thumb|El rey Leopoldo III en 1934 La Cuestión Real (en francés: Question royale, en neerlandés: Koningskwestie) fue una gran crisis política en Bélgica que duró de 1945 a 1951, llegando a un punto crítico entre marzo y agosto de 1950. La «cuestión» en juego era si el rey Leopoldo III podría regresar al país y reasumir su papel como rey de los belgas en medio de las acusaciones de que sus acciones durante la Segunda Guerra Mundial habían sido contrarias a las disposiciones de la constitución belga. Finalmente fue resuelto por la abdicación de Leopoldo III a favor de su hijo Balduino en 1951.

La crisis surgió de la división entre Leopoldo III y su gobierno, dirigido por Hubert Pierlot, durante la invasión alemana de 1940. Leopoldo, que era sospechoso de simpatías autoritarias, había asumido el mando del Ejército belga al estallar la guerra. Teniendo en cuenta su posición constitucional como comandante en jefe de tener prioridad sobre su papel civil como jefe de Estado, se negó a abandonar su ejército y unirse al gobierno belga en el exilio en Francia. La negativa de Leopoldo a obedecer al gobierno marcó una crisis constitucional y, después de haber negociado la rendición a los alemanes el 28 de mayo de 1940, Leopoldo fue ampliamente condenado. Durante la posterior ocupación alemana, Leopoldo se mantuvo bajo arresto domiciliario en su palacio, donde fue elogiado por compartir estoicamente el sufrimiento de los belgas comunes. Poco antes de que los aliados liberaran el país en 1944, fue deportado a Alemania por los nazis.

Con Bélgica liberada pero el rey todavía en cautiverio, su hermano, el príncipe Carlos, conde de Flandes, fue elegido regente. El rey fue oficialmente declarado «incapaz de gobernar» de acuerdo con la Constitución. Con el país dividido sobre si el rey podría alguna vez volver a sus funciones, y con la izquierda en posición políticamente dominante, Leopoldo se exilió en Suiza. En 1950, un referéndum nacional fue organizado por un nuevo gobierno de centroderecha para decidir si Leopoldo podría regresar. Aunque el resultado fue una victoria para los leopoldistas, produjo una fuerte división regional entre Flandes, que estaba ampliamente a favor del regreso del rey, y Bruselas y Valonia, que generalmente se opusieron. El regreso de Leopoldo a Bélgica en julio de 1950 fue recibido con protestas generalizadas en Valonia y una huelga general. Los disturbios culminaron con el asesinato de cuatro trabajadores por parte de la policía el 31 de julio. Ante el rápido deterioro de la situación, el 1 de agosto de 1950, Leopoldo anunció su intención de abdicar. Después de un período de transición, abdicó formalmente a favor de Balduino el 16 de julio de 1951.

Antecedentes Monarquía y Constitución thumb|upright|La corona belga, colocada simbólicamente sobre la Constitución en una estatua decimonónica de Leopoldo I Bélgica se independizó del Reino Unido de los Países Bajos en 1830 y se organizó como monarquía popular y constitucional con una democracia parlamentaria bicameral. En 1831 se redactó una Constitución que dispuso los poderes y responsabilidades que correspondían al soberano. El rey, en tanto que jefe del Estado, no podía actuar política sin la sanción de un ministro del Gobierno, pero sí decidir los asuntos militares a su gusto, en calidad de jefe de las Fuerzas Armadas del país. La constitución no aclaraba qué autoridad era la suprema en caso de conflicto entre ellas y esto fue la causa primordial de la «cuestión real» de la posguerra belga.

El primer rey belga, Leopoldo I, aceptó lo dispuesto en la constitución, pero trató de aprovechar su ambigüedad para aumentar su poder. Sus sucesores en el trono belga también lo hicieron, aunque en general en vano.

