thumb|right|Cortejo sobre un tejado.
El rasgo más característico del tordo cabecicafé (Molothrus ater) —una especie paseriforme ictérida que habita en gran parte de América del norte— con respecto a su reproducción es el hecho de que practica el parasitismo de puesta. La hembra deposita sus huevos en los nidos de otras aves —típicamente, paseriformes pequeños—, en particular en aquellos en forma de taza. Los machos alcanzan la madurez sexual al año, pero rara vez se aparean hasta los dos años. Las hembras se reproducen ya al año de edad. Al igual que en otros paseriformes, las vocalizaciones cumplen un rol importante durante la época de reproducción. Si bien también cantan en los meses de invierno, los machos hacen mayor uso de estas vocalizaciones, fundamentales para atraer a las hembras, como parte del cortejo y durante la temporada reproductiva.
La temporada reproductiva inicia en abril, culmina en mayo, comienza a declinar en junio y continúa de manera esporádica en julio. Según Ortega (1998), generalmente se extiende desde comienzos de mayo a fines de julio, un período que se superpone con la época de reproducción de numerosas aves norteamericanas de los pastizales (Stewart, 1975). En Dakota del Norte, de acuerdo a Stewart (1975), se prolonga hasta mediados de agosto, pero tiene su auge entre inicios de mayo y mediados de julio. En Connecticut, es posible ver adultos cortejando en marzo e inicios de abril y las hembras comienzan a depositar sus huevos a mediados de mayo. Según información de 1958, los tordos cabecicafé ponen sus huevos en Maryland y el Distrito de Columbia desde fines de abril a fines de julio (siendo las fechas extremas el 24 de abril y el 28 de julio), particularmente desde comienzos de mayo hasta comienzos de julio. De acuerdo a un estudio publicado en 1993, en Misuri se han encontrado huevos de esta especie en nidos ajenos desde mediados de abril hasta mediados de julio.
Numerosos estudios han constatado una cierta filopatría —o tendencia a regresar una y otra vez a las mismas zonas de reproducción— tanto por parte de los machos como de las hembras. En Manitoba (Canadá), el 64% de 337 machos marcados y el 46% de 173 hembras marcadas exhibían un comportamiento de fidelidad hacia los sitios en los que se reproducían (Woolfenden y otros, 2001). Shake y Mattsson (1975) se encontraron con que el 40% de 119 machos y el 9% de 81 hembras marcados en Míchigan centroseptentrional regresaron a un radio de 4,8 km desde el punto en el que habían sido identificados el año anterior. En un estudio llevado a cabo en Illinois, Raim (2000) descubrió que el 47% de 79 sitios de reproducción utilizados por hembras con marcas de colores en junio de un año volvía a ser usado por las mismas aves al año siguiente. Smith y Arcese (1994) constataton que las hembras que visitaban Mandarte Island —una isla diminuta en el estrecho de Georgia, al sudeste de la isla de Vancouver— para depositar sus huevos exhibían filopatría natal y reproductiva.
Desarrollo de las conductas sexuales
thumb|left|La exposición a los machos adultos hace que los juveniles sean más sociables.
El aprendizaje social es fundamental para el normal desarrollo de los tordos cabecicafé. A través de este se modela la canción de los ejemplares masculinos, la cual es influenciada por la interacción con otros individuos. Adicionalmente, el contacto con sus congéneres influye sobre el desarrollo de sus competencias de cortejo. En muchas otras especies de paseriformes, los machos adultos son una importante fuente de aprendizaje para los jóvenes. Ejemplo de esto son los gorriones melódicos (Melospiza melodia), que copian las canciones de otros machos que vivan en las cercanías. En el caso de los tordos cabecicafé, sin embargo, no está claro el rol que cumplen los machos maduros, al menos en lo referente al aprendizaje de las canciones. Los juveniles de ese sexo tienen la habilidad de imitar las de sus contrapartes adultos, pero también pueden desarrollar cantos típicos de la especie de manera independiente, sin haber sido expuestos a ellos.
Existe evidencia de que los machos jóvenes efectivamente incorporan de los adultos información importante para su reproducción. En 2002, se puso a 75 ejemplares de distinto sexo y edad dentro de un aviario para estudiar sus interacciones durante un año. A lo largo de ese período, los individuos se agruparon sobre la base de criterios de similitud en sexo y edad. Sin embargo, los juveniles machos que tuvieron más contacto con los machos adultos resultaron ser más exitosos que los demás a la hora de cortejar a las hembras.
thumb|right|La interacción con los machos adultos favorece el normal desarrollo de las conductas reproductivas de los juveniles.
Otro estudio fue llevado a cabo entre 1999 y 2000 para investigar la relevancia de la presencia o ausencia de machos adultos en el ambiente social en el que se desarrollan los jóvenes de dicho sexo. En dos grandes aviarios al aire libre aislados uno del otro, se introdujo grupos de juveniles masculinos y hembras de distintas edades, con machos maduros (de al menos un año de edad) en un caso y sin ellos en otro; es decir, para la mitad de los jóvenes su entorno social contenía machos adultos, mientras que para la otra mitad no. Los resultados mostraron que esta sola diferencia repercutía dramáticamente en los patrones vocales y de agrupamiento social de los juveniles entre comienzos del otoño y fines de la primavera.
