El Club de Grabado de Montevideo fue una institución cultural uruguaya sin fines de lucro dedicada a la producción y la promoción del grabado. Creado en el año 1953 en Montevideo, llegó a desarrollar 50 años de actividad.
Inicios thumb|right|350px|Logotipos. El Club de Grabado de Montevideo (CGM) fue creado en agosto de 1953. La idea surgió a partir del encuentro en la Europa de posguerra de los años 50, de un grupo de jóvenes uruguayos formados en Bellas Artes y la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República.
Se agrupan Leonilda González y Nicolás “Cholo” Loureiro, egresados de Bellas Artes, con Aída Rodríguez y Beatriz Tosar, estudiantes ambas de arquitectura y la pintora y grabadora Susana Turiansky. Leonilda González refiere que “la suerte nos acompañó una vez más, pues aquella idea algo romántica y al parecer muy remota concebida en París de alquilar un taller colectivamente, se dio mucho antes de lo soñado”.González, Leonilda (1994) página 79 El grupo encuentra una sede para el taller en la azotea de un viejo edificio de la calle Río Branco esquina 18 de Julio en la ciudad de Montevideo.
Habían conocido en Francia a artistas brasileños que les hablaron del Grupo de Bagé, el cual había nucleado artistas de esa ciudad y de Porto Alegre. Lo integraban, entre otros, Carlos Scliar, Glênio Bianchetti, Danúbio Gonçalves, Vasco Prado y Glauco Rodrigues. Defendían la popularización del arte múltiple encarando temas sociales y regionales, y habían formado con ese objetivo el Clube de Gravura de Bagé y el Clube de Gravura de Porto Alegre muy influenciados por el Taller de Gráfica Popular mexicano.
En abril de 1953 Leonilda González había asistido al Congreso Continental de la Cultura organizado por Pablo Neruda en Santiago de Chile, donde los grabadores de Río Grande do Sul hicieron un llamado a crear movimientos similares a los suyos. Regresa a Montevideo con la visión de vincular el arte a sectores más amplios de la población mediante obras multiejemplares. El proyecto queda pronto en manos de Leonilda, y será ella la artista que impulsará el proyecto de institución y lo liderará hasta su partida al exilio en el año 1976. El grupo colaborará activamente en la realización de la primera campaña de socios.
La cultura independiente en el Uruguay thumb|Interior de la sede social. En el Uruguay de la segunda posguerra mundial fueron surgiendo una serie de instituciones culturales sin fines de lucro, que conformaron un vasto movimiento de alcance plástico, teatral, musical, editorial y cinematográfico, y por ello la idea de un Club de Grabado se inscribe perfectamente en el seno de esa cultura socioclubista independiente del Estado.
Entre otros, el Foto Club Uruguayo había sido fundado en 1940, la Federación Uruguaya de Teatros Independientes en 1947, el Cine Club del Uruguay en 1946, el Club de Teatro, la institución teatral El Galpón y Cine Universitario en 1949, así como Cinemateca Uruguaya en 1952. Son entidades conformadas en general en base de una estructura de socios activos y cotizantes. A partir de 1961, la primera Feria Nacional de Libros y Grabados abrirá, todos los fines de año, un espacio de amplio contacto entre los productores culturales de todo tipo y el público en general.
El propósito de contar con un grupo de asociados para realizar actividades culturales no se debía solamente a una búsqueda de soporte económico, sino, y sobre todo, propugnaba la construcción de una llamada cultura independiente de carácter nacional y popular.
