miniatura|300px|Alegoría de la vanidad (1632-1636), de Antonio de Pereda, Museo de Historia del Arte de Viena La vanitas es un género artístico que resalta la vacuidad de la vida y la relevancia de la muerte como fin de los placeres mundanos. Se considera un subgénero del bodegón o naturaleza muerta, por lo general de alto valor simbólico y alegórico. Es un término latino (vanĭtas) que significa vanidad (de vanus, «vacío»), entendida no como soberbia u orgullo sino en el sentido de futilidad, insignificancia, fragilidad de la vida, brevedad de la existencia.
Este tipo de representaciones se encuentran prácticamente en toda la historia del arte: cráneos y esqueletos aparecen en los frescos pompeyanos y en la Edad Media eran frecuentes las llamadas danzas de la muerte. Sin embargo, su mayor auge se dio durante el Barroco, época en que pasó a considerarse un género independiente. En dicho período cabe establecer su inicio en los Países Bajos en torno a 1620, desde donde se extendió por Francia y Flandes y, posteriormente, Alemania, Italia, España y otros países.
Su nombre y su concepción se relacionan con un pasaje del Eclesiastés (Ec 1, 2): Vanitas vanitatum et omnia vanitas («vanidad de vanidades, todo es vanidad»). El mensaje que pretende transmitir es la futilidad de los placeres mundanos frente a la certeza de la muerte, animando a la adopción de un estoico punto de vista sobre la vida.
Definición
miniatura|Vanitas con libros, manuscritos y una calavera (1663), de Edwaert Collier, Museo Nacional de Arte Occidental, Tokio La vanitas se suele considerar un subgénero de la naturaleza muerta, aunque tiene también una estrecha relación con la alegoría. Tiene fuertes connotaciones simbólicas y filosóficas, a menudo relacionadas con la religión cristiana, ya sea católica o protestante. Este género pretendía transmitir tres mensajes fundamentales: un concepto de la vida como algo pasajero, transitorio, incluso extremadamente fugaz; la idea de que cualquier bien que pueda adquirir el ser humano, ya sea material o inmaterial, es vacuo, irrelevante, carente de sentido; y una finalidad de redención, de preparar el alma para la salvación y la vida eterna.
Se caracteriza principalmente por el carácter simbólico de los objetos representados, alusivos en general a la fragilidad y la brevedad de la vida, al tiempo que pasa, a la inevitabilidad de la muerte. Por lo general, se contraponen diversos objetos relativos a los dones de la naturaleza o de la actividad humana con otros alegóricos de la muerte y la vacuidad de la vida. Entre ellos destaca el cráneo o el esqueleto humano, símbolo por excelencia de la muerte. Otros objetos aluden a cualidades humanas efímeras como el saber, la riqueza, el placer o la belleza, de las que se muestra su caducidad y su vana persecución. Otros símbolos que suelen encontrarse en las vanidades son fruta podrida, flores marchitadas, insectos, conchas, velas consumidas, relojes (mecánicos o de arena), burbujas, polvo, humo, vasos vacíos o volcados, pipas vacías o arquitectura en ruinas, todos ellos símbolos de la brevedad y la naturaleza efímera de la vida. También se encuentran alusiones alegóricas a conceptos como las ciencias, las letras y las artes, el conocimiento (libros, instrumentos científicos), la riqueza (dinero, joyas) y el poder (coronas, armas), o bien actividades humanas (instrumentos musicales, juegos de naipes o dados), así como en ocasiones un globo terráqueo como símbolo del poder terrenal. Los objetos que evocan la riqueza o el placer figuran en contraposición a los que representan la muerte y denotan la insignificancia que tienen en relación con el tránsito de la vida. En ocasiones pueden aparecer espinas de trigo o coronas de laurel como símbolo de resurrección. En otras ocasiones se añaden frases —generalmente latinas— como memento mori («recuerda que morirás»), tempus fugit («el tiempo huye»), ubi sunt («¿dónde están?») o sic transit gloria mundi («así pasa la gloria del mundo»).
miniatura|izquierda|Naturaleza muerta con libros y un reloj de arena (c. 1630-1640), artista español anónimo, Gemäldegalerie de Berlín Los bodegones de animales muertos pueden ser también considerados una forma de vanitas, por cuanto la contemplación de unos restos de carne evocan el final de la vida. Esta línea de obras tiene una larga tradición que va desde El buey desollado de Rembrandt hasta versiones modernas del mismo tema realizadas por Chaïm Soutine, Marc Chagall y Francis Bacon.
