thumb|Busto de Nefertiti del escultor Tutmose, del año: 1345 a. C., Museo Egipcio de Berlín.

El arte del antiguo Egipto constituye una de las expresiones más distintivas de esta civilización, caracterizado con obras monumentales que generalmente tenían carácter simbólico, funerario o religioso.

En Egipto, este proceso comenzó en el período Predinástico por medio de imágenes de humanos, animales y figuras divinas grabadas en roca.

Aunque el concepto de arte no existía en ese tiempo, se puede adecuar perfectamente en la arquitectura, escultura, pintura y joyería egipcias, muchas de las cuales son realizaciones auténticas obras de arte y no de artesanía.

Gracias al clima seco de Egipto y a quedar cubiertas por las arenas del desierto (o enterradas por sus propietarios, para gozar de ellas en la "otra vida") nos han llegado en aceptable estado de conservación multitud de auténticas obras de arte, a pesar de la utilización de los monumentos como canteras, las guerras o los innumerables saqueos de tumbas y templos.

Asombra la perfección, delicadeza y monumentalidad del arte egipcio, con un estilo único y característico que surgió durante las primeras dinastías y permanece "casi" inalterado en cuatro milenios de la nueva cultura.

Características thumb|Canon de proporciones del arte egipcio tradicional según E. A. Wallace, The Nile: Notes for Travellers in Egypt, (Harrison and Sons, Londres: 1902).

Los especialistas en arte egipcio destacan el hecho de que los egipcios no buscaban la belleza en sí, sino la eficacia en sus creaciones que nosotros consideramos artísticas. Buscaban lo que trascendía lo meramente artístico, la encarnación de la vida y una forma de expresión al servicio del Más Allá. El valor de su representación se suponía casi mágico, al igual que escribir o verbalizar equivalía a dar vida a lo que se nombraba o se representaba. Por esta razón, el artesano/artista utilizaba una forma de figuración naturalista en la que se reproducían los detalles significativos para evitar cualquier error de interpretación.

El interés de los artistas egipcios en la representación de un objeto o una figura humana era presentar lo más posible su totalidad física, sin «elegir» un único punto de vista, sino seleccionando incluso varios puntos de vista para obtener la mejor perspectiva de cada uno de los elementos que componían la figura, estudiada por partes y no en su totalidad. De este modo se obtenían representaciones por «ensamblaje» lógico, sin ningún interés en el ilusionismo de crear figuras que dieran al espectador la idea de tenerlas realmente delante.

En las representaciones bidimensionales (bajorrelieve y pintura), los artistas egipcios muestran a lo largo de los siglos una clara adhesión a una serie de convenciones que hacen que el arte egipcio sea único e inmediatamente reconocible, imagen de una sociedad conservadora y estable en el tiempo. La distintiva convención figurativa se reflejaba tanto en su físico, como en sus peinados o vestimentas y la utilizada para las figuras principales establecía las piernas separadas (cuando no están sentadas) y la cabeza vista de perfil, pero con el torso visto de frente. Se utilizaban retículas geométricas, que garantizaban una relación precisa entre las partes del cuerpo, un conjunto estándar de proporciones, que miden 18 «puños» desde el suelo hasta la línea del cabello en la frente. Esto ya aparece en la paleta de Narmer de la I dinastía, pero esta convención figurativa idealizada no se emplea en la representación de figuras menores que se muestran realizando alguna actividad, como cautivos y cadáveres.

Otras convenciones hacen que las estatuas de hombres sean más oscuras que las de mujeres. Las estatuas retratos muy convencionalizadas aparecen ya en la II dinastía (antes del 2780 a. C.), y, con la excepción del arte del período de Amarna de Akenatón y algunos otros periodos como la XII dinastía, los rasgos idealizados de los gobernantes, al igual que otras convenciones artísticas egipcias, cambiaron poco hasta la conquista griega.

El arte egipcio utiliza la perspectiva jerárquica, en donde el tamaño de las figuras indica su importancia relativa dentro de un marco concreto. Los dioses o los faraones divinos suelen ser más grandes que otras figuras, mientras que las figuras de los altos oficiales o de los propietarios de la tumbas suelen ser más pequeñas, y en otra escala aún más pequeña se encuentran los sirvientes, los artistas, los animales, los árboles o los detalles arquitectónicos.

Anonimato thumb|500px|Representación de artesanos en el Antiguo Egipto

Los artistas del antiguo Egipto rara vez dejaban sus nombres. La obra de arte egipcia es anónima también porque la mayoría de las veces era colectiva. Diodoro Sículo, que viajó y vivió en Egipto, escribió:

Simbolismo El simbolismo impregnaba el arte egipcio y desempeñaba un papel importante en el establecimiento de un sentido del orden. Las insignias del faraón, por ejemplo, representaban su poder para mantener el orden. Los animales también eran figuras muy simbólicas en el arte egipcio. Algunos colores, dependiendo de la escena, eran muy expresivos.Bill Manley (1996), Historical Atlas of Ancient Egypt, p. 83.

La lengua del Antiguo Egipto tenía cuatro términos básicos para referirse a los colores: kem (negro), hedj (blanco/plateado), uadj (verde/azul) y desher (rojo/naranja/amarillo). El azul, por ejemplo, simbolizaba la fertilidad, el nacimiento y las aguas vivificantes del Nilo. Joshua J. Mark, El color en el antiguo Egipto. World History Encyclopedia. 18 de enero de 2017. Consultado el 20 de septiembre de 2025. El azul y el verde eran los colores de la vegetación y, por lo tanto, del rejuvenecimiento. Osiris podía representarse con la piel verde; en la XXVI dinastía, las caras de los ataúdes solían pintarse de verde para ayudar al renacimiento.

El simbolismo explica la popularidad del color de la turquesa y la fayenza en los ajuares funerarios. El uso del negro para las figuras reales expresaba, de manera similar, la fertilidad del suelo aluvial del Nilo, del que nació Egipto, conllevando connotaciones de fertilidad y regeneración. Por eso, las estatuas del rey como Osiris, a menudo, lo mostraban con la piel negra. El negro también se asociaba con la vida después de la muerte y era el color de deidades funerarias, como Anubis.

El oro indicaba divinidad debido a su aspecto antinatural y su asociación con materiales preciosos. Además, los antiguos egipcios consideraban el oro como «la carne de los dioses». La plata, a la que los egipcios se referían como «oro blanco», también la consideraban «los huesos de los dioses».

El rojo, el naranja y el amarillo eran colores ambivalentes. Naturalmente, se asociaban con el sol; las piedras rojas, como la cuarcita, eran las preferidas para las estatuas reales que resaltaban los aspectos solares de la realeza. La cornalina tenía asociaciones simbólicas similares en la joyería. La tinta roja se utilizaba para escribir nombres importantes en documentos de papiro. El rojo era también el color de los desiertos y, por tanto, se asociaba con el dios Set.

Primeras manifestaciones thumb|Paleta de Narmer, Museo Egipcio de El Cairo.

Las expresiones artísticas egipcias más antiguas se clasifican en las siguientes etapas:

Periodo Neolítico (5300-4000 a. C.), Periodo Badariense (4400-4000 a. C.), Nagada I - Amratiense (4000-3500 a. C.), Nagada II - Gerzeense (3500-3200 a. C.) Nagada III (3200-3000 a. C.)

En estos periodos predomina la pintura decorativa (en cerámicas) o simbólica (en tumbas) y pequeños objetos de carácter utilitario y mágico. Destacan las vasijas de piedra, las "mazas" y "paletas" votivas, como la de Narmer.

Arquitectura thumb|Pirámide de Efrén.

La arquitectura del Antiguo Egipto que se ha conservado tiene fundamentalmente un carácter funerario. En la arquitectura civil (viviendas, palacios, fortalezas y murallas) se empleó profusamente el adobe como material de construcción, razón por la que se han conservado escasos restos de estos edificios. Los templos y las construcciones funerarias, sin embargo, se edificaban con sillares de piedra, transportados por el río Nilo.

La arquitectura religiosa egipcia surge en una sociedad con un poder político fuertemente centralizado y jerarquizado, con una concepción religiosa de inmortalidad, al principio solo del faraón, que debía reflejar su magnificencia y durabilidad. En consecuencia, se caracteriza por su monumentalidad, especialmente a partir del Imperio Antiguo (2686-2181 a. C.), con el empleo de grandes bloques de piedra, sistema constructivo con dintel y sólidas columnas. Esta arquitectura se consigue gracias a los conocimientos técnicos y al desarrollo de la matemática egipcia, la existencia de artistas y artesanos muy experimentados, bien organizados y la abundancia de piedra caliza y arenisca, fácil de tallar.

Las construcciones más originales de la arquitectura egipcia monumental son los "complejos de las pirámides", los templos y las tumbas (mastabas e hipogeos)

Los templos más característicos se construyeron en el segundo milenio a. C., durante el Imperio medio (c. 2040-1795 a. C.) y el Imperio nuevo (c. 1570-1070 a. C.). No eran ya, como en el Imperio antiguo (c. 2700-2200 a. C.), templos funerarios, sino edificios destinados al culto de la divinidad. Su complejidad y dimensiones, con una monumentalidad hasta entonces reservada a las tumbas reales, reflejan de hecho la posición alcanzada por la casta sacerdotal en la sociedad egipcia. El templo era un lugar reservado a los escogidos (los sacerdotes y el faraón), y al pueblo solo les estaba permitido asistir a las posiciones convocadas fuera del recinto.

Enterramientos miniaturadeimagen|Mastaba de Shepseskaf. Lo más destacado de la arquitectura egipcia son sus enterramientos. Tres fueron los tipos de enterramiento de los faraones egipcios: la mastaba, la pirámide y el hipogeo. Todos ellos muestran la misma estructura básica: una o varias cámaras de oración, pasadizos de comunicación, cámaras falsas y, por último, la estancia funeraria en la que se guardaba el cuerpo momificado. No obstante, también existen diferencias entre los tres tipos de enterramiento.

El primer sistema de enterramiento empleado fue la mastaba, una tumba sencilla, de forma troncopiramidal, que comenzó a utilizarse a principios del Imperio Antiguo, hacia el año 3000 a. C. La mastaba tiene un nivel subterráneo y un nivel superior. En el nivel subterráneo se encuentra la cámara sepulcral, a la que se accedía a través de largos pozos verticales que se cegaban después de depositar la momia. En el nivel superior estaba la capilla, que imitaba la casa del difunto, donde los familiares podían pasar para depositar ofrendas. miniaturadeimagen|Necrópolis de Guiza, a unos veinte kilómetros de El Cairo. Tras una serie de intentos intermedios, como las pirámides escalonadas (que son una superposición de varios cuerpos de mastaba), se comenzaron a construir las pirámides. Estas adoptaron diversas formas: algunas tenían base triangular, aunque terminó imponiéndose la base cuadrada. Así son las pirámides de la necrópolis de Guiza, construidas para los faraones Keops, Kefrén y Micerino. miniaturadeimagen|Necrópolis de Tebas, formada por hipogeos. Una vez que se enterraba el cuerpo, se cerraban todas las vías de acceso para evitar el saqueo de la momia, cuya destrucción era lo que más se temía. Cuando los saqueadores de tumbas demostraron que las mastabas y las pirámides no eran seguras, comenzó a imponerse el hipogeo, sepulcro excavado en la ladera de una montaña. El lugar con mayor número de hipogeos es la triple necrópolis de Tebas, formada por el Valle de los Reyes, el Valle de las Reinas y el Valle de los Nobles.