El socio es entendido como colaborador y participante: un vehículo efectivo, igual que el artista, para un programa de alianzas culturales con las clases populares. Carlos Fossatti, grabador y teórico militante del Club de Grabado de los años iniciales, afirmaba que era necesario agrupar al socio y al grabador, crear equipos de trabajo, con una responsabilidad compartida que permitiera hacer planes a largo plazo. En uno de los manifiestos del CGM, aparecido en 1956, se hacía la siguiente declaración de propósitos: “Sobre la base de que por medio del grabado se puede llegar a los distintos sectores del pueblo, manteniendo despierto su interés por las manifestaciones artísticas, y de que sólo de la consubstanciación del artista y el público nacerá una expresión popular y auténticamente nacional, se ha creado el primer Club de Grabado del Uruguay”.CGM (1956) “Nuestros propósitos” folleto
En ese momento el objetivo fundamental no era la mera transmisión de ideas políticas a través de la imagen múltiple, sino la creación de una plataforma gráfica al servicio de una estrategia de implementación de lo que las capas medias intelectuales entendían como popularizar el arte, propósito concomitante con la alianza de esos sectores con el proletariado sindicalizado.
Edición, enseñanza, extensión El Club de Grabado de Montevideo editará, desde su creación, un grabado con periodicidad mensual que entregará a sus socios. En agosto de 1953, Susana Turiansky tuvo a su cargo la confección de la primera edición de cien ejemplares que se distribuyen entre los, por entonces, 50 socios que pagaban un peso uruguayo mensualmente. Es un linograbado conocido como Pescador.
Entre 1954 y 1959, las ediciones mensuales correspondieron a una veintena de grabadores, entre ellos Leonilda González, Susana Turiansky y Fernando Cabezudo. Participan artistas de la misma generación que los citados, como Anhelo Hernández Ríos, Glauco Capozzoli, Raúl Cattelani, César Prieto y Ruisdael Suárez.
El tiraje de las ediciones llegará a unos quinientos al terminar la década. Los socios pasan a ser 1.400 en 1964. Desde su fundación hasta mediados de los años 60 prevalece en el CGM la producción xilográfica en gran medida tributaria del realismo social en sus formas epigonales, con ilustraciones de la vida urbana o rural.
Desde sus comienzos CGM encara también una política de extensión, organizando y/o auspiciando muestras de grabadores nacionales y extranjeros; así a fines de 1953 se presentarán en la Facultad de Arquitectura los artistas de los clubes de gravura de Bagé y Porto Alegre. En 1954 lo hará el chileno Julio Escaméz, y al año siguiente el artista argentino Abraham Vigo. Club de Grabado expone en 1955 a cielo abierto en la céntrica Plaza Libertad de Montevideo y se presentará un año después en Buenos Aires, Mendoza y Río de Janeiro. En 1958 interviene en la muestra “El Grabado” en la Sala de Exposiciones del Subte Municipal montevideano. La Feria Nacional de Libros y Grabados contará con un stand del CGM desde sus primeras ediciones.
Los primeros estatutos del Club de Grabado son discutidos desde el año 1961, buscándose así una forma orgánica que tomaba como modelo los fundamentos ideológicos y organizativos del Teatro "El Galpón". En 1961 también es demolida la construcción de Río Branco y 18 de Julio. Leonilda González y Carlos Fossatti se casan y se mudan, junto con el CGM, a la calle San Lorenzo en el barrio de Pocitos. En 1963 se volverán a trasladar vivienda particular e institución a apartamentos vecinos de la calle 25 de Mayo al 581. Allí funcionará Club de Grabado de Montevideo hasta 1973 cuando adquirirá, luego de una prolongada campaña económica, su posterior y última sede.
Se van sumando grabadores, casi uno por año hasta 1963: Antonio Lista, Carlos Fossatti, Lila González Lagrotta, Gloria Carrerou, y en 1964 Gladys Afamado, Rita Bialer, Miguel Bresciano y Juan Douat. José Cziffery y Mazzey continúan colaborando en las ediciones, así como Fernando Cabezudo, Glauco Capozzoli, Raúl Cattelani, Ruisdael Suárez y Eduardo Larrarte. Con la presencia de Bresciano se inicia una nueva generación que crecerá en los años posteriores.
