Le Comte de Monte Cristo (El Conde de Montecristo, en España; El Conde de Monte Cristo, en Hispanoamérica) es una miniserie francesa-italiana-alemana de 1998, dirigida por Josée Dayan y distribuida en 4 episodios de 100 minutos cada uno, basada en la novela del mismo nombre de Alexandre Dumas y Auguste Maquet. Está protagonizada por Gérard Depardieu, Ornella Muti, Jean Rochefort y Pierre Arditi, entre otros.

Aunque presenta cambios en la trama y en el final de la historia y supresión de ciertos personajes, esta miniserie está considerada una de las mejores adaptaciones de la obra original. Cuenta la historia de Edmond Dantès, joven marinero ingenuo y honesto que un día ve truncados sus planes de casarse con su prometida, la española Mercedes Igualada, y de llevar con ella la vida pacífica que siempre soñó, debido a la traición de sus amigos Fernand Mondego y Eugène Danglars. Edmond es condenado injustamente a presidio en el castillo de If, en Marsella, donde permanece 18 años encarcelado. Allí conoce al abate Faria, un monje que le revelará el sitio donde ocultó un tesoro y le ayudará a escapar. Convertido en un hombre rico y poderoso, se propone, bajo el nombre de conde de Montecristo, vengarse de aquellos que le han acusado o que se han beneficiado de su desaparición para ascender en la sociedad.

Resumen

Capítulo 1 Corre el año 1833 en Marsella. En el castillo de If los prisioneros reclaman mejor comida, menos el número 34, Edmond Dantès, que ya ha perdido la esperanza y sólo piensa en morir. Sus mejores amigos le traicionaron y le hicieron encarcelar injustamente dieciocho años atrás, el día de sus esponsales con su amada Mercedes. Mediante una carta anónima, Fernand Mondego y Eugène Danglars informaron al fiscal del rey, el señor Villefort, de que en su último viaje a bordo del Faraón, el barco en el que viajaba como marinero, Dantès había desembarcado en la isla de Elba, donde estaba exiliado Napoleón después de su derrota en Waterloo, y recogió una carta de parte del antiguo emperador. Dantès no lo negó ante el fiscal, puesto que había obedecido las órdenes del capitán de su barco cuando estaba muriendo de fiebres y que, a su vez, le había ordenado que la entregara personalmente a su destinatario en París. El fiscal le pidió a Dantès la carta que debía entregar y, después de leerla, lo mandó encarcelar. En la carta, Napoleón ordenaba a Noirtier, el destinatario, que se deshiciera de su peor rival en París, para poder volver a Francia y retomar el poder.

Mientras Dantès se tortura en la cárcel con el recuerdo de su juventud perdida, un monje llamado Faria consigue llegar a su celda por un túnel y le devuelve la esperanza. Le cuenta de la existencia de un antiguo tesoro escondido en una isla, la isla de Monte Cristo. Cuando Faria muere, Dantès consigue hacerse pasar por él para que se deshagan de él pensando que es el cuerpo del monje muerto. Los guardias del Castillo de If lo lanzan al mar desde un acantilado, ya que no tienen más espacio para enterrar a los muertos. Por eso Dantès, que es buen nadador debido a sus años de largas travesías en barco, consigue salvarse nadando hasta la playa. Entre tanto, en el castillo se han enterado de su desaparición y los soldados salen en su busca.

Una vez en la ciudad, Dantès se dirige a su casa donde, por una vecina, descubre que su padre ha muerto de pena porque creyó que él había muerto. También pregunta a los vecinos de la ciudad por Mercedes y por Fernand, y se entera de que ninguno de los dos vive allí desde hace 18 años. Cuando se encuentra en el puerto examinando los barcos y mercancías y buscando algo de comer, el capitán de un barco que se dedica al contrabando le ofrece embarcarse en su navío porque no tiene suficientes marineros. Dantès lo acepta.

