150px|thumb|Cabanillas hacia 1914

Alfredo Cabanillas Blanco (Madrid, 18 de julio de 1894 - Córdoba, 1979) fue un escritor, poeta y periodista español.

Biografía Nació en Madrid en una familia numerosa entre siete hermanos. Estudió en el Colegio de los Padres del Corazón de María de Alagón (Zaragoza), y dos años en el Seminario Conciliar de Madrid. A los catorce años consiguió un primer trabajo como meritorio en el banco Credit Lyonnais y Rodrigo Soriano lo introdujo como colaborador en España Nueva; también fue redactor de La Correspondencia de España (1916-1920) y en 1915 publica su primer libro, Ocaso de sangre, sobre la I Guerra Mundial, que le valió el ingreso en la francesa Orden de las Palmas Académicas; su nombramiento se lo entregó en persona el embajador francés en 1936.Ocaso de Sangre, poema sentimental sobre la Guerra Europea. Madrid: Imprenta de Tirso de Frutos, 1915. Sobrevivió al contagio de la gripe española (1918), y aprovechó su convalecencia para escribir su primer poemario, Eternidad, impreso en 1923. Fue amigo del escritor Arturo Barea, quien había sido meritorio de banca como él, y se consagró a la poesía frecuentando la tertulia del viejo café de Fornos.

Se vinculó desde muy joven al diario liberal Heraldo de Madrid (redactor desde 1919 a 1930; redactor jefe de 1930 a 1936), empresa promovida por la Sociedad Editora Universal de los hermanos Juan y Manuel Busquets, y llegó a ser incluso su director sustituyendo, en vísperas de la Guerra civil, a Manuel Fontdevila Cruixent (1888-1957). Fue además representante de Córdoba en Madrid, facilitando trámites a su ayuntamiento y diputación, y corresponsal en la guerra de África, y publicó sus crónicas de 1921 en el libro La epopeya del soldado (Madrid, 1922), incluyendo una entrevista con el aliado Abdelkader Hach Tieb, enemigo de Abd el Krim. Le concedieron la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, por haber trasladado al hospital de Casabona (lugar a las afueras de Melilla que dio nombre al combate homónimo) a ocho soldados, pero prefirió rechazarla, aunque la agradeció; se debió a que esta prebenda le suponía pagar una elevada suma, equivalente a tres meses de sueldo.

Fue un miembro destacado de la Asociación de la Prensa de Madrid, y a él se debe la construcción de su primera Colonia de la Prensa en 1924, la Cooperativa de la Prensa “Los Pinares”, 55 chalets apoyados por el rey Alfonso XIII y la Ley de Casas Baratas y Económicas. Consiguió que Heraldo de Madrid sobrepasara a ABC y El Debate en tirada (350.000 ejemplares diarios). Es más, esta publicación fue el principal soporte y refugio que tuvieron los lectores republicanos de izquierda durante el Bienio negro, y en las elecciones de febrero de 1936 tuvo también un papel relevante con su propia campaña a favor del Frente Popular. Cabanillas culpó de la caída de Alfonso XIII al dictador Miguel Primo de Rivera por intentar perpetuarse en el poder, y fue nombrado jefe del Gabinete de Prensa de Manuel Azaña y consejero de cultura. Ya había amistado con Azaña años antes, en la llamada Cacharrería del Ateneo, donde se celebraba una famosa tertulia; además, fue representante del Ayuntamiento y la Diputación de Córdoba en Madrid; luchó contra la quema de conventos del mes de mayo y logró evitar personalmente, con otras personas, la quema del colegio jesuita «El Pinar». Llegada la Guerra Civil, se opuso a la sublevación militar por considerarla injustificada y atacó la postura de Largo Caballero de armar al pueblo al estilo de Kerensky. Con el propio Cabanillas en la dirección, el diario apoyó sin fisuras a los sucesivos gobiernos legítimos de la República. No obstante, su enfrentamiento con quienes ejercían la represión ilegal en Madrid en los primeros meses de la guerra, y su condición de católico, lo llevaron a marcharse de España a mediados de 1937 y a ser expulsado del partido Unión Republicana, presidido por Diego Martínez Barrio, del cual había llegado a ser incluso vicepresidente.F.º Durán, op. cit., p. 164. Consiguió, sin embargo, rescatar de las chekas a muchos ciudadanos introduciéndolos como refugiados políticos en la embajada de Francia, siendo sometido a amenazas y corriendo riesgos terribles.Cf. F.º Durán, op. cit., p. 173-174: Henrriette Trimolet, el Duque de Lerma (aunque fue de nuevo detenido y ejecutado), los hijos de Rafael Sánchez (propietario de Almacenes Sánchez en Gran Vía), Conchita Bernal y sus hijas, el párroco de Zarzalejo, el joyero Luis Felipe Sanz, hijo natural del rey Alfonso XII y de la cantante Elena Sanz; Lucía Davernes Saforcada, Pedro Rocamora (hijo del antiguo director del Heraldo), Nicolás González Ruiz, redactor de El Debate; Pilar Nestares, Alfonso Peña, Pilar Navarro, Martín Vélez del Val, Margarita Simonetti, Valentín García Ferbienza, Pedro Rocamora; los padres del general José Ungría, a cuyo influjo recurrió para poder regresar del exilio, etc. Pero el domingo 31 de julio de 1937, los empleados del Heraldo lo desituyeron, y su situación resultó ya insostenible, por lo que embarcó en Valencia hasta Marsella con su mujer.