El historiador Jan Białostocki diferenció tres grupos de símbolos en las vanitas: los de la existencia terrena, los de la mortalidad de la vida humana y los de la resurrección a la vida eterna. Los dos primeros se refieren a la actividad humana, dividida a su vez, según Hadrianus Junius, en tres conceptos: vita contemplativa (libros, objetos relacionados con las artes y las ciencias), vita practica (joyas, armas, coronas, cetros) y vita voluptuaria (copas, vasijas, instrumentos musicales, naipes y dados).
Un tema derivado de la vanitas es la futilidad del conocimiento, ejemplificado generalmente por libros, contrapuestos a los símbolos habituales de la vanidad: un exponente es Naturaleza muerta con libros y un reloj de arena (c. 1630-1640, Gemäldegalerie de Berlín), obra de un artista barroco español anónimo, en que aparecen tres libros sobre una mesa y un reloj de arena invertido en el que justo empieza a caer la arena, simbolizando el paso del conocimiento escrito de una generación a otra, aunque el conocimiento individual sea limitado.
miniatura|Vanitas con putto (c. 1600), de Bartholomäus Spranger, castillo de Wawel, Cracovia, ejemplo de Nascendo morimur Existen también varios subgéneros de la vanitas, como el Nascendo morimur («así como nacemos, morimos»), en el que generalmente se representa a un bebé o un niño pequeño junto a una calavera o algún otro recordatorio de la muerte, en el sentido de que la muerte es tan natural como el nacer; o el homo bulla («hombre burbuja»), en el que suele aparecer un niño haciendo pompas de jabón, como símbolo de la fragilidad de la vida, un tema procedente de la frase latina Homo bulla est («el ser humano es como una pompa de jabón»).
miniatura|izquierda|150px|Colgante Memento mori, Aunque se desarrolló sobre todo en la pintura, existen también algunos ejemplos de vanitas en el grabado, la escultura e incluso en la arquitectura, como en la capilla Magdalenenklause, en los jardines del palacio de Nymphenburg en Múnich. También se dio incluso en la orfebrería y joyería: entre los siglos y fueron corrientes un tipo de colgantes llamados Memento mori, unos estuches con forma de ataúd que al abrirlos aparecía un esqueleto, realizados generalmente en oro, plata o marfil. También se produjeron estatuillas con forma de esqueleto o bien anillos, que además de imágenes de esqueletos o cráneos solían llevar algún mensaje de tipo religioso.
Conviene recordar que, como subgénero del bodegón, la vanitas por antonomasia basa su composición en la exposición en una imagen de diversos objetos inertes, con la presencia o no de la figura humana, en todo caso secundaria. Sin embargo, en ocasiones puede entremezclarse con otros géneros artísticos en composiciones que combinen diversos géneros, como puede ocurrir con la pintura religiosa (como, por ejemplo, Tentaciones de san Jerónimo de Francisco de Zurbarán), la pintura de género (La tasadora de perlas de Johannes Vermeer) o el retrato (Niña haciendo pompas de jabón (Luisa María Ana de Borbón) de Pierre Mignard).
