Benahoarita o auarita, popularizado también modernamente como awara, es el término con el que se conoce al pueblo aborigen de la isla de La Palma —Canarias, España— que habitaba la misma antes de la conquista europea a finales del siglo .

Se trata de uno de los pueblos aborígenes canarios entroncados genética y culturalmente con los bereberes del norte de África.

Etnónimo y toponimia

Los términos benahoarita y ahuarita que se han popularizado para identificar a los aborígenes de La Palma es un neologismo utilizado por primera vez por el francés Sabin Berthelot en su obra Ethnografia y anales de la conquista de las Islas Canarias publicado en 1842. Este autor nombra a los primeros pobladores como haouarythes, siguiendo al escocés George Glas quien en su obra The History of the Discovery and Conquest of the Canary Islands de 1764 relacionó el término de la lengua guanche Benahoare —nombre que según daban los antiguos palmeros a la isla— con el de la tribu Beni-Howare o Hauwarah del Atlas.

En las fuentes históricas tradicionales no aparece el gentilicio utilizado por los aborígenes para designarse a sí mismos, y en los textos coetáneos a la conquista y colonización al referirse a los antiguos habitantes de La Palma se les denomina simplemente como palmeses.

Como queda dicho, sí se ha conservado en cambio el nombre dado por los aborígenes a la isla. Juan de Abréu Galindo dice a este respecto que «los naturales llamaban á esta isla en su lenguage Benahoare que en castellano quiere decir mi patria, ó mi tierra», y de igual forma el ingeniero Leonardo Torriani indica que La Palma era «llamada por los antiguos palmeros Benahoare, es decir, 'patria'». Así, se suele aceptar esta traducción para el nesónimo, indicando el filólogo e historiador Ignacio Reyes que es una traducción figurativa de wen-ahūwwār 'el lugar del ancestro'.

Orígenes y poblamiento de La Palma

Se cree que los primeros habitantes de La Palma, como los del resto del archipiélago canario, provenían de algunas tribus bereberes del noroeste de África, dados los paralelismos culturales y de lenguaje. Sin embargo, persiste el debate sobre cómo llegaron a la isla, existiendo dos grandes hipótesis. La primera sostiene que llegaron por sus propios medios de manera más o menos fortuita, mientras la segunda propone que fueron traídos intencionadamente como contingentes colonizadores por motivos económicos o a causa de deportaciones forzadas de tribus norteafricanas por parte de las civilizaciones mediterráneas de Fenicia, Cartago o la Antigua Roma.

La arqueología ha establecido mediante el estudio de las diferencias en diseño y decoración de la cerámica aborigen, que a La Palma habrían llegado por lo menos dos contingentes poblaciones en diferentes momentos. Así, un primer grupo humano habría arribado a la isla hacia mediados del primer milenio antes de la era común, proveniente del Magreb occidental y el noroeste del Sahara; mientras que un segundo grupo llegó hacia el siglo a. C. desde el Sahara central y meridional. Por otro lado, la arqueología tradicional encontraba paralelos entre los petroglifos palmeros y los de poblaciones del Bronce Antiguo de la costa atlántica europea como Bretaña o Irlanda.

En todo caso, la fecha más antigua para el poblamiento de La Palma ha sido obtenida por la técnica de termoluminiscencia en el yacimiento de la cueva del Tendal, en el municipio de San Andrés y Sauces, dando una datación del siglo a. C.

Por otro lado, varios autores sostienen que los aborígenes palmeros provendrían de la antigua confederación de tribus bereberes de los Hawwara, basándose para ello en la similitud lingüística entre este término y el nombre de Benahoare dado a la isla por sus primeros pobladores.

Características físicas

Respecto a sus características antropométricas, los restos hallados en los yacimientos muestran que la estatura media era de entre 1,64-1,67 metros para los hombres y de 1,53-1,56 metros para las mujeres.