Leopoldo III Leopoldo III ascendió al trono en 1934, al fallecer su padre, Alberto I, en un accidente de alpinismo. Alberto, apodado el «rey caballero», se había granjeado las simpatías de la mayoría de la población por haber mandado el Ejército belga durante la Primera Guerra Mundial (1914-18), cuando gran parte del país estuvo ocupado por Alemania. Su reinado había estado marcado por la crisis económica de la Gran Depresión y por la agitación política, tanto de las agrupaciones de extrema izquierda como de las de extrema derecha. Leopoldo había tratado de ampliar los poderes del monarca aprovechando la crisis. Se sospechaba que tenía inclinaciones autoritarias y simpatías por la derecha. Desde 1936, defendió con ardor la neutralidad del país, ante la creciente amenaza de la expansión de la Alemania nazi.

Invasión y ocupación alemanas (1940-44)

El Ejército alemán invadió Bélgica el 10 de mayo de 1940, sin haberle declarado la guerra. Leopoldo se dirigió al punto al fuerte Breendonk, sede del Estado Mayor del Ejército, situado cerca de Malinas, para asumir el mando de las Fuerzas Armadas. Rehusó presentarse antes ante el Parlamento, a diferencia de lo que había hecho Alberto I al comienzo de la Primera Guerra Mundial. La velocidad del avance alemán, la «guerra relámpago», hizo que el Ejército tuviese que replegarse al oeste del país, pese a la colaboración de los ejércitos francés y británico. El Gobierno belga abandonó la capital, Bruselas el 16 de mayo.

Disensiones entre el rey y el Gobierno thumb|Fotografía moderna del castillo de Winendaele, donde se reunieron por última vez el rey y el Gobierno belga durante la guerra, el 25 de mayo de 1940. Las desavenencias entre el soberano y el Gobierno surgieron poco después de la agresión alemana. Este sostenía que la invasión alemana había conculcado la neutralidad del país y hecho de este automáticamente un aliado; Leopoldo, por el contrario, creía que Bélgica era todavía neutral y no tenía más obligación que la defensa de su territorio. El rey rehusaba permitir el despliegue de soldados británicos y franceses en suelo belga, acto que consideraba incompatible con la neutralidad.

El rey se reunió por última vez con una delegación de los principales ministros el 25 de mayo en el castillo de Winendaele, situado en Flandes Occidental. Esta reunión se considera a menudo el acontecimiento que marcó el comienzo la «cuestión real» y en el que se verificó la ruptura entre el rey y el Gobierno. Asistieron a ella cuatro ministros: Hubert Pierlot, Paul-Henri Spaak, Henri Denis y Arthur Vanderpoorten. Para entonces, tras la enconada batalla del río Lys, el Gobierno se aprestaba a continuar combatiendo a Alemania desde el exilio en Francia. Los ministros urgieron al monarca a acompañarlos, siguiendo el ejemplo de la reina Guillermina de los Países Bajos y de la gran duquesa Carlota de Luxemburgo. Leopoldo disintió y se mantuvo firme en su posición. Se negó a abandonar Bélgica y al ejército, por entonces fundamentalmente arrinconado en Flandes. Los ministros sospechaban que los edecanes del rey ya estaban negociando con Alemania. La reunión concluyó sin acuerdo y seguidamente el Gobierno se trasladó a Francia.

Por su parte, Leopoldo acordó una tregua con los alemanes el 27 de mayo de 1940; el Ejército se rindió oficialmente al día siguiente. Leopoldo fue apresado por los alemanes, que lo mantuvieron en arresto domiciliario en el castillo Real de Laeken, cercano a Bruselas. Furioso con el rey por haber soslayado al Gobierno y haber pactado por su cuenta la rendición, Pierlot emitió un duro discurso en Radio París, en el que vituperó al monarca y anunció la intención de su Gobierno de continuar luchando junto a los Aliados. Los políticos franceses, en especial Paul Reynaud, atribuyeron a Leopoldo la adversa suerte que estaban corriendo los combates en Francia y lo tildaron de «rey felón».

