A short History of Nearly Everything (en español: Una breve historia de casi todo) es un libro de divulgación científica de Bill Bryson escrito en 2003, en el que se aborda la historia de la ciencia desde la perspectiva de cómo fue evolucionando el saber y entrega aspectos curiosos de la vida de sus protagonistas, con sus grandezas, miserias y excentricidades. Consigue plasmar conceptos fundamentales de la geología, la física y la química con amenidad y sencillez. Fue el libro de divulgación científica más vendido de 2005 en el Reino Unido, con más de 300.000 ejemplares.
Resumen general Mientras Bill Bryson sobrevolaba el Pacífico se percató de su ignorancia sobre los procesos que permitieron la formación y población de las vastas masas de aguas del planeta. De modo que, durante tres años, se dedicó a instruirse para responder esa y otras muchas preguntas sobre el planeta Tierra y el universo. En Una breve historia de casi todo, Bryson ha puesto al alcance del lector todas las respuestas que pudo encontrar en una narración que nos lleva, a través del tiempo y el espacio, al encuentro de científicos prodigiosos y de las teorías que más han contribuido a elaborar el saber humano sobre todo lo que nos rodea.
Bill Bryson escribió este libro porque no estaba satisfecho con su conocimiento científico, es decir, no mucho. Escribe que la ciencia era una materia distante e inexplicable en la escuela. Los libros de texto y los maestros no despertaron en él la pasión por el conocimiento, principalmente porque nunca profundizaron en los porqués, cómos y cuándos.
Contenido
Capítulo I: Perdidos en el cosmos
1. Cómo construir un universo
No hay mejor inicio de la historia del universo que con su creación. El autor narra cómo incluso en nuestros días sigue en debate la cuestión de la edad del inicio del Universo, pero la teoría con más peso es que tiene 13.700 millones de años. Este apartado trata del completísimo tema de la Gran Explosión y las teorías al respecto. Hay quienes piensan que nuestro universo es solo uno de los universos de un eterno ciclo de expansión y colapso; que posible que nuestro universo sea más pequeño de lo que creemos y que sea parte de muchos universos. Este capítulo trata de lo que desconocen los científicos, y Bryson es enfático al postularlo:
Sea lo que fuese lo que desconocemos, el autor explica lo extraordinario que resulta lo bien que concluyó todo para nosotros, porque cualquier elemento diferente introducido, habría cambiado todo, ya nada hubiera sido igual y la humanidad no hubiera llegado a existir.
2. Bienvenido al sistema solar
Hoy los astrónomos pueden hacer cosas tan increíbles como estudiar planetas tan lejanos como para que nos costara llegar hasta ellos, en nave espacial, medio millón de años. La realidad es que las distancias son tales, que es imposible dibujar el sistema solar a escala y ni siquiera conocemos lo que hay en él. Aunque Plutón sea el último objeto que muestran los mapas escolares, el sistema solar no termina ahí sino mucho más lejos. El borde del sistema solar es la nube de Oort, un área enorme de cometas a la deriva y para llegar a él tardaríamos años. Así pues, es imposible que conozcamos todo nuestro sistema solar y menos que lleguemos hasta el borde. Ya el viaje a nuestra Luna (a 386.000 km.) es un enorme reto. Y el viaje a Marte se ha desestimado porque, aparte del imponente montante económico, no habría humano que lo soportara (el ADN de los tripulantes se haría pedazos). Fuera de nuestro sistema solar, nuestro vecino más próximo es Próxima Centauri, que forma parte de un grupo de estrellas llamado Alfa Centauri y que está a 4,3 años luz. Es decir, que, si pudiéramos viajar hacia ellas, nos costaría llegar unos 25.000 años. El siguiente punto de llegada sería Sirio, a la misma distancia. Para llegar al centro de nuestra Galaxia, la Vía Láctea, necesitaríamos más tiempo del que llevamos viviendo como seres. La distancia media entre estrellas en el universo es de 30 millones de millones de km. Sobre la cuestión de si puede haber vida en otros lugares de la Vía Láctea, es bastante probable. Solo hay que pensar que nadie sabe cuántas estrellas hay en esta Galaxia. Los cálculos oscilan entre 100.000 millones y 400.000 millones. Y la Vía Láctea solo es una de los 140.000 millones de galaxias que existen, muchas de ellas mucho más grandes. Así pues, el autor da el increíble dato de que:
Por lo tanto, aunque no estemos solos, desde un punto de vista práctico es como si lo estuviéramos porque nunca podremos contactar con ellos.
3. El universo del Reverendo Evans Robert Evans es un ministro de la iglesia Unitaria Australiana que está semijubilado pero que, por las noches, se transforma en un cazador de supernovas. Una supernova se produce cuando una estrella gigante (más grande que nuestro sol) explota liberando una gran energía y ardiendo durante un tiempo. Las estrellas mueren constantemente y Evans es capaz de captar ese momento ocurrido hace mucho tiempo cuando llega a nuestra retina. Sí, lo que vemos es historia. Un ejemplo, la Estrella Polar que vemos podría haberse apagado hace siglos. Es sorprendente la inmensidad del universo. Desde la tierra, a simple vista, pueden observarse unas 6000 estrellas. Con unos prismáticos la cifra puede subir hasta 50.000. Con un telescopio pequeño, de 2 pulgadas, puede llegar a verse 300.000. Con un telescopio de 16 pulgadas, como el que tiene Evans, se pueden contar hasta 100.000 galaxias (cada una con millones de estrellas). Ver esta explosión es todo un milagro porque en una galaxia típica (que tiene unos millones de estrellas) se puede producir una supernova cada 200 años. En toda la historia de la astronomía se han podido descubrir unas 60 supernovas. Este clérigo aficionado a la astronomía ha descubierto desde el jardín de su casa 34 supernovas (en 20 años de observar el cielo). Es algo digno de mención y, como dice el propio Evans, es maravilloso que él se encuentre ahí para ser testigo de la luz que emite una estrella al morir, después de ir viajando por el universo millones de años. Se cree que el reverendo Evans tiene autismo.
