La tortuga terrestre chaqueña (Chelonoidis chilensis haplogrupo chaco seco) es una población genéticamente distinta de tortuga de la familia Testudinidae, que habita en los bosques xerófilos del norte de la Argentina, el oeste del Paraguay y el sudeste de Bolivia. 250px|thumb|left|Un ejemplar adulto cautivo, que por morfotipo se corresponde con la tortuga terrestre chaqueña (Chelonoidis chilensis ‘haplogrupo chaco seco’).
Distribución y hábitat
Es una tortuga característica del Gran Chaco. Se la encuentra por el norte, desde la latitud 19°S en Curuyuqui, departamento de Santa Cruz, en el chaco de Bolivia; siguiendo por el chaco paraguayo y el norte de la Argentina, en las provincias de: Santa Fe —al noroeste—, Chaco —centro y oeste—, Formosa —centro y oeste—, Salta —este—, Tucumán —este—, Santiago del Estero —toda salvo el sudoeste—, Catamarca —extremo este—, y Córdoba —centro y norte—.Chébez, J.C. (2008). Los que se van. Fauna argentina amenazada. 320 pp. Ed. Albatros, Buenos Aires, Argentina.
Habita en bosques del chaco semiárido. Se adentra en sectores del espinal (distrito del algarrobo). Vive bajo un clima continental, con inviernos secos, con heladas, suaves en el extremo norte y marcadas en el sector sur. Los veranos son lluviosos y muy cálidos, llegando a alcanzar temperaturas próximas a los 50 °C.
Taxonomía Etimología
El nombre chilensis hace alusión a Chile, país que no cuenta con ninguna especie de tortuga terrestre. El error se debe a que el colector del ejemplar tipo escribió en la tarjeta de procedencia: Mendoza, Chile, lo cual indujo a la equivocación de John Gray al describirla en 1870, sobre la base de 3 ejemplares provenientes de los alrededores de la ciudad de Mendoza. En ese mismo año, Philip Lutley Sclater al advertir el error geográfico, resolvió modificar el nombre científico proponiendo su reemplazo por la designación argentina, en vez de chilensis. Durante años varios autores continuaron empleando el nuevo nombre, pese a la opinión de Gray en 1872. Posteriormente, por razones nomenclaturales, se empleó en adelante chilensis como nombre exclusivamente válido por la regla de prioridad.
Historia taxonómica
Si bien ubicada en distintos géneros, la especie que integra el haplotipo chaco seco fue conocida por más de un siglo como una única especie, mayormente bajo el nombre específico: chilensis, según la descripción original del zoólogo inglés George Robert Gray en 1870 de su Testudo chilensis.Gray J. E. (1870). Notes on three species of tortoises living in the Society´s Gardens. Proc. Zool. Soc.: 706-708.
Descripciones de Freiberg
En 1973, el herpetólogo argentino Marcos Abraham Freiberg describió dos nuevas especies de este grupo.Freiberg M. A. (1973). Dos nuevas tortugas terrestres de Argentina. Bol. Soc. Biol. Concepción 46: 81-93.Freiberg M. A. (1979). El mundo de las tortugas (2º ed.). Ed. Albatros. 154 pp. Argentina.
Geochelone donosobarrosi: Tortuga endémica del norte patagónico, grande y oscura, con holotipo colectado en San Antonio Oeste, provincia de Río Negro (localidad tipo).
Geochelone petersi: Característica de los sectores chaqueños más áridos, próximos a salitrales, más pequeña y amarillenta, con holotipo codificado como USNM 192959 d, con localidad tipo en Kishka, La Banda, Santiago del Estero (Argentina), colectado el 5 de mayo de 1971. Los paratipos eran el USNM 192960 5 (misma fecha y localidad) y los FSM Ardiles y IMUP 9 5502, colectados en La Banda, Santiago del Estero el 10 de mayo de 1971. Etimológicamente le dedicaba al doctor James A. Peters, por entonces jefe del departamento de Anfibios y Reptiles del Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano, de Washington D.C.
