y de subsistencia. A todos ellos se añadió, a finales del y sobre todo en el XVII, el cultivo del maíz procedente de América. Y es que especies de origen americano comienzan a generalizarse en las huertas con la llegada de pimientos, tomates y alubias en el , y muy especialmente la introducción en la dieta del campesinado cántabro por efecto de las crisis de subsistencias del , aunque no sin dificultad, de un tubérculo que vino salvar del hambre a Europa: la patata.
El cultivo de la vid en Cantabria fue antaño muy importante, pues se extendía considerablemente a lo largo de toda La Marina costera, dando lugar a grandes producciones de chacolí. Solo a principios del comienza a decaer este cultivo debido principalmente a las plagas, quedando en la actualidad prácticamente reducido a la comarca de Liébana, con un clima mediterráneo y dedicada a la producción del afamado orujo.
Respecto a los frutales los más característicos son los manzanos, con una producción dirigida principalmente a la elaboración de sidra natural para la venta en Cantabria y a la exportación. La presencia de la sidra en el país es recogida desde tiempo inmemorial, con localidades como Castañeda donde, en el , el 90% de los vecinos contaba con una media de 15 manzanos, lo que nos indica la importancia que tuvo este producto. El verdadero ocaso de la sidra en Cantabria se produce a partir de la segunda mitad del y se debe en gran parte a la especialización ganadera de la región.
250px|thumb|left|Pareja de vacas duendas tudancas trasportando hierba en el valle del Saja.
Otras especies arbóreas autóctonas o adaptadas desde tiempos inmemoriales -como castaños, nogales, avellanos, higueras, etc.- fueron muy apreciadas por sus frutos. Naranjos y limoneros también han tenido gran importancia en las zonas costeras de la región, exportándose grandes cantidades de cítricos a la Europa Atlántica y como cura o remedio para el escorbuto entre los marineros.
Las labores del campo se realizaban con la azada y, fundamentalmente, con el arado, del que existen distintos modelos en Cantabria. Así tenemos el aladro o hocón, el arado de cama o arado romano, o los antiquísimos arado cuadrangular y laya.
Dentro del ciclo agrícola hay que considerar a los animales domésticos que se utilizan en la labranza, en este caso fundamentalmente las vacas, ya que en Cantabria el caballo solo se utilizaba como medio de transporte. Por regla general, se prefería para el tiro a las vacas sobre los bueyes, al ser más fáciles de mantener y al combinar una gran fuerza motriz con la producción lechera. Se seleccionaban las vacas más nobles y fuertes para uncirlas y domarlas en las labores del campo. A éstas se las llamaban duendas. Se les solía poner un modelo típico de yugo cornal cántabro con diferentes variantes, o bien el pesado yugo vizcaíno, introducido en Cantabria a finales del .
250px|thumb|right|Carro chillón en el Museo Etnográfico de Cantabria.
En la labores agrícolas, y en relación con la recogida y transporte de hierba, se utilizaba un tipo de carro, denominado carro chillón, el cual tiene muchos elementos comunes con otros existente en la región cantábrica. Se caracteriza por tener un rodal en el que las ruedas giran solidariamente con el eje, lo que produce el singular chirrido. Además aquellas no poseen radios y resultaban más o menos macizas.