Fundamentalismo es el nombre que recibe la corriente religiosa o ideológica que promueve la interpretación literal de sus textos sagrados o fundacionales (por encima de una interpretación contextual), o bien la aplicación intransigente y estricta de una doctrina o práctica establecida, por lo que considera un determinado libro, entidad o institución como autoridad máxima, ante la cual ninguna otra autoridad puede invocarse y la cual incluso debería imponerse sobre las leyes de las sociedades democráticas.
Por ejemplo: en principio, la palabra fundamentalismo se refiere a un movimiento islámico que propugna una estricta aplicación de la ley coránica a la vida social.Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española, 22a. edición. También se puede referir a un movimiento cristiano que se basa en una interpretación literal de la Biblia —literalismo bíblico—, que surge en Estados Unidos a inicios de la Primera Guerra Mundial.Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española, 22a. edición.
También, en otros casos, se puede relacionar al fundamentalismo político, que no es menos común. Algunos ejemplos de libros comunes entre fundamentalistas políticos son Mi lucha, de Adolf Hitler, y el Libro Rojo, de Mao Zedong. El fundamentalismo político no necesariamente se relaciona de manera directa o indirecta con las religiones tradicionales, sino que promueven una cosmovisión radical e incluso antiteísta.
El término además se identifica con las corrientes antimodernistas de distintas religiones. A veces se confunde con el milenarismo y con el mesianismo o es asociado con fanatismo o extremismo, aunque este último término se suele reservar para actitudes específicamente políticas. El término integrismo, que es el tradicional en español para referirse a este fenómeno, está semánticamente muy próximo, aunque en una interpretación estricta el fundamentalismo designa un fenómeno moderno (una forma de rechazo a las consecuencias secularizadoras de la modernidad, pero surgido desde la modernidad tecnológica), mientras que el integrismo promueve una respuesta tradicionalista.
Origen del término El fundamentalismo es un concepto moderno que surge como reacción cuando la sociedad moderna empieza a guiarse por leyes humanas y deja de lado las divinas, afectando a los hábitos y al estilo de vida. El término nació a principios del en los EE. UU. y rápidamente pasó a definir ideologías cristianas protestantes que, enarbolando la infalibilidad de la Biblia, pretendían un regreso a las posturas fundacionales del cristianismo, basándose en muchos casos en nociones reaccionarias.
De ahí se ha extendido la denominación a otros muchos movimientos recientes de casi todas las religiones del mundo que predican en contra de la corriente principal de sus respectivos credos, aseverando que ésta se ha desviado de sus fundamentos, o que se resisten a aceptar ideas progresistas que han sido admitidas por una gran parte de la comunidad.
En el ámbito hispanohablante, su uso es más reciente aún que en el anglosajón: la edición del DRAE de 1992 todavía no lo recogía. Tampoco una enciclopedia de referencia como la Larousse lo incorpora hasta su revisión de 1984, y únicamente aplicado al fundamentalismo islámico. En el corpus de la RAE, un banco de datos que recoge textos de todas las épocas, no aparece hasta 1950, en un tratado jurídico, y la mayoría de ocurrencias son de la última década. A diferencia del ámbito anglosajón, su introducción y popularización viene asociado exclusivamente al resurgir del integrismo musulmán. La última edición (2001) del DRAE ya recoge fundamentalismo, aplicado tanto a las lecturas literalistas de la Biblia como del Corán. El término tradicional en español es integrismo, que no solo se refería a la religión sino a algunas corrientes políticas tradicionalistas nacidas en el . Por último, el DRAE recoge también una tercera acepción más general y no necesariamente estar asociada a alguna religión: Exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida. En este sentido, el sociólogo Peter L. Berger sostiene que el fundamentalismo no procede sólo de la religión: Generalmente se cree que el fundamentalismo es malo para la democracia porque dificulta la moderación y la disposición al compromiso que hace posible la democracia (...) Pero es importante comprender que hay secularistas tan fundamentalistas como los religiosos: unos y otros coinciden en no estar dispuestos a cuestionar sus opiniones, así como en su militancia, agresividad y desprecio hacia los que discrepan de ellos.
Fundamentalismo en política
Toda iniciativa fundamentalista está abocada a inmiscuirse en la política del Estado en el que se desarrolla por su misma naturaleza moralista y reformista. Ya que el Estado posee el monopolio de la educación o, al menos, su control en prácticamente todo el mundo, los fundamentalistas se ven constantemente enfrentados a él cuando sus doctrinas son ignoradas o, como ocurre habitualmente, del todo criticadas en la enseñanza. Es obvio que cualquier movimiento de estas características buscará la mayor difusión de sus ideas entre el gran público y de ahí la necesidad de controlar los vehículos del saber. Los fundamentalistas suelen basarse en escuelas de pensamiento preexistentes y modificarlas a su medida o bien crear las suyas propias.
El fundamentalismo religioso, además de un cierto conservadurismo y rechazo de la modernidad, en general busca un retroceso en lo económico, político y cultural. Cuando, a esta tendencia reaccionaria, se añade la abierta intolerancia a las creencias y costumbres ajenas, entonces aquel se asimila a las ideologías posicionadas en la ultraderecha del espectro político. En los casos extremos y más intrusivos, esto puede conducir a la implantación de regímenes totalitarios.