La respuesta de los especialistas fue dispar durante décadas. Algunos tomaron a C. chilensis como sinónimo más antiguo de C. petersi y con dos subespecies, la típica y C. c. donosobarrosi,Ernst C. H. and Barbour R. W. (1989). Turtles of the world. Smithsonian Institution Press, Washington D.C., and London, 313 pp.Pritchard P. C. H. (1979). Encyclopaedia of turtles. TFH Publications, Ney Yersey, USA, 895 pp. otros dieron por válidas a las 3Cei J. M. (1986). Reptiles del centro, centro-oeste y sur de la Argentina. Herpetofauna de las zonas áridas y semiáridas. Torino, Mus. Reg. Sci. Natur. Torino, Monogr. IV: 1-527. o solo a C. donosobarrosi y C. chilensis (con C. petersi como una simple variación de esta última),Richard E. (1999). Tortugas de las regiones áridas de Argentina. Buenos Aires, L.O.L.A., Nº10, 200 pp., 8 pls.Cei J. M. (1993). Reptiles del Noroeste, Nordeste y Este de la Argentina. Herpetofauna de las selvas subtropicales, Puna y Pampas. Torino, Mus. Reg. Sci. Natur. Torino, Monogr. XIV: 1-949. mientras que otros autores reconocieron válidas a C. petersi y a C. chilensis (quedando C. donosobarrosi como una simple variación de esta última).Buskirk J. R. (1993). Distribution, status and biology of the tortoise, Geochelone chilensis, in Río Negro Provence, Argentina. Stud. Neotrop. Fauna Environ. 28: 233-249.Fernández, Marta Susana (1988). Las testudinidae [Reptilia: Chelonii] argentinas. Osteología, sistemática y distribución geográfica Directores: Brandoni de Gasparini, Zulma Nélida; Lanteri, Analía Alicia. La Plata: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Tesis nº: 0517.Cabrera, M. R. (1998). Las tortugas continentales de Sudamérica. Edición del autor. 108 pág. Finalmente, otros consideraron que los caracteres propuestos por Freiberg son altamente variables, por lo tanto carecían de valor diagnóstico, pasando a la sinonimia de C. chilensis sus dos especies.Wermuth, H., & Mertens, R. (1977). Liste der rezenten Amphibien und Reptilien.-Testudines, Crocodylia, Rhynchocephalia. Berlin, New York.
Esta ambigüedad llevó a E. Richard en 1988 a incluir todas las formas en un complejo de especies: el complejo “C. chilensis”.Richard E. (1988). Las “Yatache” (Chelonoidis donosobarrosi: Chelonii, Testudinidae) de la región del Nevado (Mendoza: Argentina). Apuntes sobre su historia natural. FVSA, Amphibia y Reptilia (conservación) 1: 79-92.Richard E. (1988). Notas ecoetológicas sobre las tortugas del complejo chilensis (Chelonii: Testudinidae) II. Litofagía y geofagía. Boletín de la Asociación Herpetológica de Argentina 4: 12.
Para complicar la ya confusa situación, se postuló que el ejemplar tipo empleado por John Edward Gray para describir a la especie Testudo chilensis era del mismo taxón patagónico que un siglo después describiría Freiberg como C. donosobarrosi, el que de este modo cayó en sinonimia del más antiguo chilensis, por lo que, para los que aceptaban como válidas un taxón norpatagónico-cuyano y otro chaqueño, el taxón septentrional quedaba huérfano de nombre, debiéndose emplear el que usó Freiberg para describir esa variación chaqueña pero de una manera más amplia, por lo que el “error” de Freiberg terminaba otorgándole así el nombre válido a la especie del grupo chilensis de la región chaqueña: Chelonoidis petersi (Freiberg, 1973). En la segunda década del , análisis genéticos ayudaron a clarificar la sistemática de estas tortugas.
