Este artículo narra la historia de Veracruz de Ignacio de la Llave.
Época prehispánica
Tres culturas autóctonas poblaron al territorio del hoy estado de Veracruz: los huastecos, los totonacas y los olmecas, que fueron una vasta comunidad de pueblos emparentados étnica y culturalmente.
El área ocupada por los huastecos abarcaba desde el sur de Tamaulipas, parte de San Luis Potosí, Querétaro, Puebla e Hidalgo y por el sur el río Cazones. Los restos más antiguos de esta cultura se han encontrado en la zona de Pánuco. En el centro del estado se asentó la cultura Totonaca, su principal centro ceremonial fue El Tajín, mientras que la cultura olmeca, se asentó en la parte sur del estado, colindante con Tabasco.
Olmecas thumb|200px|right|Cabeza olmeca en el Museo de Antropología de Xalapa.
Existen diferentes teorías sobre el origen de la civilización más antigua de Mesoamérica, algunas discrepan entre sí, una de ellas dice que algún grupo de personas con características negroides arribó a Campeche para después trasladarse por la costa hacia el actual territorio del estado, asentándose cerca del río Coatzacoalcos e iniciando ahí su desarrollo al mezclarse con lugareños previamente asentados.
Se estima que los indicios más antiguos de la cultura olmeca son de alrededor de y los más recientes de aproximadamente el año . En San Lorenzo, el centro olmeca más importante entre 1150 y 850 a. C., se encuentran ejemplos del culto a las montañas. Está situado en la cima de una meseta que se eleva 50 m. sobre la cuenca del río Coatzacoalcos. En 1897, el topógrafo Ismael Loya descubrió una gran estatua en el volcán San Martín Pajapan, el Monumento 1 de San Martín Pajapan, es considerada una de las obras maestras del arte olmeca, su presencia en la montaña es una evidencia de que el volcán fue reverenciado, los olmecas se tomaron la molestia de transportar la escultura de 1200 kg a la cima. El arqueólogo veracruzano Alfonso Medellín Zenil analizó la escultura en 1968 y descubrió que esta gran figura antropomorfa de piedra estuvo asentada en una pequeña plataforma rectangular. En las excavaciones en el interior de la plataforma se descubrieron tepalcates pertenecientes al Preclásico, el Clásico, el Posclásico y de la era moderna, así como cuentas de jadeíta y parafina y cera utilizados en rituales más recientes. La escultura, fue trasladada al Museo de Antropología de Xalapa.
Un rasgo distintivo de los olmecas fue su gran aprecio por el jade, que trabajaron con un grado notable de destreza y perfección. El jade preferido por los olmecas, y por todos los pueblos mesoamericanos posteriores, no fue el jade nefrita de los antiguos chinos, sino la jadeíta. Aunque el debate acerca del origen del jade ha dado lugar a las más diversas especulaciones y discusiones, reconocimientos en campo recientes han mostrado que el origen del material se encuentra en la parte central de la región del valle de Motagua, en el oriente de Guatemala. Hasta donde conocemos, esa región sigue siendo la única fuente de jadeíta en Mesoamérica. Las excavaciones dirigidas por los arqueólogos Ponciano Ortiz y María del Carmen Rodríguez en el manantial de El Manatí, Veracruz, han mostrado que el jade se encuentra en la región olmeca en fechas tan tempranas como 1500 a. C. Ahí se localizaron, en el contexto de la fase olmeca Ojochi, hachas bellamente labradas y un collar con cuentas de jade translúcido azul verdoso. Aunque objetos presuntamente hechos de jade se representaron como joyería en monumentos olmecas tempranos de San Lorenzo entre 1150 y 900 a. C.
