La Revolución tunecina (en árabe: الثورة التونسية; en francés: Révolution tunisienne) a veces llamada Revolución del Jazmín (ثورة الياسمين; Révolution de jasmin), Intifada de idi Bouzid (Sidi Bouzid intifada; سيدي بوزيد الانتفاضة) o, más comúnmente entre la población tunecina, Revolución de la Dignidad (Révolution de la dignité; ثورة الكرامة) es como se conoce a una intensa campaña de resistencia civil ocurrida en Túnez a partir de diciembre de 2010 y que se extendió a lo largo del año 2011, bajo la forma de manifestaciones masivas y huelgas generales. Las protestas, en gran medida pacíficas y de carácter laico, sentaron un precedente decisivo para el mundo árabe cuando, el 14 de enero de 2011, precipitaron el derrocamiento del gobierno autoritario de Zine El Abidine Ben Ali. Su caída condujo a un gobierno provisional dirigido por Fouad Mebazaa como presidente y Béji Caïd Essebsi como primer ministro, el cual disolvió los mecanismos de poder del régimen (el poder legislativo y el partido hegemónico RCD) y convocó a elecciones libres para una Asamblea Constituyente en octubre de 2011. La misma redactó una nueva constitución democrática que entró en vigor el 26 de enero de 2014, convirtiendo a Túnez en la primera democracia secular del mundo árabe.

Los medios de comunicación han tomado como fecha de inicio el viernes 17 de diciembre de 2010, cuando el joven vendedor ambulante Mohamed Bouazizi se quemó a lo bonzo en la citada ciudad de Sidi Bouzid, para protestar por la acción de la policía que, al confiscarle su puesto callejero de venta de frutas, le había condenado al paro y a la miseria.

Los hechos continuaron por la reacción de la población con fuertes protestas ante el suceso, así como el incremento excesivo de los precios en los alimentos básicos, la corrupción, las malas condiciones de vida de los habitantes tunecinos y la falta de oportunidades para superar la crisis económica que sufría el país desde 2008. Éstas fueron las más importantes de los últimos 30 años.

El presidente Ben Ali, que gobernaba desde 1987, mandó a reprimir las manifestaciones que, por todo el país, produjeron 66 muertos en un mes. Cuando se percató de que la revolución se extendía a la vez que sus efectos desestabilizadores se mostraban imparables, ordenó el cese de los disparos por parte de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes y anunció que dejaría el poder en 2014 y prometió libertad de información en todos los medios de comunicación, incluido internet. Unos días después, el 14 de enero de 2011, ante la presión de las protestas, el presidente cedió el poder al primer ministro Mohammed Ghannouchi, huyó del país y se refugió en Arabia Saudita.

El 27 de febrero, poco más de un mes después, Mohammed Ghannouchi anunció su dimisión como primer ministro del gobierno de transición, tras unos días de intensas manifestaciones en las que miles de manifestantes pedían su dimisión y la del gobierno. Ese día, el cargo de primer ministro pasó a Béji Caïd Essebsi, antiguo decano del Colegio de Abogados de Túnez. El 23 de octubre de 2011, finalmente se celebraron las primeras elecciones democráticas en la historia del país, asumiendo una Asamblea Nacional Constituyente, e iniciando la transición tunecina a la democracia.

Antecedentes Zine El Abidine Ben Ali gobernaba autocráticamente el país desde el 7 de noviembre de 1987, tras haber derrocado al dictador Habib Burguiba, que gobernaba desde 1956, por lo que desde esa fecha Túnez no había visto un proceso electoral democrático. Las dos décadas y media de gobierno de Ben Ali se caracterizaron por el desarrollo del sector privado en favor de la inversión extranjera, y numerosas violaciones a los derechos humanos. Los medios extranjeros y las ONG criticaron al gobierno tunecino, que fue apoyado continuamente por los Estados Unidos y Francia, antigua potencia colonial administradora de Túnez. Como resultado, las reacciones iniciales a los abusos de Ben Ali por parte de los EE. UU. y Francia fueron silenciadas, y la mayoría de los casos de protesta social y política en el país, cuando se presentaban, raras veces generaban repercusión en las noticias locales.

A pesar de la represión política, los disturbios en Túnez eran poco frecuentes, y dignos de mención, sobre todo debido a que el país era considerado generalmente más próspero y estable que el resto de los países árabes. Cualquier forma de protesta fue reprimida exitosamente y la disidencia se mantuvo en silencio, los manifestantes serían encarcelados por tales acciones, al igual que, por ejemplo, las protestas de cientos de manifestantes desempleados en Redeyef terminadas con éxito en 2008. Las protestas también fueron conocidas como "levantamientos" debido a "una combinación letal de pobreza, desempleo y represión política: tres características de la mayoría de las sociedades árabes".

Semanas antes del estallido de los disturbios, el 28 de noviembre de 2010, WikiLeaks y cinco de los principales periódicos del mundo occidental (El País de España, Le Monde de Francia, Der Spiegel de Alemania, The Guardian del Reino Unido, y The New York Times de los Estados Unidos) publicaron simultáneamente los primeros 220 de 251.287 documentos filtrados con etiqueta confidencial. Estos incluían una muy detallada descripción de la corrupción y el clientelismo, además de la represión, del régimen tunecino. Se cree ampliamente que los informes de WikiLeaks pudieron contribuir al enardecimiento de la población al momento del estallido de la revuelta.