Cabe reseñar por último la relación entre la vanitas y el género artístico-literario de la emblemática, especialmente en el Barroco. Este tipo de obras aportaron buena parte del repertorio iconográfico a las vanitas, ya que cada objeto adquiría un significado simbólico que podía ser reconocido por todo aquel iniciado en la materia. El emblema barroco aglutinaba imagen, poesía y retórica, con un alto contenido simbólico y alegórico. Por lo general, se componían de un dibujo (pictura), un lema (inscriptio) y un epigrama (subscriptio), normalmente en latín. El inicio de la vanitas en los Países Bajos estuvo fuertemente relacionado con libros de emblemas como Sinnepoppen de Roemer Visscher (Ámsterdam, 1614), Emblemata of zinne-werck de Johan de Brune (Ámsterdam, 1624), Emblemata de Zacharias Heyns (Rótterdam, 1625) y Sinne- en minnebeelden de Jacob Cats (Ámsterdam, 1627). Por lo general, este tipo de emblemas tenían un objetivo moralizante, como combatir las adicciones al juego, la bebida o el tabaco, o incluso el coleccionismo de conchas marinas y el cultivo de los tulipanes —cuya euforia especulativa dio lugar a la llamada Crisis de los tulipanes—. Muchos de estos motivos pasaron a la vanitas.
Historia
miniatura|Memento mori, mosaico pompeyano (), Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Antecedentes
Los principales antecedentes de la vanitas se encuentran en las diversas representaciones relativas a la muerte, generalmente ejemplificadas con esqueletos o cráneos, de las cuales existen múltiples manifestaciones desde la prehistoria. Sin embargo, en relación con el género estudiado, conviene atender más que las simples representaciones alusivas a la muerte las que añaden un componente filosófico o moral, las que señalan a la brevedad de la vida y la inevitabilidad de la muerte. Estas manifestaciones aparecieron sobre todo en el arte romano, relacionadas con el memento mori, la frase que los siervos repetían a los generales romanos en sus triunfos para recordarles que las glorias eran efímeras. Imágenes de ese tipo se encuentran en los frescos pompeyanos del que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, generalmente con esqueletos en diferentes actitudes, a veces sujetando vasos o jarras u otro tipo de utensilios relacionados con los banquetes romanos.
Uno de estos mosaicos conservados en Nápoles, titulado Memento mori (Pompeya I, 5, 2) representa la Rueda de la Fortuna, que puede hacer que los ricos, simbolizados por la tela morada a la izquierda, sean pobres, mientras los pobres, simbolizados por la piel de cabra a la derecha, sean ricos, todo ello vigilado por la muerte en forma de cráneo sobre la rueda y la vida colgando de un hilo: cuando se rompe, el alma, simbolizada por la mariposa, vuela. Otro es el llamado Carpe diem («aprovecha el día») o Esqueleto copero, que muestra un esqueleto con copas en las manos. Otro mosaico famoso de la antigüedad es el titulado Gnōthi seautón (γνῶθι σεαυτόν, «conócete a ti mismo» en griego), conservado en el Museo de las termas de Diocleciano (Roma), en que se ve un esqueleto recostado sobre su guadaña. Cabe reseñar también un mosaico del conservado en el Museo Arqueológico de Hatay en Antioquía, que muestra un esqueleto con una jarra de vino y una hogaza de pan y la inscripción «sed alegres, vivid vuestra vida».
Otras muestras de este tipo de representaciones fueron las larva convivialis, figurillas en forma de esqueleto, ya sea exentas o realizadas en relieve en jarras y otros objetos. Cabe destacar en este terreno las copas talladas de Boscoreale.
Durante el románico se emplearon imágenes de memento mori en los muros de las iglesias como mensajes moralizantes para la feligresía, como recordatorio de la fugacidad de la vida y la necesidad de la penitencia y la redención. En numerosas ocasiones se trataba de calaveras, con una iconografía heredera de las imágenes romanas, como en el caso de la calavera pintada por el Maestro de Sorpe para la nave central de la iglesia de Sant Pere de Sorpe (mediados del , actualmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña) o la esculpida en uno de los canetes del ábside de la iglesia de San Martino de Villallana ().
miniatura|izquierda|180px|Salterio de Bona de Luxemburgo (c. 1349), de Jean y Bourgot Le Noir, The Cloisters, Nueva York