En el área nuclear olmeca se han registrado prácticas mortuorias en cuatro sitios: en la entidad en El Manatí, San Lorenzo y Loma del Zapote y en La Venta, en Tabasco. En El Manatí, al sur del estado a 20 km al sureste de San Lorenzo, es célebre por la singularidad de los hallazgos realizados por los arqueólogos Ponciano Ortiz y María del Carmen Rodríguez. En lo que fue el lecho de un antiguo arroyo abastecido por un manantial al pie del cerro El Manatí, los investigadores localizaron ofrendas depositadas durante varios momentos a lo largo de 400 años. Para 1200 a.C., las ofrendas constaron de pelotas de hule, bustos de figuras humanas elaboradas en madera y también restos humanos de infantes posiblemente neonatos. En San Lorenzo en 1994, gracias al Proyecto Arqueológico San Lorenzo Tenochtitlán, dirigido por la arqueóloga Ann Cyphers, se localizó evidencia de un osario cubierto por abundante cerámica y con al menos seis individuos. Las características biológicas de la muestra ósea sugieren una selección de individuos según su edad, pues solo hay sujetos adultos, y quizás también por sexo, aunque esto último no pueda afirmarse, pues solo en dos casos fue posible determinar que eran masculinos.
Las regiones de Tuxtlas y Olmeca son las herederas de esta cultura.
Totonacas thumb|izquierda|200px|Figuras totonacas en el Museo de Antropología de Xalapa.
A la región comprendida entre el río Cazones y el río Papaloapan, el Golfo de México y la Sierra Poblana se le conoce como el Totonacapan, en esta zona se asentó la cultura totonaca. Su ubicación temporal se refiere al año 100 al 1520 d. C. en el clásico tardío y el posclasico. En la entidad, siendo probablemente las principales actividades de los primeros habitantes de la zona, la recolección, la caza, la pesca, el cultivo de maíz, frijol, chile, calabaza, aguacate y zapote. En la parte central del litoral del estado se han encontrado algunos objetos de piedra, siendo los yugos, las palmas y las caritas sonrientes. El Tajín fue el centro ceremonial más importante de esta civilización, estuvo dedicado al Dios Huracán.
Además de la región Totonacapan, la región de Nautla es territorio totonaco.
Huastecos thumb|200px|Estatua Huasteca en el Museo de Antropología de Xalapa.
El Huaxtecapan se localizó en el norte de la entidad, comprendió desde el río Cazones hasta el río Soto la Marina, en Tamaulipas y algunas áreas de los estados Hidalgo, San Luis Potosí, Querétaro y Puebla. Se cree que huastecas y mayas tuvieron algún parentesco ya que sus lenguas, construcciones y técnicas agrícolas eran semejantes. Los huastecos vivieron en relativo aislamiento, aunque tuvieron contacto con los chichimecas nómadas del norte y con pueblos civilizados del sur.
Utilizaron las conchas de moluscos para elaborar una gran cantidad de objetos, principalmente ornamentales y rituales. Entre estos últimos se encuentran cuentas, pendientes, orejeras, tapas de orejeras, pectorales, brazaletes, pulseras, narigueras, anillos, bezotes y trompetas, aunque también se localizaron anzuelos, implementos de molienda y pulidores.
Considerados por los conquistadores como el pueblo «de peores costumbres de todas las provincias de la Nueva España», los huastecos de la región de Pánuco tenían fama de libidinosos, concupiscentes y crueles. Sin embargo, el análisis cuidadoso de las manifestaciones de su erotismo revela el carácter ritual de prácticas profundamente arraigadas en la naturaleza del hombre.
Sus descendientes se encuentran en lo que hoy son las regiones de Huasteca Alta y Huasteca Baja.
Otros De los otros 12 grupos indígenas presentes, los más numerosos son los nahuas.
Conquista española
La conquista española penetró en México por lo que hoy es el estado de Veracruz, arrebatando a los aztecas el señorío sobre los pueblos autóctonos veracruzanos y creando su propio dominio. Las primeras incursiones españolas en territorio veracruzano fueron capitaneadas por Juan de Grijalva, Alonso Dávila, Pedro de Alvarado y Francisco de Montejo. thumb|Recreación de una batalla entre un indígena y un conquistador. Primeras expediciones thumb|izquierda|200px|Las embarcaciones fueron atacadas por los nativos huastecos en el río Pánuco, grabado de Van Beecq. Las primeras incursiones de los españoles en el actual territorio estatal fue por la expedición de 1518 capitaneada por Juan de Grijalva, que navegó por el río Tonalá (que bautizaron como río Santo Antón) y el río Coatzacoalcos. Pedro de Alvarado decide adentrarse en el río Papaloapan (bautizándolo en ese momento como río Alvarado) donde tuvieron contacto con pescadores nativos de Tlacotalpan, estuvo tres días por el Papalopan, esto causó un gran disgusto a Grijalva.
