El término naturalismo (del latín naturalis) se usa para denominar las corrientes filosóficas que consideran a la naturaleza como el principio único de todo aquello que es real. Sistema filosófico de creencias que sostiene que no hay nada más que fuerzas y causas del tipo de las estudiadas por las ciencias naturales.

Otra manera relativamente sencilla de entender el naturalismo en filosofía es entender por naturalismo toda posición opuesta al misticismo, entendido este último como englobando todas aquellas posiciones que atribuyen realidad objetiva a realidades cuya realidad es esencialmente subjetiva (e.g. "la belleza, las experiencias religiosas, el amor, el bien", etc.) y sugieren que el ser humano posee algún tipo de facultad directa (mística, sobrenatural) de conocer o captar dichas realidades supuestamente objetivas y sobrenaturales.

Filósofos que han intentado explicar y defender esta corriente filosófica incluyen a Willard Van Orman Quine y Hilary Putnam.

Generalmente el naturalismo suele sostener que los conceptos relacionados con la consciencia y la mente hacen referencia a realidades o propiedades que pueden ser traducidas a relaciones de superveniencia (interdependencia) en términos naturales.

Específicamente, rechaza la idea de poder hablar objetivamente sobre algo "sobrenatural", como ocurre en las religiones humanas, rechazando así la idea de teleología o axiología, viendo todas aquellas cosas "sobrenaturales" como explicables en los mismos términos que todas las demás cuestiones científicas, esto es, sin conferir a ningún ámbito de la realidad fenoménica un carácter especial, privilegiado o "místico".

Se trata, pues, de una visión teórica acerca de la naturaleza misma del discurso y la investigación científicos en general, no sólo sobre los paradigmas actuales en las ciencias.

Características Algunas formas de naturalismo excluyen decididamente todo tipo de mecanicismo, como es el caso del materialismo dialéctico marxista —que puede englobarse también dentro del naturalismo—, para el que la realidad no está regulada por leyes mecánicas sino por la tríada hegeliana de la tesis, antítesis y síntesis.

En el naturalismo, el ser humano es un ser plenamente radicado en sí mismo y que en sí mismo adquiere todo su sentido. De ahí que el naturalismo suela desembocar en un humanismo radical, tal como aconteció con el naturalismo renacentista y con el del . La perfección del ser humano —según esta posición— se encuentra en el mejoramiento de su propia naturaleza, no en la mutación de ella. En el naturalismo no caben las tesis soteriológicas propias del pensamiento religioso o de corte platónico.

Cabe también destacar la íntima ligazón entre el naturalismo y el progreso de la ciencia físico-natural. Aunque este factor es meramente fáctico —y aun a ese nivel discutible: Dewey, por ejemplo, no reconoce esta ligazón—, parece que ha ido ligado al desarrollo de las ciencias positivas, en especial de la física y la biología. Así ha sucedido con el naturalismo de los presocráticos, en los que la preocupación por la physis, la naturaleza, les llevó a una concepción naturalista de la realidad; con los pensadores renacentistas, influidos por el auge de la nueva ciencia; con el naturalismo decimonónico, que toma ocasión en gran parte de la grandiosa comprensión del cosmos que ofrecía la física newtoniana y los nuevos descubrimientos de la biología evolucionista, y, por último, con el actual naturalismo, basado en la nueva visión que del Universo presenta el progreso científico.

Finalmente, dentro de un naturalismo consecuente, los problemas epistemológicos no alcanzan la virulencia a que llegan en el seno de otras concepciones; por ejemplo, en el idealismo. Suele darse en los pensadores naturalistas una cierta confianza en el poder espontáneo de los órganos cognoscitivos humanos para captar la realidad. La correlación establecida por el naturalismo entre el hombre como microcosmos y el universo como macrocosmos conduce a la creencia, más o menos explícita, de que entre ambos se da una simpatía óntica fundamentadora de una fácil captación del ser del segundo por la facultad cognoscitiva del primero. Y, de hecho, la gnoseología del naturalismo ha sido siempre un tanto deficiente. A este aspecto del naturalismo, aunque se habla de la absolutización de la naturaleza, de la negación de la dualidad naturaleza-espíritu o de la dualidad natural-sobrenatural. También se caracteriza el naturalismo por el llamado “optimismo antropológico” y por el hecho de mostrar una confianza en el naturalismo. Es destacable, también, el que se refiera la figura de John Dewey como un psicólogo naturalista que puso énfasis decidido en el tema de la educación; este apoya las diferencias entre los conjuntos opuestos de cada uno.

Periodos Históricamente el naturalismo ha tenido cuatro momentos principales, por lo que puede distinguirse entre un naturalismo griego, un naturalismo renacentista, un naturalismo moderno y un naturalismo actual. Los filósofos naturalistas hacen que se elaboren muchas nociones importantes que pasarán al patrimonio filosófico de la verdad.

El primero tiene dos periodos fundamentales, encarnados en las escuelas presocráticas y en las posaristotélicas: epicúreos y estoicos; en todas ellas la physis se presenta como algo absoluto que en sí misma encuentra la razón de su existir; el propio ser humano no aparece más que como un elemento de la naturaleza, con ciertas peculiaridades, pero sometido por completo y sin excepción alguna a sus leyes. Es muy significativo que la primera manifestación clara y definida de una teoría evolucionista aparezca en Anaximandro y se continúe en el epicúreo Lucrecio.

El naturalismo renacentista es una clara muestra de la derivación, antes citada, hacia el humanismo; aunque tendencias naturalistas pueden señalarse en la mayoría de los pensadores del Renacimiento —ejemplo manifiesto sería Leonardo da Vinci—, sus representantes más típicos son Bernardino Telesio (1509-88), Francisco Patrizzi (1529-97) y Tomás Campanella (1568-1639).

