Madrid Río es un parque urbano de la ciudad española de Madrid, levantado a lo largo de un tramo urbano del río Manzanares tras el soterramiento de la autovía de circunvalación M-30 en esta zona. Es fruto de un proyecto dirigido por los estudios de arquitectura Burgos/Garrido, Porras/La Casta, Rubio/Álvarez-Sala y West 8, que ganaron el concurso internacional de ideas organizado por el Ayuntamiento de Madrid en 2005 para reurbanizar la zona.

El proyecto partió con la idea de recuperar las márgenes del río Manzanares para el uso y disfrute de los ciudadanos, y fue una idea central en la remodelación de la M-30, liderada por el ingeniero Manuel Melis Maynar. El tramo que actualmente se conoce como Madrid Río es el tramo del río que se encontraba encajonado por la vía rápida de circunvalación M-30, una vía que aislaba el río entre las dos direcciones de la autovía además de suponer una barrera y fractura entre los dos lados de la ciudad, el distrito de Arganzuela en el lado izquierdo, y los distritos de Latina, Carabanchel y Usera en el lado derecho. La conexión de la M-30 con la autovía A-5, la carretera de Extremadura, separaba la ciudad de forma infranqueable de la Casa de Campo, el parque más grande de Madrid. El proyecto supuso el soterramiento de la M-30 por esta zona además de ese tramo de la A-5 que discurría en paralelo a la Casa de Campo.

Historia miniatura|izquierda|El puente de Toledo retratado por Francisco de Goya en 1788 desde la pradera de San Isidro. El río Manzanares se asienta sobre una cuenca de 69 kilómetros que se inicia a 2258 metros de altitud en la sierra de Guadarrama y finaliza en el río Jarama a 527 metros sobre el nivel del mar. En su recorrido recibe el agua de más de treinta arroyos y convive con distintos tipos de infraestructuras, unas que le son propias, como puentes, presas y embalses, y otras que lo cruzan o limitan, como carreteras, vías férreas y conducciones.

La diversidad de paisajes que atraviesa y los múltiples biotopos que recorre hacen del Manzanares un elemento singular en el que se dan situaciones de gran contraste: desde las nieves de la sierra que perduran hasta el final de la primavera, hasta los páramos casi desérticos del sur de la cuenca. El río, hasta la reciente transformación urbanística, ha sido poco accesible en casi todo su recorrido y muchas veces se convertía en un accidente incómodo y hasta desconocido.

Cuando se analiza globalmente la cuenca fluvial, se puede entender que el cauce no es un evento específico de la ciudad sino que Madrid es uno de los muchos acontecimientos que pertenecen al río. La interacción entre ambos ha evolucionado a lo largo de la historia, pero hasta ahora el Manzanares no se había distinguido como un punto de atracción de la ciudad, sino como un lugar al que esta ha dado la espalda.

Desde principios del , el tejido urbano que bordea el cauce ha experimentado una constante evolución que ha dependido en gran medida de las operaciones realizadas sobre el río. En la primera mitad de aquel siglo (1914), el cauce fue canalizado, cuando todavía sus orillas estaban prácticamente libres de edificaciones. El control de las crecidas de las aguas mediante la construcción, tras la Guerra Civil durante la defensa de Madrid, de un cajero de hormigón y granito y siete presas, propició el rápido desarrollo de los nuevos barrios, dando lugar a un continuo urbano de gran densidad que fue soldando progresivamente los núcleos periféricos del suroeste de la ciudad.

El crecimiento de Madrid nunca se enfrentó a los bordes del río como a un lugar amable, sino más bien, los ignoró y se defendió de ellos. Las diversas condiciones topográficas y sociales de las dos orillas hicieron que el tejido urbano se aproximara a sus límites de modo diverso. En la margen derecha, a partir de 1950, los edificios se agolparon a poca distancia de la ribera dejando libre una estrecha franja, rígida y lineal, que se prolonga de norte a sur. En la margen izquierda, por el contrario, la ciudad histórica quedó separada del río, estableciendo una cadena de espacios en ladera que suavemente se aproximaban hasta la base de las edificaciones.

miniatura|Viviendas junto al río Manzanares.

El periodo 1970-1979 constituyó un hito para Madrid en el ámbito del río ya que, partiendo del puente del Rey hacia el sur, en las dos orillas del río, se construyó el arco oeste de la autopista M-30, primer cinturón de circunvalación de la ciudad. Esta infraestructura conformó un anillo de distribución de tráfico que evitaba el centro urbano y que transformó la movilidad y las relaciones entre los barrios, especialmente entre el área central y la periferia Madrid. Al no haber más espacio disponible que la propia ribera fluvial, la autopista arrasó completamente con toda la vegetación en torno al río, dejando apenas un canal de agua emparedado entre los dos sentidos de la autopista.

Con la construcción de la autopista, el río quedó constreñido en ambos márgenes por los carriles de circulación. De este modo, desapareció cualquier relación de los ciudadanos con el ámbito fluvial y el cauce canalizado quedó completamente aislado, inaccesible e invisible, en la mediana de la autopista. La autopista constituía una barrera impenetrable y agresiva, generadora de altos niveles de contaminación. Asimismo, la nueva infraestructura cegó los puentes peatonales que se habían construido al tiempo que el encauzamiento, y anuló la conexión histórica entre el Campo del Moro y la Casa de Campo.