Por su parte, Torriani dice que los antiguos palmeros eran «hombres blancos y gruesos, más que los otros isleños». Esta idea de hombres y mujeres «corpulentos» también aparece señalada por el navegante portugués Diogo Gomes, quien recorrió las islas hacia 1460.

Demografía

En cuanto a la demografía aborigen de la isla, las fuentes tradicionales aportan algunos datos. Así, el cronista Gomes Eanes de Zurara indica la presencia de 500 guerreros en la isla a mediados del siglo , que el profesor Antonio M. Macías transforma en 3 000 personas usando un coeficiente guerrero/habitante. Por otro lado, Andrés Bernáldez en su Historia de los Reyes Católicos dice que el capitán Alonso Fernández de Lugo una vez conquistada la isla tomó cautivos a «mil é ducientas ánimas varones é mujeres, chicos y grandes».

Investigadores modernos estiman una población en el momento de la conquista de poco más de 2 000 habitantes teniendo en cuenta sobre todo la capacidad de carga de una sociedad eminentemente pastoril como la benahoarita. Otros autores sin embargo indican un contingente demográfico de poco más de 4 000 personas utilizando la información tanto de los relatos históricos como de la arqueología, mientras hay quienes estiman una población de entre 7 000 a 11 000 habitantes en base al potencial demográfico de una sociedad basada en el consumo de la cebada.

Por último, cabe resaltar la práctica del infanticidio entre los aborígenes de La Palma como medida de control de la población por lo menos en épocas de escasez. Esta práctica queda constatada en el relato de Diogo Gomes, quien dice que los antiguos palmeros «calculan entre sí cuantos pueden vivir en toda la isla, y no consienten que ni sus propios hijos vivan si pasan de aquel número», siendo los propios padres los encargados de matar a los niños.

Economía y subsistencia

miniaturadeimagen|220px|A falta de cereales, los benahoaritas utilizaban las semillas del amagante para la elaboración del gofio.

Los benahoaritas poseían una economía fundamentalmente ganadera, basada en la cría de cabras, ovejas y cerdos que habían traído consigo desde el continente junto con el perro, que ayudaba al pastor en su trabajo, y el gato.

Se trataba de una ganadería de trashumancia, permaneciendo los rebaños en las zonas bajas y medias durante el invierno y ascendiendo a las cumbres de la isla en verano.

Aunque las fuentes históricas tradicionales apuntan que los benahoaritas desconocían la agricultura, la arqueología ha descubierto que llegaron a cultivar cebada, trigo, habas y lentejas desde los momentos más antiguos de su llegada a la isla hasta el siglo , desapareciendo su práctica por abandono o pérdida de la semilla.

Según los primeros historiadores, los aborígenes habían sustituido los cereales por las semillas del amagante y por las raíces de diversos helechos como el Pteridium aquilinum para la elaboración del gofio, alimento común a todos los aborígenes del archipiélago canario. Los benahoaritas consumían este gofio con caldo de carne o con leche que llamaban adago, utilizando para ello raíces de malva machacadas que denominaban juesco. Estas raíces las empapaban en el líquido y luego la chupaban. Comían carne de cabra y oveja, que denominaban teguevite, y de cerdo a la que llamaban atinavina.

La recolección de frutos y plantas silvestres complementaban la dieta aborigen, constatándose por la arqueología un aumento de esta práctica después de la desaparición de la agricultura. Los frutos recolectados eran sobre todo de especies propias de los matorrales xerofíticos y del bosque termófilo, tales como los bicácaros, dátiles y los frutos del acebuche, siendo también consumidos los del mocán, el madroño o la faya, propios del Monteverde. También recolectaban los piñones del pino canario.

