Andrés Castro Estrada (Managua, República Federal de Centroamérica, 1831 - Managua, Nicaragua, 8 de agosto de 1882), fue un campesino y soldado nicaragüense, reconocido por su participación en la batalla de San Jacinto, librada el 14 de septiembre de 1856, durante la Guerra Nacional de Nicaragua. Integró las fuerzas nicaragüenses que defendieron la hacienda de San Jacinto, frente al ataque de los filibusteros. Durante el combate, al quedarse sin munición para su rifle de chispa, derribó de una pedrada, a uno de los atacantes que intentaba ingresar en las posiciones defendidas por las tropas nicaragüenses. Su actuación quedó incorporada a la memoria histórica y patriótica de Nicaragua, lo que le valió el reconocimiento como héroe nacional y convirtió su figura, en uno de los símbolos de la defensa de la soberanía nacional.Posteriormente, alcanzó el grado militar de sargento primero, otorgado durante el gobierno del general Tomás Martínez Guerrero.

Primeros años Andrés Castro Estrada nació en 1831. El lugar exacto de su nacimiento presenta divergencias en la historiografía. Mientras que los registros oficiales del Estado de Nicaragua y la historiografía tradicional señalan a la Villa de Managua como su lugar de origen, la investigación monográfica del historiador Julián N. Guerrero, sitúa su nacimiento en la comarca de Jícaro Galán, en la jurisdicción del antiguo municipio de San Francisco del Carnicero, actual San Francisco Libre.Guerrero Castillo, Julián Napoleón. Breves Apuntes sobre el Héroe Andrés Castro.Sin embargo, el propio Julián declara que esta versión proviene de relatos, por lo que no se puede confirmar su veracidad. Fue hijo legítimo de Regino Castro y Javiera Estrada, ambos descendientes de las familias autóctonas de la ciudad. Las fuentes que describen sus características físicas, lo señalan como un hombre de estatura regular y tez morena.

Andrés creció en un entorno rural, vinculado al trabajo agrícola. Desde sus primeros años se dedicó al laboreo de la tierra, con dedicación y ahínco. Paralelamente, desarrollaba afición por la música: aprendió a tocar la guitarra y acostumbraba entonar canciones de carácter alegre, propias del ambiente campesino de la época.

Su juventud estuvo también marcada por su temprana inclinación hacia la vida militar, a la que se incorporó cuando tenía 23 años. Castro ingresó al Ejército del Septentrión, fuerza organizada en el contexto de las luchas políticas y militares que atravesaban Nicaragua, a mediados del siglo XIX. En ese momento, pasó a las filas del Ejército Legitimista, dirigido por el general Fruto Chamorro Pérez, para combatir a los sectores democráticos que se habían levantado contra su gobierno.

Posteriormente pasó a las fuerzas comandadas por el general Tomás Martínez. Según fuentes biográficas, desde sus primeras acciones militares, se distinguió por su participación en los combates y por su arrojo, cualidades que contribuyeron a su posterior ascenso dentro de las filas militares. A partir de entonces, inició una trayectoria militar que lo situaría en los principales acontecimientos bélicos de Nicaragua, durante la década de 1850, y que culminaría con su actuación en la batalla de San Jacinto, en 1856.

Batalla de San Jacinto thumb|right|350px|Cuadro al óleo La pedrada de Andrés Castro o La Batalla de San Jacinto, hecho por el pintor chileno Luis Vergara Ahumada en 1964, que se conserva en la casa hacienda. En primer plano la pedrada de Andrés Castro contra un filibustero estadounidense.

En 1856, Nicaragua se encontraba inmersa en la Guerra Nacional contra las fuerzas filibusteras, encabezadas por William Walker. En este contexto, tuvo lugar la batalla de San Jacinto, el 14 de septiembre de ese año. La defensa estuvo a cargo del coronel José Dolores Estrada Vado, oficial nicaragüense que dirigió las fuerzas defensoras durante el combate y cuyo liderazgo, fue determinante para la victoria. Entre los soldados que participaron en la acción se encontraba Andrés Castro, quien tenía entonces aproximadamente 25 años y ya contaba con experiencia militar adquirida durante los conflictos internos que habían precedido a la Guerra Nacional.

