Pedro Esteban Dávila (Las Navas del Marqués de Ávila, España, 12 de julio de 1584-Perú, 1657) era un militar que llegaría a ser maestre de campo y caballero de Santiago, además de ser asignado en el cargo de gobernador del Río de la Plata desde 1631 a 1637.

Biografía

Origen familiar

Pedro Esteban Dávila nació en Las Navas del Marqués, provincia de Ávila, el 12 de julio de 1584, hijo natural de Pedro Esteban Dávila y Enríquez de Guzmán, 3.º marqués de Las Navas, 5.º conde del Risco y señor de Villafranca, alférez mayor perpetuo de Ávila, comendador de la Orden de Alcántara y mayordomo de Felipe III de España, y de Jerónima de Ocampo, natural de Zaragoza y dama de su madre, la marquesa Jerónima Enríquez.

Carrera militar en Europa

Ingresó al Real Ejército y desde 1601 sirvió en Italia y en la campaña de Flandes durante la guerra de los Ochenta Años. En junio de 1616 por influencia de su padre, fue nombrado maestre de campo de las fuerzas a enviar como refuerzo a Filipinas bajo el mando del maestre de campo Jerónimo de Silva, tío del gobernador de Filipinas Juan de Silva. Allí se preparaba una expedición contra los holandeses de las islas Molucas en concurso con los portugueses.La expedición se efectuó sin esperar refuerzos. Silva se dirigió primero al Estrecho de Malaca, pero no sabía que la flota portuguesa había sido destrozada por los holandeses. Al conocer la suerte de sus aliados y como había dejado Manila desguarnecida y la mayor parte de su tripulación estaba enferma, decidió regresar. Enfermo, murió el 19 de abril de 1616.

Maestre de Campo en Filipinas

El 23 de agosto Dávila elevó un memorial a la Audiencia de Filipinas pidiendo instrucciones exactas para su misión y solicitando se le concediera la eventual sucesión de Jerónimo de Silva, así como encomiendas de indios. Dávila, conocía la enfermedad de Silva y sus reiteradas solicitudes de relevo, por lo que era factible que su tío lo sucediese dejando vacante el comando.

Mientras permanecía en Las Navas esperando el resultado de su solicitud, el 23 de septiembre de 1616 recibió de Juan Ruiz de Contreras la orden de partir a Sevilla para sumarse a la expedición. Dávila demoró su partida e insistió con un nuevo memorial fechado el 27 de septiembre. El 8 de octubre Juan Ruiz de Contreras le ordenó partir de inmediato a Sevilla, pero al poco tiempo todo estaba resuelto. El 10 de octubre desde El Escorial partía una Real Cédula informando a Juan de Silva, gobernador de Filipinas, que a Pedro Esteban Dávila, "maestre de campo de la gente de guerra que va a esas islas en la armada de socorro que se envía por el cabo de Buena Esperanza se le concede también la futura sucesión en el cargo de maestre de campo de la gente de guerra de Filipinas, que ahora ocupa Jerónimo de Silva".

El 20 de octubre una nueva real cédula establecía que Dávila, "maestre de campo de los 1.600 infantes que se envían de socorro en la armada que va a Filipinas con el capitán general Alonso Fajardo de Tenza, pueda usar dicho cargo en esa armada y después en las dichas islas, durante el tiempo que estimase oportuno el gobernador de ellas" y que "se le ha concedido la futura sucesión en el cargo de maestre de campo de la gente de guerra de Manila, que ahora ostenta Jerónimo de Silva, u otro puesto equivalente". Ordenaba finalmente que para gastos de viaje se le adelante el sueldo de un año.

El 15 de mayo de 1617 una carta dirigida desde Cádiz por Diego de Castro Lisón, veedor de la Armada de Filipinas, a Juan Ruiz de Contreras, informaba de estar prevista "la partida del almirante Carlos de Ibarra y de Pedro Esteban Dávila con la Infantería de su tercio menos 60 personas que se han dejado al general Alonso Fajardo de Tenza y 50 enfermos, el resto queda embarcada en los galeones San Antonio el Viejo, San José y patache los Remedios para pasar a Italia de que envía relación". Agregaba "que si la armada ha de ir por el Cabo de Buena Esperanza se ha de aprovechar el tiempo que queda hasta octubre".

