La «marea rosa» se refiere a una ola de gobiernos progresistas y de izquierda que surgieron en América Latina desde finales de los años 90 hasta mediados de los años 2010, comenzando con la elección de Hugo Chávez en Venezuela en 1998. Estos gobiernos ofrecieron una alternativa al modelo neoliberal predominante, que había generado desigualdad económica, austeridad y subordinación política a Estados Unidos, y promovieron en su lugar mayor justicia social y participación democrática. Muchos de estos partidos estaban agrupados en el Foro de São Paulo.

En 2005, la BBC señaló que tres cuartas partes de los 350 millones de habitantes de Suramérica vivían en países gobernados por presidentes de orientación izquierdista, elegidos en los seis años anteriores. Un rasgo común de esta ola fue la clara ruptura con el Consenso de Washington —el modelo de reformas económicas basado en mercados abiertos, privatizaciones y ajuste fiscal promovido desde los Estados Unidos en la década de 1990—, al que se opusieron con políticas orientadas a la justicia social, la soberanía nacional y una mayor participación democrática. Estos gobiernos implementaron medidas como el aumento de pensiones sociales, salarios mínimos y la recaudación fiscal, lo que contribuyó a una reducción significativa de la desigualdad de ingresos en varios países durante lo que se conoce como la primera marea rosa.

El término «marea rosa» fue acuñado por el periodista Larry Rohter del New York Times en 2004, al referirse a la elección de Tabaré Vázquez en Uruguay como «no tanto una marea roja… más bien una rosa». La palabra «rosa» alude a un color asociado con corrientes socialistas más moderadas, en contraste con el «rojo» del comunismo. A los países que siguieron esta orientación política se les ha denominado en inglés Pink Tide nations.

A partir de la década de 2010, la marea rosa dio paso a una ola conservadora, entendida como una reacción política a la etapa anterior. Este giro estuvo marcado por eventos como el golpe de Estado en Honduras (2009), la crisis política en Paraguay (2012), el deterioro de la situación en Venezuela, las protestas en Nicaragua (2018), y la renuncia de Evo Morales en Bolivia en 2019. En este contexto, el Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia sufrió una fractura interna que influyó en su derrota en las elecciones generales de 2025.

Sin embargo, desde inicios de la década de 2020 se ha observado la segunda marea rosa, con la llegada al poder de gobiernos de izquierda o centroizquierda en México (2018), Argentina (2019), Bolivia (2020), Perú (2021), Honduras y Chile (2021), Colombia y Brasil (2022), Guatemala (2023), y nuevamente en México y Uruguay en 2024. Estos nuevos gobiernos han incorporado en sus agendas prioridades contemporáneas como la protección ambiental, la justicia social para grupos diversos y la promoción de modelos de desarrollo económico sostenible.

Antecedentes Durante la Guerra Fría, se eligieron una serie de gobiernos de izquierda en América Latina. Estos gobiernos enfrentaron golpes de Estado patrocinados por el gobierno de los Estados Unidos como parte de su interés geoestratégico en la región:• Greg Grandin (2011). The Last Colonial Massacre: Latin America in the Cold War. University of Chicago Press. p. 75. .• Walter L. Hixson (2009). The Myth of American Diplomacy: National Identity and U.S. Foreign Policy. Yale University Press. p. 223. . golpe de Estado en Guatemala de 1954, golpe de Estado en Brasil de 1964, golpe de Estado en Chile de 1973 y golpe de Estado en Argentina de 1976, entre otros. Todos estos golpes fueron seguidos por dictaduras militares de derecha respaldadas y patrocinadas por Estados Unidos como parte de la Operación Cóndor del gobierno de Estados Unidos.Con la excepción de Perú, Costa Rica, México, Ecuador y Colombia, prácticamente todos los países latinoamericanos tuvieron al menos una experiencia con un dictador apoyado por Estados Unidos: Fulgencio Batista en Cuba, Rafael Trujillo en República Dominicana, la familia Somoza en Nicaragua, Tiburcio Carias Andino en Honduras, Carlos Castillo Armas en Guatemala, Hugo Banzer en Bolivia, Juan María Bordaberry en Uruguay, Jorge Rafael Videla en Argentina, Augusto Pinochet en Chile, Alfredo Stroessner en Paraguay, François Duvalier en Haití, Artur da Costa e Silva y su sucesor Emílio Garrastazu Médici en Brasil, Manuel Noriega en Panamá y Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, lo que provocó un fuerte sentimiento antiestadounidense en amplios sectores de la población.

Estos regímenes autoritarios cometieron diversas violaciones de derechos humanos, entre ellas detenciones ilegales de opositores políticos, sospechosos de serlo o sus familiares, torturas, violaciones, desapariciones y trata de niños. A fines de la década de 1970 y hasta principios de la década de 1990, a medida que estos regímenes comenzaron a declinar debido a la presión internacional y al clamor interno de la población en los Estados Unidos por su participación en las atrocidades, que obligó a Washington a renunciar a su apoyo, nuevos procesos democráticos comenzaron.

Con la excepción de Costa Rica y Guyana, prácticamente todos los países latinoamericanos tuvieron al menos una experiencia de una dictadura apoyada por Estados Unidos:

Jorge Rafael Videla en Argentina. Hugo Banzer en Bolivia. Artur da Costa e Silva en Brasil Augusto Pinochet en Chile. Gustavo Rojas Pinilla en Colombia. Fulgencio Batista en Cuba. Guillermo Rodríguez Lara en Ecuador. Jaime Abdul Gutiérrez en El Salvador. Carlos Castillo Armas en Guatemala. François Duvalier en Haití. Tiburcio Carías Andino en Honduras. El Partido Revolucionario Institucional en México. La familia Somoza en Nicaragua. Manuel Antonio Noriega en Panamá. Alfredo Stroessner en Paraguay. Manuel Odría en Perú. Rafael Trujillo en República Dominicana. Juan María Bordaberry en Uruguay. Marcos Pérez Jiménez en Venezuela.

Esto ha generado un fuerte sentimiento antiestadounidense en amplios sectores de la población.

Historia

Surgimiento: Década de 1990 y 2000 Luego de la tercera ola de democratización en la década de 1980, la institucionalización de la competencia electoral en Iberoamérica abrió la posibilidad de que la izquierda ascendiera al poder. Durante gran parte de la historia de la región, la contienda electoral formal excluyó a los movimientos de izquierda, primero a través del sufragio limitado y luego a través de la intervención militar y la represión durante la segunda mitad del .Levitsky, Steven; Roberts, Kenneth. "The Resurgence of the Latin American Left" (PDF). Baltimore: Johns Hopkins University Press. La caída del Muro de Berlín (1989) y el colapso de la Unión Soviética (1991) cambiaron el entorno geopolítico: las fuerzas de izquierda en América Latina empezaron a analizar las consecuencias y el impacto que tenían dichos acontecimiento para el futuro resultando en la fundación del Foro de São Paulo en 1990 por el brasileño Partido de los Trabajadores, bajo los auspicios del régimen comunista de Cuba. Por otra parte, muchos movimientos revolucionarios desaparecieron y la izquierda adoptó los principios básicos del capitalismo. Como resultado, Estados Unidos ya no percibió a los gobiernos de izquierda como una amenaza a la seguridad, creando una apertura política para la izquierda. En la década de 1990, la izquierda aprovechó esta oportunidad para solidificar su base, postularse para cargos locales y ganar experiencia en el gobierno a nivel local.

A fines de la década de 1990 y principios de la de 2000, los intentos iniciales fallidos de la región con las políticas liberales de privatización, recortes en el gasto social y la inversión extranjera dejaron países con altos niveles de desempleo, inflación y creciente desigualdad.Rodriguez, Robert G. (2014). "Re-Assessing the Rise of the Latin American Left" (PDF). The Midsouth Political Science Review. Arkansas Political Science Association. 15 (1): 59. ISSN 2330-6882. Durante este período, un número creciente de personas trabajaban en la economía informal y sufrieron inseguridad material, y los lazos entre las clases trabajadoras y los partidos políticos tradicionales se debilitaron, lo que resultó en un crecimiento de la protesta masiva contra los efectos sociales negativos de estas políticas, como los piqueteros en Argentina, o los movimientos indígenas y campesinos arraigados entre los cocaleros, cuyo activismo culminó en la Guerra de Gas en Bolivia de principios y mediados de la década de 2000. Las plataformas sociales de la izquierda, que se centraban en el cambio económico y las políticas redistributivas, ofrecieron una alternativa atractiva que movilizó a grandes sectores de la población de la región que votaron a los líderes izquierdistas en el cargo.

miniaturadeimagen|200px|derecha|Evo Morales, Hugo Chávez y Lula (de izq. a dcha., en 2007) fueron «los tres mosqueteros» de la izquierda en América del Sur, según Cristina Fernández de Kirchner.

La «marea rosa» se inició entonces por la elección de Hugo Chávez en Venezuela en 1998, que se secundaría con las de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil (2002), Néstor Kirchner en Argentina (2003), Tabaré Vázquez en Uruguay (2004), Manuel Zelaya en Honduras (2005), Evo Morales en Bolivia (2005), Michelle Bachelet en Chile (2006), Rafael Correa en Ecuador (2006), Daniel Ortega en Nicaragua (2006), Cristina Fernández de Kirchner en Argentina (2007), Fernando Lugo en Paraguay (2008), Mauricio Funes en El Salvador (2009) y Ollanta Humala en Perú (2011).En España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero ponía fin en 2004 a ocho años de gobierno conservador al ganar unas elecciones marcadas por los atentados del 11M. Las políticas nacionales de la izquierda en América Latina se encontraron divididas entre los estilos de Chávez y Lula, ya que Lula no solo se centró en los afectados por la desigualdad, sino que también atendió a las empresas privadas y al capital global.

Creación de la UNASUR y CELAC (2008 y 2010)

miniaturadeimagen|350px|izquierda|Dirigentes de la UNASUR (Brasilia, 2008)

La «marea rosa» se tradujo en el impulso de nuevos organismos de integración regional Latinoamérica como respuesta ante la propuesta de Estados Unidos de formar un área de libre comercio en la región y para contrarrestar la hegemonía de la Organización de los Estados Americanos (OEA, 1948): la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA) se creó en 2004, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) se constituyó en 2008 y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se fundó en 2010.

Sin embargo, como lo señala el politólogo alemán Detlef Nolte, «a pesar de la retórica de algunos presidentes, no hubo un proyecto regional integral común durante la marea rosa. Por un lado, estaban los proyectos subregionales como el Mercosur, la Comunidad Andina, SICA y luego la Alianza del Pacífico. Hubo el proyecto regional ALBA iniciado por Cuba y Venezuela. Y luego UNASUR, que fue impulsada principalmente por Brasil como un proyecto regional, pero al cual también se sumaron los demás gobiernos sudamericanos con diferentes intereses y compromisos. Desde el principio, el proyecto neodesarrollista sudamericano de Brasil fue contestado por el proyecto antihegemónico del gobierno venezolano. El proyecto brasileño tenía un fuerte enfoque en el desarrollo económico y el comercio con el objetivo de insertarse de manera más ventajosa en la región y en la economía internacional».

Auge y crecimiento de las materias primas