El Imperio bizantino fue gobernado por emperadores de la dinastía Paleólogo durante el período comprendido entre 1261 y 1453, desde la restauración del dominio bizantino en Constantinopla por el usurpador Miguel VIII Paleólogo tras su reconquista al Imperio latino, fundado tras la cuarta cruzada (1204), hasta la caída de Constantinopla ante el Imperio otomano. Junto con el precedente Imperio de Nicea y la actual Francocracia, este período se conoce como el Imperio bizantino tardío.
Desde el principio, el régimen se enfrentó a numerosos problemas.Mango, p. 255 Los turcos de Asia Menor habían comenzado a realizar incursiones y a expandirse en territorio bizantino en Asia Menor en 1263, tan solo dos años después de la entronización del primer emperador Paleólogo, Miguel VIII. Anatolia, que había constituido el corazón mismo del imperio menguante, se perdió sistemáticamente ante numerosos gazis turcos, cuyas incursiones se convirtieron en expediciones de conquista inspiradas por el fervor islámico, la perspectiva de ganancias económicas y el deseo de refugiarse de los mongolesJohn Joseph Saunders, pp. 79 después de la desastrosa batalla de Köse Dağ en 1243. Los Paleólogo luchaban en varios frentes, a menudo de forma continua, mientras el suministro de alimentos y mano de obra del imperio menguaba. En este período, el Imperio bizantino se vio envuelto en constantes guerras, tanto civiles como interestatales, y la mayoría de los conflictos interestatales se producían con otros imperios cristianos. Estos, por lo general, incluían el Segundo Imperio búlgaro, el Imperio serbio, los restos del Imperio latino e incluso los Caballeros Hospitalarios.
La pérdida de territorio en Oriente ante los turcos y en Occidente ante los búlgaros coincidió con dos desastrosas guerras civiles: la Peste Negra y el terremoto de Galípoli de 1354, que permitió a los turcos ocupar la península. Para 1380, el Imperio bizantino constaba de la capital, Constantinopla, y algunos otros enclaves aislados, que solo reconocían nominalmente al emperador como su señor. No obstante, la diplomacia bizantina, las intrigas políticas y la invasión de Anatolia por Tamerlán permitieron que Bizancio sobreviviera hasta 1453. Los últimos vestigios del Imperio bizantino, el despotado de Morea y el Imperio de Trebisonda, cayeron poco después.
Sin embargo, el período Paleólogo presenció un renovado florecimiento del arte y las letras, en lo que se ha denominado el Renacimiento paleólogo. La migración de eruditos bizantinos a Occidente también contribuyó a impulsar el Renacimiento italiano.
Antecedentes
Tras la cuarta cruzada el Imperio bizantino quedó fragmentado en los subsiguientes estados griegos de Nicea, Epiro y Trebizonda, y en una multitud de posesiones francas y latinas, nominalmente sujetas a los emperadores latinos de Constantinopla. Además, la desintegración del Imperio bizantino permitió que los búlgaros, los serbios y los diversos emiratos turcomanos de Anatolia se expandieran. Aunque Epiro fue inicialmente el más fuerte de los tres estados griegos, los nicenos fueron los que lograron reconquistar del Imperio latino la ciudad de Constantinopla.Mango, p. 254.
El Imperio de Nicea logró defenderse de sus enemigos latinos y selyúcidas. En la batalla de Antioquía del Meandro, se repelió una fuerza turca y en un anterior asalto a Nicea había resultado muerto el sultán selyúcida. En el oeste, los latinos no pudieron expandirse en Anatolia; la consolidación de Tracia contra Bulgaria fue un desafío que mantuvo ocupados a los latinos durante todo el Imperio latino.
En 1261, el Imperio de Nicea fue gobernado por Juan IV Láscaris, un niño de diez años. Sin embargo, Juan IV fue eclipsado por su coemperador, Miguel VIII Paleólogo, un líder noble con reputación militar y la principal figura durante la regencia de Juan IV. Miguel utilizó este papel para impulsarse al trono y preparar el escenario para convertirse en el único emperador del restaurado Imperio bizantino.