Gobernador en las Azores

En 1621 se resolvió favorablemente su expediente de hidalguía, que había sorteado numerosas dificultades y fue aprobado gracias a la influencia de su padre. Para ese entonces Dávila ya había servido durante 20 años y había sido nombrado castellano de la fortaleza Monte de Brasil de la isla Tercera en las Azores.

En 1625 su gobierno en la isla Tercera provocó un levantamiento civil que motivo su suspensión preventiva hasta que un sumario determinara sus responsabilidades. Mientras aguardaba el resultado, Dávila se proponía ya obtener un mando político militar en América, ambición que el Conde-Duque de Olivares canalizó hacia la recientemente creada Gobernación del Río de la Plata donde reemplazaría a Francisco de Céspedes. A fines de 1629 recibió el nombramiento pero recién en 1630 fue finalmente sobreseído y quedó habilitado para hacerse cargo del gobierno.

Gobernador colonial de Buenos Aires Antecedentes

La situación en el área era compleja. Si bien el territorio era periférico y carecía de recursos mineros y mano de obra indígena utilizable, su posición estratégica exigía medidas urgentes para asegurar el control del territorio y de su capital, la ciudad de Buenos Aires. La principal amenaza la constituía la flota de las Provincias Unidas de los Países Bajos, que amenazaban las costas sudamericanas.Aunque el ataque holandés al Río de la Plata no se concretaba, Céspedes hizo traer tropas a Buenos Aires para fortalecer su control del área y abogó por la creación de una plaza fortificada en Montevideo para impedir que los enemigos se adelantaran. En el mes de julio de 1628 llegó el aviso de que una flota holandesa se acercaba al Río de la Plata por lo que adoptó diversas medidas de vigilancia. Entre ellas Céspedes dispuso que los vecinos debían recorrer la costa en turnos de al menos dos horas, armados y en grupos de dos. En una de esas rondas se encontró un papel lacrado instando a los habitantes de la ciudad a sublevarse contra el dominio español. Panfletos similares fueron lanzados por los holandeses en Retiro y Recoleta. No obstante, sin más incidentes que unos disparos de cañón del Fuerte para intimidar a los visitantes, la flota holandesa se retiró, dejando para la historia el primer cuadro de la gran aldea vista desde el río. Esos enemigos eran pronto no sólo los holandeses sino también Gran Bretaña e incluso avances de los portugueses, que aunque dependieran de la corona española mantenían sus objetivos en el Plata. Por otro lado, si bien en esa época Portugal estaba sujeto a la Casa de Austria, la expansión brasilera en el oriente se mantenía.

En cuanto a la situación interna del territorio y las gobernaciones vecinas, llegaban ya noticias de levantamientos indígenas: en 1630 comenzaron los ataques guaycurúes sobre Concepción de Buena Esperanza y el siguiente año los ohomas (guaycurúes), tocagües (o ticagues) y vilos (subtribus de los calchaquíes) y colastinés (guaraníes) arrasaron el cercano fuerte y encomienda de Matará, ubicado entre el río Bermejo y el río Salado del Norte. También en 1630 se producían los primeros ataques de la primera Guerra Calchaquí en la Gobernación del Tucumán.

La misma ciudad de Buenos Aires era motivo de conflicto. Excluyendo a Hernandarias casi todos los funcionarios estuvieron comprometidos en mayor o menor grado con el contrabando. En la época los principales contrabandistas (se los denominaba Confederados) eran el sevillano Juan de Vergara, notario del Santo Oficio, regidor perpetuo del Cabildo de Buenos Aires (y literalmente su dueño) y Tesorero de la Santa Cruzada, y el portugués Diego de Vega, que con el primer gobernador del Río de la Plata Diego de Góngora se habían convertido en dueños de la ciudad. Más allá del evidente comportamiento delictivo, el contrabando en Buenos Aires tenía motivaciones económicas profundas, originadas en las restricciones al comercio por parte de la Monarquía que favorecían los intereses de la península y en segundo lugar de Lima, en perjuicio del Alto Perú y Buenos Aires.

