thumb|Un Mapa del "Mundo Occidental" basado en el libro de Samuel P. Huntington de 1996 Choque de civilizaciones.
El Mundo Occidental, también conocido como Occidente, se refiere principalmente a varias naciones y estados de Europa occidental, América Norteña y Australasia, aunque existe cierto debate sobre si los de Europa del Este y América Latina también constituyen Occidente. El mundo occidental también se denomina Occidente (del latín occidens, «ocaso, puesta, oeste»), en contraste con el mundo oriental, conocido como Oriente (del latín oriens, «origen, amanecer, este»). Las definiciones de «mundo occidental» varían según el contexto y las perspectivas; Occidente es un concepto en evolución, compuesto por la sinergia cultural, política y económica entre diversos grupos de personas, y no una región rígida con fronteras y miembros fijos.
Durante la Guerra Fría (1947-1991), el bloque occidental se identificó con el capitalismo que se enfrentó al bloque del Este identificado con el socialismo. En la actualidad invariablemente se entiende por Occidente a Estados Unidos, Canadá, la Europa de la cristiandad occidental, Australia y Nueva Zelanda, y extensivamente, a los países que se encuentran culturalmente bajo su esfera de influencia. También se habla que en la actualidad, en mayor o menor medida, prácticamente todo el mundo se encuentra «occidentalizado».
La historiografía occidental suele sostener que la civilización occidental tiene sus raíces en las primeras civilizaciones afroasiáticas, a partir de las ciudades sumerias del IV milenio a. C., y su extensión al Antiguo Oriente Próximo, especialmente al antiguo Egipto; culminando en la cultura grecorromana o clásica de la antigua Grecia y la antigua Roma.
La idea de Occidente se contrapone a la idea de «Oriente», utilizada para englobar un grupo muy diverso de civilizaciones o culturas del Asia; no obstante, la de Occidente tampoco incluye otras civilizaciones ubicadas en la región occidental del mundo, como las civilizaciones africanas o las culturas originarias americanas; incluso tampoco incluye propiamente muchas civilizaciones de la propia Europa antigua y altomedieval, como los «bárbaros del norte», los vikingos o los magiares hasta su incorporación a la cristiandad latina medieval.; La oposición Occidente-Oriente se expresa en el concepto de «orientalismo», el estereotipo occidental de esas otras culturas. El caso eslavo, sobre todo el de Rusia, es peculiar al constituirse como intermedio en tensión entre Occidente y Oriente.Antonio Benítez, Tres ensayos sobre literatura rusa. Pushkin, Gógol y Chéjov, Universidad de Salamanca, 2006. Vsévolod Bagnó, España y Rusia, culturas de frontera entre Oriente y Occidente, XIII Congreso AIH, en CVC.
Es usual identificar Occidente en términos religiosos y de luchas religiosas, haciéndolo coincidir con la extensión del cristianismo o de la tradición judeocristiana, y es habitual oponer la noción de Occidente al islam;; pero también con solo una parte de la cristiandad: la cristiandad occidental o latina (católicos y protestantes), por oposición a la cristiandad oriental (ortodoxos).
Algunos autores utilizan la categoría «Extremo Occidente» para referirse a las Antillas y América Latina sin incluir en la misma a las culturas indígenas, cuyo origen es anterior a la conquista y colonización europea de América. Para otros autores, América Latina se convirtió en un «Tercer mundo de Occidente» debido a su posición sociopolítica a nivel regional e internacional, generalmente antioccidental. Por esta razón, España y Portugal son clasificados como los únicos países hispano-lusófonos o iberófonos de Occidente. Por otra parte, se encuentra el caso de la angloesfera (por parte de Australia, Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelanda con el Reino Unido) y en la francofonía por parte de Quebec (Canadá) con Francia, ya que son países y territorios excoloniales que comparten sociedades de mayoría demográfica europea con menor influencia indigenista y, por lo tanto, son clasificados en la definición fija de Occidente mayormente, aunque el mestizaje con pueblos indígenas también existió.
En la filosofía de la liberación se suele distinguir «lo occidental» de «lo occidentalizado», a la vez que se utiliza la categoría de la división Norte-Sur (o «Norte global» y «Sur global») para precisar los componentes de dominación y dependencia poco visibles en la categoría «Occidente».
En el pensamiento católico fue usual distinguir las categorías de Iglesia oriental e Iglesia occidental. Sin embargo, desde mediados del la teología latinoamericana de la liberación desarrolló una tercera categoría definida como «Iglesia latinoamericana», con características teológicas, culturales, políticas y antropológicas propias, en tanto que el papa Francisco diferenció la «Iglesia del sur», de sus precedentes oriental y occidental.
Origen del término
La etimología de Occidente proviene del latín occĭdens, -entis, participio activo de occidĕre (caer), esto en relación con el punto cardinal oeste, donde el sol «cae» en la tarde.
Los antiguos griegos distinguían así a sus dominios respecto de las tierras de Anatolia y el levante mediterráneo, distinción que fuese heredada por los romanos, pasándose a usar luego tras la división del Imperio en 395 por Teodosio entre Honorio (Occidente) y Arcadio (Oriente).Bideleux, Robert; Jeffries, Ian (1998). A history of eastern Europe: crisis and change. Routledge. p. 48.
El término «Occidente» surgió como una contraparte del «Oriente», que Lutero utilizó por primera vez en su traducción de la Biblia, y fue introducido en el idioma alemán por Caspar Hedio en 1529.