Miguel VIII Paleólogo, 1261-1282
miniaturadeimagen|Moneda con la figura de Miguel VIII Paleólogo. En 1261, mientras la mayor parte de las fuerzas militares del Imperio latino estaban ausentes de Constantinopla, el general bizantino Alejo Estrategópulo aprovechó la oportunidad para tomar la ciudad con 800 soldados. Nicea ya había tomado Tracia, Macedonia y Tesalónica en 1246. Tras la captura de Constantinopla, en diciembre de 1261 Miguel ordenó el cegamiento de Juan IV para convertirse en el único emperador. El patriarca Arsenio lo excomulgó por eso, pero Arsenio fue depuesto y reemplazado por José I.
Restauración de Constantinopla
La cuarta cruzada y su consecuencia, el Imperio latino, habían contribuido a que la mejor ciudad de Bizancio se redujera a una ruina subpoblada.Madden, pp. 110–113 Miguel VIII comenzó la tarea de restaurar muchos monasterios, edificios públicos y obras de defensa.Mango, p. 256. La iglesia de Santa Sofía, horriblemente saqueada en la cruzada de 1204, se restauró según la tradición ortodoxa griega. El puerto de Contoscalio y las murallas de Constantinopla se reforzaron ante una posible nueva expedición del occidente latino. Se construyeron muchos hospitales, hospicios, mercados, baños, calles e iglesias, algunos con patrocinio privado. Incluso se levantó una nueva mezquita para compensar la que fue quemada durante la cuarta cruzada. Estos esfuerzos fueron costosos y se aplicaron impuestos aplastantes sobre el campesinado.Madden, p. 179. Sin embargo, la ciudad desarrolló nuevos contactos culturales y diplomáticos, especialmente con los mamelucos. Estos y los bizantinos tenían enemigos en común, la agresión latina y, más tarde, los turcos otomanos.
Política exterior
Desde las invasiones mongolas de ca. 1240 el Sultanato de Rum estaba en caos y descentralizado.Lowe, Steven, and Martin Baker. "Seljuks of Rum". 21 de febrero de 1992. 29 de mayo de 2007. En consecuencia, la mayor amenaza para Bizancio no eran los musulmanes sino sus contrapartes cristianas en Occidente. Miguel VIII sabía que los venecianos y los francos no dudarían en reintentar establecer el dominio latino en Constantinopla. La situación empeoró cuando en 1266, Carlos de Anjou, hermano del rey de Francia, les arrebató Sicilia a los Hohenstaufen.Mango, p. 257. En 1267, el papa Clemente IV hizo un pacto, mediante el cual Carlos recibiría tierras en Oriente a cambio de ayudar a una nueva expedición militar contra Constantinopla. A último momento, una demora de Carlos dio tiempo a Miguel VIII para negociar una reunificación entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla en 1274, eliminando así el apoyo papal para una invasión de Constantinopla.
Por desgracia para Miguel VIII, el sucesor de Clemente, Martín IV, consideró falso el intento de reunificación. La Iglesia griega fue excomulgada y se le renovó a Carlos el apoyo papal para invadir Constantinopla.Mango, p. 258. Para contrarrestar esto, Miguel VIII subsidió los intentos de Pedro III de Aragón de arrebatarle Sicilia a Carlos. Los esfuerzos de Miguel dieron sus frutos con el estallido de las Vísperas sicilianas, revuelta que derrocó al rey angevino de Sicilia e instaló a Pedro III de Aragón como rey de Sicilia en 1281.
El resto de su vida, Miguel hizo campaña para expulsar de Grecia y los Balcanes a los latinos, y asegurar su posición frente a los búlgaros. Tuvo mucho éxito: recobró varias islas del Egeo y estableció un punto de apoyo en el Peloponeso, que se convertiría en el Despotado de Morea. Sin embargo, la desventaja fue que los esfuerzos de Miguel en Occidente absorbieron la mayor parte de la mano de obra y los recursos del Imperio, y descuidaron las provincias asiáticas, donde estaba surgiendo una nueva amenaza: el beilicato de Osmán I, que en 1263 había capturado Sogut. Sin embargo, la frontera se mantuvo relativamente segura y no se produjeron pérdidas significativas en Asia Menor durante el reinado de Miguel.
