El Diván del Tamarit es un poemario del poeta y dramaturgo español Federico García Lorca (Granada, 1898-1936) publicado póstumamente en 1940. Se compone de poemas denominados casidas y gacelas, en homenaje a los poetas árabes de Granada.
Aunque es posible que la idea se gestara con anterioridad, es en 1934 cuando se dispone de la primera mención del libro como proyecto; la Universidad de Granada comenzó el proceso para su impresión en 1934, con un prólogo del arabista español Emilio García Gómez, edición que no llegó a ver la luz en vida de su autor. p. 267. La obra fue publicada en 1940 en Buenos Aires por la editorial Losada y en Nueva York (bajo el título The Divan at Tamarit)Ver p. 127 y también por la Revista Hispánica Moderna. Dado que se trata de una publicación póstuma (y por tanto no revisada por el autor), las distintas ediciones han incluido pequeñas variaciones en su índice.
Contemplados desde una sufriente perspectiva homoerótica, el amor y la muerte constituyen los grandes núcleos temáticos del Diván del Tamarit. La división que hizo Lorca agrupa en el primer grupo, las gacelas, poemas de temática principalmente amorosa; la muerte es el tema esencial y propio de las casidas.
Gestación del Diván
El proyecto pudo comenzar a gestarse en 1922, a raíz de la lectura de las Poesías asiáticas, puestas en verso castellano de Gaspar María de Nava, conde de Noroña, publicadas póstumamente en 1833;Según p. 135, la relación del Diván con las Poesías asiáticas ha sido estudiada por M. de Meñaca en «Las poesías asiáticas: source poétique de Lorca», Les Langues Néo-Latines, núm. 217, 1976. y Mario Hernández en «Huellas árabes en el Diván del Tamarit», Ínsula, núm. 370, 1977. También habla de la mención de Lorca de la colección en una conferencia de 1922 sobre el cante jondo. Jacques Comincioli recoge información verbal de parte del hermano de Lorca, Francisco, según la cual el poeta tenía la idea de escribir este libro antes de haber redactado ninguno de sus poemas. p. 135 Emilio García Gómez dudaba que Lorca tuviera claro el título en aquel entonces, y pensaba que conoció las Poesías asiáticas a través de la mención que él mismo hacía de ellas en el prólogo de sus Poemas arabigoandaluces (1930), libro del que el mismo Lorca habló con él varias veces; aunque sin embargo coincide en que debió también leerlas. Más clara parece estar la influencia de los Poemas de García Gómez; según Lola Beccaría, aunque Lorca nunca llegó a reconocerlo, la publicación de los Poemas le decidió a componer su Diván, cuya fallida edición por la Universidad de Granada iba prologada por el mismo García Gómez. También se manifiesta así Guillermo Díaz Plaja cuando comenta el Diván del Tamarit en su estudio crítico sobre la obra del poeta: «Sin duda, ha influido en esta nueva actitud del poeta la publicación de los Poemas arabigoandaluces por Emilio García Gómez, alma de la edición universitaria de esta obra.»
Parece ser que Lorca escribió los poemas durante la primera mitad de la década de 1930, aunque hay discrepancias en las fechas; la Enciclopedia Britannica los data entre 1931 y 1934,; ver también Pedro Guerrero Ruiz y Verónica Dean-Thacker los fechan entre 1932 y 1936. p. 127 Ian Gibson señala en su biografía de Lorca que el poema «Jazmín, Toro y Niño», que después sería la «Casida del sueño al aire libre», está fechado el 21 de agosto de 1931. En diciembre de 1934 apareció en la revista madrileña Ciudad, de la que era redactor Eduardo Blanco Amor, la «Casida de los ramos»; en febrero de 1935 se publicaron en el Almanaque literario 1935 de Guillermo de Torre, Esteban Salazar Chapela y Miguel Pérez Ferrero «Casida de la muerte clara» (dedicada a Pérez Ferrero y renombrada «Gacela de la huida»), «Gacela del mercado matutino», «Gacela del amor con cien años» y «Casida de la mujer tendida boca arriba».
