Morena Clara es una película española de 1936 dirigida por Florián Rey y protagonizada por Imperio Argentina, Miguel Ligero y Manuel Luna. Se trata de una comedia musical adscrita —a veces con intención peyorativa— al subgénero de la «españolada». Está basada en la obra de teatro homónima de Antonio Quintero y Pascual Guillén. Fue estrenada el 11 de abril de 1936 en el Cine Rialto de Madrid, pocos meses antes del desencadenamiento de la Guerra Civil. Fue el mayor éxito comercial del cine español hasta aquel momento y durante muchos años más.
Antecedentes
El musical español
La llegada del cine sonoro propició la introducción de la música en la gran pantalla desde un principio. España no fue una excepción, y el género musical fue el segundo en importancia tras la comedia. Sainetes, zarzuelas, operetas, revistas y adaptaciones de vidas de cantantes fueron frecuentes en el período republicano. Además de la llegada del sonido al cine, la época de la Segunda República asistió simultáneamente al despegue de la radio comercial y de la industria discográfica, lo que potenció la importancia de la música.
La variedad más frecuente fue la «zarzuela filmada», iniciada ya en la época silente, ya que este género musical era tremendamente popular y no había sido todavía vencido por el musical estadounidense. En 1935 cabe citar los ejemplos de La verbena de la Paloma, dirigida por Benito Perojo, o Los claveles, de Santiago Ontañón; pero también la adaptación de un sainete musicalizado como Don Quintín el amargao, de Luis Marquina.
Además se habían realizado algunas comedias musicales más inspiradas en modelos internacionales. Destacan entre ellas Rumbo al Cairo, también de Benito Perojo y ¡Abajo los hombres!, de José María Castellví. Y también cortometrajes que servían de complemento en los programas cinematográficos. El propio Florián Rey había dirigido en 1934 a Imperio Argentina en Romanza rusa y a Miguel Ligero en Soy un señorito.
La españolada
200px|thumb|La «españolada» tenía antecedentes antiguos, como Carmen.
Un subgénero vigente era el denominado como «españolada». Procedía de Francia, donde había surgido durante el Romanticismo y fue promovido durante el Segundo Imperio debido al origen español de Eugenia de Montijo, la esposa de Napoleón III. Se caracterizaba por un fuerte pintoresquismo que retrataba a España como un país exótico más propio de África o Asia que de Europa. El modelo tuvo buena aceptación en España, y, aunque censurado por algunos críticos de la época que lo consideraban reaccionario, tuvo los apoyos tanto del escritor Federico García Lorca como del crítico anarquista Mateo Santos desde las páginas de Popular Film, que lo veían como una genuina manifestación de la cultura popular. Florián Rey fue su promotor más caracterizado, y lo consideraba expresión de los valores raciales españoles y, por tanto, mucho más universal que la imitación de modelos foráneos.
El principal elemento musical de la españolada fue la copla. La primera reconocible como tal fue «Suspiros de España», estrenada en 1902. En 1931 apareció el disco Canciones populares españolas, en el que cantaba La Argentinita acompañada al piano por García Lorca, impulsor del proyecto, que hacía una oferta contemporánea depurando la tradición y el folclore. Raquel Meller, Conchita Piquer, Angelillo, Imperio Argentina y Estrellita Castro fueron algunos de los principales intérpretes de este tipo de canción, y adquirieron una asombrosa —vista desde la posterioridad— proyección internacional.
Ejemplos de españoladas de 1935 son Rosario la cortijera, dirigida por León Artola y protagonizada por Estrellita Castro; El gato montés, de Rosario Pi, y Nobleza baturra, del propio Florián Rey, que obtuvo un gran éxito. En 1936 también destaca María de la O, costosa cinta dirigida por Francisco Elías y protagonizada por el internacional Antonio Moreno y Carmen Amaya.