Política interior
La política exterior de Miguel VIII en gran medida dependió de la diplomacia. Sin embargo, sus proyectos de construcción y campañas militares contra los latinos fueron extensos y costosos. El ejército de Nicea se moldeó sobre el ejército Comneno, y aunque no fue tan eficaz, fue igual de gravoso para la tesorería. El resultado fue que se aplicaron fuertes impuestos al campesinado, algo que los otomanos después usarían en beneficio suyo, ganándose a estos campesinos empobrecidos con promesas de menores impuestos.
El Segundo Concilio de Lyon y la ostensible unión de las dos Iglesias contribuyeron poco a evitar la agresión católica, mientras que, a la vez, la población ortodoxa, liderada por gran parte del sacerdocio, denunció a Miguel VIII como traidor. Su muerte en 1282, fue gran un alivio para muchos, y a su cuerpo le negaron un funeral ortodoxo, debido a su política hacia Roma.
Legado
Miguel VIII fue un emperador enérgico, ambicioso y capaz, que preservó y amplió el Imperio, y lo volvió hacer una potencia a tener en cuenta en la región. Sin embargo, su ejército aún era pequeño y se usó más que nunca la diplomacia. Su ambiciosa y exitosa política exterior de expansión, así como sus numerosos sobornos y obsequios a diversos potentados, se sustentaron con un sistema fiscal extorsivo. Miguel VIII había puesto a Bizancio en el camino de la recuperación, pero sus logros seguían siendo frágiles, como pronto demostrarían los acontecimientos.
Andrónico II Paleólogo, 1282-1328
Andrónico II fue el hijo de Miguel VIII. Ascendió al trono en 1282, a la edad de 24 años.
Política exterior
Andrónico II se vio atado por los acontecimientos en Occidente y Oriente. Los serbios bajo el rey Esteban Uros II Milutin comenzaron a invadir los Balcanes, tomaron Escopia en 1282Mango, p. 260. e hicieron incursiones en Macedonia en la década de 1290. Los contraataques bizantinos no lograron detenerlos y por ende Andrónico tuvo que recurrir a la diplomacia casando a su hija de cinco años con el rey serbio y cediendo como "dote" fuertes desde Ocrida a Stip y Strumica. Sin embargo, los serbios siguieron expandiéndose.
A diferencia de su padre, Andrónico II reconoció la gravedad de la situación en Asia Menor y trató de expulsar a los turcos, utilizando una variedad de métodos. Su primera acción fue trasladar su corte al Asia Menor, donde podría supervisar mejor la construcción de fortificaciones y elevar la moral de las tropas.Mango, p. 261. Su general, Alejo Filantropeno, era un comandante capaz, que hizo campaña con cierto éxito contra los turcos en el valle del Meandro. Por desgracia, Bizancio quedó sin sus servicios cuando realizó un fallido golpe de Estado, que le valió ser cegado. Luego Andrónico envió a su hijo, Miguel IX y al heteriarca Jorge Muzalon a atacar a los turcos que estaban sitiando Nicomedia, pero fueron derrotados en la batalla de Bafea en 1302.
Sin darse por vencido, Andrónico contrató 6500 soldados de la Compañía catalana, dirigidos por Roger de Flor. Originarios de Cataluña, estos rudos mercenarios fueron utilizados para combatir contra los moros de España y ahora, por un precio extraordinariamente alto, hicieron retroceder a los turcos de Asia Menor. Una vez más, estos éxitos se anularon al ser asesinado Roger de Flor cuando iba camino a encontrarse con Andrónico; los catalanes entonces se rebelaron contra la autoridad imperial y comenzaron a saquear y asaltar ciudades en Tracia, dejando Asia Menor abierta a las incursiones turcas. Después de esto, Andrónico volvió a la diplomacia y pidió a los ilcánidas de Persia tropas para atacar a los turcos, pero las negociaciones para tal alianza fracasaron.
Política interior miniaturadeimagen|300px|izquierda|La degradación de Andrónico II, su correinado junto a su padre, su hijo y su nieto y su propio reinado unipersonal, hizo que en la época se acuñasen varias monedas diferentes.