El fraude en el vino es toda aquella venta ilícita de vino, habitualmente haciendo pagar al cliente más dinero de lo que realmente vale el producto, e incluso llegando a provocar enfermedades debidas a productos químicos perjudiciales añadidos a este. Como el vino es el producto de la fermentación del zumo de uva, el término también incluye la adulteración con sustancias ajenas a éste, ya sean colorantes como el zumo de baya del saúco o condimentos como la canela y el jengibre. Aunque algunas variedades de vino tienen de forma natural un color oscuro y notas de sabor a especias debido a la presencia de diversos compuestos fenólicos presentes en el hollejo de la uva, el uso de aditivos para lograr artificialmente estas características suele estar mal visto. En los últimos años se ha prestado mucha atención al fraude en las etiquetas, consistente en usar etiquetas falsificadas de vinos de culto, raros y caros, en botellas de variedades más baratas y revenderlas.Robinson (2006) p. 4. El fraude en el vino puede extenderse a variedades menos caras cuando se realiza a gran escala. El Wine Spectator señala que algunos expertos sospechan que hasta un 5% del vino vendido en mercados secundarios puede ser fraudulento.

Historia thumb|Durante la época clásica el vino se adulteraba y falsificaba con tanta frecuencia que Plinio el Viejo se quejó de que ni siquiera la nobleza podía asegurar que su vino era genuino.

Desde el inicio de su producción, el vino ha sido manipulado, adulterado y falsificado, en la Antigua Roma, Plinio el Viejo se quejaba de que el vino romano fraudulento era tan abundante que ni siquiera los patricios podían estar seguro la autenticidad del que servían en sus mesas. Para las clases bajas y medias de Roma, los bares locales parecen haber tenido un suministro ilimitado del prestigioso vino falerno a precios inusualmente bajos.

Durante la Edad Media, vinos de origen cuestionable se hacían pasar a menudo por otros de regiones más prestigiosas. En Londres, las autoridades locales dictaron leyes prohibiendo a las tabernas prohibiendo almacenar juntos vinos franceses, españoles y alemanes para dificultar así su mezcla o falsa presentación al consumidor. Si se encontraba a un productor o mercader vendiendo vino fraudulento o «corrupto», se lo forzaba a beberlo todo. En la Alemania medieval, la pena por vender vino fraudulento iba desde el marcado a la muerte en la horca, pasando por las palizas.

En la Ilustración, los avances científicos dieron lugar a la nueva ocupación de «doctor de vino», que podía crear ejemplos de vinos a partir de ingredientes y compuestos extraños. Autores como Joseph Addison escribieron sobre esta «fraternidad de operadores químicos» (sic) que usaba manzanas para hacer champán y endrinas para preparar burdeos, vendiéndolos fraudulentamente en el mercado. Tras la gran plaga de filoxera de mediados del , la escasez de vino auténtico provocó un incremento de la falsificación. Algunos mercaderes tomaban pasas de otras especies de vides y elaboraban vinos que hacía pasar como de orígenes más prestigiosos, de Francia o Italia.

A principios del , varios autores europeos escribieron sobre el riesgo y la abundancia de fraudes. En 1820, el químico alemán Friedrich Accum señaló que el vino era uno de los productos que con más frecuencia se manipulaba fraudulentamente o se falsificaba. En 1822, el escritor vinícola Cyrus Redding se hizo eco de la alarma sobre las incontroladas operaciones de estos «doctores de vino». Finalmente la preocupación sobre el fraude en el vino creció lo suficiente como para que se tomaran medidas contra la adulteración y falsificación del vino, que incluyeron la Ley de Adulteración de Comida y Bebida dictada en 1860 por el Parlamento Británico. Varios gobiernos europeos también dictaron leyes definiendo lo que se consideraba exactamente un «vino», para poder distinguir la producción del auténtico de las obras de estos falsificadores. El gobierno francés fue el primero en definir legalmente el vino como el producto del zumo de uva fermentado en 1889, seguido por el alemán en 1892 (ampliado luego en 1909) y el italiano en 1904.

Durante la ley seca estadounidense, cuando la producción de vino era ilegal, apareció un fraude de naturaleza diferente, al vender los mercaderes de uva «ladrillos» concentrados por todo el país junto a un paquete de levadura seca. Estos ladrillos venían con una útil etiqueta de aviso avisando a los usuarios que no mezclaran los contenidos del ladrillo, levadura, agua y azúcar en una olla y la dejaran reposar siete día, o «se obtendría una bebida alcohólica ilegal».

Prácticas que fueron consideradas fraudulentas thumb|La costumbre de añadir licores de uva al vino fue considerada manipuladora y fraudulenta, pero actualmente está aceptada en la producción de todos los vinos fortificados, como el oporto.