La productora
La familia Trènor había fundado la Compañía Industrial Film Española S.A. (Cifesa) en 1932, dedicada inicialmente a la distribución. Al año siguiente, Manuel Casanova adquirió un paquete de acciones para contentar a su hijo Vicente, gran aficionado al cine. En 1934 se hizo con el control de la compañía. El éxito comercial de El agua en el suelo en 1934 hizo que el director aragonés Florián Rey sugiriera que la compañía entrara en el campo de la producción. El resultado fue La hermana San Sulpicio (1934), que fue un éxito no solo en España sino también en varios países americanos. La productora valenciana, que realizaba sus rodajes en Madrid, fue el primer intento español de crear una industria del cine sonoro.
En 1935 Cifesa estrenó La verbena de la Paloma, dirigida por Benito Perojo, adaptación de la zarzuela homónima de Ricardo de la Vega y el maestro Bretón. La adaptación de zarzuelas al cine era una práctica habitual por entonces, pero la película de Perojo marcó un hito en el cine español de la época por su calidad y por el éxito popular.
El posterior estallido de la guerra civil truncaría la consolidación de Cifesa. Se paralizó el rodaje de El genio alegre y, cuando se pudo estrenar tras el conflicto bélico, desaparecieron de sus títulos de crédito los nombres de los intérpretes de simpatías republicanas. Peor fue el destino de Nuestra Natacha, que fue confiscada en 1939 por la censura franquista. En cuanto a La casta Susana, nuevo proyecto que Florián Rey e Imperio Argentina iban a rodar en París, ni siquiera se llegó a iniciar.
La obra teatral
La película está basada en la comedia teatral Morena Clara, de Antonio Quintero y Pascual Guillén, autores que parecían especializados en comedias «calés». Estrenada el 8 de marzo de 1935 en el Teatro Cómico de Madrid con el subtítulo de Comedia en tres actos y un juicio oral, la pieza había sido representada cientos de veces en la capital y en muchas otras ciudades españolas, y había alcanzado una enorme popularidad. La interpretación de la famosa actriz Carmen Díaz había puesto muy alto el listón, ya que el público estaba identificado con su creación del personaje de Trini. A través de esta, una «morena clara» o gitana «cruzada», y otros marginados sociales que simbolizaban la libertad y deseo de independencia, los autores tocaban tangencialmente temas candentes del momento sin nombrarlos de forma directa.
Según relató más tarde Imperio Argentina, fue ella quien sugirió a su marido realizar una versión cinematográfica. La actriz pensaba que Florián Rey realizó una excelente traslación a la pantalla, dotando al texto de una humanidad de la que carecía en el teatro. La obra no contenía las canciones luego incluidas en el filme, aunque la letra de alguna de ellas era recitada por la protagonista.
Sinopsis
Los hermanos gitanos Trini y Regalito roban unos jamones en una venta y se los venden a su propietario. Tras la denuncia, son enjuiciados y el implacable fiscal Enrique Baena pide su condena haciendo un alegato marcadamente antigitano. No obstante, presionado por la defensa, asegura que estaría dispuesto a acogerles en su casa si no quisieran delinquir. Tras la absolución, Trini acude a casa del fiscal durante la fiesta de la Cruz de Mayo y cae en gracia a doña Teresa, la madre de Enrique, quien exige a este que cumpla su palabra y acoja a la joven.
Trini procederá a solucionar todos los problemas de la familia. Aprovechando que Pepe Rosales, un antiguo compañero de colegio del fiscal, deja cinco mil duros en su escritorio como intento de soborno, Trini simula haber obtenido el dinero mediante un conjuro y se lo entrega al apurado Rafael, el irresponsable hermano de Enrique, para que solucione sus problemas económicos. Después solventa mediante otra simulación de magia gitana un intento de extorsión de Juanita Céspedes, quien había acudido a la casa con su hija Encarnación, fruto de una antigua relación adúltera con don Elías, el padre de Enrique.