Fundamentalismo cristiano
El término fundamentalista en el contexto cristiano se refiere a un movimiento dentro del cristianismo que afirma su adhesión a los fundamentos de dicha fe. En varias denominaciones cristianas hay fundamentalistas no siendo una denominación en sí sino más bien un movimiento que atraviesa el cristianismo en su conjunto. Dependiendo de la denominación particular tiene características especiales pero en general, se considera el ala conservadora de la Iglesia cristiana.
Algunas de las características más llamativas que se suelen adscribir al fundamentalismo cristiano son la interpretación literal del Génesis y el rechazo a la teoría de la evolución de las especies de Darwin.
No obstante, si bien el fenómeno fundamentalista cristiano surge de la asunción de ciertas posturas conservadoras en el espectro religioso cristiano, el término ha adquirido con el tiempo una significación, sobre todo a raíz de su exportación al mundo islámico, que puede llevar a errores sobre sus verdaderos orígenes y desviar sobre lo que realmente abarcaba en un principio y a lo que se refiere en la actualidad en el ámbito cristiano.
Orígenes
Se puede fechar el inicio del uso de «fundamentalista» a finales de la década de 1910, tras la enunciación en 1910 por parte de la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana de los EE.UU. de los Cinco Fundamentos necesarios y esenciales de la fe cristiana.Luc Chartrand, La Bible au pied de la lettre, Le fondamentalisme questionné, Mediaspaul, Francia, 1995, p. 20 Esto vino a raíz de una disputa el año anterior sobre si se debía ordenar sacerdotes a un grupo de novicios que se negaban a afirmar el nacimiento de Cristo del cuerpo de una virgen. Los Fundamentos escogidos fueron, pues:
La inspiración de la Biblia por el Espíritu Santo y la infalibilidad de las Escrituras como resultado de dicha inspiración. El nacimiento de Cristo del seno de una virgen. La creencia de que la muerte de Jesucristo fue cierta. La resurrección en cuerpo de Jesús. La realidad histórica de los milagros de Jesucristo.
Siguiendo estas pautas es obvio que hay muchas ideas que hoy se asignarían inmediatamente a un fundamentalista y que, sin embargo, están ausentes de la declaración de la cual toman el nombre. Por ejemplo, no se da siempre que quien afirma la infalibilidad de la Biblia argumente también a favor de una interpretación literal de la misma. De hecho, las corrientes 'literalistas' tienen unas raíces mucho más profundas que el fundamentalismo y se remontan a las discusiones de antaño sobre si la Biblia se puede traducir, etc.
En cualquier caso, sí que es cierto que era mucho más fácil encontrar los rasgos antimodernistas y anticientíficos que hoy asociamos con fundamentalismo religioso en aquellos que suscribían los Cinco Fundamentos. En ello se fijó también el teólogo baptista Harry Emerson Fosdick, cuando en 1922 escribió su sermón ¿Ganarán los fundamentalistas?.
Ésta fue la primera obra de difusión con repercusiones que definía a los fundamentalistas en términos muy parecidos a los actuales. Fosdick dirigió su crítica hacia los elementos de las iglesias presbiteriana y baptista que se oponían al esfuerzo de aquellos que trataban de reconciliar, una vez más, la Ciencia con la Religión. Así, definía a los fundamentalistas como intolerantes conservadores que arbitrariamente habían trazado los límites de lo que se admitía en la discusión teológica. Abogaba por contrarrestar esto por la integración en la Comunidad de aquellos que expusieran sus dudas sobre aspectos como la virginidad de María o la resurrección de Cristo basado en lo que demostrara la Ciencia.
El sermón fue un éxito y se distribuyó en forma de panfleto a todos los pastores protestantes de los Estados Unidos. La provocación a los conservadores estaba servida y el guante fue recogido gustosamente por personajes como John Gresham Machen y Benjamin Breckinridge Warfield, quienes en 1929 formaron la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa.
El fundamentalismo cristiano comenzó así como la adherencia a los Cinco Fundamentos por parte de miembros de muy diferentes denominaciones protestantes.
Desarrollo del término
A lo largo del tiempo, el fundamentalismo se vio asociado a un particular segmento de las protestantismo evangélico que se distingue del resto por su enfoque separatista hacia la modernidad y hacia los aspectos de la cultura que ellos creen que caracterizan el mundo moderno y hacia los otros cristianos que no han decidido como ellos desligarse de él. Como se ejemplificó anteriormente, algunas cosas que un fundamentalista se supone que debe hacer son: evitar las traducciones demasiado modernas/liberales de la Biblia y el rezo con instrumentos populares (guitarras, etc.). Tampoco debería consumir bebidas alcohólicas, drogas estupefacientes o tabaco, ni están bien vistos el baile y, en general, cualquier tipo de actividad o estilo en el que no se establezcan estrictas diferencias y límites entre hombres y mujeres. Tales cosas pueden parecer inocuas al ajeno, pero para algunos fundamentalistas, éstas suponen la punta de lanza de la amenaza para su virtuoso modo de vida y para la fe más pura que ellos buscan proteger y poner como ejemplo ante el mundo.
Debido a la prevalencia de una escatología jerárquica, algunos fundamentalistas apoyan con vehemencia el moderno Estado de Israel porque creen que tiene una significación paralela a la de las Iglesias Cristianas en los designios divinos y le asignan un papel especial en el Fin del mundo.