La actuación de Castro durante el combate quedó recogida en el parte oficial elaborado por Estrada Vado después de la batalla. En dicho documento, el comandante describió el desarrollo de la acción y dejó constancia de algunos de los hechos protagonizados por sus soldados, entre ellos el episodio por el que Castro sería posteriormente reconocido:

El relato de la batalla también quedó recogido en testimonios de algunos de sus protagonistas. Entre ellos, figura Manuel Borge, combatiente nicaragüense originario de Managua, quien años después dejó constancia de su experiencia y de los acontecimientos que presenció durante la jornada de San Jacinto. En su declaración, Borge se refiere a la actuación de Andrés Castro en los siguientes términos:

El historiador nicaragüense Jerónimo Pérez, en su obra Memorias, también dejó constancia de los acontecimientos relacionados con la batalla de San Jacinto y de la actuación de Andrés Castro. En ella señala lo siguiente:

Durante la batalla de San Jacinto, Castro también resultó herido de bala en una pierna. La lesión le dejó una cojera permanente, secuela física que lo acompañó durante el resto de su vida. izquierda|miniaturadeimagen|La hacienda San Jacinto, en el 160 aniversario de la batalla, el 14 de septiembre de 2016. La guerra continuó durante los meses siguientes, mientras las fuerzas centroamericanas estrechaban el cerco sobre los filibusteros. En la primavera de 1857, los combates se concentraron en Rivas, donde las tropas de Walker lograron resistir varios ataques, aunque su posición se debilitaba progresivamente. Finalmente, el comandante estadounidense Charles H. Davis, de la Armada de los Estados Unidos, intervino para negociar una tregua. El 1 de mayo de 1857, Walker abandonó Rivas y salió de Nicaragua escoltado por fuerzas estadounidenses, poniendo fin a su dominio efectivo sobre el país y al principal episodio de la Guerra Nacional.

En actos y publicaciones conmemorativas posteriores, la hazaña de Andrés Castro ha sido comparada con el relato bíblico de David y Goliat, en alusión a que un joven combatiente, utilizando una piedra como arma ante la superioridad de su adversario, logró derribar a un filibustero. Esta comparación ha sido empleada también en publicaciones oficiales del Ejército de Nicaragua, para destacar el carácter simbólico atribuido al episodio.

Vida posterior y muerte Después de la batalla de San Jacinto, Castro estableció su residencia en los alrededores de Managua, donde adquirió una finca cercana al antiguo hospital El Retiro. En diciembre de 1856, contrajo matrimonio con Gertrudis Pérez, joven originaria de Managua. El matrimonio tuvo dos hijos. La hija mayor, Esmeralda Castro Pérez, posteriormente se estableció en Costa Rica, donde contrajo matrimonio.

Según el testimonio de su sobrina Sinesia Castro, recogido por el diario La Prensa el 25 de mayo de 1965, bajo el título «Doña Sinesia cuenta como pereció el héroe Castro», Andrés hospedaba un matrimonio joven en su casa. El esposo habría comenzado a sentir celos de Castro, a quien atribuía un supuesto interés por su esposa. Según relató Sinesia, fue la propia mujer quien lo acusó ante su marido de que Castro pretendía cortejarla, provocando su enojo y desconfianza. En cierta ocasión, el hombre confrontó a Castro por este motivo y, según el mismo testimonio recogido en la entrevista, quién se defendió diciendo:

"Ideay, hombré. Teniendo yo mi trompuda para qué voy a enamorar a tu trompuda."Delgado, Rolando Alfonso. Algunos datos del héroe Andrés Castro. Diario La Prensa, Edición No. 22487, Lunes, 10 de septiembre del 2001.