Protestas en distintas ciudades del país thumb|250px|Multitud de manifestantes frente al Ministerio del Interior, el 14 de enero de 2011. Los disturbios estallaron el viernes 17 de diciembre de 2010 cuando el joven Mohamed Bouazizi, de 26 años, se quemó a lo bonzo en la localidad turística de Sidi Bouzid para denunciar abusos administrativos, después de que la Policía le confiscara las frutas y legumbres que vendía en la calle, con el argumento de que carecía del permiso para esa actividad. A partir de ese día empezaron las revueltas sociales que fueron protagonizadas por jóvenes que gritaban consignas contra el gobierno, lanzaban cócteles molotov y se enfrentaban a pedradas con la policía. En las protestas subyacía el clima de descontento por el aumento del paro (cercano al 15%, y que afectaba sobre todo a los universitarios), la corrupción y el empeoramiento de la situación económica. Las sucursales bancarias, sedes de organismos oficiales y comisarías fueron el principal objetivo de la ira de los tunecinos en las protestas.

El miércoles 12 de enero, con Ben Ali todavía en el poder, las autoridades habían reconocido 21 muertes y cientos de detenciones.El Gobierno de Túnez reconoce 78 muertos en las revueltas No obstante, la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH) aseguraba que tenía identificados a 66 muertos a causa de los disturbios. Posteriormente, el 17 de enero, el gobierno de transición reconoció 78 muertes durante las protestas.

Tras la caída de Ben Ali las protestas no cesaron, y éstas pasaron a ser dirigidas hacia el gobierno de transición comandado por el primer ministro Mohamed Ghannouchi. Los manifestantes argumentaban que el nuevo gobierno era una continuación de la dictadura, ya que tanto el primer ministro como la mayoría de los ministros eran del partido de Ben Ali. Los días viernes 25 y sábado 26 de febrero, las protestas se intensificaron, consiguiendo la dimisión de Ghannouchi como primer ministro.

Hubo negociaciones de parte de opositores como Sihem Bensedrine en procura de una alternativa al gobierno de transición como, por ejemplo, un "comité de sabios".Un "comité de sages" à la place du gouvernement tunisien ?, Reuters/Le Point, 24/01/2011, ¿Un comité de sabios? (en francés)

Posición y consecuencias en el gobierno de Túnez El Gobierno de Túnez empezó llamando «actos terroristas» a las protestas de la revuelta, desplegó al Ejército e implantó el toque de queda. El 12 de enero el primer ministro tunecino, Mohammed Ghannouchi, destituyó al ministro del Interior, Rafik Belhaj Kacem, y anunció que todos los detenidos desde que comenzaron las protestas serían puestos en libertad. También anunció la promesa de crear 300.000 nuevos puestos de trabajo. El jueves 13 de enero fue el propio presidente, Zine el Abidine Ben Ali, el que prometió una importante reforma económica y social en el país. Anunció una bajada de precios de productos básicos, libertad de información y aseguró que no volvería a presentarse a la reelección. Con el incremento de las protestas el presidente Zine el Abidine Ben Ali disolvió el Gobierno y prometió convocar elecciones legislativas anticipadas en un plazo de seis meses, pero huyó del país el viernes 14 de enero, dejando el poder en manos del primer ministro, y trató de llegar a Francia en un avión del ejército, pero tras el rechazo del país galo, fue acogido en Arabia Saudita. Unos días después, el 20 de enero, se revelaron más datos sobre el derrocamiento y huida de Ben Alí; se conoció entonces que el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas (que había dejado claro desde el inicio de la crisis que los militares no dispararían contra los manifestantes) le dijo a Ben Ali que se tenía que ir de inmediato. Así que el dictador tuvo que marcharse en contra de su voluntad, e incluso al llegar a Arabia Saudita llamó por teléfono al primer ministro para decirle que quería regresar, pero éste le respondió que ya era imposible.

Doble relevo en la presidencia de Túnez El primer ministro, Mohammed Ghannouchi, asumió la presidencia interina del país, junto a los presidentes del Congreso, Fued Mebaza, y de la Cámara de Consejeros (Senado), Abdalá Kallel, comprometiéndose a respetar la Constitución y restaurar la estabilidad: "Conforme al artículo 56 de la Constitución y en vista de la dificultad del jefe del Estado para asegurar la gobernabilidad del país, asumo a partir de este momento el cargo de presidente interino". Tras asumir la presidencia, se declaró en todo el país el estado de excepción, prohibiéndose toda concentración de personas en la vía pública. Sin embargo, el Consejo Constitucional decretó el sábado 15 de enero que ante la situación de "vacío de poder" se deberán celebrar elecciones presidenciales en un plazo máximo de 60 días y que, como señalaba la Constitución, el presidente interino sería Fued Mebaza, que era presidente del parlamento y quien en pocas horas juró el cargo. El Consejo Constitucional señaló:

Enfrentamientos entre el ejército y los partidarios de Ben Ali thumb|200px|Efectivos del ejército efectuando detenciones.

Horas después de anunciarse el arresto del jefe de seguridad del derrocado presidente, Ali Seriati, acusado de motivar la agitación, y mientras se negociaba un gobierno de coalición que habría de asegurar una transición democrática pacífica hasta unos comicios cercanos, el ejército se despliega en la ciudad de Túnez para intentar evitar los saqueos, los incendios y los eventuales tiroteos, disturbios que el ejército achaca a la voluntad de milicias del antiguo régimen para desestabilizar el país. Mientras, multitud de ciudadanos huyen hacia el sur de la capital. Otras fuentes han informado también del arresto de Rafik Belhaj Kacem, ministro del Interior del gobierno depuesto, mientras trataba de huir a Argelia.Muñoz, J. M.; El País: Detenido el jefe de seguridad de Ben Ali mientras aumenta la tensión en Túnez. 16 de enero de 2011. Consultado el mismo día.