El golpe de Estado de julio de 1936 contra el gobierno de la República española, que dio comienzo a la Guerra Civil, no logró triunfar en Barcelona, lo que llevaría al fracaso de la sublevación militar en toda Cataluña.
Desde primeras horas del día 19 de julio algunas unidades de la guarnición de Barcelona abandonaron sus acuartelamientos y salieron a las calles, con el objetivo de avanzar hacia el centro de la ciudad y ocupar los puntos clave de la ciudad que les permitiera su control. El día 17 los oficiales golpistas del Ejército de África se habían apoderado del protectorado español de Marruecos, y el día 18 los conspiradores liderados por el general Gonzalo Queipo de Llano se habían sublevado en Sevilla. El comandante militar de Barcelona y jefe de la IV División Orgánica, general Francisco Llano de la Encomienda, era contrario al golpe militar, pero no logró evitar que parte de la guarnición se sublevara y se hiciera con el control de varios puntos importantes de la ciudad. Las fuerzas de Orden público, por el contrario, no secundaron el golpe.
Cuando las fuerzas leales a la República organizaron la respuesta a los golpistas, se empezó a ver que los planes de los rebeldes no estaban marchando. Además de la resistencia de las fuerzas de seguridad como la policía y la Guardia de Asalto, posteriormente se unirían varias unidades de la Guardia Civil. Por su parte, los obreros de la ciudad, con los militantes de la CNT a la cabeza, organizados desde 1931 en comités de defensa, entrenados en tácticas de guerrilla urbana, empezaron a hacer frente a los rebeldes. Al atardecer del día 19 los rebeldes habían sido derrotados en buena medida y el líder de estos, el general Manuel Goded, había sido hecho prisionero. Los últimos focos de resistencia fueron sofocados el 20 de julio.
La derrota del golpe militar en Barcelona fue un gran éxito para la República. Tras la derrota de los facciosos se hizo evidente que las milicias obreras —en especial, las milicias anarcosindicalistas— eran las que realmente controlaban la ciudad. El proletariado barcelonés se había apoderado de los treinta mil fusiles depositados en el cuartel de San Andrés. La derrota de los sublevados marcó el comienzo de la Revolución Española de 1936.
Antecedentes Barcelona durante la República
Barcelona, capital de la región catalana, había sido un tradicional bastión del republicanismo español desde el y la ciudad aceptó rápidamente la proclamación de la República tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 ganadas por la Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Ello motivó que el nacionalismo catalán se manifestase prontamente como una fuerza política considerable, creándose la Generalidad de Cataluña para satisfacer las demandas de los nacionalistas catalanes, lo cual introducía un nuevo elemento adicional a las pugnas de izquierdas y derechas durante el periodo republicano. Durante la Revolución de Asturias de 1934, los nacionalistas catalanes más apegados a la izquierda política, dirigidos por Lluís Companys, trataron de proclamar un «Estado catalán dentro de la República Federal Española» el día 6 de octubre, pero la revuelta careció de apoyo armado y Companys capituló con sus seguidores al día siguiente. La rivalidad política entre las fuerzas de izquierda y derecha en Cataluña se vio complicada por el nacionalismo catalán como tercer factor; entre los líderes nacionalistas catalanes había ciertamente una mayor identificación con la izquierda española que apoyaba las reivindicaciones autonomistas (sin llegar al separatismo) pero muchos militantes nacionalistas aún rechazaban el izquierdismo de sus líderes y se mostraban mucho más conservadores en cuestiones políticas.
En ese contexto, Barcelona era la segunda ciudad más poblada de España, su principal puerto comercial en el Mediterráneo, una fuerte plaza comercial y bancaria, y poseía mayores núcleos industriales que la propia Madrid, por lo cual dentro de la urbe barcelonesa convivían tanto los mayores sindicatos de España como las principales firmas comerciales de la gran burguesía española.
Trama golpista
El general Emilio Mola, «director» de la trama golpista, había previsto varios puntos negros en la sublevación militar y uno de ellos era Barcelona, dado que la ciudad constituía un importante centro del movimiento obrero y por tanto las posibilidades de los militares conspiradores eran mucho menores allí que en otros sitios. El comandante de la 4.ª División Orgánica, el general Llano de la Encomienda, era fiel a la República; de hecho, había llegado a advertir a sus oficiales de que, aunque personalmente apoyaba al partido Unión Republicana, si las circunstancias le obligaban a escoger entre dos movimientos extremistas, no vacilaría en apoyar al comunismo antes que al fascismo. No obstante, esta opinión no era mayoritaria entre todos los oficiales de la guarnición barcelonesa. El comandante de la 2.ª Brigada de Caballería, el general Fernández Burriel, y el comandante de la 4.ª Brigada de Artillería, general Legorburu Domínguez, eran los principales dirigentes de la conspiración. No era este el caso del general San Pedro Aymat, que era fiel a la República. Sin embargo, dentro de la oficialidad de la guarnición barcelonesa, el verdadero alma de la conspiración era el capitán Luis López Varela. Otro de los conspiradores más destacados era el capitán Ramón Mola, hermano del general Mola, que a su vez actuó como un estrecho colaborador del «Director».
Originalmente estuvo previsto que el mando supremo de la sublevación en Barcelona recayera en el reconocido general Manuel González Carrasco, pero los conspiradores de la guarnición barcelonesa desconfiaron de González Carrasco y presionaron para cambiarle, logrando finalmente que el general Goded fuera designado para hacerse cargo de la jefatura de la rebelión. El cambio fue realizado casi a última hora, y acabaría teniendo serias consecuencias en el futuro. Fernández Burriel sería el oficial que asumiera el mando inicial de la sublevación hasta la llegada de Goded, que se encontraba destinado en Palma de Mallorca como comandante general de Baleares.