El marido, sin embargo, no dio crédito a sus explicaciones y se consideró ofendido. En 1882, cuando Andrés Castro se dirigía hacia las sierras de Managua, fue emboscado por aquel hombre, quien lo atacó por la espalda y le causó la muerte. Sus restos fueron sepultados en el antiguo Panteón de San Pedro, en la ciudad de Managua, situado frente al lugar donde posteriormente se levantaría el edificio del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social. Julián N. Guerrero señaló que, tras su asesinato, el cadáver de Andrés Castro recibió sepultura con honores militares.El Gobierno concedió una pensión a su viuda, Gertrudis Pérez, que esta recibió hasta el final de su vida.

Localización de sus restos Treinta años después, entre 1912 y 1913, el terreno del antiguo camposanto fue reducido para dar paso a la construcción de nuevas calles de la ciudad. Debido a ello, sus familiares trasladaron sus restos a una comarca situada entre San Jacinto y Tipitapa. Durante décadas se desconocieron tanto el nombre de la comunidad, como las circunstancias que motivaron el traslado.

En septiembre de 2000, Clemente Guido, entonces director del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), confirmó que, gracias a la colaboración de un bisnieto de Castro, se había logrado identificar la ubicación exacta de su tumba, situada en el cementerio municipal de Tipitapa.Moncada, Mario José. Localizan restos de héroe de San Jacinto. Diario La Noticia, Miércoles, 27 de septiembre del 2000. Managua, Nicaragua

Posteriormente, con el propósito de rendir homenaje a su memoria, sus restos fueron depositados en una urna especial y trasladados, con el apoyo del Ejército de Nicaragua, la Alcaldía de Tipitapa y el Instituto Nicaragüense de Cultura, hasta la histórica hacienda San Jacinto, escenario donde había participado en la defensa de la soberanía nacional, en 1856.

Su exaltación como héroe nacional Antes de 1955, Andrés Castro figuraba entre los llamados «héroes olvidados» de la historia nacional. Ese año, un grupo de estudiantes y trabajadores del Instituto Nacional «Miguel Ramírez Goyena» de Managua, entre ellos, el entonces bibliotecario Carlos Fonseca Amador, emprendió una labor de rescate de su figura y de reivindicación de su participación en la batalla de San Jacinto. Los estudiantes realizaron una colecta entre la población para financiar una estatua que rindiera homenaje a Castro. Según relató posteriormente el historiador Roberto Sánchez Ramírez, los organizadores no pretendían que el entonces presidente, Anastasio Somoza García, encabezara el acto de inauguración de la obra. No obstante, Somoza García acudió al lugar con posterioridad, durante una caravana, en circunstancias que Sánchez describió como una muestra de su molestia por no haber sido invitado a presidir la ceremonia.«A punta de una colecta nacional, nosotros conseguimos erigir el monumento de Andrés Castro, en la Hacienda San Jacinto en el propio centenario de la batalla.» El proceso de reivindicación contribuyó a recuperar la figura de Andrés Castro dentro de la memoria histórica y las celebraciones patrióticas de Nicaragua. La estatua erigida en 1956, se convirtió en uno de los primeros homenajes públicos de carácter nacional dedicados a su memoria. El rostro representado en la escultura, no corresponde a una reproducción basada en la apariencia conocida de Andrés Castro, sino en la del boxeador Bill Turcios, quien habría sido escogido por la escultora Edith Grön como modelo debido a sus características físicas.

Décadas después, el reconocimiento a la figura de Castro adquirió carácter oficial. Mediante el Decreto n.º 1123, publicado en La Gaceta, Diario Oficial n.º 251, del 27 de octubre de 1982, Andrés Castro fue declarado Héroe Nacional de Nicaragua. El mismo decreto reconoció también con esta distinción, a Enmanuel Mongalo y Rubio y a Juan Santamaría. La Asamblea Nacional incluye actualmente a Castro en su relación oficial de Héroes Nacionales y lo identifica específicamente como «Héroe de la Batalla de San Jacinto».

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