Desde 1956 quienes llegan, incluso con alguna formación anterior intervienen en los cursos de perfeccionamiento técnico de Luis Mazzey. A partir de 1965 la fundación de la Escuela de Club de Grabado establecerá una posibilidad real de participación también para los socios. Así de socio-contribuyente se pudo pasar a ser socio-grabador, o las dos cosas al mismo tiempo. Esto constituyó una manera de llevar a la práctica las ideas presentes en las declaraciones de principios. “Al no considerar al artista necesariamente como un genio, al formar al integrante como individuo consciente de su responsabilidad y de sus posibilidades, al encontrar las formas organizativas y las bases económicas que permiten la actividad conjunta incluso frente a condicionantes adversos como los actuales, y al dar coherencia ideológica a esta acción, el movimiento independiente aparece, ahora, si como un hecho inédito y auspicioso”.CGM (1966) “Club de Grabado, una institución independiente” folleto Esta preceptiva programática tendrá un desarrollo expansivo durante años, comenzando a experimentar algunas variantes importantes después de 1970.
Desde 1956 la Escuela de Grabado de CGM había comenzado por limitarse a la parte práctica y técnica, pero un nuevo plan de estudios se inicia en 1965. Esta etapa contará a partir de 1967 con la participación de Rimer Cardillo que había sido alumno de Mazzey en Bellas Artes.
Un proceso de cambio en el lenguaje y la técnica se inicia con la llegada a la institución de muchos protagonistas de un movimiento que impulsa el dibujo en los años 60. En 1965 Luis Alberto Solari colabora con una xilografía, mientras que Adela Caballero, Octavio San Martín y Sergio Schmidt firman por primera vez un envío. En 1966 aparecen Tina Borche y Delia Pick, en 1967 lo hace Homero Martínez y el Club edita un grabado de Joaquín Aroztegui. En 1968 se suman Hugo Alíes, Domingo Ferreira, Rimer Cardillo y Susana Donas y al año siguiente Luis Pollini.
La prensa especializada que se ocupa de las actividades del CGM reclama una calidad más sostenida en las ediciones. Este planteo da lugar a concursos internos con jurados y premios destinados a grabadores y alumnos. Entre 1968 y 1969 se produce un giro hacia el predominio de lo que podríamos llamar figuración lírica, que sin renunciar por completo a sus antecedentes, enfatiza una poética de la subjetividad con nuevos recursos experimentales. La obra que aparece como un hito peculiar en la articulación de los dos períodos es la de Carlos Fossatti.
Con obras de Hugo Alíes, Rimer Cardillo, Mingo Ferreira, Luis Pollini, Nelbia Romero y otros, se habían ido introduciendo gradualmente tanto las pautas de la abstracción pictórica como las de una nueva figuración. Al mismo tiempo la xilografía va dejando de ser el tecnos monopólico para compartirlo con la serigrafía, la litografía, el aguafuerte y el offset, creándose las condiciones propicias para la ampliación conceptual de la disciplina del grabado en el marco del territorio más amplio de las artes gráficas.
A partir de 1966 la edición de almanaques irá dando cuenta también del proceso expresivo y de los cambios político-culturales. El primero de ellos retoma los textos de un viejo calendario de 1861; las xilografías son de Gloria Carrerou y Lila González Lagrotta, la diagramación y las viñetas son de Adela Caballero.
CGM en el Uruguay en crisis thumb|Fachada de la última sede de CGM. En 1968 Club de Grabado se había sumado a la condena pública de las Medidas Prontas de Seguridad represivas decretadas por el gobierno y adhiere al boicot de los salones oficiales, con la consigna “Con Medidas, Salón No”. Las ediciones mensuales habían comenzado a atender el clima conflictivo nacional y la situación internacional. La denuncia política se ve en las referencias a la represión policial, al asesinato de estudiantes y a la guerra de Vietnam. Al tiempo se intensifican las exposiciones, conferencias y cursillos en sindicatos obreros, liceos y centros culturales del interior del país en un proceso que será cancelado luego del Golpe de Estado en Uruguay de 1973.