Diferenciación genética
En el año 2012, el profesor Uwe Fritz y colaboradores estudiaron la variabilidad genética del complejo mediante un lote relativamente pequeño de ejemplares (colectados en pocas localidades) a los cuales les fueron extraídos caracteres secuencias del gen mitocondrial citocromo b y 9 microsatélites. Los resultados obtenidos fueron comparados con las distancias genéticas habituales entre las especies válidas dentro de Testudinidae. Se detectaron genéticamente dos grupos, uno en el centro y norte de Argentina, y el otro en la Patagonia, aunque con baja diferenciación, por lo que concluyeron que el único taxón válido del complejo es C. chilensis siendo sinónimos juniors de este C. petersi y C. donosobarrosi.
Su hipótesis biogeográfica es que C. chilensis se originó en un ancestro que ocupó una gran área geográfica similar a la actual. Las poblaciones australes no soportaron las nuevas condiciones ambientales ocurridas durante el Plio-Pleistoceno, por lo que la especie se extinguió de la Patagonia. Durante el Holoceno, partiendo desde las poblaciones del oeste argentino, la especie habría vuelto a sus territorios patagónicos, alcanzado la región dispersándose mediante flotación (“rafting”), derivando hacia el sur por la ruta biológica conformada por el impresionante caudal postglaciación del río Desaguadero.Fritz U., Alcalde L., Vargas-Ramírez M., Goode E., Fabius-Turoblin D. U. and Praschag, P. (2012). Northern genetic richness and southern purity, but just one species in the Chelonoidis chilensis complex. Zoologica Scripta 41: 220-232.
Al poco tiempo, la licenciada Julieta Sánchez realizó un trabajo de tesis sobre la variabilidad genética de esta tortuga, tanto la constitución cromosómica como molecular, con la aplicación de métodos de coalescencia y el estudio de su distribución geográfica y morfotipos en que el animal se manifiesta.Sánchez, Julieta (2012). Variabilidad genética, distribución y estado de conservación de las poblaciones de Tortugas terrestres Chelonoidis chilensis (Testudines: Testudinidae) que habitan en la República Argentina. Director de Tesis: Dr. Alejandro Daniel Bolzán. Codirector de Tesis: Dr. Leandro Alcalde. Lugar de trabajo: Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE) CCT-CONICET La Plata – CICPBA. Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata. Para ello empleó 98 especímenes colectados en todo su rango de distribución, de las cuales se obtuvo 92 muestras de las cuales en 69 de ellas se logró amplificar el gen del citocromo b. Como resultado logró describir 11 nuevos haplotipos (C2, C3, C6, C14, C15, C16, C17, C18, C19, C20 y C21).
Su análisis de las relaciones filogenéticas mostró la existencia de 2 haplogrupos bien sustentados por los 3 métodos utilizados: Máxima Parsimonia, Máxima Verosimilitud e Inferencia Bayesiana. Estos haplogrupos fueron denominados “Haplogrupo Chaco Seco” y “Haplogrupo del Monte”. En el análisis del ADNmt, al primero le corresponden mitocondrialmente tortugas con Cariomorfo A, las que habitan en la región chaqueña occidental. Al segundo le corresponden individuos del Cariomorfo B, y se distribuyen en la ecorregión del monte. Por medio de parsimonia estadística se obtuvo una red que presentó entre ambos haplotipos 10 pasos mutacionales de separación. La divergencia genética entre ambos grupos fue del 1,3 %, según la autora, insuficiente para la consideración de ambos como sendas especies plenas, aunque sus rasgos genéticos avalan tratarlas en estrategias de conservación por lo menos como distintas «unidades evolutivas significativas» (UES).Waples, R. S. (1995). Evolutionarily significant units and the conservation of biological diversity under the Endangered Species Act. In American Fisheries Society Symposium (Vol. 17, pp. 8-27).
A pesar de la diferencia en el tamaño, la especie posee menor distancia genética con el complejo que integran las tortugas de las Galápagos (9,1 %), siendo mayor la diferenciación con las otras especies del género Chelonoidis del subcontinente sudamericano: el morrocoy sabanero (13,4 %) y el morrocoy de la selva (13,1 %).