Capítulo II: El tamaño de la tierra
4. La medida de las cosas En 1735, la gente se hallaba infectada por un poderoso deseo de comprender la Tierra: determinar su antigüedad y su tamaño, de dónde colgaba en el espacio y cómo había llegado a existir. Fueron muchos los años en los que se debatían con verdadero furor las teorías más diversas sobre el origen de la tierra, su evolución y sus medidas. En La medida de las cosas se destaca de forma preferente la extravagante figura del profesor de Cambridge, Isaac Newton, que nos dejó la primera ley universal de la naturaleza: la ley de la gravitación universal. Gracias a ella se pudo comprender la curva descrita por los planetas y el origen de su movimiento. Pero no solamente nos cuenta este acontecimiento científico, sino que el autor de este libro nos hace partícipes de las excentricidades de este hombre y hemos podido saber que no habríamos llegado a conocer tan importante descubrimiento si no hubiera sido por el Prof. Halley, que pagó de su bolsillo la impresión del tercer volumen de los Principia Matemática, sin el cual para nada servían los anteriores tomos. Otra cuestión que se presenta en este capítulo es el cálculo de la distancia que separa al Sol de la Tierra, que hacía enfrentarse a los científicos. Se iniciaron muchas expediciones para poder emprender esa tarea y nació la primera empresa internacional de la historia. Finalmente se concluyó que la distancia era de casi 150 millones de km. Es de destacar un hombre que no era científico precisamente sino párroco de una aldea aislada, que fue quien descubrió cosas tan importantes como el carácter ondular de los terremotos y previó la posibilidad de que existieran agujeros negros.
5. Los coleccionistas de rocas
El capítulo se centra en solitarios personajes que realizaron grandes avances al momento de entender a la tierra. Como James Hutton quien según el autor era:
Sin embargo, “solo y con gran inteligencia creó la ciencia de la geología y transformó nuestra forma de entender la Tierra”. Otro caso singular fue el de Cavendish quien, totalmente aislado por su fobia al contacto social, hizo importantes descubrimientos y fue el primero que aisló el Hidrógeno y uniéndolo al oxígeno formó agua. Sin ningún tipo de tecnología hizo mediciones muy exactas que se han comprobado después con aparatos muy sofisticados. También hubo importantes debates sobre las fases de la tierra y emergió la Geología como Ciencia. Hoy día la clasificación más aceptada es la de Precámbrico, Paleozoico, Mesozoico y Cenozoico, con los subgrupos de Cretácico, Jurásico, Triásico, Silúrico, etc. Muy importante para aportar datos a esta cuestión es la recopilación y descripción de fósiles. Por eso resulta tan sangrante que la historia haya olvidado a una mujer que encontró y describió con gran cuidado una gran cantidad de fósiles. Todo esto sin ayuda y sin formación académica alguna. Hablamos de Mary Anning.
6. Grandes y sangrientas batallas científicas
El autor comienza este subcapítulo narrando como en Nueva Jersey el año 1787 se encontró un fémur de dinosaurio, el cual nunca se analizó y quedó en el olvido, a lo que él respondió lo siguiente:
Destacando que para la época debió existir inclinación respecto al tema, debido a su importancia para la ciencia. Luego se plantea como el conde de Buffon en respuesta a los restos de animales encontrados en América afirma que los seres vivos del Nuevo Mundo eran inferiores en casi todos los aspectos a los del Viejo Mundo iniciando una larga competencia entre Europa y América. En contestación a aquello Thomas Jefferson le envía la cornamenta de un ciervo a Buffon para demostrar la majestuosidad de los animales americanos versus los europeos. Mientras tanto en Filadelfia se encuentran restos de un elefante con colmillos, el cual es nombrado como mastodonte por George Cuvier en 1795. Luego de esto los fósiles comienzan a tener un papel importante en la ciencia y comienza una larga disputa entre los científicos por la obtención de estos. Más de un siglo después en Wyoming son encontrados miles de huesos de todas clases y debido a la dificultad de determinar su antigüedad surgen interrogantes respecto a la edad de la Tierra la cual pretende ser resuelta por Ernest Rutherford y la alquimia. Dejando de lado la guerra entre los científicos europeos y americanos.
7. Cuestiones elementales El subcapítulo aborda el tema de los elementos químicos, planteando que en 1661 la química comenzó a considerarse como una ciencia seria gracias a Hemming Brand, quien, en 1675 descubre el Fósforo mediante un experimento que pretendía convertir la orina en oro, seguido por Carl Scheele quien en 1750 descubre 8 elementos más, los cuales nunca le fueron adjudicados. Para la llegada del todos los científicos estaban en busca de elementos químicos. Antoine Laurent Lavoiser y su esposa introdujeron la química al mundo moderno antes de que él fuera ejecutado en la guillotina. En 1808 John Dalton se convirtió en la primera persona que predijo la naturaleza del átomo y Mendeleyev creó la tabla periódica. Por su parte Marie Curie descubrió, trabajando con su nuevo marido Pierre, que ciertos tipos de piedras desprendían unas cantidades extraordinarias y constantes de energía lo cual se relacionaba estrechamente con la radioactividad. El autor finaliza con la siguiente idea:
Dejando la puerta abierta para el siguiente tema: los átomos.
Capítulo III: Nace una nueva era
8. El universo de Einstein
En este subcapítulo se plantea como muchas personas creían que a la ciencia ya no le quedaba mucho por hacer a lo que el autor responde: