miniaturadeimagen|180px|Fotograma de Warren Beatty y Faye Dunaway, protagonistas en la película Bonnie y Clyde (1967).

Nuevo Hollywood o Renacimiento de Hollywood (New Hollywood o Hollywood Renaissance en inglés) fue un período del cine estadounidense. Comenzó a desarrollarse desde mediados de los años 1960 y finalizó gradualmente desde la primera mitad de los años 1980, modernizando significativamente la producción de las películas en Hollywood. Este cine, inscrito en la contracultura e influenciado por el neorrealismo italiano, la Nouvelle vague francesa y la era dorada de Hollywood, se caracteriza por la potenciación del papel de los cineastas en detrimento de los productores de los grandes estudios y la representación de temas hasta entonces tabú, como la violencia o la sexualidad. El «Nuevo Hollywood» también renovó los géneros de cine clásico estadounidense —wéstern, cine negro— o los «deconstruyó» liberándolos de sus convenciones.

El período relativamente corto del «Nuevo Hollywood» está considerado como una de las fases más importantes del cine desde el punto de vista artístico y reveló a muchos directores, como Brian De Palma, Francis Ford Coppola, George Lucas, Martin Scorsese o Steven Spielberg, que conformaron la denominada "Nueva ola estadounidense" o "Generación de los 70".

El «Viejo Hollywood»

La era dorada del cine

A menudo se designa a la época clásica del cine estadounidense anterior al «Nuevo Hollywood» como la «edad de oro», en referencia al cine producido por las majors desde 1927 hasta los años 1960, cuando las corrientes de renovación comenzaron a poblar la cinematografía de otras latitudes. Las películas limitadas por las estructuras de producción y los géneros cinematográficos heredados de la época del cine mudo, siendo conocido como el sistema de estudios de la «fábrica de sueños». Muchas películas de la época dorada se clasificaban de acuerdo con un género bien definido —comedia, wéstern, aventura, etc.— que incluía a sus estrellas claramente identificadas —como Cary Grant para la comedia, John Wayne para el western o Errol Flynn en las películas de aventura—. Durante décadas, los grandes estudios cinematográficos controlaron toda la cadena de producción, desde el guion hasta la distribución, incluido el montaje.

Este sistema de producción era rentable tanto comercial como artísticamente. A pesar de esta automatización en la elaboración de películas, directores de renombre como: Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Frank Capra, Howard Hawks, John Ford y John Huston, crearon en él sus películas de referencia y fundaron nuevos estilos. En esa época, muchos de los mejores realizadores, guionistas, actores, directores de fotografía y compositores de todas las nacionalidades trabajaban en Hollywood, gracias especialmente a una cierta comodidad en el trabajo. La calidad técnica de las películas tenía un importante nivel.

Pero la fórmula del éxito estaba cambiando y, con el advenimiento de la televisión en los años 1950, Hollywood se sintió amenazado y respondió mediante la producción de epopeyas monumentales, como Los diez mandamientos (1956) o Ben-Hur (1959), e inventando y popularizando innovaciones técnicas como el cinemascope. Muchas de las películas del «Viejo Hollywood» se desarrollaban en un mundo idealizado y respondían a las exigencias de un público en busca de entretenimiento que no quería ser confrontado con la realidad social.

El fin del cine clásico A mediados de la década de 1960, la «fábrica de sueños» de Hollywood y las fórmulas que la había estandarizado alcanzaron un punto muerto. Las carreras de directores de renombre como Alfred Hitchcock, Billy Wilder o John Ford declinaban, y las estrellas de la «edad de oro» o habían muerto —como Clark Gable, Errol Flynn, Humphrey Bogart o Gary Cooper—, estaban retiradas —caso de Cary Grant— o habían envejecido notoriamente para interpretar a sus papeles habituales —el caso de Henry Fonda, Ingrid Bergman, James Stewart o Katharine Hepburn—. Por otra parte, el público cinematográfico pasaba por un "recambio generacional" y los nuevos espectadores (nacidos tras la Segunda Guerra Mundial) preferían nuevos actores antes que a protagonistas muy mayores que resultaban poco realistas.

Los altos ejecutivos de los grandes estudios eran hombres ya muy mayores, como Jack Warner o Samuel Goldwyn, que ocupaban sus puestos desde hacía décadas (testigos de la transición del cine mudo al sonoro) y habían perdido contacto con la realidad social del momento, marcada por rápidos cambios y nuevos eventos de alto impacto en Estados Unidos, como el movimiento por los derechos civiles o la carrera espacial. Se producían más y más películas para un público que ya no existía: la mayor parte del público cinematográfico eran ahora los nacidos tras 1945, jóvenes con más instrucción académica que sus padres y con mayor poder adquisitivo (gracias al crecimiento económico de la década de 1950). Este gran segmento del público no mostraba el suficiente interés por copiar las fórmulas clásicas que habían gustado a sus padres o abuelos, pese a sentirse atraídos por las mismas. En un intento desesperado por recuperar audiencia, los estudios clásicos invertían inmensas sumas presupuestarias en: wésterns como The Man Who Shot Liberty Valance (1962), épicas como La caída del Imperio romano (1964), comedias musicales como Thoroughly Modern Millie (1967), ciencia ficción como 2001: A Space Odyssey (1968) o bélicas como Tora! Tora! Tora! (1970), que eran cada vez más costosas de producir pero sin poder asegurar ganancias sostenibles en el tiempo. Inclusive las comedias ligeras más rentables eran las influenciadas por modas juveniles, como el rock and roll.