En Barcelona los oficiales afectos al alzamiento habían logrado reunir una importante fuerza, obteniendo la adhesión de gran número de oficiales, así como de voluntarios derechistas, tradicionalistas y falangistas. Contaban con una fuerza que totalizaba unos 3000 efectivos. Su plan era que las unidades que había situadas en los diferentes cuarteles de la periferia de la ciudad debían converger sobre la Plaza de Cataluña, a la vez que se hacían con el control de los principales centros políticos y administrativos (Generalidad, Parlamento de Cataluña, Ayuntamiento, Comisaría de Orden Público...) y también de los centros de telecomunicaciones (Telefónica, Correos o estaciones de radio). Suponían que, después de esto, sería fácil dominar el resto de la ciudad. Los militares conspiradores contaban con que el prestigio de Goded, «derechista convencido y enemigo de toda concesión a la izquierda», lograría alinear a las tropas barcelonesas y asegurar a los alzados la posesión de esta importante ciudad.
No obstante, los conspiradores tenían un gran problema. No contaban con el apoyo de las fuerzas de seguridad: este era el caso de la Guardia Civil, que disponía de unos 2000-3000 efectivos y cuyos oficiales (Aranguren, Escobar) se mostraban en su mayoría fieles al gobierno republicano. La situación era mucho peor en el Cuerpo de Seguridad y Asalto, que disponía de unos 2800-3200 efectivos y cuyos mandos (Arrando, Gómez, Madroñero) eran claramente republicanos. Por último, la Generalidad disponía de los Mozos de Escuadra, que tenían una plantilla de 300 efectivos y estaban al mando del teniente coronel Félix Gavari.
Los conspiradores tampoco contaban con el apoyo de la Aeronáutica Militar, la cual tenía desplegada en Barcelona a la 3.ª Escuadra, con base en el aeródromo del Prat de Llobregat y bajo el mando del teniente coronel Díaz Sandino. Tenía a sus órdenes a una escuadrilla de Nieuport-Delage NiD 52 y una patrulla de Breguet XIX. No era el caso de la Aeronáutica Naval, que sí era partidaria de los sublevados. Sus efectivos eran un par de Macchi M.18, un Dornier Wal y un Vickers Vildebeest.
Los días previos Unos días antes de la fecha prevista para comenzar la sublevación militar la policía detuvo a varios oficiales de la guarnición barcelonesa que estaban implicados en la conspiración, y les requisó varios documentos comprometedores, entre ellos el bando de guerra que estaba previsto publicar. Para entonces las fuerzas de seguridad habían desplegado una intensa actividad en capital catalana, realizando numerosos registros policiales y controles en las calles. Las autoridades de la Generalidad, con la colaboración del teniente coronel Vicente Guarner, prepararon un plan de respuesta a una posible sublevación de la guarnición militar. Paralelo a todos estos hechos, numerosos atletas extranjeros comenzaron a llegar a la ciudad para participar en las previstas Olimpiadas Populares.
El 17 de julio, por la tarde, la guarnición militar de Melilla se sublevó inesperadamente. Tras Melilla, siguieron las demás plazas del protectorado de Marruecos, y después —al día siguiente— se produjo el levantamiento de la guarnición de las Islas Canarias, al mando del general Francisco Franco. A las dos de la tarde del 18 de julio una parte de la guarnición de Sevilla se sublevó contra el Gobierno. El general Gonzalo Queipo de Llano arrestó a los mandos de la II División Orgánica y se hizo con el control de la misma. En poco tiempo Queipo de Llano y las fuerzas sublevadas lograron hacerse con el control del centro de Sevilla.
Las noticias fueron llegando a Barcelona a lo largo del sábado 18 de julio. Los conspiradores continuaban con sus preparativos, mientras que las autoridades republicanas y de la Generalidad se preparaban para una posible insurrección. Durante la tarde de aquel día los líderes de la Generalidad, liderados por Companys, habían rechazado la petición que los sindicatos CNT y la UGT habían realizado para que "se entregasen armas al pueblo", en parte por el temor a un estallido de violencia y en parte para evitar la preponderancia de estas organizaciones, que no obedecían los dictados del nacionalismo catalán. Por el contrario, las autoridades catalanas sí movilizaron a los "Escamots" de Estat Catalá y a las juventudes de ERC, las JEREC, a los que entregaron unos 200 fusiles.
La impaciencia de la CNT crecía en tanto sus afiliados ya habían conocido a lo largo del día los sucesos golpistas de Marruecos, Navarra, y sobre todo la sorpresiva revuelta militar en Sevilla; al no recibirse armas de la Generalidad de Cataluña, empezaron a hacer acopio de sus arsenales secretos. Los socialistas de la UGT, por su parte, se adueñaban de la dinamita depositada en el puerto y al anochecer del 18 de julio preparaban bombas caseras con ella. Durante la madrugada del día 19 siguió la actividad preparatoria de los sindicatos, que esperaban como inevitable un choque con militares alzados. Por su parte la CNT tomó por asalto varios depósitos de armas de la ciudad, incluido el viejo buque-prisión Uruguay, fondeado en el puerto; bien pertrechada, convocó una huelga general para la mañana siguiente, y se preparó para la lucha.
Pero incluso con esta situación de escalada, Llano de la Encomienda informó a Companys que todo estaba tranquilo en las guarniciones. Por su parte, los conspiradores esperaron a lo largo de todo el día 18 que se produjera llegada por avión del general Goded desde Mallorca. Las informaciones que desde Marruecos y Sevilla fueron circulando por el resto de la península supusieron que los conspiradores de Barcelona no podrían contar el factor sorpresa.
Luchas en Barcelona Comienzo de la sublevación