Ernesto Giménez Caballero (Madrid, 2 de agosto de 1899-Madrid, 14 de mayo de 1988) fue un escritor, periodista, intelectual, profesor y diplomático español. Fundador y director de La Gaceta Literaria (1927-1932), fue un destacado representante del vanguardismo, prosista de la generación del 27 y uno de los primeros introductores e ideólogos del fascismo en España. Su obra más relevante y difundida en este aspecto fue Genio de España, publicada en 1932.

Biografía Orígenes, formación y primeros pasos literarios Nació en Madrid el 2 de agosto de 1899«Ayer murió Ernesto Giménez Caballero, escritor entre la vanguardia y la polémica», ABC, 15 de mayo de 1988, pág. 63, véase aquí en la calle del Duque de Rivas, número 7, en el castizo barrio de La Latina. Su padre había comenzado su andadura vital como modesto empleado de un comercio de ultramarinos, del que pasó a tenedor de libros en una papelería. Consiguió hacerse con su propiedad, instaló una minerva para hacer tarjetas y sentó las bases de un próspero negocio en el mundo empresarial de las artes gráficas: una tienda de material de escritorio en la calle Huertas, números 16 y 18; una imprenta en la calle de Canarias, número 41; y una fábrica de papel en Cegama (Guipúzcoa), integrada en la empresa La Papelera Española, dirigida por Nicolás María de Urgoiti, que llegó a controlar el mercado del papel en la primera mitad del siglo en condiciones de oligopolio.

Ernesto Giménez Caballero hizo el bachillerato en el Instituto de San Isidro. Cursó la licenciatura de Filosofía y Letras en la Universidad Central e inició el doctorado (que no culminaría hasta los años cuarenta). Entre sus maestros en la Universidad se contaron Américo Castro, Miguel Asín Palacios, García Morente, Ortega y Gasset, Menéndez Pidal, Besteiro y Julio Cejador.Giménez Caballero, Ernesto, Memorias de un dictador, Barcelona, Planeta, 1979, págs. 34-36. En sus años universitarios militó en un Grupo de Estudiantes Socialistas, algunos de cuyos integrantes estuvieron inmediatamente después en la fundación del PCE.Portela, Luis, «Así fundamos el Partido Comunista Español», Nueva Historia, 18 (julio de 1978), pág. 41. Sus primeros escarceos literarios aparecieron en la revista de carácter universitario Filosofía y Letras,Alted Vigil, Alicia, La revista «Filosofía y Letras», Madrid, Fundación Universitaria Española, 1981. A la revista estuvieron vinculados estudiantes que alcanzarían notoriedad en diversos campos de la vida cultural, entre ellos Juan de Contreras (futuro marqués de Lozoya), Luis Morales Oliver, José Antón Oneca, Vicente Aleixandre o Cayetano Alcázar. dirigida, de hecho, por otro aventajado estudiante, Pedro Sainz Rodríguez. Colaboró fugazmente en el Centro de Estudios Históricos y por recomendación de Américo Castro, en 1920, poco después de acabada la Gran Guerra, inauguró el puesto de lector de español en la Universidad de Estrasburgo, como ayudante del romanista Eugène Kohler.Años más tarde, en 1935, ganaría la cátedra de Literatura del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, con un tribunal presidido por Unamuno.Mientras se estaban desarrollando las oposiciones, Miguel de Unamuno le escribía a su yerno José María Quiroga Pla, el 23 de diciembre de 1934: «Las oposiciones me están dejando una buena impresión. El nivel medio ha subido. [...] Se destacan Gili Gaya, Santa María, una señora Díez Jiménez (en el sexto mes del embarazo) muy resuelta, Lapesa y Giménez Caballero. Sobre todo éste que ha sido para mí —y eso que le conocía— una sorpresa. Muy ceñido, muy comprensivo y con una erudición que no le suponía. Al tratar de Ariosto, el Tasso y Camoens me dio la impresión de que los había leído directamente y en sus lenguas. El mozo no es simpático, pero está muy bien. Y es el que ve la historia literaria en más literaria. Es el menos américo castrense.» Cit. en Selva Roca de Togores, Enrique, «Epistolario de Ernesto Giménez Caballero a Miguel de Unamuno», Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, LXXXIX (2013), págs. 263-282; la cita en las págs. 270-271. Fue también profesor de Literatura en la Escuela Oficial de Periodismo —fundada por su amigo Juan Aparicio— y ejerció durante varios años como diplomático (agregado cultural, primero, y embajador, después) en Iberoamérica.