Los que no habían tenido contacto con los machos maduros cantaban con mayor frecuencia de manera no interactiva, sin dirigir sus vocalizaciones a otro individuo. Cuando efectivamente cantaban a otras aves, reproducían una menor cantidad de cantos por cada interacción que los que habían estado junto a los ejemplares de su sexo de al menos un año de edad. Asimismo, los primeros pasaban menos tiempo relacionándose de manera cercana con las otras aves. En cuanto a los cantos que destinaban a las hembras, dirigían una menor proporción a la que era de su mayor interés (54,8% de ese total) que los jóvenes más interactivos (82,7%). Los que habían sido aislados de los adultos no exhibían diferencias significativas en cuanto a sus habilidades de cortejo con respecto a los otros, pero mostraban una tendencia inferior a involucrarse en riñas. Por otra parte, la mayoría de las hembras en el aviario sin machos maduros copulaba con más de un juvenil, mientras que las del otro aviario no se aparearon con ninguno que no fuera su compañero.
En conclusión, los jóvenes que compartían su habitáculo con machos adultos manifestaban patrones vocales y de cortejo típicos de los que se crían en compañía de congéneres de distintas edades y sexo y habituales en la naturaleza. Los otros, sin embargo, participaban en menos duelos vocales prolongados con sus pares, demostraban niveles más bajos de agresividad intrasexual, formaban vínculos menos fuertes con hembras individuales y se apareaban con varias de ellas.
Cortejo
250px|thumb|left|Machos en Ontario (Canadá), uno de ellos pavoneándose.
Herbert Friedmann (1929) identificó tres tipos de exhibiciones de cortejo: terrestres, aéreas y arbóreas. Describió el cortejo terrestre de la siguiente manera:
Sin embargo, otros observadores han mencionado el despliegue de las alas y la cola en el cortejo terrestre. Refiriéndose a las exhibiciones aéreas, Friedmann escribió:
Dos machos que él observó siguiendo a una hembra “parecían exhibirse y cantar al unísono. Los dos machos y la hembra siguieron volando de aquí para allá, a una altura de alrededor de 60 m, desde las 7:15 a.m., cuando fueron vistos por primera vez, hasta aproximadamente las 8:30 a.m., cuando fueron vistos por última vez, sin descansar o posarse ni por un segundo.” Con respecto a las exhibiciones sobre los árboles, las cuales son las más comunes, Friedmann comentó:
Un ejemplar macho observado por el ornitólogo y paleontólogo aviar Alexander Wetmore (1920) en Nuevo México “se mantuvo quieto durante algunos segundos, luego expandió su cola y llevó la punta ligeramente hacia adelante, irguió las plumas de la espalda y en menor medida las del pecho y abdomen y después cantó bub ko lum tsee. Al emitir las primeras tres notas se levantó dos veces tan alto como sus patas le permitían para volver a retraerse rápidamente hacia abajo.” C. J. Maynard describió el vuelo de cortejo de la siguiente manera:
Territorialismo
Según Rothstein, Verner y Stevens, en el este de la Sierra Nevada, donde tanto huéspedes como tordos cabecicafé se hallan dispersos sobre las áreas de reproducción, aparentemente no existe territorialismo por parte de esta especie. En otros lugares, como en los estados orientales en donde los tordos cabecicafé son moderadamente abundantes y la competencia por conseguir un nido es mayor, la defensa del territorio es típica. En poblaciones muy densas, el territorialismo resulta ineficaz y es raramente observado. Con respecto a eso, Herbert Friedmann (1929) escribió que los tordos cabecicafé no defiendían muy enérgicamente sus territorios y, en consecuencia, en regiones con una abundancia inusual de aves el factor territorial era mucho menos perceptible; su método de defensa se restringía a una exhibición intimidatoria. Durante sus estudios en Ithaca (Nueva York), Friedmann describió que, tras su arribo a esa zona desde los estados sureños, los machos se establecían en sus sitios y se quedaban en sus territorios durante unas pocas horas cada mañana, pasando la mayor parte del día alimentándose. A medida que la temporada avanzaba, permanecían más y más tiempo en sus respectivos territorios y, para cuando llegaban las hembras, los machos pasaban al menos la mitad de cada día dentro de los límites de los mismos.
Friedmann (1929) escribió:
De acuerdo a Arthur Cleveland Bent (1958), sin embargo, probablemente las hembras no estén siempre confinadas a territorios definidos para la puesta de sus huevos debido a que a menudo se encuentran huevos depositados por hembras distintas en un mismo nido. Amelia R. Laskey, de Nashville (Tennessee), le envió a Bent sus notas sobre su estudio de tres años sobre el comportamiento del tordo cabecicafé:
En una zona de Illinois caracterizada por el césped corto, áreas arboladas y arbustos, las hembras de tordo cabecicafé eran flexibles y oportunistas en cuanto a la mantención y expansión de su territorio y en la ocupación de nuevas áreas (Raim, 2000). Sus áreas de reproducción se expandían desde un promedio de 9,2 hectáreas entre mayo y mediados de junio a 21,5 hectáreas entre fines de junio y julio a medida que se reducía el número de hembras depositando huevos. Mientras que algunos territorios reproductivos permanecen estables en tamaño y ubicación durante la temporada, otros son desocupados, las hembras se apropian de nuevas áreas y territorios ya establecidos se amplían para incluir otros ahora disponibles. Las áreas reproductivas de 12 hembras se superponían en un 12% en promedio.