El Golpe de Estado en España de julio de 1936 contra el gobierno de la República española, que dio comienzo a la Guerra Civil, tuvo en Sevilla uno de sus episodios decisivos.

El día 18 de julio a las dos de la tarde una parte de la guarnición de Sevilla se sublevó contra el Gobierno. El día anterior los golpistas del Ejército de África se habían apoderado del protectorado español de Marruecos, pero en la Península no había habido aún ninguna sublevación. Los golpistas sevillanos arrestaron al general José Fernández de Villa-Abrille, que estaba al mando de la 2.ªDivisión Orgánica y por tanto de todo el Ejército en Andalucía, y pusieron en su lugar al general Gonzalo Queipo de Llano. Rápidamente se hicieron con el control de los principales regimientos de la ciudad y de instalaciones estratégicas como el Parque de Artillería. Solo permanecieron leales al Gobierno, representado en Sevilla por el gobernador civil José Mª Varela Rendueles, la Guardia de Asalto y la base aérea de Tablada, así como algunos voluntarios de partidos de izquierda.

Los sublevados intentaron apoderarse del gobierno civil, pero se encontraron con una dura resistencia por parte de los guardias de asalto, a los que solo lograron doblegar cuando se incorporó al combate una batería de artillería.Salas, pp.290-296Ortiz, p.122 El gobernador Varela se rindió a las ocho de la tarde y en las horas siguientes se rindieron sucesivamente el cuartel de la Guardia de Asalto y la base de Tablada. Entre tanto otras guarniciones de Andalucía se habían sublevado tras recibir la señal de Queipo de Llano. El golpe triunfó en Córdoba y en la provincia de Cádiz, y fracasó en Málaga. Dos días más tarde se sublevó la guarnición de Granada, logrando hacerse con el control de la ciudad tras vencer una dura resistencia.

Un número desconocido de milicianos de izquierda levantó barricadas en los barrios populares de Triana, la Macarena y San Bernardo y se dispuso a resistir con armas ligeras. Desde la provincia de Huelva el Gobierno envió refuerzos: unos 120guardias civiles y de asalto y una columna de mineros con dinamita.Ortiz, pp.136-139 Sin embargo, el jefe de los guardias se pasó a los sublevados y el 19 por la mañana tendió una emboscada a los mineros, a los que aniquiló en la Pañoleta.Gil, pp.478-479 Por su parte los sublevados sí que recibieron refuerzos: tropas de la Legión y de Regulares llegadas por tierra y por aire.Ortiz, p.145

El día20 los militares golpistas lanzaron ataques contra Triana y contra la plaza de San Marcos, que fueron ambos repelidos. Al día siguiente una nueva ofensiva sobre Triana, con más tropas y más organizada, acabó con la resistencia del barrio. El día22 los golpistas asaltaron y tomaron la Macarena y los restantes barrios controlados por las milicias de izquierda. Durante estos combates los sublevados fusilaron a todo resistente o sospechoso de serlo, muriendo un número desconocido de combatientes y de civiles. En los meses siguientes continuaron los fusilamientos; se estima que fueron ejecutadas entre 3000 y 6000personas. En el bando opuesto murieron un total de 13personas, incluyendo tanto bajas en combate como civiles linchados por partidarios del Gobierno.Espinosa, pp.37 Sevilla se convirtió en una de las bases principales de los sublevados, que desde allí lanzaron ofensivas sobre Huelva (julio 1936), Madrid (por Extremadura) (agosto 1936) y Málaga (enero-febrero 1937).