Leopoldo durante la ocupación

Bélgica quedó sometida a administración militar alemana tras rendirse el 28 de mayo de 1940. El jefe de la administración alemana era el general Alexander von Falkenhausen, encargado del gobierno del país. Los funcionarios belgas recibieron orden de permanecer en sus puestos para mantener la gestión de los asuntos públicos y para tratar de proteger a la población de las exigencias de las autoridades alemanas.

La derrota de Francia y la formación del gobierno filogermano de Vichy hizo pensar que Alemania se hallaba a las puertas de la victoria. Leopoldo fue alabado como «mártir» y símbolo de la resistencia del país, mientras que el Gobierno era acusado de anteponer la ideología a los intereses del pueblo. El principal representante de la Iglesia católica belga, el cardenal Jozef-Ernest van Roey, envió una pastoral el 31 de mayo pidiendo a los belgas que se uniesen en torno al monarca. Otras figuras del entorno real, en especial el socialista autoritario Henri de Man, creían que la democracia había fracasado como sistema político y que al concluir la guerra mundial el rey encabezaría un nuevo Estado belga, regido por un sistema dictatorial.

thumb|left|El castillo Real de Laeken, donde Leopoldo quedó recluido en arresto domiciliario durante la ocupación alemana. A pesar de hallarse cautivo, el rey prosiguió con su actividad política. Pensaba que tras la victoria alemana surgiría un «nuevo orden» político en Europa y que, al ser la principal figura política del país en la zona ocupada por Alemania en el continente, podría negociar con las autoridades alemanas. En consecuencia, Leopoldo escribió a Adolf Hitler y trató de que este le concediese audiencia. Hitler no tenía gran interés en Leopoldo y desconfiaba de él, pero finalmente se avino a recibirlo el 19 de noviembre de 1940 en Berghof; la reunión, sin embargo, no resultó productiva.

El apoyo de la población al rey menguó notablemente en diciembre de 1941, cuando se anunció que el rey desposaría a Lilian Baels. Este nuevo matrimonio del rey fue mal recibido por la mayoría de la población. La imagen del rey cautivo que compartía las penurias de los prisioneros de guerra belgas quedó socavada, en especial en Valonia, de donde provenían la mayoría de los prisioneros de guerra que aún tenían cautivos los alemanes. La opinión pública también criticó al soberano por su falta aparente de oposición a las medidas aplicadas por los ocupantes.

Tras la derrotas alemanas en el frente oriental a partir de 1942, el rey se fue preparando para el final de la guerra. Ordenó la redacción de un documento, que se denominó «testamento político» (Testament politique), que debía servir para justificar su comportamiento durante la ocupación y detallar sus intervenciones en favor de los prisioneros de guerra y de los trabajadores deportados a Alemania. No obstante, Leopoldo siguió censurando la labor del Gobierno belga en el exilio (instalado en Londres desde octubre de 1940). Fue deportado a Alemania el 7 de junio, tras el desembarco aliado en Normandía. Fue finalmente liberado por los estadounidenses el 7 de mayo de 1945.

La regencia y el principio de la crisis (1944-49) Leopoldo incapacitado (1944) thumb|upright|El príncipe Carlos, conde de Flandes, que fue nombrado regente en 1944. Tras el desembarco aliado en Normandía, los ejércitos aliados avanzaron hacia el este y cruzaron la frontera belga el 1 de septiembre de 1944. Las unidades alemanas apenas resistieron y el 4 de septiembre los Aliados liberaron Bruselas; los alemanes, sin embargo, conservaron parte del territorio belga hasta febrero del año siguiente. El Gobierno volvió del exilio el 8 de septiembre de 1944, pero la actitud de la población fue en general de indiferencia. El rey ya no se encontraba en el país, pero su «testamento político» se le entregó al Gobierno siguiendo sus deseos y pronto circuló públicamente. El rey Jorge VI del Reino Unido recibió una copia, que también obtuvo el ministro de Asuntos Exteriores, Anthony Eden. El documento reavivó las diferencias entre los ministros, que se habían soslayado desde principios de año.