En esas circunstancias, Dávila parecía la persona adecuada para el puesto, no por las virtudes reconocidas en un político hábil, que no las poseía, sino por las propias de un jefe militar. En plena guerra de los Treinta Años y en conflicto abierto con los Países Bajos, tras la toma de Recife y la captura de la flota de Indias en 1628 por el corsario Piet Heyn el objetivo estratégico principal era reforzar la plaza frente a la amenaza holandesa. Dávila presentó un proyecto para completar y reforzar el fuerte de Buenos Aires que requería la asignación de una fuerza de 200 soldados, lo que fue aceptado.

Sin embargo, al momento de su partida no contaba con los recursos presupuestarios prometidos, ni autorizaciones formales para las obras del fuerte y sólo había conseguido reclutar 45 soldados, a los que pudo sumar otros 30 bajo recluta directa y sujetos a condiciones laxas de contratación. Tampoco el ingeniero asignado para la fortificación llegó a partir. Solo había obtenido parte del armamento liviano solicitado (mosquetes y arcabuces), 8 piezas de artillería, herramientas y pertrechos.

Río de Janeiro

El 17 de abril de 1631 embarcaba en Lisboa. Con él partía el visitador (juez extraordinario de pesquisa) Andrés de León Garabito, hijo del catedrático de la Universidad de San Marcos de Lima, Francisco de León Garabito y de Isabel de Illescas. Nacido en la ciudad de Lima en 1600, después de trabajar en los Consejos Reales durante 7 años debía encargarse de la residencia de Francisco de Céspedes. Su plazo era de dos años desde la partida y no tenía facultad para interferir en los actos de gobierno de Dávila.

Al arribar a Río de Janeiro, Dávila tuvo noticias de que permanecían en Buenos Aires 11 naves despachando contrabando con la anuencia de Céspedes. El control del contrabando no era su principal objetivo, ni personal, ni político y decidió permanecer en cuarteles de invierno en Río, prolongando su estadía hasta diciembre (en total cinco meses y medio) pese a las protestas de Garabito que veía consumirse buena parte del tiempo de su misión.

En Río, Dávila adquirió también una nave y un porcentaje de otra, que sumaría a la actividad del contrabando, así como un cargamento de vino de baja calidad. Arribó finalmente a Buenos Aires al finalizar 1631. Para esa fecha Juan de Vergara y sus compañeros habían sido indultados como resultado de una amnistía general otorgada por el Rey en 1631 a raíz del nacimiento del príncipe Baltasar Carlos de Austria. Como resultado, Vergara recuperaba su cargo de regidor perpetuo.

Primeras medidas

Apenas llegó, proclamó abiertamente su solidaridad con Céspedes y desalentó el testimonio de los vecinos, ya poco proclives a denunciar una actividad generalizada. Se afirmaba que Dávila había recibido del gobernador saliente 10000 pesos y una cadena de oro a modo de incentivo para su política.

300px|thumb|El Fuerte de Buenos Aires en 1816 thumb|250px|Ciudad de Buenos Aires (1708) Ante la falta de recursos para su plan de defensa, Dávila solicitó permiso para introducir esclavos en el Plata. Sin aguardar respuesta, permitió la importación de esclavos negros de Angola y ya el primer trimestre de su gobierno arribaron 800 esclavos en 3 barcos. Intervino también en el comercio de la yerba mate del Paraguay.

Sin embargo no desatendió su misión principal y se dedicó a conciencia a tomar debido y exacto conocimiento de la situación en el Plata y a finalizar las obras del fuerte de Buenos Aires, que denominó de San Baltasar de Austria, con la edificación anexa de Casas Reales.