Soterramiento de la M-30

izquierda|miniatura|Obras en las márgenes del río. Entre 2003 y 2007 se llevó a cabo la obra de soterramiento del arco oeste de la M-30 en el ámbito del río, obra que hizo posible la eliminación del tráfico en superficie y la consiguiente liberación de más de cincuenta hectáreas de terreno de ribera fluvial, ocupado desde la década de 1970 por las calzadas. A esta superficie se sumaron otras casi cien hectáreas correspondientes a los diferentes suelos infrautilizados adyacentes a la autopista.

Tras la construcción de los túneles afloró una herida vacía formada por un rosario de espacios desocupados, que atesoraban la potencia latente de convertirse en nexo de unión de un corredor ambiental de casi tres mil hectáreas dentro del término municipal, que se extiende desde El Pardo hasta Getafe y que enlaza importantísimas áreas verdes de la ciudad como la Casa de Campo, el parque de Arganzuela o el Parque Lineal del Manzanares.

Por tanto, los beneficios obtenidos al enterrar la antigua autopista, obviamente, no han quedado reducidos a la mejora de ciertos aspectos de la movilidad urbana, ni siquiera a la rehabilitación local de los barrios, sino que adquieren una mayor dimensión como parque que repercute en las relaciones entre la ciudad y el territorio. La enorme trascendencia para la ciudad de los espacios liberados como consecuencia del soterramiento de la M-30, llevó al Ayuntamiento de Madrid a convocar un Concurso Internacional de Ideas para concebir y proyectar los nuevos espacios libres en el entorno del río. El concurso lo ganó el equipo de arquitectos dirigido por Ginés Garrido y formado por Burgos & Garrido Arquitectos, Porras & La Casta y Rubio & Álvarez-Sala y West 8, con la solución para la construcción de un parque urbano de más de ciento veinte hectáreas, que ocupa la superficie liberada por el soterramiento de la autopista. Los inicios del proyecto pasaron por el intento de comprender en su totalidad las cualidades geográficas de la cuenca fluvial. Las características del territorio y la diversidad de sus elementos naturales constituyen un conjunto de claves que han sustentado muchas de las ideas contenidas en el proyecto.

miniatura|Árboles en la avenida de Portugal.

Sumariamente, la estrategia de este se basa en la convicción de que, a través del río es posible conectar la ciudad, expresión máxima de la acción artificial, con los territorios del norte y el sur de Madrid, en los que aún perviven los elementos naturales propios de la cuenca fluvial. El río se convierte en puerta o enlace entre interior urbano y exterior territorial y, a través de sus márgenes, se establece la continuidad y la permeabilidad, hasta hoy aniquiladas por los sucesivos anillos concéntricos, hollados por los cinturones viarios, M-30, M-40, M-45, M-50 …, que fueron el resultado de aplicar a la red circulatoria los modelos de movilidad propios de mediados del .

Trabajos de ajardinamiento y urbanización

En 2005 el Ayuntamiento de Madrid del Partido Popular convoca un concurso de ideas internacional con el objetivo de recuperar la ribera del Manzanares a su paso por Madrid. El proyecto debe conectar los distritos y barrios de la ciudad separados por la autovía, con otras infraestructuras dotacionales como el Anillo Verde Ciclista, Matadero Madrid, la Casa de Campo, el Mercado de Frutas, así como elementos patrimoniales y culturales existentes junto al río como son la ermita de la Virgen del Puerto, el puente de Toledo y el puente de Segovia. También se valoraría si el proyecto contempla la conexión con los tramos del río que enlazan la ciudad con el territorio exterior de la ciudad.

El proyecto ganador del concurso, dirigido por el arquitecto Ginés Garrido, se elaboró por un equipo interdisciplinar del que formaban parte los estudios Burgos & Garrido Arquitectos, Porras & La Casta, Rubio & Álvarez-Sala, y los paisajistas holandeses West 8, todos unidos bajo el lema M-Río. La propuesta se destacó por sus valores ecológicos al recuperar los bosques próximos a la ciudad, creando un sistema continuo de zonas verdes estructurado por el río, uniendo el centro de Madrid con la Casa de Campo.

Se crea así un parque consistente en una zona peatonal y de recreo construido entre los años 2006 a 2012 en las márgenes del río Manzanares, en buena parte sobre el trazado soterrado de la vía de circunvalación M-30, desde el nudo Sur hasta el enlace con la A-5.

Se recuperan y regeneran las márgenes del río en toda su longitud, como verdaderas áreas de integración entre el paisaje y la actividad humana, bajo un entendimiento contemporáneo capaz de superar el antagonismo implícito en el binomio urbano-rural. De esta manera, Madrid recupera su río para sus ciudadanos, puesto que este se encontraba secuestrado por la M-30.

A escala metropolitana, a través del proyecto y de su concepción como gran infraestructura, se lleva a cabo la incorporación del corredor que se extiende sobre los bordes fluviales a su paso por la ciudad como parte del GR-124 de la Red de Senderos Europeos desde Manzanares el Real hasta Aranjuez.

miniatura|izquierda|Ermita de la Virgen del Puerto.

A escala urbana, el proyecto incorpora el río como doble línea de fachada inédita y configura un conjunto enlazado de espacios verdes que se infiltra en la ciudad. Establece en la superficie un nuevo sistema de movilidad y accesibilidad. Incrementa la integración y calidad urbana de los barrios limítrofes al río. Protege y revaloriza el patrimonio histórico y crea un ámbito de nueva centralidad, que genera un cambio en conjunto de la ciudad.