En 1923 publica su primer libro: Notas marruecas de un soldado, donde narra sus impresiones y experiencias personales en la guerra de África. Editado por él mismo en la imprenta paterna, le reveló súbitamente al público, no solo por sus méritos literarios, sino por su fuerte contenido crítico frente a la actuación política y militar española en el protectorado. Por esa razón, le fue incoado un proceso militar por injurias al Ejército e incitación a la sedición. El libro fue ampliamente comentado por destacados intelectuales del país. Siempre tuvo a gala recordar que en sus páginas había reclamado, por vez primera en España, la asociación con fines políticos de los excombatientes de la guerra de Marruecos. Tras el pronunciamiento del general Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923, su causa fue sobreseída y pudo regresar a la Universidad de Estrasburgo, donde desempeñó un segundo curso como lector de español.

Desde Estrasburgo se abrió un hueco en la vida periodística con las colaboraciones que enviaba al diario madrileño La Libertad, dirigido por Luis de Oteyza. Y nada más retornado a España, al terminar el curso 1923-1924, introduciéndose en el selecto círculo orteguiano que contaba con medios tan prestigiosos como el diario El Sol y la Revista de Occidente.

En la ciudad alsaciana conoció a quien sería su mujer, la italiana Edith Sironi, hermana del cónsul italiano en la ciudad. Ambos contrajeron matrimonio en Madrid, en la iglesia de San Sebastián, el 4 de mayo de 1925. En la boda actuaron como testigos por parte del novio el exministro Ángel Ossorio y Gallardo, el director del diario El Sol Félix Lorenzo, su maestro Américo Castro y el lexicógrafo del Centro de Estudios Históricos Tomás Navarro Tomás; a continuación se sirvió un «espléndio almuerzo» en el Hotel Ritz.Vida Aristocrática, 143 (15 de junio de 1925), s.p.

Actividad vanguardista miniaturadeimagen|Detalle de una caricatura de Bagaría de la Exposición del Libro Catalán (1927) en el que aparece retratado Giménez Caballero. Animador de la vida intelectual de la segunda mitad de la década de 1920, fue un impulsor de las vanguardias artísticas en España, tanto en la órbita del futurismo, influido por Marinetti sobre todo, como del surrealismo. A juzgar por la frenética actividad que desplegó en esos años, Juan Manuel Bonet lo ha calificado como «el hombre orquesta de nuestras vanguardias históricas».Bonet, Juan Manuel, «Cartel de Gecé», en el catálogo Madrid-Barcelona. «Carteles literarios» de Gecé, Universitat de Barcelona, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 1994, pág. 3. Su empresa más ambiciosa en ese campo fue la fundación y dirección de La Gaceta Literaria en 1927, revista quincenal que congregó a las tres generaciones activas en la vida artística de los años veinte —la del 98, la del 14 y la suya, la generación del 27— y que logró prolongar su existencia hasta mayo de 1932. Seis de sus últimos números aparecieron bajo el rótulo de El Robinsón literario de España, redactados íntegramente por él.Hernando, Miguel Á., La Gaceta Literaria. Biografía y valoración, Universidad de Valladolid, 1974. En las páginas del Robinsón, «hizo un ajuste de cuentas al vanguardismo, a sus antiguos amigos y maestros —empezando por Ortega— y rompió definitivamente con la cultura política liberal».* Biografía de Ernesto Giménez Caballero (Enrique Selva Roca de Togores) — Real Academia de la Historia.

Vocal de la Unión Ibero-Americana, se hizo cargo de la «Revista Literaria Ibérica» de la Revista de las Españas en los diez años de su publicación.