Para colmo, las restricciones del código Hays (en vigor desde 1934) dificultaban el trabajo de realizadores y directores, en tanto les impedía abordar libremente cualquier temática considerada "inmoral" por el Código (adulterios, delitos, conflictos familiares o alcoholismo) e imponía reglas severas para mostrar escenas de violencia o sexualidad, limitando así el impacto cinematográfico de dramas o comedias. Tales restricciones no se aplicaban a filmes extranjeros, como los de la Nouvelle vague francesa, el neorrealismo italiano o las obras del sueco Ingmar Bergman, que se ganaban el favor del público estadounidense sin someterse a las restricciones del código Hays, ya que dificultaba a cineastas de EE. UU. competir con las temáticas extranjeras populares entre la audiencia.

El «Nuevo Hollywood»

Los primeros éxitos El vacío artístico visible en el Hollywood de mediados de los años años 1960 permitió a cineastas jóvenes instaurar una nueva forma de hacer cine, especialmente desde los estrenos de Dr. Strangelove (1964), Mickey One (1965) y Who's Afraid of Virginia Woolf? (1966).Film History: New Hollywood, Explained - MovieWeb En 1967, Arthur Penn realizó con Bonnie y Clyde una película de gánsteres cuya posición escéptica anti-establishment, rompiendo tabúes de Hollywood, En esta película, inusualmente violenta para su época, se pueden ver asesinatos en un solo plano general, mientras que los códigos de Hollywood preconizaban un montaje en plano contraplano para mitigar la violencia en una escena de este tipo. sin ocultar la violencia de la trama, con autoridades oficiales (instituciones y políticos) mostrados como corruptos o abusivos, y con un estilo de narración lírico y moderno, lo cual conectó con el espíritu de su tiempo. El mismo año, Mike Nichols ganó gran aceptación del público con su película El graduado, en la que Dustin Hoffman, actor revelación para el público y los críticos con esta película, componía un personaje de gran riqueza dramática pero a la vez rebelde contra el mundo aburrido, rancio y «pequeño burgués» de la generación de sus padres.

El primer gran éxito que registró el «Nuevo Hollywood» fue la road movie Easy Rider (1969) de Dennis Hopper, que narraba el viaje de unos hippies, interpretados por Dennis Hopper, Jack Nicholson y Peter Fonda, en el corazón del Estados Unidos profundo. Easy Rider, que había costado apenas 400 000 dólares, fue recibida con entusiasmo por la «generación Woodstock» y tuvo un enorme éxito comercial en todo el mundo, recaudando aproximadamente 60 millones de dólares, mostrando que la industria cinematográfica estadounidense debía innovar sus bases para mantener su éxito.

Wéstern El experimentado director de Hollywood Sam Peckinpah filmó algunos wésterns de tercera generación o crepusculares inimitables, poéticos y pesimistas, como The Wild Bunch (1969) y Pat Garrett y Billy the Kid (1973). Peckinpah mostraba su simpatía por los fuera de la ley fracasados —a la manera de los entrañables bandidos de Butch Cassidy and the Sundance Kid de George Roy Hill (1969)— ante un Estado todopoderoso que los abatirá sin piedad. En Pequeño Gran Hombre (1969), «antiwéstern» satírico y divertido, Dustin Hoffman encarna a un antihéroe amigable en medio de las guerras con los indios. Los indios de la película contrastaban con la representación del héroe nacional estadounidense George Armstrong Custer.

En McCabe & Mrs. Miller (1971), Robert Altman se libera de todas las reglas del género y traza el retrato de un aventurero desencantado en una cenagosa ciudad del Oeste. En The Missouri breaks de Arthur Penn (1975), Marlon Brando interpreta a un extraño asesino parodiando a los bandidos tradicionales del wéstern. Robert Redford interpreta para Sydney Pollack a un joven trampero que descubre la belleza y la crudeza de las Montañas Rocosas en Las aventuras de Jeremiah Johnson (1971).

Comedia A finales de los años 1960, el humorista teatral Woody Allen comenzó a representar las neurosis —a menudo sexuales— de un ciudadano moderno que culminó en comedias originales, como Annie Hall (1977) o Manhattan (1979), con la ayuda de la innovadora fotografía de Gordon Willis. Con sus gafas y su frágil figura, Allen, protagonista de la mayoría de sus películas, era la figura emblemática del antihéroe de esta era. Woody Allen ha sido guionista, director y actor de sus creaciones. Esta libertad era posible en el seno de la United Artists, que produjo sus películas en los años 1970 y que obtuvo algunos beneficios tanto en términos culturales y de popularidad como económicos.

Mel Brooks creó una serie de películas paródicas como Young Frankenstein (1974) o Silent Movie (1976), en las que se burlaba del Hollywood clásico de forma irrespetuosa pero sin animosidad.

Terror Con La noche de los muertos vivientes (1968), rodada sin grandes medios, George A. Romero sentó las bases del cine de terror moderno, donde la amenaza de zombis mutantes sobre la gente de la ciudad simboliza una sociedad esclerotizada por el consumismo. También en difíciles circunstancias financieras, John Carpenter rodó una serie de thrillers críticos, iniciada con Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976) caracterizada por su ambiente sombrío y pesimista. En The Texas Chain Saw Massacre (1974) de Tobe Hooper, unos apacibles jóvenes de provincias son brutalmente asesinados por unos granjeros desequilibrados. Rosemary's Baby (1968), El exorcista (1973), La profecía (1976) y Poltergeist (1982) ponen en escena a "niños-demonio" poseídos por el Mal. Estas películas se pueden interpretar como alegorías sobre el conflicto generacional de la época.

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