Antecedentes: Sevilla en 1936

Situación política Durante la Segunda República la provincia de Sevilla fue una de las más conflictivas de todo el país.Salas, p. 132, que cita las memorias publicadas por el exgobernador Varela en 1982. Ya en julio de 1931, durante una huelga general que llevó a la declaración del estado de guerra, unos militares mataron a cuatro presos comunistas en el parque de María Luisa. Poco después el general Sanjurjo eligió Sevilla para sublevarse contra la República en un fallido golpe de Estado conocido como «la Sanjurjada». Fue también en las afueras de Sevilla donde tuvo lugar la primera concentración pública armada de la milicia carlista («requeté»), en abril de 1934.Salas, p. 121

En las elecciones generales de febrero de 1936 triunfó ampliamente el Frente Popular, coalición de partidos de izquierdas, tanto en la ciudad de Sevilla como en el resto de la provincia.Nicolás Salas afirma que «el triunfo de las izquierdas fue arrollador, inapelable» (p. 141) Dentro de la izquierda los partidos principales eran la Unión Republicana del sevillano Diego Martínez Barrio y el Partido Comunista de España, que era mayoritario entre los obreros.Ortiz, p.92 Al igual que en el resto del país, a partir de ese momento la tensión política y social fue en aumento y haciéndose cada vez más violenta. Únicamente durante el mes de febrero se contabilizaron 34asesinatos en la provincia de Sevilla, que fue superada solo por la de Madrid con 67.Hurtado, p.37 El 15 de julio el gobernador civil, José María Varela Rendueles, prohibió toda manifestación y reunión pública.Ortiz, p.81

Situación militar

En 1936 el Ejército de tierra español estaba organizado territorialmente en «divisiones orgánicas». La 2.ªDivisión Orgánica tenía su cuartel general en Sevilla y jurisdicción sobre todas las guarniciones de Andalucía. La comandaba el general José Fernández de Villa-Abrille.

Unidad / instalación Mando Notas Cuartel general de la 2.ª División Orgánica general de división J. Fdez. Villa-Abrille Cuartel general de la 2.ª Brigada de Artillería general de brigada J. López Viota Regimiento de Infantería Granada n.º 6 coronel M. Allanegui Los dos batallones se encontraban con menos de la mitad de sus efectivos, por los permisos de verano.Salas, p.169 Regimiento de Caballería Taxdir n.º 8 coronel S. Mateo Regimiento de Artillería Ligera n.º 3 coronel S. Rguez. Cerezo Parque de Artillería comandante J. Méndez (?) Almacenaba fusiles.Ortiz p.74 Batallón de Ingenieros y Zapadores n.º 2 teniente coronel E. Marqueríe Grupo de Intendencia comandante F. Núñez Base aérea de Tablada comandante R. Martínez Esteve Guardia de Asalto comandante J. Loureiro Guardia Civil (17.º Tercio) coronel A. Blanco De baja Blanco por enfermedad, le sustituía el teniente coronel J. Conde. Carabineros (7.ª Zona) coronel L. Pilar Unidades militares de Sevilla y militares al mando el 18 de julio de 1936. Fuentes: Ortiz p. 75-80; Salas, pp. 168–170; Hurtado, p. 31.

Trama golpista

thumb|right|Según el plan golpista trazado por Emilio Mola, la 2.ª División Orgánica debía asegurar los puertos de Algeciras y Málaga para que el Ejército de África desembarcase allí y se dirigiese luego a Madrid.Hurtado, p.15 El núcleo de la trama golpista en Sevilla estaba compuesto principalmente por seis militares liderados por el comandante de Estado Mayor José Cuesta Monereo. Los otros conspiradores eran el comandante de Infantería Eduardo Álvarez-Rementería, miembro de la UME y presidente del comité militar local de Falange Española; los capitanes de Aviación Francisco Carrillo y Modesto Aguilera, ambos miembros de ese comité; el capitán de Estado Mayor Manuel Gutiérrez Flores, falangista y ayudante del general Villa-Abrille, y el también capitán de Estado Mayor Escribano Aguirre.Ortiz p.56Salas, p.172

Los conspiradores contaron con el apoyo de otros oficiales, algunos con mando directo como el comandante Núñez (Intendencia) y el coronel Pilar (Carabineros) y otros en puestos clave de sus respectivas unidades como el teniente coronel Yturzaeta en Artillería,Salas, p. 170 el comandante Garrigós en la Guardia Civil,Ortiz, p.76 en ZapadoresOrtiz p.74 y el comandante Azaola en Aviación. En el bando opuesto el único bastión seguro del Gobierno de la República en Sevilla era la Guardia de Asalto, con su jefe el comandante José Loureiro.Ortiz, p.78 Además en casi todas las unidades la tropa, formada por soldados de reemplazo, era mayoritariamente izquierdista. Por ello al comenzar el verano los conspiradores dieron permiso a muchos reclutas para que se fueran a sus casas.Ortiz, p.75Gil, p.280 y p.290