A lo largo de la navegación por el litoral del ahora estado de Veracruz fueron encontrando diferentes asentamientos. Llegaron a mediados de junio a una isla donde encontraron un templo y cuatro indígenas muertos, los cuales aparentemente habían sido sacrificados al dios Tezcatlipoca, por lo que el lugar fue nombrado Isla de Sacrificios. Desembarcaron en Chalchicueyecan. Ahí Grijalva preguntó el motivo de aquellos sacrificios. El intérprete maya chontal Francisco respondió que habían sido ordenados por los colhuas, pero la respuesta fue malinterpretada y se creyó que el lugar se llamaba Ulúa. Por la fecha que era 24 de junio, el lugar fue bautizado como San Juan de Ulúa. En el lugar rescataron oro con los totonacas. Para estas fechas era uno de los pueblos sometidos por los mexicas.
Días más tarde llegaron los calpixques Pínotl, Yaotzin, y Teozinzócatl, quienes acompañados de Cuitlapítoc y Téntlil, se presentaron como embajadores del huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin. En forma pacífica se realizaron intercambios de regalos. Grijalva pudo de esta forma percatarse que los aztecas —o mexicas— dominaban la región y que eran temidos y odiados por los pueblos sometidos. Pedro de Alvarado fue enviado de regreso a la isla de Cuba para notificar y entregar los tesoros obtenidos a Diego Velázquez.
Francisco de Montejo encabezó un viaje de reconocimiento al norte. Descubrió el río Cazones y el Nautla, lugar que fue bautizado con el nombre de Almería. Más adelante las embarcaciones navegaron el río Pánuco pero en este lugar doce canoas con nativos huastecos atacaron la incursión española, por lo que los capitanes decidieron emprender el regreso. Con una nave averiada el viaje fue lento, tomaron la decisión de no establecer ninguna guarnición.
La llegada de Cortés thumb|derecha|Hernán Cortés. El 22 de abril de 1519 Hernan Cortés llega a Chalchicueyecan, lugar previamente bautizado por Grijalva como San Juan de Ulúa. Para los mexicas era el año 1-caña y el calpixque en turno del emplazamiento de Cuextlan era Teudile, quien asistido por el sacerdote de Yohualichan, formó una pequeña comitiva de bienvenida. Siguiendo las órdenes previas de Moctezuma Xocoyotzin, se acercaron a los recién llegados en una canoa para preguntar por el señor al mando de las embarcaciones.
Moctezuma estaba convencido de que se trataba de Quetzalcóatl, había enviado previamente diversos regalos, objetos de oro y máscaras con turquesas. Cortés les entregó cuentas de vidrio verdes y amarillas, una silla y un casco, este último, a los ojos de los mexicas, evocaba al dios de la guerra Huitzilopochtli. Habiendo desembarcado, y con el objeto de hacer alarde de su poderío militar e impresionar a los embajadores, Cortés organizó en la playa una carrera de caballos con disparos de artillería. Casi de inmediato salieron mensajeros hacia Tenochtitlan con los informes para el tlatoani. Tan pronto recibió las noticias de lo que sucedía en la costa, Moctezuma Xocoyotzin quedó impresionado, ya no estaba convencido del regreso de Quetzalcóatl, pensó que podría tratarse de Tezcatlipoca o incluso Huitzilopochtli.
Asustado, el huey tlatoani envió mensajes con evasivas, diciendo a los españoles que le resultaría imposible recibirles en México-Tenochtitlan. Les sugirió marcharse lo antes posible y envió nuevamente ricos presentes. La respuesta del tlatoani solo excitó la codicia de los soldados: Cortés y sus hombres se dieron cuenta de que la riqueza del imperio era grande y que los pueblos sometidos resentían la dominación mexica, por lo que decidió avanzar hacia el interior.
La Villa Rica de la Vera Cruz thumb|200px|derecha|Grabado de San Juan de Ulúa del .