Además de su labor crítica y organizativa, su contribución a la literatura específicamente vanguardista tiene uno de sus hitos en el libro Yo, inspector de alcantarillas (1928), acaso la primera publicación de relatos surrealistas en España.Hernando, Miguel Á., «Primigenia plasmación del superrealismo castellano: Yo, inspector de alcantarillas (1928)», Papeles de Son Armadans (noviembre-diciembre de 1975), págs. 137-159. Otras obras de vanguardia fueron Los toros, las castañuelas y la Virgen (1927); Hércules jugando a los dados (1928); Julepe de menta (1929), y Trabalenguas sobre España (1931).

También se interesó por el cine, fundó el primer cineclub en España (con la colaboración de Luis Buñuel) y realizó varios cortometrajes, como Esencia de verbena y Noticiario del Cineclub (ambos en 1930).Gubern, Román, Proyector de luna. La generación del 27 y el cine, Barcelona, Editorial Anagrama, 1999, págs. 202-389 y 430-445. Con posterioridad filmó otros documentales de menor ambición artística, como Los judíos de patria española (1931, a raíz de su viaje por los países balcánicos), El artesanado de Barcelona (1931) o La sustitución de la enseñanza religiosa en España (1932).

Destacó asimismo como creador de unos «Carteles literarios» de corte futurista que firmó con el seudónimo Gecé; parte de ellos integró la sección final de su libro Carteles (1927) y otra colección, de mayor formato, fue expuesta en las galerías Dalmau de Barcelona en enero de 1928 y unos meses después en Ediciones Inchausti, en Madrid.Fue adquirida por el bibliófilo Gustavo Gili. En diciembre de 1986, vivo todavía el autor, fueron nuevamente expuestos en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid y editados por la revista Poesía. En 1994 fueron de nuevo exhibidos en el Centro Nacional de Arte Reina Sofía, y con ese motivo se editó el catálogo Madrid-Barcelona. «Carteles literarios» de Gecé, con textos de Juan Manuel Bonet, Martí Peran y Carlos Losilla. Recientemente, la colección de Gili ha sido adquirida por el Centro Nacional de Arte Reina Sofía.

Giménez Caballero fue promotor intelectual del filosefardismo cultural y publicó en La Gaceta Literaria diversas columnas prosefardíes. Su filosefardismo —no exento de contradicciones— no impidió el afloramiento de ideas antisemitas en Gecé, en particular una vez afinado su romanismo fascista.

Precursor y teórico del fascismo español miniatura|Retratado por Barradas (El Día Gráfico, 1927)Giménez Caballero fue también uno de los primeros intelectuales españoles en abrazar abiertamente las ideas fascistas, de las que se consideraba el «precursor hispanida». Hizo explícita ya su adhesión al fascismo en la etapa italiana de su «circuito imperial» de 1928; y el 15 de febrero de 1929 publicó la «Carta a un compañero de la Joven España», como prólogo a una traducción de textos de Curzio Malaparte,El texto apareció simultáneamente en La Gaceta Literaria, 52, 15 de febrero de 1929, págs. 1 y 5; y al frente del libro de Malaparte —traducido y titulado por el mismo Giménez Caballero— En torno al casticismo de Italia, Madrid, Caro Raggio editor, 1929, págs. VII-XXIV. que ha sido reconocido como el primer manifiesto intelectual del fascismo español.Foard, 1975: págs. 144-147. Formalmente era la contestación a una carta que le había enviado el lector de español en la Universidad de Göteborg Ramón Iglesia Parga, donde entre otras cosas le decía: «Estoy atravesando la crisis del lector, españolizándome y sintiéndome cada vez más desinteresado de lo que no es español. Está aquí de lector de italiano Ercole Reggio, discípulo de Giovanni Gentile [...] Me está saturando de fascismo de buena ley. ¿No puede La Gaceta Literaria empujar en este movimiento de Sur contra Norte?»Un amplio extracto de la epístola de Iglesia Parga se reproduce al comienzo de la «Carta a un compañero...»