Destaca entre los recursos recolectados lo que los primeros historiadores definieron como una especie de maná. Gaspar Frutuoso dice sobre este asunto «que antes y después de ser tomada la isla caía en la cumbre un manjar del cielo, menudo y blanco, como confites, tan suave, que daba sustento y consuelo a quien lo comía; ellos lo llamaban Gracia de Dios y maná oloroso, y lo cogían muy temprano y lo comían el mismo día». El investigador Jorge Pais ha identificado este maná con lo que los pastores modernos denominan «azúcar de codeso», y que se trata de las excreciones de determinados insectos que se alimentan del néctar de la flor del codeso de cumbre.

La pesca y el marisqueo fueron importantes en el modo de subsistencia de los benahoaritas, capturándose principalmente especies como viejas, sargos, palometas y el abadejo. Entre los mariscos destacan en los yacimientos arqueológicos distintas especies de lapa, burgados y las carnadillas.

Asimismo, la caza sobre todo de aves también formó parte de la economía insular, habiendo sido hallados en varios yacimientos arqueológicos de la isla restos de aguilillas, las palomas insulares Columba junoniae, C. livia y C. bollii, lechuzas, grajas y pardelas con indicios de haber sido consumidos por los aborígenes. La presencia de restos de la codorniz canaria y del lagarto gigante de La Palma dan cuenta de su consumo en los primeros momentos del poblamiento de la isla, contribuyendo este hecho probablemente a la extinción de la primera y a la disminución de ejemplares de la segunda.

Hábitat

miniaturadeimagen|220px|Cueva de Belmaco, en Villa de Mazo, ejemplo de cueva de habitación.

Viviendas y asentamientos

Habitaban preferentemente en cuevas cerca de las desembocaduras de los barrancos, así como en los tramos medios de estos. También construían chozas rudimentarias de piedra seca.

Lugares de enterramiento

Los antiguos palmeros enterraban a sus muertos en cuevas sepulcrales.

La momificación de los cadáveres, que se practicaba en otras islas del archipiélago, no parece haber sido frecuente en la isla salvo en los primeros momentos del poblamiento, habiendo sido hallada una momia en una necrópolis de Puntallana con la particularidad de estar envuelta en piel de ciervo, animal inexistente en la isla y que apunta a que fue traída por los aborígenes en su primera arribada desde el continente.

En caso de enfermedad decían a sus familiares que se querían morir, usando la expresión vacaguaré. Los familiares entonces llevaban al enfermo a una cueva de su elección para morir. Los familiares les dejaban un vaso de leche y cerraban la entrada. Según Abréu los muertos no debían tocar la tierra y es por eso que cubrían a los muertos con pieles y los dejaban en cuevas.

Industria

miniaturadeimagen|220px|Cerámica decorada benahoarita.

Indumentaria

Torriani afirma que los benahoaritas usaban vestidos similares a los de los bimbaches de El Hierro, consistentes en trajes de piel de cabra que dejaban brazos y piernas desnudas. Usaban asimismo el tamarco, especie de capa igualmente de piel que se anudaba al cuello y que mantenía el pelaje del animal para ser utilizado como abrigo en invierno. Los benahoaritas también confeccionaban zapatos con cuero de cerdo.

Armas

Las armas que utilizaban eran varas de madera aguzadas y endurecidas al fuego que denominaban mocas, y que usaban tanto para atacar como para defenderse. Asimismo, también utilizaban piedras arrojadizas.

Organización sociopolítica

Estructura social y gobierno

No hay constancia para La Palma de una estratificación social clara como sí sucede en islas como Tenerife o Gran Canaria, donde los aborígenes se diferenciaban entre nobles y villanos. Sólo existen referencias a una oligarquía de sangre formada por miembros pertenecientes a un linaje principal que actúan como jefes o capitanes de la comunidad.

Gomes Eanes de Zurara indica que el rey utilizaba como símbolo de realeza o jefatura una hoja de palma: «murió uno de sus reyes; lo que supieron porque llevaba una palma en la mano, pues parece que entre ellos es costumbre de que el rey tenga esa preeminencia».