Regreso a España El choque de García Lorca con la deshumanizada Nueva York, que comenzaba a entrar en la Gran Depresión tras el Crac del 29, le condujo a la pérdida de cierta mirada inocente, destruyó para siempre la «niñez» del poeta, a la que él mismo calificaba, usando un verso de Jorge Guillén, como «fábula de fuentes». p. 267 A su vuelta a España, Lorca se desbordó en una producción que profundizaba en su problemática personal, al tiempo que, con la llegada de la República, reencontró y se acercó aún más al pueblo. Aunque su producción lírica fue corta, en comparación a la época inmediatamente anterior, su calidad ha sido calificada de extraordinaria. Pero donde Lorca entró de lleno en esos últimos años fue en la producción teatral y escribió sus mayores obras: en 1933 estrenó Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, también Bodas de sangre en Buenos Aires y fundó y dirigió, junto a Eduardo Ugarte, el teatro ambulante de La Barraca, con el que recorrieron, representando principalmente los clásicos del teatro español, los pueblos de España; en 1934 estrenó Yerma y escribió fragmentos de El público; en 1935 publicó el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y la versión ampliada de La zapatera prodigiosa, también el Retablillo de don Cristóbal (que escribió en 1931) y Doña Rosita la soltera; en 1936 terminó el Diván del Tamarit, hizo lectura pública de La casa de Bernarda Alba y ensayó Así que pasen cinco años, obras que, como Poeta en Nueva York, fueron publicadas póstumamente y fuera de España. pp. 270
La obra poética de Lorca desde el regreso a España se publicó en su mayoría póstumamente. No se trata, por tanto, de una obra acabada y definitiva. Lorca regresó de Nueva York con dos libros poéticos, Poeta en Nueva York y Tierra y Luna, que no estaban corregidos ni ordenados; Tierra y Luna estaba formado por poemas escritos en Nueva York, a los que se añadieron otros nuevos, entre los que estaban «Canción de las palomas» (que luego sería la «Casida de las palomas oscuras»), «Amarga» («Gacela de la raíz amarga») y «Jazmín, toro y niña» («Casida del sueño al aire libre»). En 1931 Lorca comenzó un nuevo libro, cuyo título provisional era Poemas para los muertos, que acabaría por disgregarse y fundirse con Tierra y Luna. En una poda posterior, varios de sus poemas pasaron a Poeta en Nueva York y al Diván del Tamarit, que fue concebido como libro en 1934.Ver «Cronología del Diván del Tamarit», en
Edición universitaria de Granada Emilio García Gómez recuerda en su «Nota al Diván del Tamarit», incluida en su libro Silla del moro y nuevas escenas andaluzas (publicado en la Colección Austral en 1954) que fue al parecer durante el verano de 1934 cuando Lorca, después de leer Yerma a un grupo de amigos, reveló que había escrito en homenaje a los poetas árabes de Granada una colección de casidas y gacelas, «es decir, un Diván, que, del nombre de una huerta de su familia, donde muchas de ellas fueron escritas, se llamaría del Tamarit». Se trata de una huerta familiar situada en el mismo borde de la Vega de Granada, cuyo nombre significa en árabe «abundante en dátiles».
Fue cuando el entonces decano de la Facultad de Letras de la Universidad de Granada, Antonio Gallego Burín, le pidió a Lorca el manuscrito para publicarlo; el también granadino Francisco Prieto se ofreció a diseñar la portada y el propio García Gómez se comprometió a escribir una introducción, a lo que Lorca accedió con gusto. Según Gibson, García Gómez pasó a limpio buena parte del original (quizás con la ayuda posteriormente de Eduardo Blanco Amor) y se entregó a la imprenta para que lo compusiera, llegando a tirarse capillasLas capillas son, según el DRAE, «Pliego que se entrega suelto durante la impresión de una obra.» de once de las casidas. En septiembre García Gómez escribió el prólogo, y en octubre se anunció en la revista de la universidad que el libro estaba en prensa. No obstante, el Diván del Tamarit no llegaría a ser publicado por la Universidad de Granada. Según Gibson, Eduardo Rodríguez Valdivieso, amigo y confidente de Lorca, relata que las constantes demoras de la universidad en la publicación del libro exasperaron al poeta, quien le encargó que pidiera sus cuartillas a Gallego Burín y se las mandara a Madrid.