Establecido luego en Buenos Aires con una hermana suya, continuó su labor periodística en el semanario Cartel y El Diario Español —ambos de línea editorial franquista— con la vista puesta en un posible regreso a España. Allí logró la protección de la franquista Soledad Alonso de Drysdale y el Conde de Guadalhorce, entre otros. Su intervención durante la guerra en favor de los padres del coronel sublevado José Ungría (director del S.I.M.), a quienes posiblemente salvó la vida, facilitó su vuelta definitiva a España en 1966, aunque el régimen le exigió su colaboración publicando escritos «en honor del glorioso alzamiento» y la dictadura; el propio Cabanillas pediría posteriormente disculpas a varias personas por algunos artículos que se vio forzado a redactar. Se instaló en Córdoba, donde ejerció el periodismo en el diario ABC.

Publicó además una Historia de mi vida (memorias) y algunos volúmenes más de poesías y crónicas.Cf. Antonio Checa Godoy, Prensa y partidos políticos durante la II República Salamanca, Universidad de Salamanca, 1989, p. 104 y ss. Casó el 11 de mayo de 1924 en la ciudad de Córdoba con la mezzosoprano cordobesa Graciela Fernández Vergara, a quien había conocido en 1923 en el Teatro Real, del que entonces era secretario. Su esposa falleció el 6 de enero de 1976, a los 86 años, y él se reunió con ella en 1979.

Obras Ocaso de sangre: poema sentimental sobre la guerra europea, Madrid: Impr. de Tirso de Frutos, 1915. Con Ricardo Martínez, El crimen de la venta: apunte dramático basado en un hecho real en un acto y en prosa, Madrid: R. Velasco [impresor], 1917. Relicario Sentimental, Madrid Felipe Peña Cruz, 1919. La epopeya del soldado, desde el desastre de Annual hasta la reconquista de Monte Arruit. Madrid, Imp. Clásica Española, 1922. Hay edición facsímil de Córdoba: Diputación de Córdoba, Delegación de Cultura, 2009. Eternidad: Poema en tres jornadas [Madrid: Hispánica], 1923 Hacia la España eterna (crónica y episodios de la guerra). Prólogo por el Conde de Guadalhorce. Buenos Aires: Editorial Reunidas, 1938. Historia de mi vida (memorias) Editorial Renacimiento, Sevilla, 2011.

Notas

Bibliografía Antonio Checa Godoy, Prensa y partidos políticos durante la II República, Universidad de Salamanca, 1989. WorldCat. Francisco Durán Alcalá y Carmen Ruiz Barrientos, El legado de Alfredo Cabanillas: 1894-1979, vivencias de un periodista republicano, Diputación Provincial de Córdoba y Patronato Niceto Alcalá-Zamora y Torres, Córdoba 2011.

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