Lo occidental En la época antigua, el Mediterráneo oriental fue la cuna de culturas altamente urbanizadas, que adoptaron el griego como lengua común en época helenística, tras la disolución del imperio de Alejandro Magno y su fragmentación en distintos estados helenísticos. Por el contrario, la vertiente atlántica de Europa tenía un carácter mucho más rural y adoptó más fácilmente el latín como lengua común. La Europa occidental y central católica romana, como tal, mantuvo una identidad distinta, especialmente cuando comenzó a reconstruirse durante el Renacimiento. Incluso después de la Reforma Protestante, la Europa reformada continuó viéndose más ligada a la Europa católica romana que otras partes del mundo percibido como civilizado. El uso del término Occidente como término cultural y geopolítico específico se desarrolló a lo largo de la Era de los Descubrimientos a medida que Europa extendía su cultura a otras partes del mundo. Los católicos romanos fueron el primer grupo religioso importante que inmigró al Nuevo Mundo, ya que los colonos de las colonias de España y Portugal (y más tarde, Francia) pertenecían a esa fe. Las colonias inglesas y neerlandesas, por otro lado, tendían a ser más diversas desde el punto de vista religioso. Los colonos de estas colonias incluyeron anglicanos, calvinistas holandeses, puritanos ingleses y otros disidentes religiosos, católicos ingleses, presbiterianos escoceses, hugonotes franceses, luteranos alemanes y suecos, así como cuáqueros, menonitas, amish y moravos.miniaturadeimagen|Históricamente, el cristianismo ha sido uno de los principales factores culturales importantes de la cultura occidental y la cruz cristiana, uno de sus principales símbolos. Hasta el , la narración de la historia universal se realizaba desde Europa y en términos eurocéntricos, del mismo modo que cada civilización lo había hecho en sus propios términos, por ejemplo, sinocéntricos en la civilización china. Así, cuando Cristóbal Cellarius propuso una periodización, consideró los hechos y procesos de la historia europea para establecer los hitos divisorios de las edades Antigua, Media y Moderna.
Pero, simultáneamente a los descubrimientos geográficos europeos y al establecimiento del primer sistema-mundo, se desarrolló la introspección y la autoconciencia de la especificidad de la civilización europea frente a la «alteridad» del resto del mundo, tanto en sentido positivo como negativo: junto con el imperialismo y el racismo, surgió la valoración e incluso la defensa de los colonizados y la crítica a la colonización por los propios colonizadores («mito del buen salvaje», «polémica de los naturales»).
Gobineau distinguía siete civilizaciones en la historia, incluyendo a la civilización occidental; no precisamente en pie de igualdad, puesto que consideraba explícitamente la «desigualdad de las razas humanas» (1853-1855). Las principales potencias europeas establecieron en el su indiscutible superioridad económica y militar (Revolución Industrial, Diplomacia de cañonero) sobre la totalidad del mundo; e incluso la independencia de las nuevas naciones del continente americano, protagonizada por las élites europeas locales, reforzaba la misma idea: La idea de progreso surgida con la Ilustración, e incluso la extensión de las teorías evolucionistas fuera de su ámbito biológico (el llamado darwinismo social), parecían identificarse con la imposición de la civilización occidental sobre las demás; más aún, con el triunfo del mismo concepto europeo de «civilización» sobre otros grados necesariamente menores de desarrollo social (el «salvajismo» y la «barbarie»). Esa imposición no era vista como un premio, sino como una responsabilidad («la carga del hombre blanco»).
La época de optimismo tocó a su fin con la Belle Époque y la paz armada. El estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), inicialmente entre entusiastas movilizaciones nacionalistas que acallaron las minoritarias protestas pacifistas, dio en poco tiempo paso a la conciencia del desastre sin precedentes que trajo consigo: un aparente suicidio de la civilización. En este ambiente Oswald Spengler publicó La decadencia de Occidente (1918-1923),Der Untergang des Abendlandes. Umrisse einer Morphologie der Weltgeschichte. Edición en inglés: The Decline of the West, Arthur Helps y Helmut Werner (ed.), Charles F. Atkinson (trad), New York: Oxford UP, 1991, ISBN 0-19-506751-7. donde concibe las civilizaciones como entes cerrados que nacen, crecen, luchan por la supervivencia y mueren, distinguiendo claramente al mundo occidental del mundo helénico. Sus ideas fueron adoptadas y perfeccionadas por Arnold J. Toynbee en su magno tratado Estudio de la Historia (12 tomos, 1933-1961, revisado en 1972).Edición en español: Edhasa, 1963. La publicación inicial de A Study of History se hizo en los siguientes volúmenes:
Vol I: Introduction; The Geneses of Civilizations, primera parte (Oxford University Press 1934) Vol II: The Geneses of Civilizations, segunda parte (Oxford University Press 1934) Vol III: The Growths of Civilizations (Oxford University Press 1934) Vol IV: The Breakdowns of Civilizations (Oxford University Press 1939) Vol V: The Disintegrations of Civilizations, primera parte (Oxford University Press 1939) Vol VI: The Disintegrations of Civilizations, segunda parte (Oxford University Press 1939) Vol VII: Universal States; Universal Churches (Oxford University Press 1954) ECHO POR AGUZZTINN [as two volumes in paperback] Vol VIII: Heroic Ages; Contacts between Civilizations in Space (Encounters between Contemporaries) (Oxford University Press 1954) Vol IX: Contacts between Civilizations in Time (Renaissances); Law and Freedom in History; The Prospects of the Western Civilization (Oxford University Press 1954) Vol X: The Inspirations of Historians; A Note on Chronology (Oxford University Press 1954) Vol XI: Historical Atlas and Gazetteer (Oxford University Press 1959) Vol XII: Reconsiderations (Oxford University Press 1961)