El naturalismo moderno, de fuerte raigambre científica, se inicia durante el —el naturalismo de la Enciclopedia, cuyos jalones principales serán el naturalismo pananimista de Jean Baptiste René Robinet (1735-1820) y el naturalismo mecanicista de La Mettrie y de Holbach—, culminando en el siglo siguiente bajo la forma del materialismo mecanicista de L. Büchner, J. Moleschott y E. Haeckel.

En la actualidad el naturalismo es una corriente de innegable difusión si bien con fuertes variantes entre sus diversos representantes. Pueden citarse entre ellos a A. N. Whitehead (The Concept of Nature, 2a ed. Nueva York 1926), A. Liebeck (Wetterwachen, Stuttgart 1928) y H. Blüher (Die Achse der Natur, Hamburgo 1949). Un grupo interesante de defensores del naturalismo es el formado por los autores de los 15 estudios sobre cuestiones filosóficas contenidos en Naturalisim and Human Spirit (ed. Y. H. Krikorian, Nueva York 1944) —entre los que cabe citar a S. P. Lamprecht, J. B. Pratt, W. R. Dennes y E. Nagel—, creadores del llamado neonaturalismo, cuya característica fundamental es una mayor apertura en el concepto de naturaleza y el abandono del materialismo y del mecanicismo presentes, en general, en el naturalismo anterior y tradicional.

Naturalismo metafísico

El naturalismo metafísico o naturalismo ontológico es una doctrina y un sistema de creencias que sostiene que no hay nada más que naturaleza, fuerzas y causas del tipo de las estudiadas por las ciencias naturales, aquellas que se requieren para comprender nuestro entorno físico.

No se trata de una mera visión sobre los estudios científicos actuales sino también sobre lo que la ciencia descubrirá en un futuro. El naturalismo ontológico tiene una visión no dual de la realidad.

Según Steven Schafersman, geólogo y presidente de Texas Citizens for Science, el naturalismo metafísico es una filosofía que sostiene que:

La naturaleza abarca todo lo que existe en el espacio y el tiempo. La naturaleza (el universo o el cosmos) consiste solo de elementos naturales, es decir, de una sustancia físicaespaciotemporal - masa - energía. Sustancia no física o cuasifísica, como información, ideas, valores, lógica, matemáticas, el intelecto y otros fenómenos emergentes, ya sea que superen lo físico o pueden reducirse a una cuenta física. La naturaleza opera según las leyes de la física y ,en principio, puede explicarse y entenderse por la ciencia y la filosofía. Lo sobrenatural no existe, es decir, solo la naturaleza es real. El naturalismo es, por lo tanto, una filosofía metafísica a la que se opone principalmente el creacionismo bíblico. Según la ciencia, todos los eventos evolucionan en una serie causal. La descripción religiosa de los eventos es rota y no causal. Los trucos de magia y los seres mágicos no tienen un procesamiento causal interno porque son míticos. Todo es potencialmente descriptible, pero no tuvimos tiempo suficiente para responder todas las preguntas de manera lógica. Las teorías basadas sólo en una retórica supuestamente autoevidente sin pruebas, son mitológicas. La capacidad de pensar y el estado de ser persona, no preexiste en la nada precósmica. El pensamiento es un proceso con componentes de software y hardware. El estado de ser un individuo consciente de sí mismo (en inglés: personhood; ver: «the criteria of personhood» - Mary Anne Warren) no es cosmogónico. La cosmogonía preexplosiva (antes del Big Bang) es una serie causal de eventos (ver: «Nuestro Universo Matemático» - Max Tegmark, eventos probabilísticos dentro de la estructura matemática - El naturalismo metafísico no tiene opiniones estáticas. Evoluciona con la ciencia y acepta el cambio si se puede justificar. Max Tegmark es un profeta. Simplemente abrió un nuevo campo de estudio sobre el estado precósmico [o estado cósmico hipernónimo, porque Stephen Hawking no aceptó ese límite absoluto].). Ninguna excusa vaga puede justificar los sesgos metafísicos. El campo divino impersonal (p. ej., Tao) es implícitamente personocrático y pensamientocrático. Esto significa que incluso el campo divino impersonal es una teoría sesgada basada en valores humanos, metas y propósitos ulteriores; y todavía no satisface la rigurosa evolución causal de los acontecimientos. El agnosticismo no es compatible con el naturalismo metafísico. El agnosticismo dominante es la ambivalencia entre religión y naturalismo metafísico. Otras formas de agnosticismo (ateísmo agnóstico y teísmo agnóstico) expresan la indecidibilidad en la decisión existencial (decisión utilizada como término en la teoría de la decisión) sobre dios. Todas las formas de agnosticismo (incluidas las formas ateas de agnosticismo) sobreestiman los prejuicios humanos (incluso las formas de agnosticismo que desafían a dios, pero no la importancia de su decisión estatal [condición general] dentro de la teoría de la decisión). Se podrían haber postulado sesgos infinitos, pero los humanos se enfocan solo en los sesgos beneficiosos hacia ellos y sus valores. Todas las formas de agnosticismo sobreestiman los prejuicios humanos y no el conjunto infinito de prejuicios no beneficiosos. El naturalismo metafísico que se basa en una teoría incompleta no es una forma de agnosticismo (la etimología no es tautológica para la definición de palabras; Neil deGrasse Tyson y Bill Nye malinterpretan la definición de agnosticismo). El naturalista metafísico, incluso si no lo sabe todo, no está abierto a vagos prejuicios pensamientocráticos. Solo el método científico es aceptable.