En el barco conoce a Bertuccio, que trabaja de cocinero a bordo y que, según el capitán, cocinó durante años para aristócratas italianos. A su paso por el archipiélago de la Toscana, Dantès pide que lo desembarquen en la isla de Montecristo y vuelvan a buscarlo al cabo de unos días. El capitán lo acepta porque sabe que no podrá escapar de la isla, pues sabe que se ha escapado de If y quiere obtener un rescate por él. Bertuccio quiere salvar al marino y se escapa del barco para advertirle.

Mientras tanto, Dantès encuentra en Montecristo el tesoro del que le habló el abate Faria: un cofre lleno de dinero, de joyas, de alhajas y piedras preciosas. Al llegar Bertuccio a rescatarle de la isla en un pequeño velero, desconfía de sus intenciones, pero el cocinero le insiste en que quiere ayudarle y le pide que lo tome a su servicio como criado. Dantès lo acepta de mala gana y se dirigen a la costa italiana.

Una vez en Italia, Dantès, vestido como un aristócrata y haciéndose llamar Conde de Montecristo, compra con parte del tesoro el 51 por ciento del capital del banco italiano Thompson & French, en el que, como propietario, ordena que suspendan el vencimiento de los créditos de la naviera Morrel, la compañía para la que trabajó como marinero hasta que lo encarcelaran, hasta que el Faraón, el único buque que le queda a la familia Morrel, vuelva de las Indias Orientales con la mercancía que garantizará la supervivencia de la naviera.

De vuelta a Marsella, y esta vez disfrazado de cura y haciéndose llamar Padre Busoni, compra el piso donde vivía con su padre y se instala allí con Bertuccio. Busoni visita en las cercanías de Marsella la posada de Caderousse, un tabernero que servía a Dantès, Danglars y Mondego cuando eran jóvenes en su tasca situada en el puerto de Marsella. Haciéndose pasar por el confesor de Dantès, Busoni asegura a Caderousse que el marinero ha muerto y que antes de morir le pidió que entregara una piedra preciosa de 50.000 francos en herencia a sus tres amigos de juventud. Como Caderousse es un bribón fascinado por el dinero fácil, le confiesa al cura que no es justo dividir la piedra en tres partes, puesto que Danglars y Mondego son los responsables del arresto de Dantès. Es así como Dantès confirma sus sospechas de que sus amigos le traicionaron. El posadero le cuenta que ambos salieron beneficiados después de su desaparición, pues Fernand Mondego estuvo sirviendo en Grecia como soldado al servicio del sultán Ali Pashá, que lo ascendió a general y lo recompensó con una gran fortuna, y de regreso a Francia, se casó con Mercedes y se fue a vivir a París, nombrado conde de Morcerf y par de Francia. A su vez, Danglars, también se fue a la capital, donde amasó una fortuna, fundó un banco y fue nombrado barón. Sin revelar su verdadera identidad, Busoni entrega la piedra a Caderousse y se va.

Sediento de venganza y furioso con Dios por no haber hecho justicia, Dantès entra en una ermita para anunciar:

Tomada la decisión de hacer justicia, Dantès viaja con Bertuccio a Oriente, donde pretende refinarse y aprender todo lo relacionado con la venganza.

Al cabo de un año, Dantès regresa a Marsella, con un séquito de criados a su servicio, en el momento en el que debe volver a puerto el Faraón con todas las mercancías traídas de las Indias Orientales. Disfrazado esta vez de Lord Wilmore, un supuesto representante de la banca Thompson & French, visita a Morrel, su antiguo patrón y dueño de la naviera, y a su hijo Maximilien. El Faraón ha naufragado y su tripulación ha llegado a puerto a bordo de otro barco, que les ha rescatado en el mar. Lord Wilmore concede una nueva prórroga de tres meses en el vencimiento de los créditos de la naviera, pero Morrel y Maximilien están desesperados. Hundido su último barco, la compañía Morrel está destinada a la bancarrota.

