La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) es un gremio que reúne a trabajadores del Estado Nacional, algunos de los estados provinciales y menormente de los estados municipales de la República Argentina.

También agrupa a trabajadores de entes autárquicos, entes públicos no estatales, empresas estatales, sociedades de economía mixta, sociedades estatales y con participación de capital estatal, organismos centralizados y descentralizados en el orden nacional, provincial y municipal. Los afiliados en ATE pertenecen a todas las artes y oficios laborales, así como a todas las disciplinas profesionales de los diversos sectores del Estado.

La Asociación cuenta, a 2015, con más de 240.000 afiliados y más de 15.000 delegados de base, organizados en 130 seccionales y 24 Consejos Directivos Provinciales. Sus ciento cincuenta locales sindicales están distribuidos en todo el país y conforman una red de comunicación y organización para los trabajadores afiliados..

Formalmente, ATE es una entidad sindical de primer grado, con personería gremial N.º2 y ámbito de actuación en todo el territorio argentino.

Historia Orígenes La Asociación Trabajadores del Estado fue fundada el 15 de enero de 1925 por obreros de los talleres de la Dirección Nacional de Navegación y Puertos, ubicados en la zona del Riachuelo y del puerto, entre ellos el Taller Central instalado en el área de la actual Isla Demarchi, dependiente del Ministerio de Obras Públicas. Ese día, en el salón del Teatro Verdi del barrio de La Boca, más de un centenar de trabajadores se reunió para constituir una organización que agrupara a quienes dependían del gobierno nacional, ante las condiciones de inestabilidad laboral, bajos salarios, atrasos en los pagos y suspensiones derivadas del régimen de jornalización. Durante la asamblea, Juan Popovich planteó la necesidad de «dejar constituida una organización que agrupe en su seno a todos los productores que dependen del gobierno nacional, por ser éste el único medio de defensa de nuestros intereses», y luego se resolvió la creación de la entidad que más tarde adoptaría el nombre de Asociación Trabajadores del Estado (ATE).

En sus inicios, la Asociación Trabajadores del Estado enfrentó dificultades para organizar a un universo de más de 6000 trabajadores vinculados a las dragas marinas, astilleros y talleres dependientes del Ministerio de Obras Públicas, distribuidos en Capital y el litoral. Al momento de su fundación, alrededor de 300 trabajadores se encontraban afiliados en Buenos Aires, lo que representaba una base organizativa limitada. En este contexto, la estructura inicial del sindicato se apoyó en un núcleo reducido de militantes.

El 20 de noviembre de 1925 se publica la primera edición de El Trabajador del Estado, el periódico que servía como órgano de difusión de ATE. Al pie de cada página se podía leer la leyenda «Una vez leído páseselo por favor a otro compañero». La biblioteca se inauguró en el primer aniversario de la Asociación. Parte de los recursos provenientes de los aportes de los trabajadores se destinaba a la adquisición de nuevos libros para la biblioteca; los cuales eran difundidas a través del periódico, en el marco de una política sostenida por años.

Fuentes institucionales sobre los orígenes de la organización, señalan que sus primeros núcleos dirigentes provenían de tradiciones obreras con fuerte influencia anarcosindicalista, especialmente entre los trabajadores portuarios y navales vinculados a la Isla Demarchi y a los talleres estatales de navegación. Esta impronta inicial se expresó en la defensa de la autonomía sindical frente a los partidos políticos, los gobiernos y los empleadores, así como en la promoción de formas de organización basadas en la solidaridad obrera, la formación cultural y la acción directa sindical, rasgos que marcaron la identidad temprana del sindicato.

Crisis y represión en la década de 1930 Durante sus primeros años de vida, la organización sostuvo firmemente su rechazo al trabajo jornalizado y defendió activamente el derecho a las 8 horas de trabajo. Asimismo, ATE se manifestó desde sus inicios de manera solidaria con otros sectores de la clase trabajadora, tanto en el plano nacional como internacional. Es frecuente encontrar en los ejemplares de los primeros años de ATE notas proclamando la libertad de Simón Rodowitzky o repudiando el proceso judicial contra los anarquistas Sacco y Vanzzeti.

En septiembre de 1930 se funda la Confederación General del Trabajo (CGT), de la que ATE pasa a formar parte. En 1935 se produce la primera factura en la central obrera, cuando ATE, la Unión Ferroviaria, Comercio y la Fraternidad se separan para forma la CGT de calle Catamarca, que duraría hasta 1943.

Durante la década de 1930, además de la crisis económica mundial, la Argentina vivió el primer golpe de Estado desde la entrada en vigencia de la Ley Sáenz Peña. La dictadura de José Félix Uriburu tuvo una actitud represiva con el movimiento obrero organizado, actitud que se expresó en despidos masivos. En ese contexto, el rol de la ATE fue defensivo. Al mismo tiempo que peleaba contra las cesantías y reclamaba que se garantizara el pago del salario mínimo en el Estado. Sin embargo, tanto con la dictadura militar primero como con el gobierno civil que gobernó mediante el fraude después, aumentaron los niveles de explotación y la situación general de la clase trabajadora en su conjunto empeoró, lo que se manifestó en un aumento del desempleo y la pobreza.