Los golpistas sevillanos estaban en contacto con Valentín Galarza, uno de los coordinadores generales del golpe desde Madrid,Salas, p.213 y con el director de la conspiración, el general Emilio Mola.Gil, p.296 Como los conspiradores de Sevilla tenían como máximo la graduación de comandante les hacía falta algún general que el día de la sublevación pudiese deponer a Villa-Abrille y asumir el mando de la plaza y de la 2.ªDivisión Orgánica. El primer escogido fue el general de brigada Julián López Viota, que era también el gobernador militar de la plaza, pero Viota declinó porque dudaba del éxito del golpe. Por ello a finales de junio Galarza informó al general de división Gonzalo Queipo de Llano de que tenía que encabezar la sublevación de Sevilla.Ortiz pp.55-56, que añade que hasta ese momento Queipo pensaba que iba a encargarse de dar el golpe en Valladolid, plaza mucho más fácil. Sin embargo, Gil duda de esto último (pp.299-300). Según Nicolás Salas (p.166, citando a Maiz) esta decisión la tomaron Mola y Fanjul en Pamplona el 23 de julio y se la confirmaron definitivamente a Queipo de Llano el 7 de julio. El 10 de julio Cuesta le comunicó el nombramiento de Queipo de Llano a los otros conspiradores, de manera restringida porque temían que fuese mal acogido por los falangistas y los carlistas por su conocido republicanismo.Salas, p.166

Hubo muy pocos civiles de derechas vinculados al grupo conspirador. El líder local de la Falange, el extorero José García Carranza «el Algabeño», fue informado de la inminente sublevación solo el día17 por la tarde.Salas, p.236 El papel de los carlistas en los primeros momentos fue marginal.Ortiz p.74Salas, p.246 Sí que hubo varios militares retirados implicados, entre ellos Pedro Parias González, excomandante, al que Queipo nombraría gobernador civil el día 18.Salas, p.191-192

El gobernador civil de Sevilla José María Varela Rendueles reconoció en sus memorias (Rebelión en Sevilla. Memorias de su gobernador rebelde, páginas 92-94), publicadas en 1984, que cometió el error de confiar «en la verdad ajena y en la ajena lealtad». «Si se nos decía: —Yo acato la República. —Yo estoy dispuesto a servir a la República. —Tiene usted mi palabra de que seré leal a la República. Esa tenía que ser la verdad y no cabía dudar de ella... Aun sabiendo como se sabía que se conspiraba en los cuarteles, se mantenía la confianza en el Ejército... ¿Con qué derecho poner en duda la fidelidad de la palabra empeñada por unos hombres que hacen culto al honor y sagrado el empeño de cumplirla? ¿No sería ofensiva insensatez, culpable provocación, todo asomo de desconfianza?». «El coronel Mateos y yo nos creíamos hombres de paz, en una España deseosa de ella, leales a nuestras promesas, creyentes en la existencia del mismo espíritu pacífico en los otros y atribuyendo idéntica lealtad a los demás hacia el régimen a cuyo servicio, por nuestra libre voluntad nos hallábamos».

17 de julio de 1936 Hacia las 16:00 del 17 de julio se recibió en Sevilla un telegrama cifrado de la comandancia militar de Algeciras que alertaba de que se había sublevado la guarnición de Melilla. El general Villa-Abrille fue informado, pero, al no conseguirse verificar la noticia, se marchó a casa sin tomar ninguna medida.Ortiz, pp.84-86 Casi al mismo tiempo un radioaficionado informó a los golpistas sevillanos de que el día anterior se había producido un movimiento anormal de tropa en Marruecos.Salas, p. 236 Hacia las 17:00 el Gobierno de Madrid confirmó por teléfono la sublevación de Melilla y en general de todo el Ejército de África.Salas, p. 242