Pero Dantès está muy agradecido a Morrel porque sabe que se ocupó de su padre cuando le encarcelaron, así que no tiene intención de dejar que la naviera quiebre. Por eso se desplaza de nuevo a Italia, donde manda construir un barco idéntico al Faraón para antes de tres meses. Allí conoce a Albert de Morcerf, un joven aristócrata que ha viajado a Italia para conocer sus costumbres, y que resulta ser el hijo de Fernand y Mercedes de Morcerf. Este muchacho ha oído hablar de la presencia en la ciudad del conde de Montecristo, del que cree que ha alquilado un buen lugar para contemplar la ejecución de un bandido llamado Roca Priori, perteneciente a la banda del malhechor Luigi Vampa. Por eso pide a Montecristo que lo acoja en su balcón para ver la ejecución. Indignado, Montecristo niega tener un lugar en lo que él considera una atrocidad.

Esa noche Bertuccio informa a Montecristo de que la banda de Luigi Vampa ha secuestrado a Albert de Morcerf para pedir un rescate. Aunque al principio Montecristo se niega a ayudar al hijo de quienes le traicionaron, Bertuccio lo convence para que lo haga. En vez de pagar su rescate, Montecristo negocia con Luigi Vampa: él se compromete a conseguir la liberación del condenado a muerte Roca Priori y Vampa deberá liberar sano y salvo al vizconde de Morcerf. Para conseguirlo, Montecristo soborna al juez que ha dictado la sentencia de muerte de Roca Priori. El día de la ejecución, Roca Priori es indultado y Albert de Morcerf es liberado, con lo que el vizconde queda eternamente agradecido al Conde de Montecristo.

Tres meses después, en Marsella, Morrel y Maximilien están desesperados por el vencimiento de su deuda y la llegada inminente de Lord Wilmore para reclamarla. Cuando Morrel está a punto de quitarse la vida para limpiar su nombre y no perjudicar el porvenir de su hijo, la anciana vecina del padre de Dantès entrega una bolsa con monedas a Maximilien, diciéndole que es de parte del padre Busoni. El muchacho llega a tiempo de impedir la tragedia y entrega el dinero a su padre. Justo en ese momento llega Lord Wilmore, a quien dan la buena noticia de que están en condiciones de pagar la deuda. Pero Lord Wilmore no sólo se muestra feliz por ellos. Les anuncia que acaba de ver llegar a puerto al Faraón cargado de mercancías provenientes de las Indias. Los Morrel no pueden creerlo, ya que el Faraón se había hundido tres meses atrás, pero Wilmore insiste en que se ha producido un milagro y se va. Padre e hijo contemplan por el balcón cómo lo que dice Wilmore es cierto. Con la emoción, el señor Morrel cae desplomado al suelo, sin vida.

Ajeno a la muerte de Morrel, Lord Wilmore recibe una carta de Albert de Morcerf invitándole a su casa en París como agradecimiento por salvarle la vida.

Capítulo 2

Montecristo llega a París con su séquito de criados. Bertuccio, que ha trabajado a las órdenes de un conde, le enseña cómo comportarse en sociedad. El día acordado, Montecristo acude a su cita con Albert de Morcerf, que le presenta a sus amigos, el periodista Beauchamp y el comerciante Maximilien Morrel, al que finge no conocer. Después de ganarse la simpatía de todos, Montecristo acompaña al vizconde de Morcerf a conocer a sus padres, quienes le están muy agradecidos por haber salvado a su hijo. Fernand de Morcerf no reconoce a Dantès en Montecristo, pero Mercedes, al verlo, parece estar a punto de sufrir un desmayo.

Después de la visita a los Morcerf, Montecristo acompaña a Fernand a oír la requisitoria del fiscal Villefort, quien también se encuentra en París desde hace veinte años. Da la casualidad de que la hija de Villefort, Valentine, está enamorada de Maximilien Morrel, aunque su padre ha convenido su matrimonio con el general Franz d'Épinay. De regreso a su nueva casa en las afueras de la ciudad, Montecristo pide a Bertuccio que le encuentre a una mujer que le haga compañía, y a quien pueda mostrar como su pareja en sociedad.