Estructura La primera edición del libro, publicada en la Revista Hispánica Moderna, constaba de sólo once gacelas y nueve casidas; la «Gacela del mercado matutino» fue incorporada en ediciones posteriores del Diván al cierre de las gacelas, subsanando un supuesto error por omisión de RHM. Por ello, se encuentran ediciones del Diván del Tamarit que constan de doce gacelas y nueve casidas. La edición de Mario Hernández para Alianza Editorial en 1981 la incorporaba en un apéndice, junto al poema «Dos normas» (dos décimas «Dedicadas al gran poeta Jorge Guillén»), publicado entre las «Poesías inéditas» que cerraban la primera edición de 1940.
Prólogo El prólogo que escribió García Gómez para la fallida edición de la Universidad de Granada, «Nota al Diván del Tamarit», no se añadió a las primeras ediciones del libro, y el propio autor, no pensando que nunca fuera a ocupar su sitio, lo acabó añadiendo a su libro Silla del moro y nuevas escenas andaluzas en 1954. Sí se añadió a la edición en España de Mario Hernández en 1981.
En el prólogo, y tras recordar la lectura de 1934 en que Lorca anunció el proyecto del Diván, García Gómez proporciona, como buen arabista, una serie de definiciones básicas:«Nota al Diván del Tamarit», en
A continuación aclara que pese a que el uso que hace Lorca de esas denominaciones es arbitrario, por cuanto no se ajusta a sus definiciones, el Diván no se inserta en el orientalismo de «máscaras literarias de un carnaval romántico» y sus poemas son «auténticamente lorquianos», un homenaje de simpatía que se inserta en el estudio de la herencia andalusí.
Gacelas y Casidas La división en lo que Lorca denominó como gacelas y casidas forma con las primeras un corpus fundamentalmente amoroso en el poemario, y no parece responder a una razón formal; el Diván de Lorca no sigue la ordenación tradicional de un diván persa, basado en el orden alfabético de las rimas, y sus casidas y gacelas tampoco siguen en general las normas técnicas y las métricas árabes. Gacelas I. Gacela del amor imprevisto II. Gacela de la terrible presencia III. Gacela del amor desesperado IV. Gacela del amor que no se deja ver V. Gacela del niño muerto VI. Gacela de la raíz amarga VII. Gacela del recuerdo del amor VIII. Gacela de la muerte oscura IX. Gacela del amor maravilloso X. Gacela de la huida XI. Gacela del amor con cien años XII. Gacela del mercado matutinoLa «Gacela del mercado matutino» no formaba parte de la primera edición del Diván (Nueva York, 1940), pero fue incorporada en siguientes ediciones al cierre de las «Gacelas». Ver
Casidas I. Casida del herido por el agua II. Casida del llanto III. Casida de los ramos IV. Casida de la mujer tendida V. Casida del sueño al aire libre VI. Casida de la mano imposible VII. Casida de la rosa VIII. Casida de la muchacha dorada IX. Casida de las palomas oscuras
Análisis thumb|Página inicial de las Soledades en el Manuscrito Chacón de las obras de Luis de Góngora. La poesía de Góngora fue una fuerte influencia para Lorca; en especial, el uso de la metáfora. Entendía Lorca que, para crear frente a los modelos épicos una gran poesía lírica, Góngora convirtió la narración épica en el «esqueleto del poema envuelto en la carne magnífica de las imágenes», las metáforas, la lírica. Orientalismo En la década de 1930 se dio un renovado el interés por la cultura y especialmente la literatura arabigoandaluzas. Emilio García Gómez, que acababa de ganar la cátedra de árabe en la Universidad de Granada, publicó en 1930 sus Poemas arabigoandaluces, una antología y traducción de poemas de los poetas arábigo-andalusíes de los siglos X al XIII que causó una fuerte impresión entre los poetas de la Generación del 27 y, entre ellos, particularmente a Lorca.