Con los años, las técnicas de producción del vino han evolucionado. EL primer y primitivo «vino natural» o «auténtico» fue probablemente el resultado de olvidar uvas machacadas en un recipiente cerrado. El proceso de permitir que la levadura salvaje presente en la superficie de la uva produjera una fermentación en un entorno no controlado crea una variedad muy burda de vino que puede no resultar agradable para mucha gente. De ahí el desarrollo de diversas técnicas y costumbres ideadas para mejorar la calidad del vino, pero que podrían verse como «manipulación» o «adulteración» del vino respecto a su estado «natural» o «auténtico». En diversos momentos de la historia estas técnicas pueden considerarse manipulaciones «excesivas» respecto a lo que el consumidor probablemente espere, y por eso se catalogan de «fraude». Sin embargo, cuando estas técnicas se generalizaron en la industria vinícola, siguió una corriente de aceptación y terminaron siendo otra herramienta más para ayudar a los fabricantes a producir vino de calidad.

La mayoría de las técnicas manipulativas surgieron de la necesidad. Los primeros vinos tenían muchos fallos que hacían que se estropeasen rápidamente. Las obras clásicas griegas y romanas detallaban recetas que podían curar «vinos enfermos», lo que incluir añadir varios ingredientes como leche, mostaza molida, ceniza, ortigas y plomo. Otro ejemplo de «manipulación» antigua que luego se convirtió en costumbre aceptada y común era el proceso de añadir licor de uva al vino realizado en la región portuguesa de Douro. Este proceso de fortificación daba al vino estabilidad química para los viajes largos por mar, y cuando se añadía durante la fermentación dejaba al vino con un equilibrio entre azúcar residual y contenido alcohólico que le daba un sabor único. Este tipo de vino se hizo muy popular en el mercado, y actualmente la forma aceptada de elaborar oporto es «manipularlo» añadiendo brandy durante la fermentación.

Otras técnicas que han sido consideradas «fraudulentas» o excesivamente manipulativas en distintas épocas incluyen la chaptalización, la fermentación y envejecimiento en barrica de roble, el uso de astillas de roble, remover las heces, el trasiego, la clarificación y estabilización, la ósmosis inversa, la maceración fría, el uso de levadura cultivada en lugar de salvaje, la crioextracción, la microoxigenación y la adición de enzimas, antioxidantes, ácidos y otros azúcares que pueden usarse para «equilibrar» el vino.Robinson (2006) pp. 424–425.

Adición de agua

Aunque algunas técnicas de producción del vino han pasado por fases en las que fueron consideradas fraudulentas y ahora son costumbres generalmente aceptadas, unas pocas han hecho el camino inverso. Una de las más controvertidas es la adición de agua al vino, técnica conocida actualmente como humidificación. La Master of Wine Jancis Robinson califica esta costumbre de «estirar» o diluir el vino de «posiblemente la forma más antigua de fraude en el vino aparecida en los libros». El agua tiene una larga historia de uso para diluir el vino y hacerlo más agradable al paladar. Los antiguos griegos creían que era «bárbaro» tomar vino sin diluir. También creían que el vino sin diluir era perjudicial para la salud y que el rey espartano Cleómenes I enloqueció en una ocasión tras beber vino puro. En la actualidad poca gente diluye el vino para beberlo como hacían los griegos, pero el uso de agua durante su proceso de elaboración sigue siendo generalizado.Robinson (2006) p. 762.

Actualmente se usa agua para ayudar a equilibrar uvas extremadamente maduras que tendrían una alta concentración de azúcares y compuestos fenólicos. La producción moderna de vino ha empezado a promocionar niveles de maduración más altos y un mayor tiempo de la uva en la parra antes de la vendimia. Este creciente énfasis en la maduración ha provocado que se produzcan vinos con graduación alcohólica más alta (a menudo por encima del 15%). En muchos países, estos altos niveles hacen que el vino se vea gravado por impuestos y tasas más altas. Añadir agua al mosto puede diluir el vino hasta el punto de que el contenido alcohólico final quede por debajo del límite a partir del cual se cobran estos impuestos. El acto deliberado de diluir un vino con agua para pagar impuestos más bajos es ilegal en varios países.

La zona gris entre la costumbre aceptada y el fraude está cuando se añade agua durante el proceso de fabricación como medio de «conservación de calidad». A menudo se usa agua para ayudar a bombear las uvas en a maquinaria y para «rehidratar» las que han empezado a secarse por llevar demasiado tiempo en la parra. Esta rehidratación se usa para ayudar a equilibrar el vino y tratar de evitar que tenga sabores a «fruta seca» que pueden no ser agradables para el consumidor. En los Estados Unidos, el California Wine Institute ha estipulado guías que permiten añadir cierta cantidad de agua con el fin de compensar la pérdida de agua natural en la parra por deshidratación. La necesidad de usar agua ha sido defendida por sus proponentes como un medio necesario de evitar la fermentación detenida. A pesar de permitirse un uso limitado legal, la costumbre de añadir agua al vino sigue provocando cierto grado de controversia, siendo pocos los productores que reconozcan hacerlo. Una clave para la costumbre en la industria vinícola es añadir «unidades de Jesús», en lo que es un juego de palabras sobre la historia bíblica del milagro realizado en las Bodas de Caná, cuando Jesús convirtió el agua en vino.

Fraude en el etiquetado thumb|Varios países europeos desarrollaron sistemas de denominaciones, con sus propias etiquetas y sellos únicos, para intentar combatir el fraude en el etiquetado que ocultaba el auténtico origen de los vinos.