ATE durante el gobierno de Perón En junio de 1943, un nuevo golpe de Estado encabezado por sectores militares nacionalistas puso fin al último gobierno de la llamada Década Infame, representado por la alianza conservadora conocida como la Concordancia. El derrocamiento de Ramón Castillo clausuró un ciclo político caracterizado por el fraude electoral sistemático y abrió una nueva etapa de reorganización estatal, sindical y económica. Este proceso se desarrolló en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, que profundizó la industrialización por sustitución de importaciones al dificultar el ingreso de bienes manufacturados del exterior y reforzó la intervención del Estado en la economía y en las relaciones laborales. Durante los primeros meses del nuevo régimen predominó una política de control y disciplinamiento sobre el movimiento obrero; sin embargo, esa orientación comenzó a modificarse con el ascenso del coronel Juan Domingo Perón dentro del gobierno militar. Desde el entonces reorganizado Departamento Nacional del Trabajo (transformado luego en la Secretaría de Trabajo y Previsión), Perón impulsó una nueva relación entre el Estado y los sindicatos, otorgando respuesta a numerosos reclmos históricos de los trabajadores mediante convenios colectivos, ampliación de derechos laborales y una creciente incorporación del sindicalismo a la estructura estatal, proceso que resultaría decisivo en la formación del posterior movimiento peronista.

Ante esa incipiente política destinada a “dignificar las condiciones empleo” los sectores conservadores reaccionaron con fuerza y exigieron el desplazamiento Perón. Así fue como el entonces Secretario de Trabajo y Previsión fue detenido en la Isla Martín García. El 15 de octubre del ‘45, en el Comité Central Confederal de la CGT un representante de la Asociación Trabajadores del Estado, alzó su voz y argumentó: “Tenemos que aprovechar este momento excepcionalmente favorable para nosotros, pues si no habremos perdido la lucha por muchos años”. Ese trabajador era Libertario Ferrari y su intervención fue decisiva para que la CGT decidiera convocar a la huelga que acompañó la movilización del 17 de octubre de 1945. Se iniciaba una época en que los trabajadores ganarían protagonismo en la vida política del país y verían realizados muchos de sus históricos reclamos.Libertario Ferrari: Un olvidado precursor del 17 de octubre

Los años de la resistencia Período de inestabilidad política (1955-1976) Los grupos de poder volvieron a apelar a la armas para poner fin al proceso inaugurado por el peronismo. Esto dio inicio a un largo período en que se sucedieron violentas dictaduras militares y gobiernos “tutelados” por el poder militar. Para el año ’69 la dictadura de Juan Carlos Onganía, autodenominada “Revolución Argentina”, llevó adelante una política represiva hacia el movimiento obrero y estudiantil e impuso un modelo económico excluyente y antipopular. En el mes de mayo de 1969, la ciudad santafesina de Rosario fue escenario de una serie de protestas conocidas como los “Rosariazos” de mayo y septiembre de 1969 en las que participó quien sería más tarde un destacado dirigente de ATE: Héctor Quagliaro. Era la antesala del Cordobazo.

El ascenso de las luchas obreras y populares tuvo como resultado una nueva apertura democrática, que permitió el retorno del peronismo al poder. Luego de la muerte Perón, el 1 de julio de 1974, los antagonismos presentes en la sociedad argentina volvieron a expresarse con crudeza. Los grupos vinculados a la oligarquía terrateniente, a los intereses de las trasnacionales y al sistema financiero impulsaron un nuevo golpe de Estado el 24 de marzo del 76, el más sangriento que se recuerda hasta el día de hoy.

Última dictadura militar argentina (1976-1983) La dictadura intervino la mayoría de las organizaciones sindicales. ATE evitó la intervención militar debido a que su entonces secretario general, Juan Horvath, se mostró dispuesto a colaborar con el gobierno de facto. Durante este período se logró aumentar en número considerable las sedes del gremio en todo el país, siendo uno de los 25 representantes en la famosa reunión de "Los 25", donde se dispuso realizar un paro general a la dictadura militar.

En diciembre de 1976, después de un congreso de ATE en La Falda, Horvath decide echar al referente rosarino Héctor Quagliaro. En torno a Quagliario se comienza a armar una agrupación opositora a la conducción de ATE, por lo que en 1977, Luis Vila, Víctor De Gennaro y Germán Abdala, viajaban una vez por mes a la casa de Quagliaro en Rosario para participar de la organización.

El 10 de diciembre de 1977, se reúnen menos de 30 sindicalistas peronistas representantes de ocho seccionales: Borghi, Rosario, Villa María, Ing. White, San Martín, Capital, Corrientes y Concepción del Uruguay, además del Consejo Directivo Nacional. En esa reunión deciden formar la Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de la Asociación Trabajadores del Estado (ANUSATE). El objetivo de la misma según su carta fundacional era recuperar ATE, derrocar a las autoridades de facto, reorganizar la CGT y lograr que el peronismo vuelva al poder.

En Capital, la incipiente agrupación formaba parte –en representación de ATE–, del grupo de Los 25, más tarde de la CGT Brasil, y del Movimiento Sindical Peronista. El Consejo Coordinador Argentino Sindical (CCAS), por intermedio de Miguel Gazzera, les ofrece a Víctor De Genero y a Germán Abdala un lugar para que dicten cursos de formación sindical y, sobre todo, para que construyan la agrupación. Luego, gracias a la gestión de Carlos Custer, vino el reconocimiento internacional a ANUSATE de la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) y de la Comisión Latinoamericana de Servidores Públicos (CLASEP).

El movimiento obrero se dividía entre la CNT (Comisión Nacional del Trabajo), dialoguistas con la dictadura y el grupo de Los 25 que buscaban resistir. Son estos últimos los que realizan la primera huelga general contra la dictadura el 27 de abril de 1979, con la participación de ANUSATE. Tras este paro nacional la resistencia sindical se expresó con mayor activismo y organización, iniciando un proceso de reagrupamientos de conducciones de los sindicalistas más combativos que se expresaban primero en la CUTA (Central Única de Trabajadores Argentinos) y luego en la CGT Brasil, pasando luego por la reorganización de las organizaciones regionales.