Tras resultar absuelto el traficante de drogas por el que intercedió Rosales, ambos van a la casa del fiscal para agradecerle su supuesta intervención. Enrique, ignorante del asunto del dinero, rechaza indignado la gratitud, lo que los delincuentes interpretan como una petición de más dinero, por lo que dejan en el escritorio otros cinco mil duros. Trini entrega el dinero a don Elías para que contribuya al mantenimiento de su hija ilegítima. Enrique, que está satisfecho por el arreglo del embarazoso problema de su padre, sale de copas con Regalito y, a la vuelta, declara a Trini su amor.
Ignorante Enrique de lo que Trini ha hecho con los diez mil duros, le exige su devolución. Puesto que ella afirma que no los tiene, el fiscal interpreta que la joven ha actuado desde un principio con ánimo de enriquecerse, le manifiesta su desprecio echándole en cara su condición de gitana, y ella abandona la casa entre lágrimas. Don Elías aclara a su hijo lo que ha hecho Trini con el dinero y Enrique le pide perdón y reafirma su compromiso de matrimonio.
Guion y dirección
160px|thumb|Con Morena Clara Florián Rey encadenó su tercer éxito consecutivo.
Antecedentes
Florián Rey fue, junto con Benito Perojo, el director más prestigioso del período republicano. Consiguió realizar el difícil tránsito desde el cine mudo al sonoro emigrando a Francia para trabajar —como otros muchos profesionales del cine— en los estudios que Paramount había creado en Joinville para realizar películas en idiomas distintos del inglés. Allí, por setecientos francos al mes, realizó diversos trabajos y aprendió las técnicas del cine hablado. Entre otros filmes, trabajó en 1932 en Espérame y en 1933 en Melodía de arrabal, ambas con Carlos Gardel. Ese mismo año regresó a España, donde tuvo poco éxito al principio con la película de bandoleros Sierra de Ronda. En 1934 la comedia de enredo El novio de mamá le dio problemas técnicos con el sonido. Pero ese mismo año obtuvo un gran éxito con La hermana San Sulpicio.
En 1935, Rey revalidó su éxito con Nobleza baturra, una «españolada» ambientada en su Aragón natal con la que inició un cine de tipo costumbrista, casticista y ruralista dirigido al público de clase baja y media-baja que era el mayoritario en la España de entonces: un país todavía predominantemente rural y poco industrializado. El tema central de la película era el de la honra de la mujer.
La película
Morena Clara fue rodada en Córdoba, Sevilla, Utrera y Vejer de la Frontera, con un presupuesto de medio millón de pesetas.
En el filme, Florián Rey insistió en la fórmula de amores interclasistas que tan buen resultado le había dado en Nobleza baturra, pero en esta ocasión añadió también el factor interracial. Ello era consecuencia de la moda del «gitanismo» impuesta por la obra literaria de Federico García Lorca desde la aparición en 1928 de su Romancero gitano. Además, invirtió las posiciones sociales de la película anterior, siendo la mujer esta vez una humilde gitana que ganará el corazón del fiscal de buena familia. También volvió a utilizar el tema de la honra femenina, si bien en esta ocasión no estaba asociada a la sexualidad, sino a la respetabilidad y honradez. Nuevamente al final se limpia el honor que ha sido mancillado y se recompensa a la humilde gitana con una boda que la eleva socialmente.
Para «oxigenar» la trama, Rey hizo algunos cambios. La obra original comenzaba con el juicio, en el que se relataba el robo de los jamones. El director prefirió presentar a los hermanos Marqués en la carretera, junto a un poste que señala que están a quince kilómetros de Sevilla. A continuación, representa los hechos de la venta. Este cambio permite presentar en la venta al hermano del fiscal y, a través del posterior recorrido de este, al propio fiscal, del que el público conoce su severidad aun antes de comenzar el juicio. De similar manera, unos personajes conducen a otros y la compleja trama discurre con suavidad y eficacia.